Miércoles 27 de julio

Miércoles, 22 de julio
Santa María Magdalena

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Juan 20, 1. 11-18
El primer día de la semana, María Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro. Fuera, junto al sepulcro, estaba María, llorando. Mientras lloraba, se asomó al sepulcro y vio dos ángeles vestidos de blanco, sentados, uno a la cabecera y otro a los pies, donde había estado el cuerpo de Jesús. Ellos le preguntan: «Mujer, ¿por qué lloras?»
Ella les contesta: «Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto.»
Dicho esto, da media vuelta y ve a Jesús, de pie, pero no sabía que era Jesús. Jesús le dice: «Mujer, ¿por qué lloras?, ¿a quién buscas?»
Ella, tomándolo por el hortelano, le contesta: «Señor, si tú te lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo lo recogeré.» Jesús le dice: «¡María!»
Ella se vuelve y le dice: «¡Rabboni!», que significa: «¡Maestro!»
Jesús le dice: «Suéltame, que todavía no he subido al Padre. Anda, ve a mis hermanos y diles: “Subo al Padre mío y Padre vuestro, al Dios mío y Dios vuestro.”»
María Magdalena fue y anunció a los discípulos: «He visto al Señor y ha dicho esto.»

Pistas: Imagina la escena. María llora. Ve la losa quitada del sepulcro, pero no cree. Ve el sepulcro vacío y ángeles, pero no cree. Ve a Jesús y no cree. Hasta que Jesús la llama por su nombre. Entonces, por fin, le reconoce, por fin comprende que está vivo. Cuando Jesús deja de ser un desconocido, entonces los demás signos cobran sentido.
María llora porque mira al pasado, porque no entiende a Jesús: ve sin ver, oye sin entender… Hasta que por fin se siente llamada por su nombre y reconoce a Jesús. Esto nos pasa tantas veces en la Iglesia y en nuestra vida personal… Buscamos donde no podemos encontrar y, sin embargo, lo tenemos delante.
A María le mueve el amor, necesita encontrar a Jesús resucitado, comprender quién es. Y a ella que ama tanto a Jesús, que estuvo al pie de la Cruz, el Señor la elige para ser testigo de su resurrección. La envía a los Apóstoles para que les diga que está vivo. En un tiempo como el de Jesús, María (una mujer) es elegida antes que Pedro como primer testigo de la resurrección de Jesús.
Ahora puedes mirar a tu propia vida, esté como esté tu fe y tu amor a Jesús, veas más o menos, comprendas poco o mucho… acércate a Jesús. Déjale que te llame por tu nombre (que te conozca) y respóndele. Así podrás creer y ser su testigo. Podrás ver lo que te rodea y comprenderlo de otra manera, podrás encontrarte con Jesús y relacionarte con Él de un modo nuevo.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

XVII Domingo del Tiempo Ordinario

Evangelio según San Mateo 13,44-52. 
Jesús dijo a la multitud:
«El Reino de los Cielos se parece a un tesoro escondido en un campo; un hombre lo encuentra, lo vuelve a esconder, y lleno de alegría, vende todo lo que posee y compra el campo.
El Reino de los Cielos se parece también a un negociante que se dedicaba a buscar perlas finas;
y al encontrar una de gran valor, fue a vender todo lo que tenía y la compró.»
El Reino de los Cielos se parece también a una red que se echa al mar y recoge toda clase de peces.
Cuando está llena, los pescadores la sacan a la orilla y, sentándose, recogen lo bueno en canastas y tiran lo que no sirve.
Así sucederá al fin del mundo: vendrán los ángeles y separarán a los malos de entre los justos,
para arrojarlos en el horno ardiente. Allí habrá llanto y rechinar de dientes.
¿Comprendieron todo esto?». «Sí», le respondieron.
Entonces agregó: «Todo escriba convertido en discípulo del Reino de los Cielos se parece a un dueño de casa que saca de sus reservas lo nuevo y lo viejo».

Martes 21 de julio

Martes, 21 de julio
XVI Semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Mateo 12, 46-50
En aquel tiempo, estaba Jesús hablando a la gente, cuando su madre y sus hermanos se presentaron fuera, tratando de hablar con él. Uno se lo avisó: Oye, tu madre y tus hermanos están fuera y quieren hablar contigo. Pero él contestó al que le avisaba: ¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos? Y señalando con la mano a los discípulos, dijo: Estos son mi madre y mis hermanos. El que cumple la voluntad de mi Padre del cielo, ése es mi hermano y mi hermana y mi madre.

Pistas: Ser de la familia de Jesús no es cuestión de sangre. No es un estatus o un derecho. Para pertenecer a la familia de Jesús hay que recorrer el camino de hacerse discípulo suyo. Buscar la voluntad de Dios y escuchar su Palabra. No se trata de querer que Jesús haga las cosas a nuestra manera sino de descubrir la manera en la que Él las hace y nos invita a que las hagamos nosotros también. A veces podemos pensar que ya somos de los suyos por el puesto que ocupamos en la Iglesia o por nuestra religiosidad, pero sin ser discípulos eso no sirve de mucho.
Como vamos descubriendo día a día al orar con el Evangelio, este camino de pertenecer a la familia de Jesús se recorre conociéndole, escuchándole, poniendo su luz en las situaciones cotidianas de nuestra vida. Tenemos que aprender a descubrir la voluntad de Dios a través de su Palabra y de las inspiraciones del Espíritu Santo.
Siéntate con Jesús hoy también, reza, y sigue aprendiendo a ser discípulo suyo.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Lunes 20 de julio

Lunes, 20 de julio
XVI Semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Mateo 12, 38-42
En aquel tiempo, un grupo de letrados y fariseos dijeron a Jesús: Maestro, queremos ver un milagro tuyo.
El les contestó: Esta generación perversa y adúltera exige una señal; pues no se le dará más signo que el del profeta Jonás. Tres días y tres noches estuvo Jonás en el vientre del cetáceo: pues tres días y tres noches estará el Hijo del Hombre en el seno de la tierra.
Cuando juzguen a esta generación, los hombres de Nínive se alzarán y harán que la condenen, porque ellos se convirtieron con la predicación de Jonás, y aquí hay uno que es más que Jonás.
Cuando juzguen a esta generación, la reina del Sur se levantará y hará que la condenen, porque ella vino desde los confines de la tierra, para escuchar la sabiduría de Salomón, y aquí hay uno que es más que Salomón.

Pistas: ¡Cuántas veces queremos que Dios haga las cosas a nuestra manera y con nuestros tiempos! “Queremos ver un milagro tuyo”. En realidad no quieren conocer a Jesús, ni saber quién es. Ya hace signos y milagros en medio de ellos pero eso no les importa.
Su objetivo es que Jesús entre en sus esquemas y estructuras. Y recibirán el signo más grande: el de Jonás. Pero muchos no serán capaces de reconocerlo porque prefieren seguir acomodados en sus ideas, en sus intereses y en su modo de hacer las cosas.
La muerte y resurrección de Jesús será el signo definitivo. Su victoria sobre el pecado y la muerte lo cambiará todo. Por eso, no hay comparación con lo que ha sucedido antes de Jesús. Cristo revela a Dios de modo pleno. Para poder descubrir esto el camino es encontrarse con Jesús y conocerle. Dejarnos sorprender por Él.
Si quieres meterlo en tus esquemas y estructuras, si quieres que sea tu marioneta ¿podrás llamarle Dios?
Puedes pedirle un milagro ahora: el de encontrarte con Él vivo y resucitado que te llama a convertirte, que quiere hacerte partícipe de su sabiduría, es decir, que quiere revelarte a Dios. Esta puede ser tu oración hoy: Jesús, conóceme, conviérteme, que encuentre el camino y vea tus milagros. Y los verás, pero no haciendo entrar a Dios en tus esquemas sino atreviéndote a entrar tú en los suyos.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Domingo 19 de julio

Domingo, 19 de julio
XVI Semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Mateo 13, 24-43
En aquel tiempo, Jesús propuso esta parábola a la gente: El Reino de los Cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo; pero, mientras la gente dormía, un enemigo fue y sembró cizaña en medio del trigo y se marchó. Cuando empezaba a verdear y se formaba la espiga apareció también la cizaña. Entonces fueron los criados a decirle al amo: Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde sale la cizaña? Él les dijo: Un enemigo lo ha hecho. Los criados le preguntaron: ¿Quieres que vayamos a arrancarla? Pero él les respondió: No, que podríais arrancar también el trigo. Dejadlos crecer juntos hasta la siega, y cuando llegue la siega diré a los segadores: Arrancad primero la cizaña y atadla en gavillas para quemarla, y el trigo almacenadlo en mi granero.
Les propuso esta otra parábola: El Reino de los Cielos se parece a un grano de mostaza que uno siembra en su huerta; aunque es la más pequeña de las semillas, cuando crece es más alta que las hortalizas; se hace un arbusto más alto que las hortalizas y vienen los pájaros a anidar en sus ramas.
Les dijo otra parábola: El Reino de los Cielos se parece a la levadura; una mujer la amasa con tres medidas de harina y basta para que todo fermente.
Jesús expuso todo esto a la gente en parábolas y sin parábolas no les exponía nada. Así se cumplió el oráculo del profeta: «Abriré mi boca diciendo parábolas; anunciaré lo secreto desde la fundación del mundo.»
Luego dejó a la gente y se fue a casa. Los discípulos se le acercaron a decirle: Acláranos la parábola de la cizaña en el campo. Él les contestó: El que siembra la buena semilla es el Hijo del Hombre; el campo es el mundo; la buena semilla son los ciudadanos del Reino; la cizaña son los partidarios del Maligno; el enemigo que la siembra es el diablo; la cosecha es el fin del tiempo, y los segadores los ángeles. Lo mismo que se arranca la cizaña y se quema, así será el fin del tiempo: el Hijo del Hombre enviará a sus ángeles, y arrancarán de su Reino a todos los corruptores y malvados y los arrojarán al horno encendido; allí será el llanto y el rechinar de dientes. Entonces los justos brillarán como el sol en el Reino de su Padre. El que tenga oídos, que oiga.

Pistas: La parábola del trigo y la cizaña. Hasta que llegue el final del tiempo y el Reino llegue a plenitud, el mundo, la Iglesia, tu parroquia, tu comunidad, e incluso tu propia vida es la tierra en la que crecen juntos la cizaña y el trigo. ¿Esperas que la Iglesia sea el lugar de los perfectos, que todos los que van a misa y forman tu parroquia o tu comunidad sean discípulos sin fallos y que no haya «gente mala, interesada, despistada»…? Pues ésa no es la Iglesia de Jesús. Tenemos que aceptar que en ella habrá trigo y cizaña.
¿Esperas a ser perfecto para caminar y amar a Jesús o comprometerte? El trigo y la cizaña crecen juntos. Pero date cuenta de que tú eres el grano de trigo que ha caído en tierra y tiene que morir para dar fruto. Eres la tierra buena capaz de dar mucho fruto. Pero tienes que dejar que Jesús te transforme para brotar. Y después, crecer hacia Jesús, con la fuerza y poder del Espíritu Santo, y dar fruto.
En lugar de mirar a la cizaña que te rodea (o a la que hay en tu propio corazón) y dejar que te envuelva, mira a Jesús, crece, da fruto. Deja que la gracia de Dios actúe en tu corazón y ahogue la cizaña. Haz que tu vida, tu comunidad, tu parroquia, la Iglesia, den fruto por la gracia de Dios. Y olvídate de la cizaña que al final no servirá para nada más que para ser arrancada y echada al fuego. Ésa no es tu preocupación… Sólo acoger al Espíritu Santo y sus dones. Sólo encontrarte con Jesús y vivir como discípulo suyo.
El grano de mostaza y la levadura. Eres pequeño, somos pocos, parece muy poca cosa en comparación con el resto, parece poco trigo, hay mucha cizaña… Da igual. En lo pequeño Dios hace su obra. La más pequeña de las semillas, un poco de levadura en la masa… y sucede algo grande que transforma las cosas, que protege (los pájaros anidan en ella), que se mezcla con la harina y hace que todo fermente. ¿Lo ves? Jesús sigue repitiendo: en lo pequeño, en ti, en tu vida… en tu pequeña comunidad o en tu pobre parroquia se hace presente el Reino. No temas a la cizaña. Tú sólo sé lo que eres por gracia de Dios y darás fruto.
El reto de esta semana es elegir no mirar la cizaña, sino ser trigo. No asustarte por tu pequeñez (la semilla de mostaza) y por el mundo (la levadura tiene que mezclarse con la harina). Ser lo que eres.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Sábado 18 de julio

Sábado, 18 de julio
XV Semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Mateo 12, 14-21
En aquel tiempo, los fariseos, al salir, planearon el modo de acabar con Jesús. Pero Jesús se enteró, se marchó de allí y muchos le siguieron. El los curó a todos, mandándoles que no lo descubrieran.
Así se cumplió lo que dijo el profeta Isaías: «Mirad a mi siervo, mi elegido, mi amado, mi predilecto. Sobre él he puesto mi espíritu para que anuncie el derecho a las naciones. No porfiará, no gritará, no voceará por las calles. La caña cascada no la quebrará, el pábilo vacilante no lo apagará, hasta implantar el derecho; en su nombre esperarán las naciones».

Pistas: ¿Cómo es el Mesías? ¿Cómo es Jesús? No tiene nada que ver con una idea triunfalista, o de un líder político o un revolucionario.
Jesús no hace un grupo de partidarios para luchar o conspirar contra sus enemigos. Sólo le importa cumplir la voluntad del Padre y hacer presente el Reino de Dios. Cuando tiene que marcharse a otro sitio para seguir su misión, lo hace. Cuando tenga que ir a Jerusalén y dar la cara, también lo hará.
Ése es Jesús, el que habían prometido los profetas, en quien se cumplen las promesas del Antiguo Testamento de un modo sorprendente.
Puedes aprovechar este Evangelio para asomarte al misterio de Jesús, adorarle, alabarle por quién es. Ha venido a curar, a salvar, a anunciar la justicia de Dios (la salvación de Dios), a traer esperanza sin romper al que está herido o hacer caer al que vacila.
Quieren acabar con Él. Y tienen la ilusión de haberlo logrado, pero Jesús está vivo y te invita a encontrarte con Él y aprender su modo de hacer las cosas. Fíjate en que a pesar de las.conspiraciones de los fariseos muchos siguen a Jesús y encuentran en Él salvación. En cambio, los demás se quedan encerrados en un mundo de conspiraciones y maldad.
Y tú… ¿decides seguir a Jesús? Si ya lo has decidido ¿eliges seguirle como su discípulo y aprender su estilo de vida?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Viernes 17 de julio

Viernes, 17 de julio
XV Semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Mateo 12, 1-8
Un sábado de aquellos, Jesús atravesaba un sembrado; los discípulos, que tenían hambre, empezaron a arrancar espigas y a comérselas. Los fariseos, al verlo, le dijeron: Mira, tus discípulos están haciendo una cosa que no está permitida en sábado. Les replicó: ¿No habéis leído lo que hizo David, cuando él y sus hombres sintieron hambre? Entró en la casa de Dios y comieron de los panes presentados, cosa que no les estaba permitida ni a él ni a sus compañeros, sino sólo a los sacerdotes. ¿Y no habéis leído en la ley que los sacerdotes pueden violar el sábado en el templo sin incurrir en culpa? Pues os digo que aquí hay uno que es más que el templo.
Si comprendiérais lo que significa «quiero misericordia y no sacrificio», no condenaríais a los que no tienen culpa. Porque el Hijo del Hombre es señor del sábado.

Pistas: Jesús no está en contra de las normas o los mandamientos, ni de la ley o los ritos. Pero sí del legalismo y de los ritos rígidos vacíos de contenido. En disputa con los judíos sobre el sábado, intenta hacerles ver que han absolutizado una norma, una tradición, poniéndola por encima de las personas y de lo verdaderamente importante.
Esto nos advierte a nosotros también para que no convirtamos nuestra práctica religiosa, nuestra vida de fe o nuestra Iglesia en algo legalista, vacío, superficial o acomodado. Lo central es el encuentro con Jesús, “que es más que el templo”, que “es señor del sábado” y que nos enseña a ser sus discípulos. ¿A quién te pareces más, a los fariseos que señalan a los discípulos de Jesús o a Jesús que vive en la misericordia y el amor?
“Si comprendiérais lo que significa ‘quiero misericordia y no sacrificio’, no condenaríais a los que no tienen culpa”. Quizás tampoco entendemos esto nosotros ¿Qué nos quiere decir Jesús? Es una tentación señalar al que no lo hace bien o ser rígidos y estrictos con los demás, para parecer mejores nosotros o para camuflar nuestros defectos. En muchas ocasiones es fácil guardar las formas y señalar al que no lo hace. Pero Jesús nos enseña que el camino es el amor y la misericordia. Así se comporta Él con nosotros y así nos invita a vivir, de un modo nuevo y auténtico.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Jueves 16 de julio

Jueves, 16 de julio
Bienaventurada Virgen María del Monte Carmelo (La Virgen del Carmen)

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Mateo 11, 28-30
En aquel tiempo, Jesús exclamó: Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis vuestro descanso. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera.

Pistas: Ayer nos decía Jesús que Él es quien revela al Padre y que para poder tener entrada en el Reino hay que hacerse pequeños y acercarse a Él. Hoy nos explica que seguir ese camino, encontrarnos con Él, trae paz, descanso, alivio.
No es la paz de no hacer nada, de conformarse o amoldarse, sino la que surge de encontrarse con Él y aprender a vivir como Él. De ser discípulo suyo.
¿Cuál es el yugo de Jesús? Vivir como Él, aprender a amar, amar a Dios y al prójimo y dejarse amar. Éste es el yugo que hay que cargar para que Dios pueda realizar su obra, aprendiendo de Jesús, manso y humilde. Recuerda que ser humilde es vivir en la verdad y la mansedumbre es la capacidad para controlar el enfado, la ira, desde la razón y con la fuerza del Espíritu Santo. No tiene nada que ver con ser débiles de corazón o de carácter. Todo lo contrario, se trata de saberse necesitados de Dios, pequeños y para esto necesitamos salir de uno mismo. Se trata de ser valientes para vivir en el amor, eligiendo seguir a Jesús en las actitudes y decisiones.
Jesús promete que este yugo y esta carga son llevaderos y ligeros ¿Cuántas veces nos ponemos cargas pesadas pensando que van a llenarnos de felicidad y solo traen insatisfacción y sufrimiento? La promesa de Jesús es segura ¿Te atreves a acercarte a Él?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Miércoles 15 de julio

Miércoles 15 de julio
San Buenaventura, obispo y doctor de la Iglesia

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Mateo 11, 25-27
En aquel tiempo, Jesús exclamó: Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y se las has revelado a la gente sencilla. Sí, Padre, así te ha parecido mejor.
Todo me lo ha entregado mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.

Pistas: Hace poco que leíamos este pasaje y hoy tenemos la oportunidad de profundizar en él y seguir descubriendo cómo la Palabra de Dios puede ser siempre nueva.
Vamos a situar el pasaje en el contexto: después de las duras palabras de ayer en las que Jesús recrimina a las ciudades en las que realizó milagros su falta de fe, hoy da una clave para ser capaces de acoger su mensaje. Ser sencillos. Ayer decía ¿pretendéis alcanzar el cielo? No podréis ser sabios y entendidos si estáis llenos de prejuicios y orgullo porque eso se convierte en un obstáculo. La fe es un regalo y, o se acepta con sencillez, o no se puede conseguir por las propias fuerzas. Y, por eso, sólo en el encuentro personal, en la escucha de la Palabra, en la vida cotidiana como discípulo de Jesús, se puede recibir.
Sólo Jesús es el camino. A Él le ha entregado todo el Padre. Y, por eso, lo que haces cada día al rezar es entrar en ese camino de relación que te abre el acceso a la vida divina, a la salvación, a la Gracia de Dios.
Sigue profundizando en el encuentro con Jesús, día a día, como se hace con una amistad. Es un regalo de Dios que haya querido compartirlo todo contigo a través de Jesús. Si quieres, piensa en los aspectos de tu vida que Dios te está pidiendo que entregues para que te hagas sencillo. Y dale gracias, alábale, entra en su presencia reconociendo su grandeza, su amor, su bondad…

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

XVI Domingo del Tiempo Ordinario

Evangelio según San Mateo 13,24-43. 

Jesús propuso a la gente otra parábola:
«El Reino de los Cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo;
pero mientras todos dormían vino su enemigo, sembró cizaña en medio del trigo y se fue.
Cuando creció el trigo y aparecieron las espigas, también apareció la cizaña.
Los peones fueron a ver entonces al propietario y le dijeron: ‘Señor, ¿no habías sembrado buena semilla en tu campo? ¿Cómo es que ahora hay cizaña en él?’.
El les respondió: ‘Esto lo ha hecho algún enemigo’. Los peones replicaron: ‘¿Quieres que vayamos a arrancarla?’.
‘No, les dijo el dueño, porque al arrancar la cizaña, corren el peligro de arrancar también el trigo.
Dejen que crezcan juntos hasta la cosecha, y entonces diré a los cosechadores: Arranquen primero la cizaña y átenla en manojos para quemarla, y luego recojan el trigo en mi granero'».
También les propuso otra parábola: «El Reino de los Cielos se parece a un grano de mostaza que un hombre sembró en su campo.
En realidad, esta es la más pequeña de las semillas, pero cuando crece es la más grande de las hortalizas y se convierte en un arbusto, de tal manera que los pájaros del cielo van a cobijarse en sus ramas».
Después les dijo esta otra parábola: «El Reino de los Cielos se parece a un poco de levadura que una mujer mezcla con gran cantidad de harina, hasta que fermenta toda la masa».
Todo esto lo decía Jesús a la muchedumbre por medio de parábolas, y no les hablaba sin parábolas,
para que se cumpliera lo anunciado por el Profeta: Hablaré en parábolas, anunciaré cosas que estaban ocultas desde la creación del mundo.
Entonces, dejando a la multitud, Jesús regresó a la casa; sus discípulos se acercaron y le dijeron: «Explícanos la parábola de la cizaña en el campo».
El les respondió: «El que siembra la buena semilla es el Hijo del hombre;
el campo es el mundo; la buena semilla son los que pertenecen al Reino; la cizaña son los que pertenecen al Maligno,
y el enemigo que la siembra es el demonio; la cosecha es el fin del mundo y los cosechadores son los ángeles.
Así como se arranca la cizaña y se la quema en el fuego, de la misma manera sucederá al fin del mundo.
El Hijo del hombre enviará a sus ángeles, y estos quitarán de su Reino todos los escándalos y a los que hicieron el mal,
y los arrojarán en el horno ardiente: allí habrá llanto y rechinar de dientes.
Entonces los justos resplandecerán como el sol en el Reino de su Padre. ¡El que tenga oídos, que oiga!»