Miércoles 20 de mayo

Miércoles 20 de mayo
Semana VI de Pascua

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Juan 16, 12-15
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Muchas cosas me quedan por deciros, pero no podéis cargar con ellas por ahora; cuando venga él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad plena. Pues lo que hable no será suyo: hablará de lo que oye y os comunicará lo que está por venir.
Él me glorificará, porque recibirá de mí lo que os irá comunicando. Todo lo que tiene el Padre es mío. Por eso os he dicho que toma de lo mío y os lo anunciará.»

Pistas: En el diálogo de Jesús con sus discípulos, después de la Última Cena, el Evangelio de San Juan ha presentado y prometido el Espíritu Santo. ¿Y quién es el Espíritu Santo del que tanto oímos hablar y hemos leído en estos días? Es otro Paráclito (que significa Defensor, el que está al lado). Será enviado desde el Padre y continúa lo que Jesús empezó (Jn 14, 16s). No es Jesús, pero no hay ruptura, sino continuidad. Ayudará al discípulo de Jesús y a la comunidad a profundizar, desentrañar y actualizar la revelación de Jesús. Estará siempre con ellos. Les permite acceder a Jesús resucitado y hacerlo siempre presente. No es un acontecimiento ni una persona del pasado. Es el que enseña y recuerda lo que Jesús reveló (Jn 14, 26). Es testigo de Jesús (Jn 15, 26-27). También para el creyente en su interior (en su propio proceso de fe) y en la comunidad que cree y a su vez da testimonio. Defiende y confirma a Jesús, venciendo al Príncipe de este mundo, haciendo justicia, dando salvación. (Jn 16, 5-11)
Hoy Jesús les cuenta algo muy importante: el Evangelio, Jesús mismo, no se puede entender ni descubrir en profundidad sin el Espíritu Santo. No pueden «cargar» con ello. Es decir, no puedes entrar en relación auténtica con Jesús sin el Espíritu Santo. La fe que has recibido por tradición, la revelación de Jesús a sus discípulos, no se puede acoger en plenitud sin el Espíritu Santo.
No es que el Espíritu revele cosas nuevas, sino que ayuda a entender, a conocer y a vivir la profundidad de lo que Jesús ha revelado. En tu vida esto significa la diferencia entre, por un lado, una fe de costumbres, una tradición o unas ideas; y, por otro, una fe viva, el encuentro con Jesús resucitado, los dones del Espíritu. Es la diferencia entre conocer a alguien y conocer a alguien a quien se ama y que te ama. Entre vivir de oídas o por rutina o experimentar.
El Espíritu que glorifica a Jesús, que lo resucita, continúa permitiendo conocer a Jesús y a través de Él al Padre. Jesús es el camino abierto al Padre y el Espíritu Santo la fuerza para recorrerlo.
Si esto te suena bonito, si dices: “quiero eso en mi vida”, quiero más de Dios, recuerda que Jesús cumple sus promesas. Pide que venga nuevamente con poder el Espíritu Santo a ti y verás las maravillas de Dios en tu vida. No dejes que se quede en teoría.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida

Solemnidad de la Ascensión del Señor

Evangelio según San Mateo 28,16-20.
En aquel tiempo, los once discípulos fueron a Galilea, a la montaña donde Jesús los había citado.
Al verlo, se postraron delante de el; sin embargo, algunos todavía dudaron.
Acercándose, Jesús les dijo: «Yo he recibido todo poder en el cielo y en la tierra.
Vayan, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo,
y enseñándoles a cumplir todo lo que yo les he mandado. Y yo estaré siempre con ustedes hasta el fin del mundo».

Martes 19 de mayo

Martes, 19 de mayo
Semana VI de Pascua

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Juan 16, 5-11
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Ahora me voy al que me envió, y ninguno de vosotros me pregunta: «¿Adónde vas?» Sino que, por haberos dicho esto, la tristeza os ha llenado el corazón. Sin embargo, lo que os digo es la verdad: os conviene que yo me vaya; porque si no me voy, no vendrá a vosotros el Defensor. En cambio, si me voy, os lo enviaré. Y cuando venga, dejará convicto al mundo con la prueba de un pecado, de una justicia, de una condena. De un pecado, porque no creen en mí; de una justicia, porque me voy al Padre, y no me veréis; de una condena, porque el Príncipe de este mundo está condenado.»

Pistas: San Juan sitúa un largo diálogo de Jesús con sus discípulos después de la Última Cena. Estos días leemos pasajes que nos hablan del Espíritu Santo. Hoy nos dice que la venida del Defensor demostrará (dejará convicto) al mundo de un pecado, de una justicia y de una condena.
El pecado es no creer a Jesús y no acogerle, por eso le matan. Les resulta molesto y chocante para su mentalidad mundana. El Defensor rebate al mundo que no cree y le resucita. Jesús resucitado permanece en la comunidad y el Espíritu actúa en ella. Pero deja convicto al mundo porque éste sigue sin creer.
La justicia: Jesús va al Padre, es inocente de lo que le acusan. Tiene razón en que es enviado por el Padre y ratificado en sus pretensiones: Jesús es el Hijo, el camino, la verdad, la vida, la luz, la Palabra… Ésa es la justicia: la acción salvadora de Dios manifestada y realizada en Jesús y continuada por el Espíritu Santo.
Y, por último, una condena: Satanás, el mal, ha sido condenado, para siempre. También en la comunidad. Y sucederá como con Jesús, el mal intentará triunfar, pero el Defensor (el Espíritu Santo) no lo permitirá.
Tal vez todo esto te parezca complicado pero es muy importante para tu vida de fe. Si te encuentras con Jesús, si ves que la fe se está despertando en tu corazón, es que el Espíritu Santo está actuando. Si te acercas a Jesús y quieres su verdad, su vida, su luz, su alegría, su paz, que sus promesas se cumplan, sólo será posible con el Espíritu Santo. Por eso, pídelo. Aprende a conocerlo. Deja que su fuego se encienda en tu interior y te llene de sus dones. Que no sea una brasa mortecina, una palabra más que se dice al final del «gloria al Padre» o cuando te santiguas.
Seguiremos profundizando en esto, pero recuerda que el Espíritu Santo no es una idea. Es Dios. Por eso rézale, pídele, abre el corazón y actuará en ti.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Lunes 18 de mayo

Lunes 18 de mayo
Semana VI de Pascua

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Juan 15, 26-16, 4a
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Cuando venga el Defensor, que os enviaré desde el Padre, el Espíritu de la verdad, que procede del Padre, él dará testimonio de mí; y también vosotros daréis testimonio, porque desde el principio estáis conmigo.
Os he hablado de esto, para que no tambaleéis. Os excomulgarán de la sinagoga; más aún, llegará incluso una hora cuando el que os dé muerte pensará que da culto a Dios. Y esto lo harán porque no han conocido ni al Padre ni a mí. Os he hablado de esto para que, cuando llegue la hora, os acordéis de que yo os lo había dicho.»

Pistas: Jesús continúa anunciando la venida del Espíritu Santo. Se refiere a Él como el Defensor y el Espíritu de la verdad. Es el Defensor, en primer lugar, de Jesús. Los signos que Cristo realiza son por la fuerza del Espíritu Santo y dan testimonio de quién es Él. El mundo le rechaza -como dice San Juan el “Príncipe de este mundo” tiene su hora- y en la cruz parece es vencido. Pero el Espíritu le defiende y le da la victoria resucitándolo de entre los muertos. Y da testimonio de Jesús hasta el final. Ese mismo Espíritu Santo Jesús te lo ha prometido y dado a ti. Es tu Defensor, te hace vencedor sobre el mundo, sobre el pecado y la muerte.
Es el Espíritu de la verdad que llena a Jesús en su humanidad y le da autoridad: la del Padre que le envió y le llenó del Espíritu. Que le guía y le da fuerzas. Por eso las palabras de Jesús son Palabra con mayúsculas: nos revelan la verdad. La Palabra es Espíritu y vida. Y ese mismo Espíritu Santo Jesús te lo da a ti.
Da igual lo que pase: la persecución, la difamación, la muerte… porque tienes al Espíritu Defensor. En lo que Jesús ha vencido, tú sales vencedor. De lo que Jesús ha dado testimonio, tú puedes darlo. Y puedes hacer obras como las suyas e incluso mayores, porque tienes el Espíritu Santo, que no te dejará tambalearte.
Si crees que estas cosas suenan bonitas pero las ves lejos de tu vida, ten fe en la Palabra de Dios y pídele a Jesús que cumpla su promesa. El Espíritu Santo es como fuego, tu corazón es la brasa encendida desde el día de tu bautismo. Si soplas con la oración y los sacramentos, si quitas obstáculos viviendo como discípulo de Jesús, esa brasa se convertirá en un fuego ardiente y descubrirás que las promesas de Jesús se cumplen.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Sábado 16 de mayo

Sábado, 16 de mayo
Semana V de Pascua

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Juan 15, 18-21
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Si el mundo os odia, sabed que me ha odiado a mi antes que a vosotros. Si fuerais del mundo, el mundo os amaría como cosa suya, pero como no sois del mundo, sino que yo os he escogido sacándoos del mundo, por eso el mundo os odia. Recordad lo que os dije: «No es el siervo más que su amo. Si a mí me han perseguido, también a vosotros os perseguirán; si han guardado mi palabra, también guardarán la vuestra.»
Y todo eso lo harán con vosotros a causa de mi nombre, porque no conocen al que me envió.»

Pistas: Jesús contrapone, por un lado, el mundo y los que son del mundo –aquellos que no conocen al Padre-. Y por otro, sus discípulos, a quienes ha escogido sacándolos del mundo. Cuántas veces vemos claro que el mal encuentra la manera de “conectarse”, que va formando como una telaraña que envuelve a los que se dejan seducir y cada vez los atrapa más en el pecado. Y eso crea una manera corrupta de hacer las cosas, justificando el pecado y generando estructuras injustas fruto de los pecados personales.
Jesús te dice hoy que te ha elegido, que no eres de ahí. Pero que el mundo te va a odiar y perseguir como a Él (lo decíamos ayer, Jesús va delante). Te ofrecerá caer en esa telaraña. Pero tú no eres suyo. Tú eres de Jesús, eres de la luz, eres de la vida, eres del Amor, de la verdad y la libertad. Lo otro son mentiras atrayentes y seductoras, pero mentiras al fin y al cabo. Si fueras del mundo… quizás todo sería más fácil, aparentemente, pero el espejismo se termina tarde o temprano. Sin embargo, Jesús te ha escogido. Puede que todo sea más complicado, pero es de verdad y vida.
Hay muchos atrapados en lo que San Juan llama el mundo, que están deseando escuchar la verdad –aunque a veces no lo sepan-. Encontrarán en tu palabra (y en tu vida) la luz que necesitan y se cumplirá lo que dice Jesús: “Si han guardado mi palabra, también guardarán la vuestra”. Ser del mundo o ser de Jesús. Él te ha elegido. Él te llama.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Viernes 15 de mayo

Viernes, 15 de mayo
Semana V de Pascua

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Juan 15, 12-17
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Este es mi mandamiento: que os améis unos a otros como yo os he amado. Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando. Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor: a vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer.
No sois vosotros los que me habéis elegido, soy yo quien os he elegido y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto dure. De modo que lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo dé. Esto os mando: que os améis unos a otros.»

Pistas: Jesús va delante, va el primero. Va delante en amar al Padre y al prójimo. Es el primero en entregar su vida por los demás (por sus amigos). El primero en demostrar que el amor se expresa amando y obedeciendo al Padre. No como un siervo, por obligación, por miedo o por cumplir un deber o un trabajo; sino como un amigo, con el que se comparte, al que se ama con libertad y por voluntad propia. Jesús va por delante y encontrarse con Él significa atreverse a seguirle y vivir como Él vivió y nos enseñó.
Una historia de amor es también la historia de una elección. Jesús ha elegido que le conozcas, que puedas ser amigo suyo, que tu vida dé fruto, y un fruto verdadero y duradero. Nuevamente habla también del poder de la oración: “lo que pidáis al Padre en mi nombre…”. Pero no es magia. Hay que vivir en el amor. El Amor como Jesús ha enseñado. El Amor que es el Espíritu Santo.
No eres siervo, eres amigo. No se trata de cumplir con un deber, sino de ser amado y de amar. No es voluntarismo, es Dios que te ha elegido para que des fruto, para que le conozcas, para darte su Espíritu Santo. Es lo más grande. Es vivir en el amor.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Jueves 14 de mayo

Jueves, 14 de mayo
Semana V de Pascua

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Juan 15, 9-11
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Como el Padre me ha amado, así os he amado yo; permaneced en mi amor. Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; lo mismo que yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. Os he hablado de esto para que mi alegría esté en vosotros, y vuestra alegría llegue a plenitud.»

Pistas: Todo esto que venimos leyendo es para que la alegría de Jesús esté en nosotros, Para que nuestra alegría llegue a plenitud. Porque el Evangelio no sólo nos enseña ideas sino que nos invita a dar un paso. Y el camino no es otro que Jesús mismo. Encontrarte con Él (en la oración, en los sacramentos) y estar en Él, permanecer en Él. Como el sarmiento unido a la vid, leíamos ayer.
La alegría de Jesús no es la alegría efímera del mundo (sucede con esto algo similar a la paz que leíamos hace un par de días). Es algo profundo, que nace del amor fiel que quiere corresponder al amor incondicional y misericordioso de Dios –por eso dice Jesús que hay que guardar los mandamientos-. Permanecer en el amor es no dejar que el pecado te seduzca con mentiras y engaños. Y si lo hace, ir a la luz y la vida que es Jesús y dejarnos amar y amarle. Y éste, no otros caminos que lo prometen, éste es el verdadero camino hacia la alegría. Una alegría plena, eso es lo que Jesús te quiere regalar.
Jesús mismo te enseña el camino, Él mismo es el camino. Jesús te invita a conocer su alegría. ¿Te apuntas?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Miércoles 13 de Mayo

Miércoles, 13 de mayo
Semana V de Pascua

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Juan 15, 1-8
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Yo soy la verdadera vid, y mi Padre es el labrador.
A todo sarmiento mío que no da fruto lo arranca, y a todo el que da fruto lo poda, para que dé más fruto.
Vosotros ya estáis limpios por las palabras que os he hablado; permaneced en mí, y yo en vosotros.
Como el sarmiento no puede dar fruto por sí, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí.
Yo soy la vid, vosotros los sarmientos; el que permanece en mí y yo en él, ése da fruto abundante; porque sin mí no podéis hacer nada.
Al que no permanece en mí lo tiran fuera, como el sarmiento, y se seca; luego los recogen y los echan al fuego, y arden.
Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que deseáis, y se realizará.
Con esto recibe gloria mi Padre, con que deis fruto abundante; así seréis discípulos míos.»

Pistas: Jesús es la vid a la que los discípulos tienen que estar unidos. Es de donde sale la savia que da vida. Ha dicho de muchas maneras que es el Padre el que atrae, el que llama, el que da la fe. Y en este Evangelio usa la metáfora del labrador para referirse a Él.
Vamos a analizar varias de las imágenes que hoy utiliza para hablar de la relación con sus discípulos y con el Padre:
-Ser podado. En las viñas esto hay que hacerlo para que lo superfluo no se lleve la fuerza de la planta, para que el fruto y la planta tengan vigor y no sean sólo hojas sin fruto.
-Permanecer en la vid para dar fruto. Porque si no, el sarmiento se seca y no sirve. Es arrancado y arrojado fuera. Sin Jesús, sus discípulos no pueden nada.
-Dar fruto abundante para dar gloria al Padre y ser discípulos. Porque no basta con estar convencidos o creer en Jesús, esto implica un cambio de vida (ser discípulo) y dar fruto.
Y si permaneces en Jesús y en su Palabra tendrás el poder de Jesús en ti. No es magia, no buscarás tu voluntad sino el camino de Jesús (porque su palabra está en ti). No se trata de manipular a Dios sino de permanecer en Jesús, de estar unidos a Él, de crecer quitando –podando- lo que sobra, y dar fruto.
¿Cuál es este poder, cuál es la savia que da vida, al que está unido a Jesús? Es el Espíritu Santo. Cada vez hablaremos más de Él porque se va acercando la fiesta de Pentecostés. El Espíritu da vida y fuerza para que la Palabra permanezca en ti. Es el que hace desear y pedir con fe. Es el que hace dar fruto.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración. y llévalo a tu vida.

VI Domingo de Pascua

Evangelio según San Juan 14,15-21.
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos:
«Si ustedes me aman, cumplirán mis mandamientos.
Y yo rogaré al Padre, y él les dará otro Paráclito para que esté siempre con ustedes:
el Espíritu de la Verdad, a quien el mundo no puede recibir, porque no lo ve ni lo conoce. Ustedes, en cambio, lo conocen, porque él permanece con ustedes y estará en ustedes.
No los dejaré huérfanos, volveré a ustedes.
Dentro de poco el mundo ya no me verá, pero ustedes sí me verán, porque yo vivo y también ustedes vivirán.
Aquel día comprenderán que yo estoy en mi Padre, y que ustedes están en mí y yo en ustedes.
El que recibe mis mandamientos y los cumple, ese es el que me ama; y el que me ama será amado por mi Padre, y yo lo amaré y me manifestaré a él».

Martes 12 de mayo

Martes, 12 de mayo
Semana V de Pascua

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Juan 14, 27-31a
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «La paz os dejo, mi paz os doy; no os la doy yo como la da el mundo. Que no tiemble vuestro corazón ni se acobarde. Me habéis oído decir: «Me voy y vuelvo a vuestro lado.» Si me amárais, os alegraríais de que vaya al Padre, porque el Padre es más que yo. Os lo he dicho ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda, sigáis creyendo. Ya no hablaré mucho con vosotros, pues se acerca el Príncipe del mundo; no es que él tenga poder sobre mí, pero es necesario que el mundo comprenda que yo amo al Padre, y que lo que el Padre me manda yo lo hago.»

Pistas: Recordad que las lecturas de estos días se sitúan después de la Última Cena. En la de hoy ¿a qué se refiere Jesús con la paz? No es la del mundo (callarse para no discutir, ceder cada parte, buscar los intereses comunes, adoptar una determinada postura por miedo al más fuerte, conseguir que los demás cumplan nuestros deseos…). Es lo contrario al miedo. La paz que Jesús da tiene que ver con una vida plena y feliz, con el cumplimiento de las promesas de Dios. De ahí nace. Por eso la paz es don de Dios. Por eso vence al miedo y a la cobardía. Esta paz no está ligada a la presencia corporal de Jesús, sino a su victoria sobre el mundo. Por eso Jesús, victorioso de la muerte, dará con su paz el Espíritu Santo y el poder para vencer el pecado. Y además esta paz de Jesús se abre a la eternidad. Es la paz eterna, la felicidad eterna.
“El Príncipe de este mundo” tiene poder. Jesús va a morir en la cruz, va a ser aparentemente derrotado. Desde una perspectiva humana podríamos preguntarnos: ¿Dónde está la paz que Jesús prometió? Pero Dios le da la vuelta dejando el sepulcro vacío. Y Jesús resucitado se convierte en el vencedor y en el que en las apariciones dice a sus discípulos: “Paz a vosotros” (aunque tendrán muchas luchas y precisamente también por ello, para que se llenen de su presencia y no tengan miedo). Porque en Él se han cumplido las promesas de Dios, se ha vencido a la muerte, al mal y al pecado. La paz que nos ofrece Jesús vence al mundo.

Relee el evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.