Domingo 13 de septiembre

Domingo 13 de diciembre
XXIV domingo del tiempo ordinario, ciclo a

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Mateo 18, 21-35
En aquel tiempo, acercándose Pedro a Jesús le preguntó:
—Si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces le tengo que perdonar? ¿Hasta siete veces? Jesús le contesta:
—No te digo hasta siete veces sino hasta setenta veces siete. Y les propuso esta parábola:
Se parece el Reino de los Cielos a un rey que quiso ajustar las cuentas con sus empleados. Al empezar a ajustarlas, le presentaron uno que debía diez mil talentos. Como no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él con su mujer y sus hijos y todas sus posesiones, y que pagara así. El empleado, arrojándose a sus pies, le suplicaba diciendo: —Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo.
El señor tuvo lástima de aquel empleado y lo dejó marchar, perdonándole la deuda. Pero al salir, el empleado aquel encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios, y agarrándolo lo estrangulaba diciendo: —Págame lo que me debes.
El compañero, arrojándose a sus pies, le rogaba diciendo:
—Ten paciencia conmigo y te lo pagaré.
Pero él se negó y fue y lo metió en la cárcel hasta que pagara lo que debía. Sus compañeros, al ver lo ocurrido, quedaron consternados y fueron a contarle a su señor todo lo sucedido. Entonces el señor lo llamó y le dijo:
—¡Siervo malvado! Toda aquella deuda te la perdoné porque me lo pediste. ¿No debías tú también tener compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?
Y el señor, indignado, lo entregó a los verdugos hasta que pagara toda la deuda.
Lo mismo hará con vosotros mi Padre del cielo si cada cual no perdona de corazón a su hermano.

Pistas: Me imagino a Pedro pensando: “Jesús siempre está con lo de perdonar, que Dios nos perdone como perdonamos, que hay que amar siempre…. hasta a los enemigos, a los que te odian, a los que te persiguen…”. Y lo lógico es preguntarse: “¿dónde está el límite? ¿hasta dónde tengo que llegar?” La respuesta final la da Jesús en la cruz, muriendo por todos, perdonando a los que le crucifican. Hay que amar y perdonar, siempre, del todo, hasta el extremo: “setenta veces siete”.
La parábola deja claro por qué. Porque Dios te ha perdonado algo que tú no podías pagar de ninguna manera. Te ha librado de ser esclavo, te ha dado una nueva vida, no sólo a ti sino a los tuyos. Eres libre, puedes vivir, puedes volver a empezar porque no tienes deuda. ¿Cómo no amar a los demás si Dios me ama incondicionalmente y hasta el extremo de hacerse hombre, de morir por mí, de venir en el Espíritu Santo a mi corazón, de hacerse eucaristía? Tantas cosas en las que me muestra su amor y misericordia. ¿Cómo no perdonar si yo no hago más que fallar y a Dios siempre lo tengo ahí, esperando, sanando y curando mi corazón?
Decía el papa Benedicto que sólo se puede entender el amor y el perdón tal como Jesús lo exige, si se experimenta así de parte de Dios. Podré amar, perdonar, a mi hermano, a mi enemigo, sólo si me entero de que Dios me ama sin poner condiciones y me dejo amar por Él. La exigencia ética nace de la experiencia de Dios. Pero sin cumplir la exigencia no hay verdadera fe, ni conversión.
¿Cuánto amas? ¿cuánto perdonas? ¿necesitas perdonar? ¿tienes odios, rencores, envidias, deudas en tu corazón? Acude a Dios, déjate amar por Él y decide amar y perdonar, ¡decídelo! Pide la fuerza para hacerlo de corazón. Con tu elección, tu libertad, tu voluntad y la gracia de Dios podrás perdonar de corazón.
Amar y perdonar, el camino que Jesús te propone hoy. Ponle nombre, ponle cara, al amor y perdón a los que te está invitando el Evangelio ¿Aceptas el reto?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida. 

Sábado 12 de septiembre

Sábado, 12 de septiembre
XXIII semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Lucas 6, 43-49
En aquel tiempo, decía Jesús a sus discípulos: No hay árbol sano que dé fruto dañado, ni árbol dañado que dé fruto sano. Cada árbol se conoce por su fruto: porque no se cosechan higos de las zarzas, ni se vendimian racimos de los espinos.
El que es bueno, de la bondad que atesora en su corazón saca el bien, y el que es malo, de la maldad saca el mal; porque lo que rebosa del corazón, lo habla la boca.
¿Por qué me llamáis «Señor, Señor», y no hacéis lo que digo? El que se acerca a mí, escucha mis palabras y las pone por obra, os voy a decir a quién se parece: se parece a uno que edificaba una casa: cavó, ahondó y puso los cimientos sobre roca; vino una crecida, arremetió el río contra aquella casa, y no pudo tambalearla, porque estaba sólidamente construida. El que escucha y no pone por obra se parece a uno que edificó una casa sobre tierra, sin cimiento; arremetió contra ella el río, y enseguida se derrumbó desplomándose.

Pistas: A veces es complicado saber si estamos haciendo las cosas bien o mal. Otras veces buscamos excusas para mantener una actitud que en el fondo sabemos que no está bien, pero no queremos cambiarla. Jesús nos da hoy un criterio para discernir, distinguir y saber verdaderamente cómo estamos viviendo. Si estamos eligiendo el bien o el mal, si estamos sanos o enfermos. Y ese criterio son los frutos. Los frutos que dan nuestras actitudes, decisiones y acciones.
Si atesoras en tu corazón el bien, es decir, si lo llenas del Espíritu Santo, se manifestará en tus obras. Pero si lo llenas de oscuridad, de mal y no dejas cabida a la luz de Jesús, no puedes esperar que algo bueno salga de ahí. Sólo Jesús puede cambiar nuestro corazón. Sólo dejando que su luz penetre en lo profundo de nosotros, la oscuridad, el mal y el pecado pueden ser vencidos.
Jesús te invita a poner cimientos firmes y sólidos en tu vida. Porque de lo contrario se derrumbará ante las dificultades. Es fácil creer que hacemos lo correcto cuando todo va bien. Pero ¿y cuándo aparecen las complicaciones? ¿cuál es tu roca en esos momentos?
La palabra que Jesús te enseña día a día será la que te guíe. La clave siempre es la misma: Jesús, camino, verdad y vida. Acércate a Él y llenará tu corazón de su Espíritu Santo. Acércate a Él y la realidad se transformará porque de ti brotarán buenas obras. Estarás cimentado firmemente y nada te hará tambalear ni te derrumbará.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Viernes 11 de septiembre

Viernes, 11 de septiembre
XXIII semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Lucas 6, 39-42
En aquel tiempo, ponía Jesús a sus discípulos esta comparación: ¿Acaso puede un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán los dos en el hoyo? Un discípulo no es más que su maestro, si bien cuando termine su aprendizaje, será como su maestro. ¿Por qué te fijas en la mota que tiene tu hermano en el ojo y no reparas en la viga que llevas en el tuyo? ¿Cómo puedes decirle a tu hermano: «hermano, déjame que te saque la mota del ojo», sin fijarte en la viga que llevas en el tuyo? ¡Hipócrita! Sácate primero la viga de tu ojo, y entonces verás claro para sacar la mota del ojo de tu hermano.

Pistas: Qué cansados estamos de discursos vacíos de gente que dice una cosa y hace la contraria. Qué vacías son muchas veces las palabras en nuestro mundo, en el que se dice lo que hay que decir, aunque no sea verdad. Cuántas veces nos quieren dar lecciones o queremos darlas y no tenemos ninguna autoridad por nuestra manera de vivir. Y todo esto, en muchas ocasiones, no importa. Se consiente, se tolera e incluso parece bien, según el poder, el prestigio, el dinero o lo hábiles que seamos para la apariencia, el postureo y la manipulación.
Hoy el Evangelio te invita a ser auténtico. Deja de mirar lo que hacen mal los demás y usarlo de justificación. Deja de esperar a que las circunstancias cambien y haz tú lo que tienes que hacer. Reza más, saca de tu vida aquello que te aparta de Dios, ama más… crece y conviértete. Y entonces podrás ver y no ser un ciego que cree ver.
El mundo y la Iglesia necesitan personas valientes que sigan a Jesús con autenticidad, capaces de ser verdaderos maestros, que viven lo que enseñan, que tienen autoridad para enseñar y corregir. Esto no significa que seas perfecto ni que vayas sacando los defectos a todos los que te rodean como si estuvieras en posesión de la verdad. Se trata de buscar a Jesús con todas las fuerzas, de querer ser como Él por la gracia y los dones del Espíritu Santo. Esto te llevará a la conversión (sacar la viga del ojo), a poder ser fiel, y a poder ver para ayudar al que lo necesita.
El mundo necesita discípulos evangelizadores, que vivan y anuncien. Y este Evangelio da una clave fundamental: ¡fuera la hipocresía!

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

XXIV Domingo del Tiempo Ordinario

Evangelio según San Mateo 18,21-35. 
Se adelantó Pedro y le dijo: «Señor, ¿cuántas veces tendré que perdonar a mi hermano las ofensas que me haga? ¿Hasta siete veces?».
Jesús le respondió: «No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete.
Por eso, el Reino de los Cielos se parece a un rey que quiso arreglar las cuentas con sus servidores.
Comenzada la tarea, le presentaron a uno que debía diez mil talentos.
Como no podía pagar, el rey mandó que fuera vendido junto con su mujer, sus hijos y todo lo que tenía, para saldar la deuda.
El servidor se arrojó a sus pies, diciéndole: «Señor, dame un plazo y te pagaré todo».
El rey se compadeció, lo dejó ir y, además, le perdonó la deuda.
Al salir, este servidor encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, tomándolo del cuello hasta ahogarlo, le dijo: ‘Págame lo que me debes’.
El otro se arrojó a sus pies y le suplicó: ‘Dame un plazo y te pagaré la deuda’.
Pero él no quiso, sino que lo hizo poner en la cárcel hasta que pagara lo que debía.
Los demás servidores, al ver lo que había sucedido, se apenaron mucho y fueron a contarlo a su señor.
Este lo mandó llamar y le dijo: ‘¡Miserable! Me suplicaste, y te perdoné la deuda.
¿No debías también tú tener compasión de tu compañero, como yo me compadecí de tí?’.
E indignado, el rey lo entregó en manos de los verdugos hasta que pagara todo lo que debía.
Lo mismo hará también mi Padre celestial con ustedes, si no perdonan de corazón a sus hermanos».

Jueves 10 de septiembre

Jueves, 10 de septiembre
XXIII semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Lucas 6, 27-38
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: A los que me escucháis os digo: Amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os odian, bendecid a los que os maldicen, orad por los que os injurian.
Al que te pegue en una mejilla, preséntale la otra; al que te quite la capa, déjale también la túnica. A quien te pide, dale; al que se lleve lo tuyo, no se lo reclames. Tratad a los demás como queréis que ellos os traten.
Pues, si amáis sólo a los que os aman, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores aman a los que los aman.
Y si hacéis bien sólo a los que os hacen bien, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores lo hacen.
Y si prestáis sólo cuando esperáis cobrar, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores prestan a otros pecadores con intención de cobrárselo.
¡No! Amad a vuestros enemigos, haced el bien y prestad sin esperar nada: tendréis un gran premio y seréis hijos del Altísimo, que es bueno con los malvados y desagradecidos.
Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo; no juzguéis y no seréis juzgados; no condenéis y no seréis condenados; perdonad y seréis perdonados; dad y se os dará: os verterán una medida generosa, colmada, remecida, rebosante. La medida que uséis la usarán con vosotros.

Pistas: Jesús enseña a vivir como discípulos suyos. El Evangelio de hoy nos indica el camino a seguir para ser auténticamente discípulos de Cristo. Da igual que lleves una vida religiosa, que hagas cosas para Dios, para la Iglesia o para los demás. Si no vives lo que enseña el Evangelio de hoy, acabarás perdiendo la fe o viviendo una mera religiosidad vacía.
El fundamento de toda la enseñanza del Evangelio de hoy es que Dios te amó primero con un amor inmerecido, sin medida, gratuito… Pero un amor que transforma y que espera respuesta. Por eso (porque Dios lo es contigo) sé tú compasivo, ama, perdona, da, haz el bien…
Te invito a que leas el Evangelio preguntándote hasta qué punto pones en práctica lo que hoy dice Jesús. Qué aspectos de tu vida, de tu día a día, en tu trabajo, en tu casa, con tu familia, con tus amigos, en la sociedad, en tu ocio, en tus decisiones… necesitas cambiar. Porque ser discípulo de Jesús es entrar en la dinámica de su amor y en todo lo que hagas, reflejarlo. Y no es hacer las cosas por interés ni por esperar algo a cambio. Haz oración con lo que te diga Dios hoy en su palabra.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Miércoles 9 de septiembre

Miércoles, 9 de septiembre
XXIII semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Lucas 6, 20-26
En aquel tiempo, Jesús, levantando los ojos hacia sus discípulos, les dijo: Dichosos los pobres, porque vuestro es el Reino de Dios. Dichosos los que ahora tenéis hambre, porque quedaréis saciados. Dichosos los que ahora lloráis, porque reiréis. Dichosos vosotros cuando os odien los hombres, y os excluyan, y os insulten y proscriban vuestro nombre como infame, por causa del Hijo del Hombre. Alegraos ese día y saltad de gozo: porque vuestra recompensa será grande en el cielo. Eso es lo que hacían vuestros padres con los profetas.
Pero, ¡Ay de vosotros, los ricos, porque ya tenéis vuestro consuelo! ¡Ay de vosotros, los que estáis saciados, porque tendréis hambre! ¡Ay de los que ahora reís, porque haréis duelo y lloraréis! ¡Ay si todo el mundo habla bien de vosotros! Eso es lo que hacían vuestros padres con los falsos profetas.

Pistas: Es una revolución absoluta, en su tiempo y ahora, la manera de plantear la dicha, la bienaventuranza y la felicidad, que nos ofrece Jesús.
La riqueza, el tener, estar saciado, la vida alegre, la buena fama, no es lo que te va a hacer feliz. Ni va a destruir tu posibilidad de serlo la pobreza, la necesidad, el hambre, el sufrimiento, las lágrimas, las dificultades, las críticas, la persecución por ser fieles a Jesús.
¿Cuál es la clave? Vivir como Jesús. Las bienaventuranzas no son una teoría. Son consecuencia del estilo de vida de Jesús. Porque Él lo demuestra con su vida. ¿Dónde tienes puesto tu corazón? Ay de ti si está inmerso en las cosas que no te van a hacer feliz. Pero dichoso tú si lo tienes donde Jesús ha enseñado, porque, pase lo que pase, vas a ser dichoso.
Piensa en las tristezas de tu vida, en lo que te hace infeliz, te roba la paz y la alegría… y mira a Jesús y a su estilo de vida. Ahí encontrarás la respuesta. Si dejas que Dios llene tu vida de su Espíritu, si sigues a Jesús, encontrarás el camino para vivir como discípulo suyo. No caerás presa del engaño de falsas promesas de felicidad ni las dificultades de la vida te harán infeliz. Es más, serás dichoso en aquellas situaciones en las que según la lógica de nuestro mundo parece imposible serlo.
Dichoso y lleno de Dios o infeliz y perdido. Esa elección te plantea hoy la Palabra de Dios.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Martes 8 de septiembre

Martes, 8 de septiembre
Natividad de la Bienaventurada Virgen María

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Mateo 1, 18-23

El nacimiento de Jesucristo fue de esta manera: María, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo.
José, su esposo, que era justo y no quería denunciarla, decidió repudiarla en secreto. Pero, apenas había tomado esta resolución, se le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo: «José, hijo de David, no tengas reparo en llevarte a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados.»
Todo esto sucedió para que se cumpliese lo que había dicho el Señor por el Profeta: «Mirad: la Virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrá por nombre Emmanuel, que significa “Dios-con-nosotros”.»

Pistas: Dios se hace hombre por obra del Espíritu Santo. Una virgen será madre. Y ese niño salvará al pueblo de los pecados. Y será Dios-con-nosotros.
Y José se asoma a este misterio ¿Qué entendería? ¿cuántas dudas y qué preguntas se haría? ¿cuántos prejuicios tendría que vencer? Pero es un hombre justo que busca actuar con rectitud. Y, finalmente, hace dos cosas: fiarse de Dios y obedecerle (por difícil e increíble que le parezca); y amar a María y a Jesús. Y con esto colabora en el acontecimiento más asombroso de la historia: Dios se hace hombre en el seno de una mujer y, como nosotros, crece en una familia, en una sociedad concreta y pasa por lo mismo que cualquier ser humano.
Haciéndose hombre nos salva. Vence al pecado, al mal y a la muerte. Vivo y resucitado nos promete estar con nosotros hasta el fin del tiempo. Y nos da el Espíritu Santo para que podamos ser hijos de Dios y vivir como discípulos suyos.
María y José se fían de Dios, le obedecen y aman. Y, ahí, lo imposible se hace posible. También Jesús quiere hacerse presente en tu vida. No como una idea o como algo lejano, sino como uno de los tuyos. María dice: Sí. José dice: Sí ¿Y tú?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Lunes 7 de septiembre

Lunes, 7 de septiembre
XXIII semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Lucas 6, 6-11
Un sábado, entró Jesús en la sinagoga a enseñar. Había allí un hombre que tenía parálisis en el brazo derecho. Los letrados y los fariseos estaban al acecho para ver si curaba en sábado, y encontrar de qué acusarlo. Pero él, sabiendo lo que pensaban, dijo al hombre del brazo paralítico: Levántate y ponte ahí en medio. Él se levantó y se quedó en pie. Jesús les dijo: Os voy a hacer una pregunta: ¿Qué está permitido en sábado?, ¿hacer el bien o el mal, salvar a uno o dejarlo morir? Y, echando en torno una mirada a todos, le dijo al hombre: Extiende el brazo. Él lo hizo y su brazo quedó restablecido. Ellos se pusieron furiosos y discutían qué había que hacer con Jesús.

Pistas: El sábado, el día que los judíos dedican a Dios, Jesús entra en la sinagoga para enseñar. Y los fariseos (los más religiosos y cumplidores) y letrados (los expertos en la ley) están vigilando qué hace.
Jesús se enfrenta a una religiosidad que en muchos aspectos ha perdido de vista lo esencial. Parece que muchos se han olvidado que toda la ley y los profetas se resumen en amar a Dios y al prójimo como a uno mismo. No les importa el hombre enfermo, ni Aquél a quien honran el sábado y que convierte en sagrado ese día. Jesús les da la oportunidad de pensar e intenta ponerlos ante su contradicción.
A veces me planteo: ¿Qué sería más importante para muchos cristianos: la cofradía, la procesión, la tradición, un puesto en la parroquia, que esto «siempre se hizo así», la imagen que los demás tienen de mí, mi manera de entender la religión…? ¿o amar a Dios, amar al prójimo, vivir como discípulo de Jesús? ¿hacer el bien o el mal? ¿salvar a uno o dejarlo morir?
Se ponen furiosos porque Jesús les contraria, les hace pensar y cuestionarse su manera de vivir la religión. No sólo eso. Les obliga a revisar su estilo de vida. Es fácil pensar: qué malos son los fariseos que no ven que Jesús es un hombre bueno y le tienen envidia… Pero es más interesante que pensemos en qué nos parecemos a esos letrados y fariseos que no son capaces de ver más allá de si mismos, de sus tradiciones, de sus maneras de hacer las cosas…. Jesús enseña algo diferente: enseña a vivir en el amor.
Ser discípulo de Jesús hoy conlleva cumplir unas normas y unos mandamientos, unas tradiciones… pero todo esto no sirve de nada, ni tiene sentido, ni siquiera nos acerca a Dios si no lleva consigo un trabajo en lo profundo del corazón, si no dejamos que el amor de Dios, el Espíritu Santo, nos llene de tal modo que le dé sentido a todo. Sólo así nuestra religiosidad y nuestra vida corresponderán al amor que Dios nos tiene y que nos salva.
Jesús hoy también te mira a ti y te pregunta: ¿Qué quieres hacer, cómo quieres vivir?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Domingo 6 de septiembre

Domingo, 6 de septiembre
XXIII domingo del tiempo ordinario, ciclo a

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Mateo 18, 15-20
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: Si tu hermano peca, repréndelo a solas entre los dos. Si te hace caso, has salvado a tu hermano. Si no te hace caso, llama a otro o a otros dos, para que todo el asunto quede confirmado por boca de dos o tres testigos. Si no les hace caso, díselo a la comunidad, y si no hace caso ni siquiera a la comunidad, considéralo como un pagano o un publicano.
Os aseguro que todo lo que atéis en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desatéis en la tierra quedará desatado en el cielo.
Os aseguro además que si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, se lo dará mi Padre del cielo. Porque donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.

Pistas: Jesús enseña a vivir en el amor. Por eso, la vida de los que nos rodean nos tiene que importar. No sólo su bienestar material o físico, también el espiritual. Quizás nuestra sociedad se ha vuelto demasiado individualista y hemos ensalzado nuestro propio criterio como la norma. Que no se metan en mi vida y yo no me meto en la de los demás y así no busco complicaciones. Los demás me importan en tanto en cuanto me hacen feliz o son relevantes para mi vida. Incluso llegamos a ver normal utilizar a los demás para nuestro interés.
Lo que nos dice el Evangelio de hoy es todo lo contrario. Nos invita a estar pendientes de los demás, a amarlos, a preocuparnos por ellos y dejar que los demás se preocupen por nosotros. Es nuestra responsabilidad como hermanos en Cristo.
¿Cómo se concreta esto? En cuestiones como la corrección fraterna de la que nos habla este Evangelio de hoy ¿lo has hecho alguna vez? ¿has corregido, ayudado, a alguien que ves que está haciendo las cosas mal? ¿te has dejado corregir? Puedes reflexionar y rezar sobre esto.
Detrás debe estar la comunidad. No se trata de manipular o dirigir a los demás para que sigan nuestros criterios o intereses. La libertad de la persona es total para cambiar o no, y para aceptar o no las consecuencias de esa libertad. Por ello, no se trata de presionar o ser marionetas. Ser discípulos de Jesús es crecer y ayudar a crecer a los demás. Por eso, la comunidad es la garantía, en ella está Jesús, es la Iglesia. Y Jesús le da el poder para “atar y desatar”.
Por último, el Evangelio nos habla del poder de la oración comunitaria de intercesión. Es el poder de rezar unos por otros. Esto no hay otra manera de entenderlo más que poniéndolo en práctica con fe. Orar junto con otras personas nos ayuda en el día a día, en los problemas y situaciones cotidianas. «Porque donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos». Y verás las maravillas de Dios y su poder.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Sábado 5 de septiembre

Sábado, 5 de septiembre
XXII semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Lucas 6, 1-5
Un sábado, Jesús atravesaba un sembrado; sus discípulos arrancaban espigas y, frotándolas con las manos, se comían el grano. Unos fariseos les preguntaron: ¿Por qué hacéis en sábado lo que no está permitido? Jesús les replicó: ¿No habéis leído lo que hizo David, cuando él y sus hombres sintieron hambre? Entró en la casa de Dios, tomó los panes presentados que sólo pueden comer los sacerdotes, comió él y les dio a sus compañeros. Y añadió: El Hijo del Hombre es señor del sábado.

Pistas: En tiempos de Jesús, en muchos sectores la práctica religiosa judía se había vuelto mero cumplimiento externo con muchísimas normas y tradiciones que cumplir. Jesús no invalida los mandamientos o las normas. Pero quiere que sus discípulos entiendan que de nada sirve cumplir externamente si no se va a lo profundo.
Los judíos tenían estipulados qué trabajos podían realizar en sábado y cuáles no, y hasta cuántos pasos podían dar… es su modo de dedicar un día al Señor. Y, en ocasiones, por ser fieles a lo externo dejaban al margen otras cosas más importantes. Y convertían, como nos puede pasar a nosotros, la religión en meras apariencias.
Este Evangelio puede servirnos para examinar nuestra religiosidad. Ser cristianos supone vivir como Jesús. No se trata de practicar con rigidez unas normas, sino de acoger el Espíritu Santo, estar llenos de Él, hacer sus obras y dejarnos guiar por Él. Y, así, seguir a Jesús en todo.
Los enemigos de Jesús intentan acusarle de no cumplir las tradiciones y normas. No quieren descubrir quién es y se conforman con vivir superficialmente. Pero Jesús enseña a vivir desde el corazón, desde el interior, y que eso se manifieste en nuestras acciones.
Examina hoy tu vida de fe y tu religiosidad. Se trata de conocer a Jesús y seguirle, de vivir como discípulo suyo. Dice un amigo mío que a veces andamos pendientes de las cosas de Dios y nos olvidamos del Dios de las cosas. Y es que puedes vivir religiosamente pero no enterarte de que Dios te ama, ni vivir en ese amor. Y, entonces ¿de qué sirve todo lo demás? Dios te transformará y te cambiará. Tú sólo tienes que abrir tu puerta y caminar a su lado.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.