Sábado 3 de octubre

Sábado, 3 de octubre
XXVII semana del tiempo ordinario

Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Lucas 10, 17-24
En aquel tiempo, los setenta y dos volvieron muy contentos y dijeron a Jesús: Señor, hasta los demonios se nos someten en tu nombre. Él les contestó: Veía a Satanás caer del cielo como un rayo.
Mirad: os he dado potestad para pisotear serpientes y escorpiones y todo el ejército del enemigo. Y no os hará daño alguno.
Sin embargo, no estéis alegres porque se os someten los espíritus; estad alegres porque vuestros nombres están inscritos en el cielo.
En aquel momento, lleno de la alegría del Espíritu Santo, exclamó: Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y a los entendidos, y las has revelado a la gente sencilla. Sí, Padre, porque así te ha parecido bien.
Todo me lo ha entregado mi Padre, y nadie conoce quién es el Hijo, sino el Padre; ni quién es el Padre, sino el Hijo, y aquél a quien el Hijo se lo quiere revelar.
Y volviéndose a sus discípulos, les dijo aparte: ¡Dichosos los ojos que ven lo que vosotros veis! Porque os digo que muchos profetas y reyes desearon ver lo que veis vosotros y no lo vieron; y oír lo que oís, y no lo oyeron.

Pistas: Jesús envía a sus discípulos a predicar y ellos vienen sorprendidos porque han realizado las mismas señales que su Maestro. Jesús los envía con el poder y la capacidad para realizar lo que les pide.
Los discípulos de Jesús, los cristianos, no somos pobrecitos que se refugian en la fe. Somos llamados por Jesús y enviados con poder, con la fuerza del Espíritu Santo. Por eso la fe y la gracia de Dios transforman vidas y tienen fuerza para cambiar el mundo, para vencer al mal y echar el demonio.
Sin embargo, la alegría no está en lo que hacemos, en el poder, en la fuerza, los números, en la influencia… sino en la salvación. En el amor con que Dios escribe nuestros nombres en el cielo, en la vida que Dios nos da. No se trata de hacer, sino de ser y acoger.
Jesús alaba al Padre, porque se muestra a los sencillos y humildes. ¡Qué buena noticia es esto! El Evangelio no es para una élite. Es para el que lo acoge con un corazón sencillo. No sólo es un saber intelectual sino conocer en un sentido profundo. Recibir, acoger, participar. Vivirlo.
A través de Jesús Dios no da cosas, sino que se da Él mismo. Ésta es la revelación de la que habla Jesús. Dios que se entrega a nosotros y habita en nuestro corazón. Dios que nos hace participar de su misma vida.
Por eso, dichoso tú que puedes conocer y experimentar esta verdad. Dichoso tú porque tu nombre estará escrito en el cielo. Si Dios te llama y te envía ten la certeza de que te va a dar la fuerza para hacer lo que te pide. Y da gracias porque te salva, porque el camino de ser discípulo es el de dejarse amar. Y amar con sencillez.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Viernes 2 de octubre

Viernes, 2 de octubre
Santos ángeles custodios

Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Mateo 18, 1-5. 10. 12-14
En aquel tiempo, se acercaron los discípulos a Jesús y le preguntaron: ¿Quién es el más importante en el Reino de los Cielos? El llamó a un niño, lo puso en medio, y dijo: Os digo que, si no volvéis a ser como niños, no entraréis en el Reino de los Cielos. Por tanto, el que se haga pequeño como este niño, ése es el más grande en el Reino de los Cielos.
El que acoge a un niño como éste en mi nombre, me acoge a mí. Cuidado con despreciar a uno de estos pequeños, porque os digo que sus ángeles están viendo siempre en el cielo el rostro de mi Padre celestial.
¿Qué os parece? Suponed que un hombre tiene cien ovejas: si una se le pierde, ¿no deja las noventa y nueve y va en busca de la perdida? Y si la encuentra, os aseguro que se alegra más por ella que por las noventa y nueve que no se habían extraviado. Lo mismo vuestro Padre del cielo: no quiere que se pierda ni uno de estos pequeños.

Pistas: Si nos preguntan quién es el más grande en el Reino de los Cielos, lo más probable es que escogiéramos a la Madre Teresa de Calcuta, al Papa Francisco, a esta o aquella persona que nos parece que destacan por su fe, su entrega, su amor o su actividad. Pero Jesús nos da hoy una lección: toma un niño cualquiera y lo pone en medio. No sabemos si es bueno o malo, si es agradable o refunfuñón… Pero sí sabemos que sin amor, sin dirección, sin cuidados, no acabará bien. Esto no significa que tengamos que volvernos infantiles, nada de eso. Jesús siempre manda a sus discípulos que sean astutos, que estén vigilantes, que se esfuercen en pasar por la puerta estrecha, pero también que sepan que sin Él no pueden nada.
Hoy nos muestra su predilección por los pequeños, también por los que están perdidos. En ellos está Jesús mismo. Lo que le hacemos a alguien necesitado, a alguien que ha extraviado su camino, se lo hacemos a Él. Por eso son todo lo contrario a ser discípulo de Jesús actitudes como el orgullo de creerse superior, el afán de poder y posiciones, el juicio a los demás…
¿Quién es el más grande en el Reino de los cielos? ¿cómo te comportas con los pequeños y extraviados? ¿ves en ellos a Jesús? Porque el Padre no quiere que nadie se pierda. Y mírate también a ti mismo si te sientes pequeño o perdido. Jesús te dice que no temas, que aunque consideres que no cuentas o que no eres importante, lo más grande, el Reino, es para ti. Un Evangelio que te invita a ir contracorriente ¿te atreves?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Jueves 1 de octubre

Jueves, 1 de octubre
Santa Teresa del Niño Jesús, virgen y doctora de la Iglesia

Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Lucas 10, 1-12
En aquel tiempo, designó el Señor otros setenta y dos, y los mandó por delante, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares adonde pensaba ir él.
Y les decía: La mies es abundante y los obreros pocos. Rogad, pues, al dueño de la mies que mande obreros a su mies. ¡Poneos en camino! Mirad que os mando como corderos en medio de lobos.
No llevéis talega ni alforja, ni sandalias; y no os detengáis a saludar a nadie por el camino.
Cuando entréis en una casa, decid primero: «Paz a esta casa». Y si allí hay gente de paz, descansará sobre ellos vuestra paz; si no, volverá a vosotros.
Quedaos en la misma casa, comed y bebed de lo que tengan: porque el obrero merece su salario. No andéis cambiando de casa. Si entráis en un pueblo y os reciben bien, comed lo que os pongan, curad a los enfermos que haya, y decid: «Está cerca de vosotros el Reino de Dios».
Cuando entréis en un pueblo y no os reciban, salid a la plaza y decid: «Hasta el polvo de vuestro pueblo, que se nos ha pegado a los pies, nos lo sacudimos sobre vosotros. De todos modos sabed que está cerca el Reino de Dios». Os digo que aquel día será más llevadero para Sodoma que para ese pueblo.

Pistas: Jesús designa de entre sus discípulos a unos que envía de dos en dos. Van delante de Él, preparando el camino, anunciando el Reino. Lo importante es que va a ir Jesús. Van en comunidad.
La tarea es desbordante, como lo es hoy en el mundo y en la Iglesia. Mucha gente necesitada y ¿cuántos obreros? Por eso hay que pedir más fuerzas, más discípulos, más evangelizadores.
“Poneos en camino”. Hay que dar el paso, lanzarse, obedecer, atreverse. Pero no como un inconsciente o un ingenuo. La tarea será difícil, habrá lobos que quieran destrozar lo que se va a hacer. Por eso hay que ir preparado como discípulo de Jesús. Dios proveerá. Por eso no hay que llevar seguridades, sólo lo necesario.
No hay tiempo que perder cuando Jesús envía, porque es urgente lo que nos pide, es urgente llevar al mundo el Reino de Dios.
Desea y construye la paz, pero ésta no se puede imponer, es un don. Si la construyes, aunque estés rodeado de personas que la rechazan, tú la tendrás. No se trata de prosperar, por eso les manda permanecer en la misma casa.
Se realizarán los signos del Reino, curaciones y un nuevo tipo de relación entre las personas.
Ya lo hemos dicho otras veces: hay libertad para acoger o no. Jesús y sus discípulos sólo proponen, invitan… Pero acoger o no esa invitación tiene consecuencias: la salvación o la condenación.
Muchas ideas aparecen en el Evangelio de hoy ¿Cuál te toca el corazón? ¿cuál te hace rezar? Escucha lo que Dios te quiere decir hoy y respóndele.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.