Lunes 11 de mayo

Lunes, 11 de mayo
Semana V de Pascua

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Juan 14, 21-26
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «El que acepta mis mandamientos y los guarda, ése me ama; al que me ama lo amará mi Padre, y yo también lo amaré y me revelaré a él.»
Le dijo Judas, no el Iscariote: «Señor, ¿qué ha sucedido para que te reveles a nosotros y no al mundo?» Respondió Jesús y le dijo: «El que me ama guardará mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en él. El que no me ama no guardará mis palabras. Y la palabra que estáis oyendo no es mía, sino del Padre que me envió. Os he hablado de esto ahora que estoy a vuestro lado, pero el Defensor, el Espíritu Santo, que enviará el Padre en mi nombre, será quien os lo enseñe todo y os vaya recordando todo lo que os he dicho.»

Pistas: Todo de lo que habla Jesús, todo lo que ha enseñado y revelado, sólo puede comprenderse en plenitud después de su resurrección y por el Espíritu Santo. Él es el que recordará a los discípulos lo que Jesús ha dicho posibilitando que puedan entenderlo. Es quien les inspira y guía para dar los primeros pasos de la Iglesia. Es quien les ayudará a entender y a vivir lo que Jesús revela. El Espíritu Santo permite que se haga realidad el primer versículo que has leído. Permite que aceptemos los mandamientos y los guardemos –sin su fuerza, saber los mandamientos es sólo una carga, porque no tenemos luz para entenderlos ni fuerza para vivirlos-. El Espíritu Santo es el amor del Padre derramado en nuestros corazones. Nos da a conocer a Jesús y nos descubre a Dios como Padre.
Estos días al leer el Evangelio de San Juan nos asomamos al misterio de la Trinidad. Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo. Un solo Dios y tres personas. El Hijo hecho hombre que revela al Padre. Jesús es el único camino para creer, para ver, para escuchar, para encontrar verdad y vida. Y todo esto sólo será posible con el Don de los dones, con Dios mismo dándose, como Amor que se derrama: el Espíritu Santo.
Una manera de adentrarte en el misterio de la Trinidad es profundizar en el lenguaje bíblico sobre el Padre, el Hijo, el Espíritu Santo, y fijarte qué explica de cada uno. Realmente sólo podemos saber algo de Dios en sí mismo porque Jesús nos lo ha contado. Y sólo lo podemos “entender” si vamos descubriéndolo en la oración y la contemplación. Lo hace posible el encuentro con Jesús y la experiencia del Espíritu Santo. Si entramos en la dinámica de amor del Padre podremos descubrir que todo esto es verdad y está a nuestro alcance.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Domingo 10 de mayo

Domingo, 10 de mayo
Semana V de Pascua

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Juan 14, 1-14

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Que no tiemble vuestro corazón; creed en Dios y creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas estancias; si no fuera así, ¿os habría dicho que voy a prepararos sitio? Cuando vaya y os prepare sitio, volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo, estéis también vosotros. Y adonde yo voy, ya sabéis el camino.» Tomás le dice: «Señor, no sabemos a dónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?»
Jesús le responde: «Yo soy el camino, y la verdad, y la vida. Nadie va al Padre, sino por mí.» Felipe le dice: «Señor, muéstranos al Padre y nos basta.»
Jesús le replica: «Hace tanto que estoy con vosotros, ¿y no me conoces, Felipe? Quien me ha visto a mí ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: «Muéstranos al Padre»? ¿No crees que yo estoy en el Padre, y el Padre en mí? Lo que yo os digo no lo hablo por cuenta propia. El Padre, que permanece en mí, hace sus obras. creedme: yo estoy en el Padre, y el Padre en mí. Si no, creed a las obras. Os lo aseguro: el que cree en mí, también él hará las obras que yo hago, y aún mayores. Porque yo me voy al Padre; y lo que pidáis en mi nombre, yo lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Si me pedís algo en mi nombre, yo lo haré.»

Pistas: Este año coincide que hemos leído hace nada este pasaje.
Para rezar con Él sitúate en el discurso de despedida de Jesús. Los discípulos están llenos de miedo y Jesús hablándoles de algo que todavía no son capaces de comprender. Ellos lo querían ya, pero hasta que Jesús muere y resucita no podrán entenderlo ni vivirlo. Tal vez nos puede suceder tantas veces a nosotros sentirnos perdidos, sin entender a Jesús. Nosotros también podemos pensar: “Jesús ¿cómo no tener miedo ante la incertidumbre que vivimos?, ¿cómo no preocuparse o dudar?” Y Jesús contesta: no tiemble vuestro corazón, ¡creed!
Y ¿cómo creer?, ¿cómo descubrir lo que Jesús promete? Tomás y Felipe quieren saber, quieren entender. La respuesta es Jesús mismo, acercarse a Él. Es el camino, la verdad, la vida (el Buen Pastor, la Puerta, la Luz, la Palabra…). Es Jesús. Por Él podrás llegar a Dios, por medio de El podrás tener vida y experimentar como se hacen realidad las promesas que Jesús ha hecho. Esto no es una teoría, se trata de vida y nace de una relación con Jesús.
Si tienes dudas, fíjate en las obras de los que creen en Él (no en los pecados) ¿Cuánto bien, verdad y vida han traído los santos a este mundo? O mírate a ti mismo: ¿cómo cambia la vida cuando dejas que la luz de Jesús entre en ella? Las obras de Jesús, son ahora las obras de la Iglesia. Después de su resurrección, el Espíritu Santo actuando en la Iglesia continúa la obra de Jesús. Y esto es una llamada, una invitación. Jesús tiene poder, para abrir caminos en tu vida, caminos que no podías ni soñar, ni imaginar. Caminos nuevos llenos de la vida de Dios. Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida, dice Jesús ¿te acercas a Él?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida

Sábado 9 de mayo

Sábado, 9 de mayo
IV Semana de Pascua

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Juan 14, 7-14
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Si me conocéis a mí, conoceréis también a mi Padre. Ahora ya lo conocéis y lo habéis visto.» Felipe le dice: «Señor, muéstranos al Padre y nos basta.»
Jesús le replica: «Hace tanto que estoy con vosotros, ¿y no me conoces, Felipe? Quien me ha visto a mí ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: «Muéstranos al Padre»? ¿No crees que yo estoy en el Padre, y el Padre en mí? Lo que yo os digo no lo hablo por cuenta propia. El Padre, que permanece en mí, hace sus obras. creedme: yo estoy en el Padre, y el Padre en mí. Si no, creed a las obras. Os lo aseguro: el que cree en mí, también él hará las obras que yo hago, y aún mayores. Porque yo me voy al Padre; y lo que pidáis en mi nombre, yo lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Si me pedís algo en mi nombre, yo lo haré.»

Pistas: ¿Cómo es posible conocer lo que no se ve? ¿Cómo podemos conocer a Dios? San Juan intenta ayudarnos a entender a Dios haciendo que nos asomemos al misterio de Jesús. Ver al Padre es estar con Jesús, es escuchar su Palabra. Y, por eso, estos Evangelios te invitan a orar, a entrar en relación con Jesús, a aprender a rezar rezando.
Las obras dan testimonio de quién es Jesús. Hoy las obras de Jesús las hacemos los cristianos, con la fuerza del Espíritu Santo y en su Nombre. Las hace la Iglesia: “El que cree en mí, también él hará las obras que yo hago y aún mayores”. Esto tiene una doble lectura: por un lado, saber descubrir la acción de Dios en el mundo y en tu propia vida. Por otro lado, tú y yo que somos Iglesia ¿sabemos el poder que tiene la oración? ¿hacemos las obras del Padre? Así el Padre será glorificado.
Recuerda esta promesa de Jesús: “Si me pedís algo en mi nombre, yo lo haré”. Jesús nos enseña a rezar, a comunicarnos con el Padre, de esta manera tan clara y sencilla. Habla con Jesús, rézale y conocerás a Dios.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Viernes 8 de mayo

Viernes, 8 de mayo
IV Semana de Pascua

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Juan 14, 1-6
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Que no tiemble vuestro corazón; creed en Dios y creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas estancias; si no fuera así, ¿os habría dicho que voy a prepararos sitio? Cuando vaya y os prepare sitio, volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo, estéis también vosotros. Y adonde yo voy, ya sabéis el camino.» Tomás le dice: «Señor, no sabemos a dónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?»
Jesús le responde: «Yo soy el camino, y la verdad, y la vida. Nadie va al Padre, sino por mí.»

Pistas: Los discípulos están asustados porque la cosa se ha puesto complicada, hay incertidumbre, los judíos y Jesús enfrentados ¿qué sucederá con Él? ¿Será de verdad el Mesías? ¿dónde va? Y la respuesta de Jesús es: creed.
Les está hablando del cielo, de la vida eterna, pero ellos no están preparados para comprenderlo. Irá y preparará sitio, abrirá el cielo, nos abrirá la vida de Dios, nos dará la posibilidad de entrar en presencia de Dios.
Por eso les explica que Él es el camino, la verdad y la vida. Reflexiona estas ideas. El camino hacia Dios. Por medio de Jesús sabemos, conocemos, tenemos acceso a él. La verdad porque Él nos enseña, nos muestra, nos revela quién es Dios. La vida, porque nos regala la vida, nos introduce en ella, nos da plenitud.
Lee este texto mirando a Jesús resucitado y a tu propia vida. Tal vez te sientas un poco perdido como Tomás, o tal vez, hayas empezado a descubrir quién es Jesús. Ésa es una vez más la pregunta, y la invitación de este Evangelio: descubrirlo entrando en oración, entrando en relación con Jesús.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

V Domingo de Pascua

Evangelio según San Juan 14,1-12.
Jesús dijo a sus discípulos:
«No se inquieten. Crean en Dios y crean también en mí.
En la Casa de mi Padre hay muchas habitaciones; si no fuera así, se lo habría dicho a ustedes. Yo voy a prepararles un lugar. Y cuando haya ido y les haya preparado un lugar, volveré otra vez para llevarlos conmigo, a fin de que donde yo esté, estén también ustedes. Ya conocen el camino del lugar adonde voy».
Tomás le dijo: «Señor, no sabemos adónde vas. ¿Cómo vamos a conocer el camino?».
Jesús le respondió: «Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre, sino por mí. Si ustedes me conocen, conocerán también a mi Padre. Ya desde ahora lo conocen y lo han visto».
Felipe le dijo: «Señor, muéstranos al Padre y eso nos basta».
Jesús le respondió: «Felipe, hace tanto tiempo que estoy con ustedes, ¿y todavía no me conocen? El que me ha visto, ha visto al Padre. ¿Como dices: ‘Muéstranos al Padre’? ¿No crees que yo estoy en el Padre y que el Padre está en mí? Las palabras que digo no son mías: el Padre que habita en mí es el que hace las obras.
Créanme: yo estoy en el Padre y el Padre está en mí. Créanlo, al menos, por las obras.
Les aseguro que el que cree en mí hará también las obras que yo hago, y aún mayores, porque yo me voy al Padre.»

Jueves 7 de mayo

Jueves, 7 de mayo
IV Semana de Pascua

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Juan 13, 16-20
Cuando Jesús acabó de lavar los pies a sus discípulos, les dijo: «Os aseguro, el criado no es más que su amo, ni el enviado es más que el que lo envía. Puesto que sabéis esto, dichosos vosotros si lo ponéis en práctica. No lo digo por todos vosotros; yo sé bien a quiénes he elegido, pero tiene que cumplirse la Escritura: «El que compartía mi pan me ha traicionado.» Os lo digo ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda creáis que yo soy.
Os lo aseguro: El que recibe a mi enviado me recibe a mí; y el que a mí me recibe al que me ha enviado.»

Introducción: A partir de hoy en las próximas tres semanas, excepto las fiestas, el evangelio del día está sacado de la larga conversación de Jesús con los discípulos durante la Última Cena (Jn de 13 a 17). En estos cinco capítulos que describen la despedida de Jesús encontramos tres hilos que tejen y componen el evangelio de Juan y es importante comprender esto para entenderlos mejor: la palabra de Jesús, la palabra de las comunidades y la palabra del evangelista que hizo la última redacción del Cuarto Evangelio. Y los tres hilos están de tal manera entrelazados que es difícil distinguir lo que es del uno y lo que es del otro, pero nos ayuda a entender quién es Jesús y es Palabra de Dios.

Pistas: Hoy Jesús quiere dejar claro a los suyos que el camino que Él propone es el de la entrega y el servicio (“ahora que sabéis esto, dichosos vosotros si lo ponéis en práctica”). Antes de entregar su vida en la cruz, Jesús realiza el gesto de lavarles los pies (como hacían los esclavos o los siervos cuando llegaba a casa el dueño o un invitado). Para que se les quede grabado que el Señor sirve y ama.
¿De qué modo estás tú siguiendo a Jesús? A veces sentimos que nuestra fe se vuelve tibia, que nos cuesta rezar y le echamos la culpa a Dios. Pero muchas veces la respuesta está en que nos hemos acomodado y nos hemos olvidado de llevar el Evangelio a la vida. Nos puede llegar muy profundo lo que dice pero nosotros seguimos a lo nuestro, como si nada.
También se nos muestra nuevamente que Jesús es quien revela a Dios y lo hace precisamente entregando su vida. Nadie se la quita. Quiere que lo entiendan para que después puedan comprender quién es.
La última frase del Evangelio nos recuerda algo muy importante. Ser enviados por Jesús es llevarle a Él. Cuando acogemos a la Iglesia, a la que Jesús ha enviado, le acogemos a Él. No podemos vivir nuestra fe encerrados en nosotros mismos, fuera de la comunidad. Necesitamos la Iglesia para encontrar a Jesús y los demás nos necesitan a nosotros.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Miércoles 6 de mayo

Miércoles, 6 de mayo
IV Semana de Pascua

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Juan 12, 44-50
En aquel tiempo, Jesús dijo, gritando: «El que cree en mí, no cree en mí, sino en el que me ha enviado. Y el que me ve a mí ve al que me ha enviado. Yo he venido al mundo como luz, y así, el que cree en mí no quedará en tinieblas.
Al que oiga mis palabras y no las cumpla yo no lo juzgo, porque no he venido para juzgar al mundo, sino para salvar al mundo. El que me rechaza y no acepta mis palabras tiene quien lo juzgue: la palabra que yo he pronunciado, ésa lo juzgará en el último día. Porque yo no he hablado por cuenta mía; el Padre que me envió es quien me ha ordenado lo que he de decir y cómo he de hablar. Y sé que su mandato es vida eterna. Por tanto, lo que yo hablo lo hablo como me ha encargado el Padre

Pistas: Creer en Jesús es entrar en la luz y no quedar en las tinieblas. Y la luz no puede hacer otra cosa que iluminar. Por eso, Jesús ha venido a traer luz, ha venido a salvar, a traer vida. El que lo acepta se salva y ¿el que no?
Jesús dice que Él no viene a condenar. ¡Qué bonito esto! A Dios no le da igual una opción u otra, que te salves o te condenes. La balanza está cargada hacia la salvación, porque eso es lo que Dios quiere, que te salves, que creas, que acojas la palabra que anuncia Jesús y que da luz y da vida. Él habla las palabras de Dios, no viene por su cuenta, por eso tienen tanto valor.
Pero, al mismo tiempo, no creer, no acoger, no aceptar, trae su propia condena. Piénsalo un momento: si no acoges la luz ¿cómo quedas? En la oscuridad, no hay otra opción. Si rechazas la oferta de salvación de Jesús ¿dónde quedas?
Sigue invitándonos la Palabra de Dios a acercarnos a Jesús. Hoy te dice que acojas la palabra y creas en Jesús. Sigue este camino que vas recorriendo día a día al rezar con el Evangelio y pon la luz de Jesús en tu situación concreta, Él ha venido a ser luz y salvación para ti.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Lunes 4 de mayo

Lunes, 4 de mayo
IV Semana de Pascua

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Juan 10, 11-18
En aquel tiempo, dijo Jesús:
«Yo soy el buen Pastor. El buen pastor da la vida por las ovejas; el asalariado, que no es pastor ni dueño de las ovejas, ve venir al lobo, abandona las ovejas y huye; y el lobo hace estrago y las dispersa; y es que a un asalariado no le importan las ovejas.
Yo soy el buen Pastor, que conozco a las mías, y las mías me conocen, igual que el Padre me conoce, y yo conozco al Padre; yo doy mi vida por las ovejas.
Tengo, además, otras ovejas que no son de este redil; también a ésas las tengo que traer, y escucharán mi voz, y habrá un solo rebaño, un solo Pastor.
Por esto me ama el Padre, porque yo entrego mi vida para poder recuperarla. Nadie me la quita, sino que yo la entrego libremente. Tengo poder para entregarla y tengo poder para recuperarla: este mandato he recibido de mi Padre.»

Pistas: Jesús es el Buen Pastor: defiende a los suyos; los conoce y deja que le conozcan; da la vida por ellos. Ser su discípulo no es un club cerrado sino que Jesús lo ofrece a todos. Llama a todos para que en Él puedan encontrar vida. Se entrega por ellos para darles vida, voluntariamente y por fidelidad al Padre. Pero hace un pueblo: los que deciden seguirle.
Este Evangelio nos ayuda a entender mejor qué significa seguir a Jesús y por qué seguirle es el camino adecuado. Jesús no es alguien interesado. Él es el primero en amar. Da ejemplo, va delante, involucra todo su ser. Y todo lo hace voluntariamente.
Jesús ama hasta dar la vida. Su propuesta es una relación en la que Él ha ido delante mostrando el camino.
También nos enseña a ser pastores (en la medida de la vocación de cada uno). Todo cristiano está llamado a ayudar a los demás a acercarse a Jesús, a acompañar a aquellos que tiene bajo su responsabilidad o que de algún modo dependen de él. Todos por el bautismo somos sacerdotes llamados a imitar a Jesús.
Los sacerdotes ordenados, los que tienen responsabilidad en acompañar grupos cristianos, los padres de familia, los que tienen alguna responsabilidad en este sentido, deben leer este Evangelio todavía con mayor atención preguntándose: ¿En qué me parezco a Jesús? y ¿en qué me estoy distanciando de Él?
Sólo con un corazón como el suyo quedaremos libres de ser como esos asalariados a los que en el fondo no les importan los suyos. Sólo así le podremos conocer y amar como Él nos conoce y ama a nosotros.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Domingo 3 de mayo

Domingo, 3 de mayo
IV Semana de Pascua

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Juan 10, 1-10
En aquel tiempo, dijo Jesús:
—«Os aseguro que el que no entra por la puerta en el aprisco de las ovejas, sino que salta por otra parte, ése es ladrón y bandido; pero el que entra por la puerta es pastor de las ovejas. A éste le abre el guarda, y las ovejas atienden a su voz, y él va llamando por el nombre a sus ovejas y las saca fuera. Cuando ha sacado todas las suyas, camina delante de ellas, y las ovejas lo siguen, porque conocen su voz; a un extraño no lo seguirán, sino que huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños.»
Jesús les puso esta comparación, pero ellos no entendieron de qué les hablaba. Por eso añadió Jesús:
—«Os aseguro que yo soy la puerta de las ovejas. Todos los que han venido antes de mí son ladrones y bandidos; pero las ovejas no los escucharon.
Yo soy la puerta: quien entre por mí se salvará y podrá entrar y salir, y encontrará pastos.
El ladrón no entra sino para robar y matar y hacer estrago; yo he venido para que tengan vida y la tengan abundante.»

Pistas: Jesús, utiliza la imagen del Pastor, para mostrarnos cómo es su relación con la comunidad de los discípulos. Primero, Jesús entra por la puerta; el dueño entra por la puerta, somos su pueblo. Sus ovejas le conocen. Ésta es una clave importante, porque a un extraño no le seguirán, ya que no conocen su voz. Entonces ¿cómo vamos a seguir a Jesús si no lo conocemos? ¿cómo van a seguirle otros si no se lo anunciamos? “Va llamando por el nombre a las ovejas”. Aunque Jesús habla de rebaño, no es una masa sin voluntad la que le sigue. Llama a cada uno por su nombre, personalmente a ti y a mí. Requiere la respuesta personal.
Camina delante. Cuando Jesús dice: ama al prójimo como a ti mismo, lo hace el primero. Cuando dice oremos, ora el primero. Cuando dice que hay cielo, va Él delante; cuando promete el Espíritu Santo, Él está lleno del Espíritu Santo. Ama a los enemigos, en la cruz perdona a los que lo están crucificando; etc.
Nuevamente Jesús nos repite que sólo en Él encontraremos salvación y alimento. Ha venido para que tengas vida –no una vida mediocre–, para que tengas vida en abundancia. Fuera de él no hay más que muerte, estrago, mentira.
Conocer a Jesús, escuchar su voz, seguirle, entrar por la puerta que es Él mismo, para tener vida y tenerla en abundancia.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo tu vida.

Sábado 2 de mayo

Sábado, 2 de mayo
Semana III de Pascua

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Juan 6, 60-69
En aquel tiempo, muchos discípulos de Jesús, al oírlo, dijeron: «Este modo de hablar es duro, ¿quién puede hacerle caso?»
Adivinando Jesús que sus discípulos lo criticaban, les dijo: «¿Esto os hace vacilar?, ¿y si vierais al Hijo del hombre subir a donde estaba antes? El Espíritu es quien da vida; la carne no sirve de nada. Las palabras que os he dicho son espíritu y vida. Y con todo, algunos de vosotros no creen.»
Pues Jesús sabía desde el principio quiénes no creían y quién lo iba a entregar.
Y dijo: «Por eso os he dicho que nadie puede venir a mí, si el Padre no se lo concede.»
Desde entonces, muchos discípulos suyos se echaron atrás y no volvieron a ir con él. Entonces Jesús les dijo a los Doce: «¿También vosotros queréis marcharos?»
Simón Pedro le contestó: «Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna; nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo consagrado por Dios.»

Pistas: “¿A quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna».
No son capaces de entenderle. Les escandaliza la novedad de Jesús y su lenguaje, como les escandalizará la cruz. Jesús quiere habitar en los que creen en Él, pero ¿cómo se puede entender eso antes de su muerte y resurrección? Es más ¿cómo se puede asumir que Jesús se entrega para que entremos en comunión con Él y con el Padre? Entrega su carne y su sangre para que los que creen en Él tengan vida, para que vivan por Él.
Da la vida del Espíritu. Esto es un don. Por eso Jesús dice que sólo se puede creer en Jesús si el Padre nos atrae. Es decir, con la fuerza del Espíritu Santo. Y, por otra parte, es una elección. Supone querer estar con Él, escuchar sus palabras que “son espíritu y vida”. Porque la fe es un acto plenamente humano y por eso hace falta que implique tu inteligencia, tu voluntad, tus emociones, todo tu ser.
Estos días la Palabra de Dios te invita a acercarte a Jesús. Puedes preguntarte qué actitud tienes ante Él. Qué sucede cuando no entiendes, cuando las cosas se ponen difíciles ¿eres Pedro o eres de los que se marchan? Si perseveras con Jesús no será un camino llano: te equivocarás, pecarás, fallarás, dudarás… Pero al final todo merecerá la pena porque creerás y sabrás quién es Jesús.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.