Viernes 7 de febrero

Viernes, 7 de febrero
IV Semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Marcos 6, 14-29
En aquel tiempo, como la fama de Jesús se había extendido, el rey Herodes oyó hablar de él. Unos decían: Juan Bautista ha resucitado, y por eso los ángeles actúan en él. Otros decían: Es Elías. Otros: Es un profeta como los antiguos. Herodes, al oírlo, decía: Es Juan, a quien yo decapité, que ha resucitado.
Es que Herodes había mandado prender a Juan y lo había metido en la cárcel encadenado. El motivo era que Herodes se había casado con Herodías, mujer de su hermano Felipe, y Juan le decía que no le era lícito tener la mujer de su hermano. Herodías aborrecía a Juan y quería quitarlo de en medio; no acababa de conseguirlo, porque Herodes respetaba a Juan, sabiendo que era un hombre honrado y santo, y lo defendía. En muchos asuntos seguía su parecer y lo escuchaba con gusto.
La ocasión llegó cuando Herodes, por su cumpleaños, dio un banquete a sus magnates, a sus oficiales y a la gente principal de Galilea. La hija de Herodías entró y danzó, gustando mucho a Herodes y a los convidados.
El rey le dijo a la joven: Pídeme lo que quieras, que te lo doy. Y le juró: Te daré lo que me pidas, aunque sea la mitad de mi reino.
Ella salió a preguntarle a su madre: ¿Qué le pido? La madre le contestó: La cabeza de Juan el Bautista. Entró ella enseguida, a toda prisa, se acercó al rey y le pidió: Quiero que ahora mismo me des en una bandeja la cabeza de Juan el Bautista.
El rey se puso muy triste; pero por el juramento y los convidados no quiso desairarla. En seguida le mandó a uno de su guardia que trajese la cabeza de Juan. Fue, lo decapitó en la cárcel, trajo la cabeza en una bandeja y se la entregó a la joven; la joven se la entregó a su madre. Al enterarse sus discípulos fueron a recoger el cadáver y lo enterraron.

Pistas: Parece que el mundo no ha cambiado mucho en 2.000 años. Corrupción, inmoralidad, abuso de poder, violencia, cobardía, injusticia… Hoy sigue brillando el bien en muchos, pero también suceden cosas horribles que se revisten de honorabilidad y de normalidad, cuando no pueden serlo de ninguna manera.
¿Quién es Jesús? Resuena como pregunta en el Evangelio de hoy. Y al hilo de ello nos habla de Juan, un hombre de Dios, valiente, que vive lo que proclama. Decir la verdad le lleva a la cárcel y finalmente a la muerte.
No es fácil el camino de la fidelidad a Dios. “Herodes respetaba a Juan, sabiendo que era un hombre honrado y santo, y lo defendía. En muchos asuntos seguía su parecer y lo escuchaba con gusto”. Pero, aún así, pesó más el poder y la imagen que el bien y la verdad.
Podemos decir que Herodes era una persona tibia. Por un lado, le gustaba la verdad que escuchaba de Juan, lo admiraba y lo respetaba. Pero, por otro lado, no quería cambiar de vida. No estaba dispuesto a asumir lo que significaba explorar el camino que le proponía Juan Bautista. Supondría cambios que no estaba dispuesto a aceptar, y al final esto le lleva a no ser libre, a cometer injusticias, a ser malvado.
Puedes pensar en tu propia vida, si consientes el pecado al final te pasará factura. Juan señalaba a Jesús, decía que el importante era Él. Gritaba que hay que preparar el camino para recibirlo. Advierte que es necesario un cambio de actitud porque Jesús vendrá a renovar y a renovarte. Su mensaje es una invitación a la conversión porque Jesús está cerca.
Como en tiempos de Herodes la gente dice muchas cosas sobre Dios, sobre la fe, sobre Jesús… No vivas de oídas, de lo que dice este o aquel, de leyendas o supersticiones, porque esto no lleva a ningún sitio. Si quieres conocer a Jesús, acércate a Él y encuéntrate con Él.
Vuelve a leer este Evangelio, quédate con lo que te haga pensar o te toque el corazón, y reza.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Jueves 6 de febrero

Jueves, 6 de febrero
San Pablo Miki y compañeros mártires

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Marcos 6, 7-13
En aquel tiempo, llamó Jesús a los Doce y los fue enviando de dos en dos, dándoles autoridad sobre los espíritus inmundos. Les encargó que llevaran para el camino un bastón y nada más, pero ni pan ni alforja, ni dinero suelto en la faja; que llevasen sandalias, pero no una túnica de repuesto. Y añadió: quedaos en la casa donde entréis, hasta que os vayáis de aquel sitio. Y si un lugar no os recibe ni os escucha, al marcharos sacudíos el polvo de los pies, para probar su culpa. Ellos salieron a predicar la conversión, echaban muchos demonios, ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban.

Pistas: Los discípulos de Jesús han visto lo que Él hace. El Evangelio de hoy nos cuenta que no sólo van a seguir siendo testigos sino que van a poder hacer lo que Jesús mismo realizaba.
Les envía con autoridad (la misma que Jesús tiene), con poder, con capacidad para hacer lo que les pide. Van a expulsar demonios, a curar enfermos, a predicar la conversión.
Y para este viaje no quiere que lleven muchas seguridades. Sólo lo necesario. Tampoco que busquen prosperar, la gloria, el triunfo (cambiar de casa). Sólo que siembren, que anuncien, que lleven la salvación al que quiera acogerla.
Hoy Jesús sigue llamando, dando autoridad (capacitando) y enviando. Tú estás caminando con Él, quieres ser su discípulo. Y en algún momento Jesús te enviará. Te dará autoridad y capacidad para hacer lo que te pide. Pero también te pedirá que te fíes, que seas fiel y no te dejes seducir por otras cosas (cambiar de casa o buscar éxito humano), ni te acomodes. Relee el Evangelio y escucha atentamente ¿qué te está pidiendo Jesús?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Miércoles 5 de febrero

Miércoles, 5 de febrero
Santa Águeda, virgen y mártir

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Marcos 6, 1-6
En aquel tiempo, fue Jesús a su tierra en compañía de sus discípulos. Cuando llegó el sábado, empezó a enseñar en la sinagoga; la multitud que lo oía se preguntaba asombrada: ¿De dónde saca todo eso? ¿Qué sabiduría es ésa que le han enseñado? ¿Y esos milagros de sus manos? ¿No es éste el carpintero, el hijo de María, hermano de Santiago y José y Judas y Simón? Y sus hermanas ¿no viven con nosotros aquí? Y desconfiaban de él. Jesús les decía: No desprecian a un profeta más que en su tierra, entre sus parientes y en su casa. No pudo hacer allí ningún milagro, sólo curó algunos enfermos imponiéndoles las manos. Y se extrañó de su falta de fe. Y recorría los pueblos de alrededor enseñando.

Pistas: Cuando se cree saber todo, cuando ya no hay capacidad para sorprenderse o para confiar, cuando piensas “qué me van a enseñar a mí”, lo más probable es quedarse estancando, sin poder ir más allá y sin posibilidad de que aparezca la fe. Sin embargo, si te haces preguntas, si observas, si buscas, si sientes la necesidad que hay en lo profundo de tu ser de respuestas, de felicidad, de vida, de amor, de plenitud… puede que te encuentres con Jesús.
En el Evangelio de hoy la gente ha escuchado y visto lo que Jesús dice y hace. Se asombran de su sabiduría y sus milagros, de las cosas que hace. Pero muchos creen saber quién es Jesús, desconfían, tal vez piensen que hay intereses ocultos. Hoy dicen: “lo de la Iglesia es cosa del pasado”, “yo ya sé de qué van los curas y sus historias”, “los que van a misa son los peores”… Y, al final, se quedan sin hacerse la pregunta: ¿Quién es Jesús? Y sin iniciar el camino para descubrirlo. Se conforman con la imagen pobre o deformada que pueden haber recibido y no intentan ir más allá.
Hace poco leía el siguiente razonamiento: Jesús dijo de sí mismo ser el Hijo de Dios. Si es un mentiroso o un loco y realmente no es el Hijo de Dios y te lo pierdes, no pasa nada. Pero, si Jesús es quien dice ser, si conocerle a Él es encontrar a Dios. Si encontrarle a Él es tener vida, verdad, salvación, fe, esperanza, amor, eternidad… Si resulta que Jesús es Dios y no lo descubres ¿no te pierdes algo muy grande? ¿no te pierdes lo más grande?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

V Domingo del Tiempo Ordinario

Evangelio según San Mateo 5,13-16.
Jesús dijo a sus discípulos:
Ustedes son la sal de la tierra. Pero si la sal pierde su sabor, ¿con qué se la volverá a salar? Ya no sirve para nada, sino para ser tirada y pisada por los hombres.
Ustedes son la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad situada en la cima de una montaña.
Y no se enciende una lámpara para meterla debajo de un cajón, sino que se la pone sobre el candelero para que ilumine a todos los que están en la casa.
Así debe brillar ante los ojos de los hombres la luz que hay en ustedes, a fin de que ellos vean sus buenas obras y glorifiquen al Padre que está en el cielo.

Martes 4 de febrero

Martes, 4 de febrero
IV semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Marcos 5, 21-43
En aquel tiempo, Jesús atravesó de nuevo a la otra orilla, se le reunió mucha gente a su alrededor, y se quedó junto al lago. Se acercó un jefe de la sinagoga, que se llamaba Jairo, y al verlo se echó a sus pies, rogándole con insistencia: Mi niña está en las últimas; ven, pon las manos sobre ella, para que se cure y viva. Jesús se fue con él, acompañado de mucha gente que lo apretujaba.
Había una mujer que padecía flujos de sangre desde hacía doce años. Muchos médicos la habían sometido a toda clase de tratamientos y se había gastado en eso toda su fortuna; pero en vez de mejorar, se había puesto peor. Oyó hablar de Jesús y, acercándose por detrás, entre la gente, le tocó el manto, pensando que con solo tocarle el vestido, curaría. Inmediatamente se secó la fuente de sus hemorragias y notó que su cuerpo estaba curado. Jesús, notando que había salido fuerza de él, se volvió en seguida, en medio de la gente, preguntando: ¿Quién me ha tocado el manto? Los discípulos le contestaron: Ves cómo te apretuja la gente y preguntas: «¿quién me ha tocado?» El seguía mirando alrededor, para ver quién había sido. La mujer se acercó asustada y temblorosa, al comprender lo que había pasado, se le echó a los pies y le confesó todo. Él le dijo: Hija, tu fe te ha curado. Vete en paz y con salud.
Todavía estaba hablando, cuando llegaron de casa del jefe de la sinagoga para decirle: Tu hija se ha muerto. ¿Para qué molestar más al maestro? Jesús alcanzó a oír lo que hablaban y le dijo al jefe de la sinagoga: No temas; basta que tengas fe. No permitió que lo acompañara nadie, más que Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago.
Llegaron a casa del jefe de la sinagoga y encontró el alboroto de los que lloraban y se lamentaban a gritos. Entró y les dijo: ¿Qué estrépito y qué lloros son estos? La niña no está muerta, está dormida. Se reían de él. Pero él los echó fuera a todos, y con el padre y la madre de la niña y sus acompañantes entró donde estaba la niña, la cogió de la mano y le dijo: Talitha qumi (que significa: contigo hablo, niña, levántate). La niña se puso en pie inmediatamente y echó a andar ─tenía doce años─. Y se quedaron viendo visiones. Les insistió en que nadie se enterase; y les dijo que dieran de comer a la niña.

Pistas: Jesús va con sus discípulos y se le acerca mucha gente. En medio aparece un jefe de la sinagoga, es decir, un judío destacado. Se le acerca para interceder por su hija. Sabe los milagros que Jesús hace y le pide por su la niña, que está muy enferma. Por el camino, una mujer también muy enferma se acerca a Jesús, y al tocarlo, por la fe que tiene, queda curada. Esta mujer había gastado todo lo que tenía intentando curarse y nada había cambiado.
Pero después de encontrarse con Jesús, todo cambia para ambos. Porque cuando Jesús llega a la casa de Jairo y parece que ya nada hay que hacer, creen y lo imposible se hace posible. Aquella niña que estaba muerta, se pone en pie y echa a andar. Y la mujer enferma cree en su poder, en que que sólo con tocarlo su mal se irá. Y así sucede.
La clave es la fe. Es la que alcanza el milagro. La fe mueve a las personas a buscar a Jesús y a Él a responder con poder. Parecen cosas imposibles, pero cuando Jesús aparece, todo cambia. Ambos acuden con humildad a Jesús: un jefe de la sinagoga (cuya actitud contrasta con la de otras autoridades judías) y una mujer que padece flujos de sangre (por tanto, impura en la mentalidad judía). La respuesta de Jesús es: no temas, cree, ten fe. Porque en Él hay salvación y vida. Jesús no tira la toalla. No lo hagas tú.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración.y llévalo a tu vida.

Lunes 3 de febrero

Lunes, 3 de febrero
San Blas, Obispo y mártir; San Óscar, obispo

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Marcos 5, 1-20
En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos llegaron a la orilla del lago en la región de los Gerasenos. Apenas desembarcó, le salió al encuentro, desde el cementerio, donde vivía en las tumbas, un hombre poseído de espíritu inmundo; ni con cadenas podía ya nadie sujetarlo; muchas veces lo habían sujetado con cepos y cadenas, pero él rompía las cadenas y destrozaba los cepos, y nadie tenía fuerza para domarlo. Se pasaba el día y la noche en los sepulcros y en los montes, gritando e hiriéndose con piedras. Viendo de lejos a Jesús, echó a correr, se postró ante él y gritó a voz en cuello: ¿Qué tienes que ver conmigo, Jesús Hijo de Dios Altísimo? Por Dios te lo pido, no me atormentes. Porque Jesús le estaba diciendo: Espíritu inmundo, sal de este hombre. Jesús le preguntó: ¿Cómo te llamas? El respondió: Me llamo Legión, porque somos muchos. Y le rogaba con insistencia que no los expulsara de aquella comarca.
Había cerca una gran piara de cerdos hozando en la falda del monte. Los espíritus le rogaron: Déjanos ir y meternos en los cerdos. El se lo permitió. Los espíritus inmundos salieron del hombre y se metieron en los cerdos; y la piara, unos dos mil, se abalanzó acantilado abajo al lago y se ahogó en el lago. Los porquerizos echaron a correr y dieron la noticia en el pueblo y en el campo. Y la gente fue a ver qué había pasado.
Se acercaron a Jesús y vieron al endemoniado que había tenido la legión, sentado, vestido y en su juicio. Se quedaron espantados. Los que lo habían visto les contaron lo que había pasado al endemoniado y a los cerdos. Ellos le rogaban que se marchase de su país.
Mientras se embarcaba, el endemoniado le pidió que lo admitiese en su compañía. Pero no se lo permitió, sino que le dijo: Vete a casa con los tuyos y anúnciales lo que el Señor ha hecho contigo por su misericordia. El hombre se marchó y empezó a proclamar por la Decápolis lo que Jesús había hecho con él; todos se admiraban.

Pistas: Este pasaje es complicado de entender, pero encierra muchas enseñanzas. El demonio no resiste la presencia de Jesús y tiene que obedecer su Palabra. Jesús lucha contra el mal y el sufrimiento siempre. Viene a liberar y salvar.
El endemoniado del Evangelio vive en el lugar de la muerte, entre sepulcros. Se hiere a sí mismo. No puede estar con nadie y nadie puede dominarlo. Ni es dueño de su propia vida, ni es libre. Si piensas en la realidad del mal y el pecado en el mundo, o en tu propia vida ¿se parece algo a esto que describe el Evangelio? El pecado trae muerte, sufrimiento, falta de libertad, impide que la persona se realice, y la aísla y separa de los demás. Cuando dejas que el pecado te domine, ya no puedes ser libre, ni siquiera dejas que los demás te puedan ayudar.
Pero todo cambia ante la presencia de Jesús. El demonio, el mal, queda en evidencia. Y da la cara. Eso pasa también cuando llega el mensaje del Evangelio, cuando las personas se encuentran con Jesús: el pecado y el mal aparecen con claridad ante los ojos de los que tienen fe. Porque el pecado y el mal siempre traen oscuridad, mentira, tristeza, miedo… Jesús con su luz hace ver la verdad y el mal tiene que dar la cara. Por eso, si te encuentras con Jesús, su luz te mostrará lo que va mal en tu vida y en el mundo. Por eso también, muchas veces, las personas que forman parte de estructuras injustas luchan contra la fe cristiana porque les deja en evidencia. Y, por todo esto, un cristiano y una comunidad cristiana no pueden quedarse de brazos cruzados ante la injusticia, el pecado y el mal. Y si viven su fe, el demonio, el mal, se tiene que retratar ante la presencia de Jesús y del Espíritu Santo.
Para los judíos del cerdo es un animal impuro. El mal, el demonio, nunca hace bien a nadie ni a nada. Terminan destruyéndose, lanzándose por el acantilado. Porque sus promesas son mentiras. Su manera de actuar es dañar y destruir. En este mundo nuestro un tanto ambiguo, en el que a veces nos gusta encender una vela a Dios y otra al diablo, el Evangelio de hoy no deja lugar a dudas: el demonio nunca trae nada bueno.
A los gerasenos no les importa el endemoniado que está libre, tranquilo, cuerdo y vestido después de encontrarse con Jesús. Sólo lo que ha sucedido con sus animales. Ponen por delante de las personas otros intereses. Esto también puede servirte para reflexionar.
Por último, el hombre liberado quiere seguir a Jesús. Pero Él le envía a dar testimonio. ¡Cuánto mal había en la vida de este hombre! Pero después de encontrarse con Jesús fue a su casa y anunció la misericordia que Dios tuvo con él: “empezó a proclamar por la Decápolis lo que Jesús había hecho con él; todos se admiraban”. Porque esto es lo que sucede cuando Jesús entra en escena. Las personas son liberadas y Jesús salva e invita a dar testimonio.
¿Quieres esto en tu vida, en tu familia, en tu sociedad? ¿Quieres ser liberado de lo que te ata, de lo que te hace daño, de lo que te lleva a la destrucción? Acércate a Jesús.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Domingo 2 de febrero

Domingo, 2 de febrero
Presentación del Señor

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Lucas 2, 22-40
Cuando llegó el tiempo de la purificación, según la ley de Moisés, los padres de Jesús lo llevaron a Jerusalén, para presentarlo al Señor, de acuerdo con lo escrito en la ley del Señor: «Todo primogénito varón será consagrado al Señor», y para entregar la oblación, como dice la ley del Señor: «un par de tórtolas o dos pichones.»
Vivía entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, hombre justo y piadoso, que aguardaba el consuelo de Israel; y el Espíritu Santo moraba en él. Había recibido un oráculo del Espíritu Santo: que no vería la muerte antes de ver al Mesías del Señor. Impulsado por el Espíritu, fue al templo.
Cuando entraban con el niño Jesús sus padres para cumplir con él lo previsto por la ley, Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo: «Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz. Porque mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos: luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel.» Su padre y su madre estaban admirados por lo que se decía del niño.
Simeón los bendijo, diciendo a María, su madre: «Mira, éste está puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten; será como una bandera discutida: así quedará clara la actitud de muchos corazones. Y a ti, una espada te traspasará el alma.»
Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser. Era una mujer muy anciana; de jovencita había vivido siete años casada, y luego viuda hasta los ochenta y cuatro; no se apartaba del templo día y noche, sirviendo a Dios con ayunos y oraciones. Acercándose en aquel momento, daba gracias a Dios y hablaba del niño a todos los que aguardaban la liberación de Jerusalén.
Y, cuando cumplieron todo lo que prescribía la ley del Señor, se volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño iba creciendo y robusteciéndose, y se llenaba de sabiduría; y la gracia de Dios lo acompañaba.

Pistas: Hoy celebramos la presentación del Señor en el Templo. De este modo se daba cumplimiento a la ley judía. Era además obligatorio ofrecer un sacrificio por el primogénito.
El Evangelio nos habla de la verdad de la encarnación del Hijo de Dios en Jesús. Se hace hombre con todas las consecuencias: miembro de una cultura, de una sociedad. Y al final nos dice: “el niño iba creciendo y robusteciéndose, y se llenaba de sabiduría; y la gracia de Dios lo acompañaba”. Jesús, verdadero hombre.
Pero al mismo tiempo Simeón y Ana nos hacen ver más allá. No es un hombre cualquiera. En Él se cumplen las promesas del Antiguo Testamento. Es el que estaban esperando. Ellos lo reconocen al verlo. Es la luz, es la verdad porque mostrará las actitudes de muchos corazones. Las cosas cambiarán (muchos “caerán y se levantarán”, como cuando se rompen prejuicios), aunque no será un camino fácil (“una espada te traspasará el alma”)… Ese camino lo venimos recorriendo cada día al rezar con la Palabra de Dios. Jesús es el Hijo de Dios hecho hombre hasta las últimas consecuencias, es el Salvador del mundo, el Mesías, el Libertador y es verdadero hombre.
Puedes rezar con muchas cosas en este Evangelio. Piensa en la figura de Jesús ¿Quién es éste? En sus padres, José y María, que tienen también como el propio Jesús que hacer un camino de descubrimiento y conocerle adentrándose en el misterio de quién es su propio hijo. Puedes rezar fijándote en Simeón o Ana, lo que significó para ellos el encuentro con Jesús.
Relee el Evangelio y descubre lo que Dios quiere decirte en este día, una buena ocasión para reconocerlo en tu vida. Y ora con ello.

Sábado 1 de febrero

Sábado, 1 de febrero
III Semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Marcos 4, 35-40
Aquel día, al atardecer, dijo Jesús a sus discípulos: Vamos a la otra orilla. Dejando a la gente, se lo llevaron en barca, como estaba; otras barcas lo acompañaban.
Se levantó un fuerte huracán y las olas rompían contra la barca hasta casi llenarla de agua. Él estaba a popa, dormido sobre un almohadón.
Lo despertaron, diciéndole: Maestro, ¿no te importa que nos hundamos? Se puso en pie, increpó al viento y dijo al lago: ¡Silencio, cállate! El viento cesó y vino una gran calma.
Él les dijo: ¿Por qué sois tan cobardes? ¿Aún no tenéis fe? Se quedaron espantados y se decían unos a otros: ¿Pero, quién es éste? ¡Hasta el viento y las aguas le obedecen!

Pistas: ¿Quién es éste? ¿Quién es Jesús de Nazaret? ¿Quién es este hombre? Y cada día, al rezar con la Palabra de Dios, vas encontrando la respuesta.
Por eso es tan importante el tiempo que dedicas a descubrir y aprender quién es Jesús, y a establecer una relación con Él. La respuesta no sólo procede de un conocimiento meramente intelectual (como nos sucede al conocer a cualquier persona) sino afectivo y relacional, emocional… Y sin esta dimensión no se puede hablar de amistad o de relación. Por eso, responder a la pregunta ¿quién es éste? implica estar con Él, hablarle y escucharle, seguirle, embarcarse en aventuras con Él.
Si dejas entrar a Jesús en tu vida, si Él va contigo en la barca, si está cerca, puede que las cosas se compliquen. Puede que parezca que va dormido (piensa en los malos momentos de tu vida, en las oraciones que aparentemente no han sido escuchadas…), incluso que parezca que la barca se hunde, que la historia se acaba, que vas a fracasar o perderte… Pero Él va contigo y tiene poder. No desesperes aunque tu situación no sea fácil. Él no te abandonará.
¿Tienes fe? Sé valiente y pregúntate: ¿quién es éste? Y síguele para descubrirlo.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.