Miércoles 14 de octubre

Miércoles, 14 de octubre
XXVIII semana del tiempo ordinario

Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Lucas 11,42-46
En aquel tiempo, dijo el Señor: ¡Ay de vosotros, fariseos, que pagáis el diezmo de la hierbabuena, de la ruda y de toda clase de legumbres, mientras pasáis por alto el derecho y el amor de Dios! Esto habría que practicar sin descuidar aquello.
¡Ay de vosotros, fariseos, que os encantan los asientos de honor en las sinagogas y las reverencias por la calle!
¡Ay de vosotros, que sois como tumbas sin señal, que la gente pisa sin saberlo! Un jurista intervino y le dijo:
–Maestro, diciendo eso nos ofendes también a nosotros.
Jesús replicó:
–¡Ay de vosotros también, juristas, que abrumáis a la gente con cargas insoportables, mientras vosotros no las tocáis ni con un dedo!

Pistas: Lo sabemos. Jesús no tiene reparos en denunciar lo que está mal y enseñar cuál es el camino del Reino.
Hoy, fariseos y juristas le recriminan a Él y a sus discípulos que no sigan las costumbres judías para antes de comer. Pero esto le sirve a Jesús para denunciar la hipocresía del fariseísmo, tan preocupados por aparentar y tan poco por experimentar el amor de Dios. Cómo les gustaba a los fariseos hacer un cumplimiento exagerado de costumbres y ritos ante los demás para que los viesen y se lo reconociesen. Sin embargo, en su interior eran egoístas, engreídos y se creían autosuficientes. Por eso Jesús les afea que se ocupen tanto de que la fachada, el exterior, esté lustroso, y tan poco de la verdadera limpieza que importa: la interior.
¿Qué ocurre dentro de ti cuando cumples escrupulosamente con tus deberes de ciudadano, pagas tus impuestos, incluso con tu parroquia o grupo colaboras en lo material pero te olvidas del desvalido, del huérfano, de la viuda, del que no tiene trabajo, del que sufre…? Jesús nos dio su propio ejemplo de entrega total. Hasta la muerte. Y no lo hizo pensando en la opinión de los demás, sino poniendo en práctica el amor que no tiene límites.
Este Evangelio te puede ayudar a reflexionar sobre todas esas veces que nos constituimos en jueces de otros y nos consideramos en posesión de la verdad absoluta. O en cuántas ocasiones no es el amor lo que nos guía. Y nos invita a cambiar lo que llena nuestro corazón y a vivir con coherencia y fidelidad. Puedes pensar en lo que reprocha hoy Jesús en el Evangelio y reflexionar sobre qué hay de ello en tu vida.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Martes 13 de octubre

Martes, 13 de octubre
XXVIII semana del tiempo ordinario

Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Lucas 11, 37-41
En aquel tiempo, cuando Jesús terminó de hablar, un fariseo lo invitó a comer a su casa. Él entró y se puso a la mesa. Como el fariseo se sorprendió al ver que no se lavaba las manos antes de comer, el Señor le dijo: Vosotros, los fariseos, limpiáis por fuera la copa y el plato, mientras por dentro rebosáis de robos y maldades. ¡Necios! El que hizo lo de fuera, ¿no hizo también lo de dentro? Dad limosna de lo de dentro, y lo tendréis limpio todo.

Pistas: Guardar las formas, lo externo, la apariencia, las tradiciones… Pero y ¿el corazón? ¿el interior? ¿las obras? ¿el compromiso?
Jesús enseña que la apariencia y las formas, si no responden a algo interior, no sirven para nada ¿Qué te aporta ser religioso, cumplir unas tradiciones o aparentar, si no responde a una vivencia? Si el corazón no cambia, es algo vacío, una mentira. Si no vives como piensas, acabarás pensando cómo vives, dice el refrán. Y la fe no será algo que transforme tu vida.
Vivir superficialmente lleva a buscar la manera de justificarse y callar la conciencia. Muchas veces la forma de sentirse mejor es señalar a los demás en sus errores para tapar los propios.
Aprovecha este Evangelio para examinar tu vida y ver lo que hay en ella de fariseo. Si dejas a Jesús entrar en ella, si dejas que el Espíritu Santo habite en tu corazón, todo cambiará. No será una religiosidad vacía, sino la respuesta al amor de Dios que trasforma tu interior y se concreta en tus obras.
“Dad limosna de lo de dentro”. Esta invitación de Jesús sólo la podrás hacer realidad si llenas tu corazón, tu vida de Dios. Dice la filosofía que nadie da lo que no tiene ¿Qué hay en tu interior? Jesús lo puede llenar de su Espíritu, de su vida, de su amor, de su salvación… si tú se lo pides.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Lunes 12 de octubre

Lunes, 12 de octubre
Bienaventurada Virgen María del Pilar

Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Lucas 11, 27-28
En aquel tiempo, mientras Jesús hablaba a la gente, una mujer de entre el gentío levantó la voz, diciendo: «Dichoso el vientre que te llevó y los pechos que te criaron.»
Pero él repuso: «Mejor, dichosos los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen.»

Pistas: En España el grito hubiese sido: “¡Viva la madre que te parió!”. Un piropo a Jesús y a su Madre.
En este día de la Virgen del Pilar recordamos este episodio en el que parece que Jesús desmerece a su Madre, pero en realidad es todo lo contrario. Dichosos, felices, bienaventurados los que escuchan la Palabra de Dios y la cumplen. Como su Madre, con su sí, con su docilidad al plan de Dios. Esto es lo que la hace grande, lo que le permite ser la Madre de Dios y Madre nuestra. Dichosos los que como Ella ponen su vida asentada en algo sólido que no se lleva el viento. Serás dichoso si escuchas a Dios y dices sí. Si te arriesgas verás maravillas, como María.
¿Es el estatus lo que da la grandeza? ¿Por ser la Madre de Jesús es dichosa? ¿Es ser cura, monja, el papa, el obispo, el responsable de catequesis de tu parroquia, el director de Cáritas, el único cristiano en tu grupo de amigos… lo que nos hará grandes, dichosos, felices? El sí de María la hizo grande, la hizo dichosa y bienaventurada.
Ahora ora y piensa: ¿escucho la Palabra de Dios? ¿qué tengo que hacer para cumplirla? Concreta esto en todos los ámbitos de tu vida y entonces la luz de la Palabra de Dios llegará a todas las situaciones y personas que te rodean. El pecado será vencido, las cosas a tu alrededor empezarán a cambiar y podrás luchar contra el mal y vencerlo. Se abrirán nuevos caminos, nuevas certezas, nuevas fortalezas. En estos tiempos de incertidumbre tu vida no estará asentada en el vacío sino en Aquel cuya Palabra no falla.
Mira a la Madre y de la mano con ella pídele al Señor escuchar su voz y decirle: sí.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Domingo 11 de octubre

Domingo, 11 de octubre
Domingo XXVIII del tiempo ordinario, ciclo a

Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Mateo 22, 1-14
En aquel tiempo, volvió a hablar Jesús en parábolas a los sumos sacerdotes y a los senadores del pueblo, diciendo: El Reino de los Cielos se parece a un rey que celebraba la boda de su hijo. Mandó criados para que avisaran a los convidados, pero no quisieron ir.
Volvió a mandar criados encargándoles que les dijeran: tengo preparado el banquete, he matado terneros y reses cebadas y todo está a punto. Venid a la boda.
Los convidados no hicieron caso; uno se marchó a sus tierras, otro a sus negocios, los demás les echaron mano a los criados y los maltrataron hasta matarlos.
El rey montó en cólera, envió sus tropas, que acabaron con aquellos asesinos y prendieron fuego a la ciudad.
Luego dijo a sus criados: La boda está preparada, pero los convidados no se la merecían.Id ahora a los cruces de los caminos, y a todos los que encontréis, convidadlos a la boda.
Los criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos. La sala del banquete se llenó de comensales.
Cuando el rey entró a saludar a los comensales, reparó en uno que no llevaba traje de fiesta y le dijo: Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin vestirte de fiesta? El otro no abrió la boca.
Entonces el rey dijo a los camareros: Atadlo de pies y manos y arrojadlo fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes. Porque muchos son los llamados y pocos los escogidos.

Pistas: Jesús intenta por todos los medios que comprendan su mensaje. ¿Para quién es el Reino? Para todos. Pero los primeros invitados lo han rechazado.
Fíjate que la parábola se dirige a los sumos sacerdotes y senadores del pueblo. Es decir, a las autoridades religiosas de su tiempo. Está todo a punto para el banquete, pero prefieren sus asuntos, sus negocios e incluso les molesta ser invitados. No sólo rechazan la invitación sino que luchan contra ella (por eso no ha de extrañarte que esto siga pasando con los que invitan al Reino). Intenta que se sientan interpelados y se den cuenta.
La conclusión de Jesús es dura: no se lo merecen. No quieren, no se lo merecen.
Todos son invitados. Da igual de dónde vengan y cómo sean. Pero aquí está una clave de esta parábola: en el Reino no se puede estar de cualquier modo. Porque en este banquete todo se hace nuevo. No importa que hayas sido malo o bueno, importa que vayas y te vistas como hay que vestirse.
Jesús explica muchas veces que el Reino es gratis, que el amor de Dios es inmerecido, pero transforma y cambia las cosas. Tiene consecuencias, convierte… Por eso, si entras en el Reino tienes que cambiar. Más bien tienes que aceptar que Dios te cambie y te ayude a cambiar.
Si estás leyendo esto es porque has entrado en el Reino, te sientes llamado por Jesús y quieres seguirle. Orar con la Palabra de Dios, dejar que te transforme y te guíe es ponerte nuevas vestiduras para el Reino. Iluminar tu vida con esta Palabra permite que tu vida sea transformada. Así pues, persevera, ponte la vestidura de fiesta y entra en el Reino.
El reto para esta semana es aceptar la invitación. ¿Te está llamando Dios? ¿A qué te está llamando? Y ponerte el traje: el del amor, el de la misericordia, el del Espíritu Santo y sus dones ¿vas vestido como debes o sigues con harapos?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Sábado 10 de octubre

Sábado, 10 de octubre
XXVII semana del tiempo ordinario

Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Lucas 11, 27-28
En aquel tiempo, mientras Jesús hablaba a las turbas, una mujer de entre el gentío levantó la voz diciendo: ¡Dichoso el vientre que te llevó y los pechos que te criaron! Pero él repuso: Mejor: ¡Dichosos los que escuchan la Palabra de Dios y la cumplen!

Pistas: Hoy le echan un piropo a la Virgen María. Y Jesús le echa otro más grande aún y nos da una lección. No sólo hace grande a María ser la madre de Jesús –la madre del Hijo de Dios-, sino escuchar la Palabra de Dios y cumplirla.
Esto significa ser fiel a Dios, obedecerle y confiar en Él. Ella es la Inmaculada (la que no tiene mancha de pecado), la Toda Santa, la que siempre escuchó y dijo: hágase. María es la que siempre permanece, no importa cuáles sean las circunstancias.
Si quieres ser dichoso, aquí tienes la clave: escucha la Palabra de Dios y cúmplela. No se trata de un derecho o una herencia, más bien es una llamada, una invitación. María es admirable por ser la Madre de Jesús, pero más todavía porque siempre, siempre, escuchó y cumplió la Palabra de Dios.
Y tú ¿cómo puedes hacer para ser feliz, dichoso? Si estás leyendo estas pistas es porque tienes inquietud por conocer la Palabra de Dios. Deja que Dios te hable. Fíate de lo que te inspire. Obedece, como María hizo, a lo que Dios va poniendo en tu corazón. La Palabra de Dios es viva (da vida, te habla a ti, a tu circunstancia concreta) y eficaz (cumple lo que promete). Por eso ora con la Palabra y conviértela en acción, en decisiones, en compromiso.
Ponte en oración, invoca el Espíritu Santo. Puedes decir algo como esto: Señor, dame la luz y la fuerza del Espíritu Santo para entender y cumplir siempre tu Palabra. Háblame, que te escuche y te entienda… Y piensa en lo que Dios te está pidiendo o mostrando, en la Palabra que ha resonado últimamente en tu corazón. Y reza con ello.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Viernes 9 de octubre

Viernes, 9 de octubre
XXVII semana del tiempo ordinario

Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Lucas 11, 15-26
En aquel tiempo, habiendo echado Jesús un demonio, algunos de entre la multitud dijeron: Si echa los demonios, es por arte de Belzebú, el príncipe de los demonios. Otros, para ponerlo a prueba, le pedían un signo en el cielo.
El, leyendo sus pensamientos, les dijo: Todo reino en guerra civil va a la ruina y se derrumba casa tras casa. Si también Satanás está en guerra civil, ¿cómo mantendrá su reino?
Vosotros decís que yo echo los demonios con el poder de Belzebú; y si yo echo los demonios con el poder de Belzebú, vuestros hijos, ¿por arte de quién los echan? Por eso ellos mismos serán vuestros jueces. Pero si yo echo los demonios con el dedo de Dios, entonces es que el Reino de Dios ha llegado a vosotros.
Cuando un hombre fuerte y bien armado guarda su palacio, sus bienes están seguros. Pero si otro más fuerte lo asalta y lo vence, le quita las armas de que se fiaba y reparte el botín. El que no está conmigo, está contra mí; el que no recoge conmigo, desparrama.
Cuando un espíritu inmundo sale de un hombre, da vueltas por el desierto, buscando un sitio para descansar; pero como no lo encuentra, dice: Volveré a la casa de donde salí.
Al volver se la encuentra barrida y arreglada. Entonces va a coger otros siete espíritus peores que él, y se mete a vivir allí. Y el final de aquel hombre resulta peor que el principio.

Pistas: Este Evangelio quizás nos resulte difícil. Jesús expulsa demonios. En los Evangelios se nos habla frecuentemente de ello. Forma parte de los signos de la llegada del Reino expulsar el mal y el demonio. Por eso Jesús dice: “Si yo echo los demonios con el dedo de Dios, entonces es que el Reino de Dios ha llegado a vosotros”. Aquí nos da la primera enseñanza. Expulsar el demonio es signo del Reino. Puedes ponerle nombre al demonio: mentira, envidia, soberbia, egoísmo, violencia, avaricia… El demonio es tentador, intenta apartarte de Dios, del bien, de la verdad, de la justicia… intenta encerrarte en el egoísmo, en la tristeza, en la duda, en la desconfianza… Intenta influir en tu vida y en el mundo, y traer sufrimiento y frustración bajo falsas promesas de felicidad. Sin embargo, donde está Dios el demonio tiene que marcharse.
Dios es más fuerte que todos los demonios. Lo demostró resucitando a Jesús y lo demuestra venciendo el mal a fuerza de bien. Pero como nos enseña la Palabra de Dios, el cristiano no es un ser débil que busca refugio en la fe. Con el dedo de Dios echamos al demonio. Somos fuertes si estamos con Jesús. Y sólo así tendremos esa fortaleza. No valen medias tintas: “El que no está conmigo, desparrama”.
Por eso, nuestra implicación tiene que ser total. Cuando el demonio se va. Cuando comienza la conversión. Cuando decidas cambiar de vida y dejes al poder de Dios actuar en ti… Entonces tienes que llenar tu vida de Dios. Para que tu casa esté defendida.
Si quieres crecer tienes que desarraigar el pecado de tu vida, cambiándolo por la gracia de Dios. Mete a Dios en tu vida cada vez más y eliminarás el pecado cada vez más. No le dejes el resquicio de las excusas (bueno, es que yo soy así, es que esto es muy difícil, no es para tanto, todo el mundo lo hace…). Por eso Jesús dice que la casa no sólo tiene que estar barrida y arreglada. No sólo vale con un lavado de cara. Para no volver a lo de antes, para que el resultado final no sea peor que el principio, necesitas estar con Jesús. Tiene que estar en tu casa. Déjale entrar hasta el final.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Miércoles 7 de octubre

Miércoles, 7 de octubre
Bienaventurada Virgen María del Rosario

Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Lucas 11, 1-4
Una vez que estaba Jesús orando en cierto lugar, cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: Señor, enséñanos a orar, como Juan enseñó a sus discípulos.
Él les dijo: Cuando oréis, decid: «Padre, santificado sea tu nombre, venga tu reino, danos cada día nuestro pan del mañana, perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todo el que nos debe algo, y no nos dejes caer en la tentación».

Pistas: Jesús oraba constantemente y sus discípulos le piden que les enseñe a hacerlo.
Ayer recordábamos la importancia de estar con Jesús y escuchar su palabra. Hoy con Él y a sus pies puedes rezar despacio la oración del Padre Nuestro, parándote después de cada frase, pensando lo que significa. Haciendo oración con ellas. Y en aquella que te haga pensar, detente un poco más.
Tantas veces rezamos de carrerilla el Padrenuestro… Hoy rézalo despacio, saboreándolo, pensándolo, sintiéndolo.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

XXVIII Domingo del Tiempo Ordinario

Evangelio según San Mateo 22,1-14. 
Jesús habló en parábolas a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo, diciendo:
El Reino de los Cielos se parece a un rey que celebraba las bodas de su hijo.
Envió entonces a sus servidores para avisar a los invitados, pero estos se negaron a ir.
De nuevo envió a otros servidores con el encargo de decir a los invitados: ‘Mi banquete está preparado; ya han sido matados mis terneros y mis mejores animales, y todo está a punto: Vengan a las bodas’.
Pero ellos no tuvieron en cuenta la invitación, y se fueron, uno a su campo, otro a su negocio; y los demás se apoderaron de los servidores, los maltrataron y los mataron.
Al enterarse, el rey se indignó y envió a sus tropas para que acabaran con aquellos homicidas e incendiaran su ciudad.
Luego dijo a sus servidores: ‘El banquete nupcial está preparado, pero los invitados no eran dignos de él. Salgan a los cruces de los caminos e inviten a todos los que encuentren’.
Los servidores salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, buenos y malos, y la sala nupcial se llenó de convidados.
Cuando el rey entró para ver a los comensales, encontró a un hombre que no tenía el traje de fiesta.
‘Amigo, le dijo, ¿cómo has entrado aquí sin el traje de fiesta?’. El otro permaneció en silencio.
Entonces el rey dijo a los guardias: ‘Atenlo de pies y manos, y arrójenlo afuera, a las tinieblas. Allí habrá llanto y rechinar de dientes’.
Porque muchos son llamados, pero pocos son elegidos.

Lunes 5 de octubre

Lunes, 5 de octubre
Témporas de acción de gracias y petición

Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Mateo 7, 7-11
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Pedid y se os dará, buscad y encontraréis, llamad y se os abrirá; porque quien pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre.
Si a alguno de vosotros le pide su hijo pan, ¿le va a dar una piedra?; y si le pide pescado, ¿le dará una serpiente? Pues si vosotros, que sois malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡cuánto más vuestro Padre del cielo dará cosas buenas a los que le piden!»

Pistas: ¿A quién rezas? ¿a un dios a quien no le importas o a uno a quien puedes llamar Padre? ¿a uno que no sabe nada de ti o a uno que se ha hecho hombre, ha muerto y resucitado por ti? ¿a un Dios poderoso y bueno o a uno que se ríe de ti y pasa de tu vida? ¿a quién rezas?
El Evangelio de hoy te invita a mirar quién y cómo es Dios, más allá de tus dificultades, de lo mal o bien que vayan las cosas, más allá de la pandemia, de los políticos, de la economía… Y, así, elevando la mirada, con la confianza de un hijo que habla con su Padre, orar, pedir, buscar y llamar. Con una promesa: recibirás, encontrarás y se te abrirá.
En otras ocasiones Jesús enseña que la oración tiene que ser perseverante. Esto no es magia, es una relación con tu Padre, con Jesús que te hace hijo de Dios, con el Espíritu Santo que llena tu corazón. El Evangelio de hoy te enseña un truco: primero cae en la cuenta de quién es Dios y luego, cuando te sientas en su presencia: pide, busca, desahógate con Dios. La oración siempre será respondida, es una promesa y Dios cumple lo que promete, pero no siempre del modo en que esperamos. Y a veces sólo comprenderemos ciertas cosas de nuestra historia vital cuando veamos a Dios cara a cara.
Por eso, en ocasiones cuando le pedimos a Dios cosas importantes y parece que no escucha, se presenta la sombra de la duda o la no aceptación. Por qué si pido que se sane alguien enfermo no sucede o si pido cosas buenas y necesarias no pasan… Si oras con fe verás la acción de Dios y te permitirá ser testigo de sus maravillas. Repito, no siempre del modo que esperas, ni cuando esperas. A veces pasa por la cruz, pero siempre al final está la vida, la resurrección, la salvación, el amor y el cielo. Y siempre tu oración será escuchada.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Domingo 4 de octubre

Domingo, 4 de octubre
XXVIII semana del tiempo ordinario

Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Mateo 21, 33-43
En aquel tiempo dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los senadores del pueblo: Escuchad otra parábola:
Había un propietario que plantó una viña, la rodeó con una cerca, cavó en ella un lagar, construyó la casa del guarda, la arrendó a unos labradores y se marchó de viaje.
Llegado el tiempo de la vendimia, envió sus criados a los labradores para percibir los frutos que le correspondían. Pero los labradores, agarrando a los criados, apalearon a uno, mataron a otro, y a otro lo apedrearon.
Envió de nuevo otros criados, más que la primera vez, e hicieron con ellos lo mismo. Por último, les mandó a su hijo diciéndose: «Tendrán respeto a mi hijo.»
Pero los labradores, al ver al hijo se dijeron: «Este es el heredero: venid, lo matamos y nos quedamos con su herencia.» Y, agarrándolo, lo empujaron fuera de la viña y lo mataron.
Y ahora, cuando vuelva el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores?
Le contestaron: Hará morir de mala muerte a esos malvados y arrendará la viña a otros labradores que le entreguen los frutos a sus tiempos.
Y Jesús les dice: ¿No habéis leído nunca en la Escritura: «La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente»?
Por eso os digo que se os quitará a vosotros el Reino de los Cielos y se dará a un pueblo que produzca sus frutos.

Pistas: El pueblo judío tenía conciencia de ser el elegido. La viña del Señor les había sido entregada. Todo lo que está simbolizado en esta imagen se lo había entregado Dios: la salvación, el ser pueblo, la elección, la promesa, la alianza… Pero ellos se lo quisieron apropiar para sus intereses. A los profetas, los rechazaron, los persiguieron, aunque finalmente la verdad se impusiera. Todos fueron rechazados al reclamar los frutos que debía dar la viña.
El último enviado es el hijo, el heredero, es Jesús, el Hijo de Dios, y también le van a rechazar y matar. Sus mismas palabras tras la conclusión de la parábola serán acusadoras para ellos. Jesús intenta hacerles pensar: ¿no os dais cuenta: la piedra desechada soy yo? Él, a quien no aceptan, a quien van a asesinar, se va a convertir en el que sustenta todo. Los milagros y signos que hace, su manera de predicar y actuar, intentan hacerles pensar pero ellos no están dispuestos a moverse de su comodidad, de sus ideas y prejuicios. A pesar de todo, a pesar de que lo matarán, resucitará y Jesús será el cimiento, la roca sobre la que se construirá el edificio de la Iglesia, sobre el que edificar el Reino.
Ahora viene el reto. Preguntarnos: ¿somos nosotros dignos? ¿estamos dando fruto? ¿o nos estamos apropiando de la viña, rechazamos a los mensajeros y tomamos lo que no es nuestro? Jesús nos pide ser una Iglesia que dé fruto, una vida que dé fruto, que esté construida sobre la piedra angular y que sepa vivir como Él enseñó, para así poder dar, por el poder del Espíritu Santo, mucho fruto.
Examínate, examina tu comunidad, tu parroquia y pon a Jesús en el centro. Llénate del Espíritu Santo, para amar a Dios y a los demás. Así dará fruto. De lo contrario, algo va mal. Este Evangelio es un toque que te invita a la conversión.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.