XIV Domingo del Tiempo Ordinario

Evangelio según San Mateo 11,25-30. 
Jesús dijo:
«Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, por haber ocultado estas cosas a los sabios y a los prudentes y haberlas revelado a los pequeños.
Sí, Padre, porque así lo has querido.
Todo me ha sido dado por mi Padre, y nadie conoce al Hijo sino el Padre, así como nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.»
Vengan a mí todos los que están afligidos y agobiados, y yo los aliviaré.
Carguen sobre ustedes mi yugo y aprendan de mí, porque soy paciente y humilde de corazón, y así encontrarán alivio.
Porque mi yugo es suave y mi carga liviana.»

Jueves 2 de julio

Jueves, 2 de julio
XIII semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Mateo 9, 1-8
En aquel tiempo, subió Jesús a una barca, cruzó a la otra orilla y fue a su ciudad.
Le presentaron un paralítico, acostado en una camilla. Viendo la fe que tenían, dijo al paralítico: ¡Animo, hijo!, tus pecados están perdonados.
Algunos de los letrados se dijeron: Este blasfema. Jesús, sabiendo lo que pensaban, les dijo: ¿Por qué pensáis mal? ¿Qué es más fácil decir: «tus pecados están perdonados», o decir «levántate y anda»? Pues para que veáis que el Hijo del hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados dijo dirigiéndose al paralítico: Ponte en pie, coge tu camilla y vete a tu casa. Se puso en pie, y se fue a su casa.
Al ver esto, la gente quedó sobrecogida y alababa a Dios, que da a los hombres tal potestad.

Pistas: Sólo Dios puede perdonar los pecados, por eso cuando Jesús decía “tus pecados están perdonados”, los judíos pensaban que blasfemaba haciéndose igual a Dios.
Fíjate en la escena. Unos amigos llevan a un paralítico. Jesús, viendo la fe que tenían, primero le libera del pecado. Siempre me ha hecho pensar ¿se sentirían decepcionados porque esperaban la curación física? ¿qué sentiría el paralítico? Él no dice nada, no protesta ni le pide más a Jesús. Queda claro que esto es lo fundamental, lo más importante. Si lo piensas bien, de qué sirve poder caminar si el alma está rota, si el peso de la culpa hunde a la persona. Jesús le libera.
El milagro físico sirve de signo para confirmar el espiritual. ¿Qué es más fácil, perdonar los pecados o levantarlo de la camilla? Y Jesús muestra su poder. Imagina a los discípulos haciéndose una vez más la pregunta: pero ¿quién es éste? Detiene la tempestad, vence al demonio (leíamos ayer cómo ante su sola presencia el demonio no resiste) y perdona los pecados.
Estando con Jesús van descubriendo quién es. No sólo es un Maestro o un sanador o un predicador, es mucho más. Su mensaje del Reino se realiza porque Él ha venido y la pregunta fundamental es ¿quién es Jesús? Sólo pueden responderla caminando con Él y sólo podrán comprenderla plenamente después de su muerte y rescurrección y al recibir el Espíritu Santo.
El final del Evangelio cuenta que la gente se quedó sobrecogida al ver esos signos, y alababan a Dios, que dio a los hombres esa potestad. Después descubrirán que Jesús vino a compartir el poder del Espíritu Santo, que actuaba en Él, con sus discípulos.
También a ti te da el poder, la capacidad, para hacer cosas grandes. Y si lo haces, muchos alabarán a Dios. Los discípulos descubrieron que Jesús es el Hijo de Dios, descubrieron su poder y fuerza, descubrieron que era el Espíritu el que actuaba en Jesús y que lo mismo que Jesús había hecho (y según la propia promesa de Cristo –incluso cosas mayores-) podían hacerlo ellos.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Miércoles 1 de julio

Miércoles, 1 de julio
XIII semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Mateo 8, 28-34
En aquel tiempo, llegó Jesús a la otra orilla, a la región de los gerasenos. Desde el cementerio dos endemoniados salieron a su encuentro; eran tan furiosos que nadie se atrevía a transitar por aquel camino. Y le dijeron a gritos: ¿Qué quieres de nosotros, Hijo de Dios? ¿Has venido a atormentarnos antes de tiempo? Una gran piara de cerdos a distancia estaba hozando. Los demonios le rogaron: Si nos echas, mándanos a la piara. Jesús les dijo: Id. Salieron y se metieron en los cerdos. Y la piara entera se abalanzó acantilado abajo y se ahogó en el agua. Los porquerizos huyeron al pueblo y lo contaron todo, incluyendo lo de los endemoniados. Entonces el pueblo entero salió a donde estaba Jesús y, al verlo, le rogaron que se marchara de su país.

Pistas: Es sorprendente el relato de hoy. Jesús desembarca con sus discípulos y dos endemoniados salen a su encuentro. Pero el demonio no puede resistir su poder y ante su presencia no puede hacer nada. Y ésta es la primera enseñanza: ante Jesús el demonio no puede hacer otra cosa más que huir. Es Jesús quien vence al mal y al pecado. Así que si hay mal en tu vida o a tu alrededor, si el demonio parece que actúa de un modo tal que sus consecuencias se notan (como con los endemoniados del Evangelio, a los que tenían tanto miedo que no se atrevía nadie a pasar por allí), acércate a Jesús y no tendrá más remedio que huir.
Los hombres que se dejan dominar por el demonio están vivos, pero es como si estuvieran muertos (por eso están en el cementerio). Están atrapados por la violencia, alejados de la sociedad. Y los demás no quieren acercarse. La presencia del demonio conduce a la destrucción. Los cerdos (recuerda que para un judío son animales impuros) terminan por influencia de esos demonios arrojándose al mar. Nada bueno puede salir del demonio. Dicho de otra manera: nada bueno puede salir del mal (aunque las tentaciones siempre nos presentan lo malo como bueno o como camino para lograr algo que nos va a hacer felices).
Jesús salva, vence al demonio que busca nuestra destrucción. Vence al mal y al pecado.
Si quieres que el mundo sea mejor, si quieres vencer el mal en tu vida, acércate a Cristo. Él tiene poder para cambiar las cosas, aunque a veces pueda ser por caminos misteriosos… como el de los cerdos que saltan por el acantilado. Si estás dispuesto a fiarte de Jesús, si quieres que sea Él la luz y guía de tu vida, el mal está vencido.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.