Martes 9 de junio

Martes, 9 de junio
X Semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Mateo 5, 13-16
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: Vosotros sois la sal de la tierra.
Pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán? No sirve más que para tirarla fuera y que la pise la gente. Vosotros sois la luz del mundo.
No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte.
Tampoco se enciende una vela para meterla debajo del celemín, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de casa.
Alumbre así vuestra luz a los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en el cielo.

Pistas: Jesús usa dos símbolos para hablar de la identidad de sus discípulos: sal y luz. Y les manda que vivan de acuerdo a aquello que son. Si se esconde, si se desvirtúa ¿para qué servirá? Una fe que no cambia las cosas, una fe que no ilumina ¿qué será? ¿para qué servirá?
Muchas veces nuestra sociedad propone reducir al ámbito de lo privado la fe y la vivencia religiosa. Propone ser una sal que no sala y una luz que no ilumina. No influir en la vida pública, ni en la política, ni en la cultura, ni en las familias, ni en la educación… ni en nada. Una fe reducida al ámbito de lo privado. Pero esto ¿tendrá algo que ver con el mensaje de Jesús?
Vivir como Jesús enseña la fe implica amar. Amar a Dios, amar al prójimo, recibir el Espíritu Santo y sus dones… Y todo esto transforma el corazón de las personas, de tal modo que todo cambia. El modo de relacionarse, las decisiones, las prioridades. Si tienes fe y no eres sal y luz… ¿qué le está pasando a tu fe?
Eres sal y luz. Cosas de gran valor (en la antigüedad la sal se usaba como moneda e imagínate un mundo sin luz). Eres sal y luz por la presencia del Espíritu Santo en ti, por tu condición de discípulo de Jesús. Pero ¿se refleja en tu vida? ¿y en lo que perciben los demás? ¿qué necesitas, qué puedes hacer para actuar como sal y luz? ¿por qué no aprovechas este Evangelio para pedir hoy a Dios eso que crees que te falta?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo

Evangelio según San Juan 6,51-58.
Jesús dijo a los judíos:
«Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá eternamente, y el pan que yo daré es mi carne para la Vida del mundo».
Los judíos discutían entre sí, diciendo: «¿Cómo este hombre puede darnos a comer su carne?».
Jesús les respondió: «Les aseguro que si no comen la carne del Hijo del hombre y no beben su sangre, no tendrán Vida en ustedes.
El que come mi carne y bebe mi sangre tiene Vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día.
Porque mi carne es la verdadera comida y mi sangre, la verdadera bebida.
El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él.
Así como yo, que he sido enviado por el Padre que tiene Vida, vivo por el Padre, de la misma manera, el que me come vivirá por mí.
Este es el pan bajado del cielo; no como el que comieron sus padres y murieron. El que coma de este pan vivirá eternamente».

Lunes 8 de junio

Lunes, 8 de junio
X Semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Mateo 5, 1-12
En aquel tiempo, al ver Jesús el gentío, subió a la montaña, se sentó, y se acercaron sus discípulos; y él se puso a hablar, enseñándoles: Dichosos los pobres en el espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Dichosos los sufridos, porque ellos heredarán la Tierra.
Dichosos los que lloran, porque ellos serán consolados.
Dichosos los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos quedarán saciados. Dichosos los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.
Dichosos los que trabajan por la paz, porque ellos se llamarán «los Hijos de Dios».
Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los cielos.
Dichosos vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa. Estad alegres y contentos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo, que de la misma manera persiguieron a los profetas anteriores a vosotros.

Pistas: Comenzamos a leer hoy el Evangelio de San Mateo a partir del capítulo 5. Jesús sube a la montaña a enseñar, es el nuevo Moisés que revela a Dios con autoridad. Y se sienta, como el maestro en la cátedra, a instruir a sus discípulos.
El camino que Jesús indica para la felicidad no son teorías ni normas externas, ni cosas que se puedan solucionar con un mero cumplimiento para la galería. Jesús habla de su propia vida, propone el camino que Él mismo sigue y seguirá hasta el final. Es algo mucho más profundo que unas pautas o tradiciones. Nace del interior y se traduce en actitudes. Es un estilo de vida.
Las bienaventuranzas sólo son posibles desde la fe en Jesús, desde la decisión de seguirle con la fuerza del Espíritu Santo. Por eso te invito a que si al releer el Evangelio de hoy crees que son para ti, pienses en cómo estás viviéndolas, y le pidas a Dios el Espíritu Santo, la fuerza para llevarlo a tu vida y ser discípulo de Jesús.
En la pobreza de espíritu (o humildad), en el sufrimiento y el llanto, en la necesidad de justicia (entendida también como salvación o como buscar cumplir la voluntad de Dios), en ser misericordiosos, en la limpieza de corazón (sin dobles intenciones o hipocresía), en la lucha por la paz, en la persecución, serás dichoso. No es un “se puede ser incluso en medio de eso”, sino que Jesús dice que ahí, precisamente ahí, serás bienaventurado.
El mejor modelo para entender esto es Jesús mismo. Él, que ha vencido al pecado, al mal y a la muerte, es el Bienaventurado. Y, si vives como discípulo suyo, serás una persona nueva por la fe. Va a haber cruces, contradicciones, sufrimientos y luchas. Y muchas veces muy grandes. Sin embargo, con la fuerza y el poder del Espíritu Santo podrás vivir con paz, con esperanza, con alegría. Porque Dios ve tu camino, tus esfuerzos, tus luchas, tu fe y te dice: «Dichoso tú».

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Domingo 7 de junio

Domingo, 7 de junio
Solemnidad de la Santísima Trinidad

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Juan 3, 16-18
Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único, para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna. Porque Dios no mandó a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. El que cree en él, no será condenado; el que no cree, ya está condenado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios.

Pistas: Nos asomamos hoy al misterio de Dios. No podríamos tener idea de quién ni cómo es Dios en sí mismo si Él no hubiese querido mostrárnoslo. Lo primero que descubre la fe judía es que Dios es un único Dios, no hay más dioses que Él. Ya aparece apuntado en el Antiguo Testamento la realidad que alcanzará plenitud cuando Jesús revele que Dios es Padre, Hijo y Espíritu Santo.
Dios, que es amor y sale de sí mismo para darnos vida, se revela a nosotros por medio de Jesús. La fiesta de hoy te invita a entrar en este misterio. Dios que se ha querido comunicar a los hombres. No sólo a un nivel intelectual o moral, sino con su misma vida, dándose Él mismo. Dios ha entrado en nuestro mundo y se ha hecho uno de nosotros porque en Jesús ha asumido nuestra humanidad y la ha elevado. Y nosotros podemos entrar en su misterio por medio de Jesús y por obra del Espíritu Santo. No es un dios lejano o abstracto. Es a quien Jesús llama Padre, que se ha revelado como amor y misericordia, que es fiel a sus promesas y a su alianza con los hombres, el que envía a su Hijo y al Espíritu Santo. Es el Hijo que se ha hecho hombre, que te llama amigo, que te salva, que da su vida por ti, que camina contigo, que está contigo todos los días hasta el fin del mundo. Es el Espíritu Santo que habita en el bautizado, que continúa la misión de Jesús guiando y llenando a la Iglesia y al creyente da la vida de Dios y sus dones.
Esto no se puede entender usando sólo la razón. Por eso es la fe la que nos da acceso a Dios, al que es uno y Trinidad de personas. Así lo ha revelado Jesús. Y lo más grande y asombroso es que nos ha abierto la puerta de su misterio para que podamos “conocerlo” y relacionarnos con Él. A través de Jesús resucitado y con la presencia y poder del Espíritu Santo puedes encontrar a Dios, alabarle, sentirte amado y transformado por Él. Y no es una teoría, es una relación.
Te propongo un reto para esta semana, y así profundizar que la fe en el Dios de Jesús es una relación con Dios que es Padre, Hijo y Espíritu Santo. Eres Hijo de Dios, Jesús te ha abierto la puerta del cielo, humano como tú, pero hijo de Dios, resucitado, vivo; y el Espíritu Santo, Dios en ti, su amor en ti. Reza pensando en esto. Acércate a Dios. Por eso te invito a que una vez más abras tu corazón a Dios y reces. Alábale, adórale, entrégale tu corazón, pídele y escucha lo que te quiere decir.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Sábado 6 de junio

Sábado, 6 de junio
IX Semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Marcos 12, 38-44
En aquel tiempo, enseñaba Jesús a la multitud y les decía: ¡Cuidado con los letrados! Les encanta pasearse con amplio ropaje y que les hagan reverencias en la plaza, buscan los asientos de honor en las sinagogas y los primeros puestos en los banquetes; y devoran los bienes de las viudas con pretexto de largos rezos. Esos recibirán una sentencia más rigurosa.
Estando Jesús sentado enfrente del cepillo del templo, observaba a la gente que iba echando dinero: muchos ricos echaban en cantidad; se acercó una viuda pobre y echó dos reales. Llamando a sus discípulos, les dijo: Os aseguro que esa pobre viuda ha echado en el cepillo más que nadie. Porque los demás han echado de lo que les sobra, pero ésta, que pasa necesidad, ha echado todo lo que tenía para vivir.

Pistas: Jesús enseña a la multitud, denunciando la falsedad y la hipocresía. Y a sus discípulos les muestra cuál es el camino que deben seguir.
«¡Cuidado!» ¿Cómo vives? ¿Qué tipo de discípulo eres? ¿Qué Iglesia estás construyendo? ¿Eres el letrado hipócrita, egoísta, interesado, acomodado, materialista, mentiroso? ¿O eres como la viuda: das lo que tienes, entregas la vida, todo, sin reservas, con autenticidad? ¿Cuál eres? El que se ha dejado atrapar por el pecado y las autojustificaciones, por una vida acomodada y mentirosa. O el que, pase lo que pase, se fía de Dios y da todo.
El templo ahora es la Iglesia, es la comunidad, donde Jesús te pide que entregues lo que tienes y lo que eres. El templo es la persona que sufre, el pobre, el que necesita a Dios, al que le hacen falta tu mano y tu ayuda, es la sociedad en la que vives. Jesús no te pide que seas rico (ni tampoco pobre), no se trata de una cuestión económica. Lo que te pide es que des lo que tienes en tu interior, que te fíes, que no te guardes nada.
Hoy te llama y te dice: ¡Cuidado! ¿Quién eres? Aunque duela ver la verdad, deja que la Palabra de Dios te hable, reza y que el Espíritu Santo inunde tu corazón. Y así vivirás en el amor, en la entrega, en la verdad y fidelidad a Jesús, que lo ha dado todo por ti, incluida su propia vida.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Viernes 5 de junio

Viernes, 5 de junio
San Bonifacio, obispo o mártir

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Marcos 12, 35-37
En aquel tiempo, mientras enseñaba en el templo, Jesús preguntó: ¿Cómo dicen los letrados que el Mesías es hijo de David? El mismo David, movido por el Espíritu Santo, dice: «Dijo el Señor a mi Señor: siéntate a mi derecha, y haré de tus enemigos estrado de tus pies».
Si el mismo David lo llama Señor, ¿cómo puede ser hijo suyo? La gente, que era mucha, disfrutaba escuchándolo.

Pistas: Mc 11,23-12,34 nos cuenta cómo la autoridad de Jesús y su actuación es puesta en duda y molesta a los líderes religiosos y políticos judíos: sanedrín, sacerdotes, fariseos, escribas, el grupo de los saduceos… Intentan desacreditar a Jesús y ponerlo en evidencia. Intentan pillarlo y deshacerse de Él. Muchos de ellos utilizaban la religión y la Palabra de Dios para conseguir sus fines, y Jesús hacía peligrar su bienestar. No les importa la verdad, ni Jesús. Sólo su posición y su ideología. Por un lado, sus intereses les tienen atrapados. Por otro, no son capaces de dejar que Jesús rompa sus esquemas.
Jesús les devuelve la moneda. Los letrados o escribas saben mucho, pero Él quiere mostrar que no entienden. No se atreven a dejar que su persona y su palabra les descoloque, les interpele, les remueva, les haga conocer la verdad.
¿De dónde vendrá el Mesías? Jesús siembra dudas sobre la imagen política de un rey terrenal. San Pablo responderá que según la carne es hijo de David (el rey de la promesa mesiánica), pero Hijo de Dios con poder por el Espíritu Santo (cf. Rm 1,3-4). En realidad, hace falta un paso en la fe para no caer en la ideología, para no convertir la Palabra de Dios en un instrumento al servicio de intereses ajenos. Para que la Biblia y el mismo Evangelio, la religión, la fe, no se conviertan en algo falso, interesado, incomprensible o superficial el único camino es encontrarse y conocer a Jesús. Dejarse sorprender por Él.
Este camino Jesús te lo propone a ti: encontrarte con Él y dejarte sorprender. Se romperán algunos esquemas, pero al final le conocerás, tendrás a Dios en tu vida y ésta cambiará.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Jueves, 4 de junio Nuestro Señor Jesucristo, sumo y eterno sacerdote

Jueves, 4 de junio
Nuestro Señor Jesucristo, sumo y eterno sacerdote

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Marcos 14, 12-16. 22-26
El primer día de los Ázimos, cuando se sacrificaba el cordero pascual, le dijeron a Jesús sus discípulos: «¿Dónde quieres que vayamos a prepararte la cena de Pascua?».
Él envió a dos discípulos, diciéndoles: «Id a la ciudad, encontraréis un hombre que lleva un cántaro de agua; seguidlo y, en la casa en que entre, decidle al dueño: «El Maestro pregunta: ¿Dónde está la habitación en que voy a comer la Pascua con mis discípulos?».
Os enseñará una sala grande en el piso de arriba, arreglada con divanes. Preparadnos allí la cena.»
Los discípulos se marcharon, llegaron a la ciudad, encontraron lo que les había dicho y prepararon la cena de Pascua.
Mientras comían, Jesús tomó un pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio, diciendo: «Tomad, esto es mi cuerpo.»
Cogiendo una copa, pronunció la acción de gracias, se la dio, y todos bebieron.
Y les dijo: «Ésta es mi sangre, sangre de la alianza, derramada por todos. Os aseguro que no volveré a beber del fruto de la vid hasta el día que beba el vino nuevo en el reino de Dios.» Después de cantar el salmo, salieron para el monte de los Olivos.

Pistas: Celebramos hoy la fiesta de Jesucristo Sumo y Eterno Sacerdote. Tanto el sacerdocio ordenado como el sacerdocio común de todos los bautizados, participan del sacerdocio único de Jesús. Esto parece un trabalenguas, pero es sencillo. Sacerdote es el que une lo humano y lo divino, el que –por decirlo así- construye puentes para unir dos realidades que parecen separadas, el que media (como ocurre en los sacramentos) o cuando rezamos.
Jesús es el Hijo de Dios hecho hombre. Lo humano y lo divino se acercan. Verdadero hombre y verdadero Dios. Y Jesús Resucitado se convierte en el camino a Dios, el puente que nos une para siempre con el Padre y nos permite recibir el Espíritu Santo. Por eso, si nosotros podemos acceder a Dios (rezar, presentar a Dios nuestra vida, ser bendecidos por Él, recibir sus dones, celebrar los sacramentos y recibir su gracia) es porque participamos de su sacerdocio, de su mediación. Es porque Jesús es el camino hacia Dios.
Todo es por medio de Él. Los santos, la Virgen María, las acciones de la Iglesia, tus actos religiosos, todo lo que te permita acercarte a Dios y que Dios se acerque a ti es por medio de Jesús.
Ahora vamos a fijarnos en el Evangelio. La Última Cena. Jesús con sus amigos. Se entrega a sí mismo, da sentido salvador a su muerte. Ama tanto a los suyos que quiere ser uno con ellos. Quiere que el mismo amor que le tiene el Padre, que los hace uno, puedan experimentarlo con Él sus discípulos. Quiere que puedan entender lo que significará su muerte y resurrección. No sólo eso, piensa un momento: ellos son judíos, es la cena de la Pascua, la liberación de la esclavitud de Egipto y la promesa de Dios de hacerles su pueblo. Es la cena que recuerda la alianza de Dios con su pueblo y que se convertirá en la Nueva Alianza de Jesús con su Iglesia.
Vuelve a leer el Evangelio: Jesús es el camino hacia Dios, nos ha regalado poder entrar en presencia de Dios y poder recibir el Espíritu Santo, la vida de Dios. Él es el Sumo y Eterno Sacerdote y se entrega por amor a ti y a mí. Y se queda en la Eucaristía convirtiéndose en alimento para nuestra alma y regalándonos la salvación.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Miércoles 3 de junio

Miércoles, 3 de junio
Carlos Luanga y compañeros mártires

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Marcos 12, 18-27
En aquel tiempo, se acercaron a Jesús saduceos, de los que dicen que no hay resurrección, y le preguntaron: Maestro, Moisés nos dejó escrito: «Si a uno se le muere su hermano, dejando mujer pero no hijos, cásese con la viuda y dé descendencia a su hermano» Pues bien, había siete hermanos: el primero se casó y murió sin hijos; el segundo se casó con la viuda y murió también sin hijos; lo mismo el tercero; y ninguno de los siete dejó hijos. Por último, murió la mujer. Cuando llegue la resurrección y vuelvan a la vida, ¿de cuál de ellos será mujer? Porque los siete han estado casados con ella.
Jesús les respondió: Estáis equivocados, porque no entendéis la Escritura ni el poder de Dios. Cuando resuciten, ni los hombres ni las mujeres se casarán; serán como ángeles del cielo. Y a propósito de que los muertos resucitan, ¿no habéis leído en el libro de Moisés, en el episodio de la zarza, lo que le dijo Dios: «Yo soy el Dios de Abrahán, el Dios de Isaac, el Dios de Jacob»? No es Dios de muertos, sino de vivos. Estáis muy equivocados.

Pistas: Uno de los retos más importantes de la fe cristiana es cómo entender la resurrección. No es volver a la vida de ahora con sus circunstancias y limitaciones. Por eso les dice Jesús que no entienden la Escritura ni el poder de Dios. ¿Cómo imaginas tú la resurrección de la que habla nuestra fe? ¿qué ideas tienes sobre ella?
Dios es Dios de vivos, es el Dios de la vida, es el que vence la muerte en Jesús, concediéndole la plenitud del Espíritu, llevando a plenitud su humanidad. El cómo no sabemos explicarlo, pero la muerte es vencida por la plenitud de Dios.
La reanimación de un cadáver sería un volver a recobrar la vida humana, mientras que en la resurrección se adquiere la vida divina, la vida del Espíritu, la vida Eterna. La resurrección de Cristo hace que su humanidad entre en el seno mismo de la comunión trinitaria. En Jesús, en su humanidad, con la resurrección se ha producido un cambio. Su carne (hombre entero en cuanto débil), su ser hombre queda transformado en una vida en la plenitud del Espíritu.
Es tan difícil hablar de la resurrección porque es un acontecimiento que está más allá de la historia, la trasciende. Por eso el lenguaje bíblico utiliza tantos términos para hablar de ella y ninguno de ellos puede expresar todo el contenido de ese acontecimiento: resurrección, exaltación, glorificación, triunfo, ascensión, estar sentado a la derecha del Padre.
Jesús resucitado es el hombre nuevo. Por medio de Él, por la fe, la humanidad puede encontrar respuesta a esa esperanza escrita en lo profundo de su ser que le lleva a soñar una vida plena y para siempre. La resurrección permite al hombre por medio de Jesús entrar en la plenitud de Dios. Cuando se descubre esta verdad la persona cambia, ya no puede vivir de cualquier manera. Es una verdad de salvación que convierte a la persona, una verdad que hay que celebrar (en los sacramentos). Tampoco puede callárselo. Tiene que compartirlo y evangelizar.
Todo esto no es más que rozar la superficie del misterio de la resurrección de Jesús. Sólo podrás comenzar a entender algo si te sumerges, con la ayuda del Espíritu Santo, en lo que significa para la historia, para la humanidad, para tu vida, para el mundo. El hombre está destinado a una plenitud en Dios por la eternidad. La teología a veces hay que hacerla de rodillas, adorando, contemplando y viviendo lo que se investiga. Deja que el Evangelio te hable una vez más y ora con él.
Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Solemnidad de la Santísima Trinidad

Evangelio según San Juan 3,16-18.
Sí, Dios amó tanto al mundo, que entregó a su Hijo único para que todo el que cree en él no muera, sino que tenga Vida eterna.
Porque Dios no envió a su Hijo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.»
El que cree en él, no es condenado; el que no cree, ya está condenado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios.

Martes 2 de junio

Martes, 2 de junio
Santos Marcelino y Pedro, mártires (IX semana del tiempo ordinario)

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Marcos 12, 13-17
En aquel tiempo, mandaron a Jesús unos fariseos y partidarios de Herodes, para cazarlo con una pregunta. Se acercaron y le dijeron: Maestro, sabemos que eres sincero y que no te importa de nadie; porque no te fijas en apariencias, sino que enseñas el camino de Dios sinceramente. ¿Es lícito pagar impuesto al César o no? ¿Pagamos o no pagamos?
Jesús, viendo su hipocresía, les replicó: ¿Por qué intentáis cogerme? Traedme un denario, que lo vea. Se lo trajeron. Y él les preguntó: ¿De quién es esta cara y esta inscripción? Le contestaron: Del César. Les replicó: Lo que es del César pagádselo al César, y lo que es de Dios a Dios. Se quedaron admirados.

Pistas: Jesús se enfrenta a las dobles intenciones. Quieren crear conflicto entre Él y los romanos. Buscan tener de qué acusarle para que lo quiten de en medio. Utilizan algo cierto: Jesús es sincero, no se fija en las apariencias y enseña el camino de Dios. Y también buscan tenderle una trampa. En el fondo se desvelan a sí mismos porque no les importa la verdad, ni saber quién es Jesús… sólo su propio interés. Y utilizan los recursos que tienen a su alcance para lograrlo. No lo saben o no quieren saberlo, pero son esclavos de la mentira en la que viven, del poder, los intereses, las influencias…
Jesús es libre. Intenta hacerles pensar: ¿qué importa verdaderamente? Dad a Dios lo que es de Dios. Ellos se quedaron admirados por su habilidad, por su forma de pensar, porque no conseguían pillarle. Pero la mayoría no reaccionarán. La admiración ante Jesús no basta, no basta con descubrir aspectos interesantes del cristianismo, es necesario dar el salto de la fe.
Muchas veces se interpreta la frase: “Lo que es del César pagádselo al César, y lo que es de Dios a Dios”, como la separación entre las cosas mundanas y la fe. Esto, bien entendido, es cierto. Pero Jesús avisa a sus discípulos que la fe tiene que abarcar todos los aspectos de la vida. De nada sirve decir que se tiene mucha fe o rezar mucho, si en las decisiones esa fe no influye, si se cometen injusticias o se colabora con un sistema injusto.
Jesús invita a vivir en la verdad y dejarse de dobles juegos. La verdad en la intención de los actos, la verdad en las decisiones, principios y actitudes. La verdad en la política, en la sociedad, en el trabajo, en las relaciones, en cada aspecto de la vida. Da a Dios lo que es de Dios.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.