Evangelio según San Mateo 5,38-48.
Jesús, dijo a sus discípulos:
Ustedes han oído que se dijo: Ojo por ojo y diente por diente.
Pero yo les digo que no hagan frente al que les hace mal: al contrario, si alguien te da una bofetada en la mejilla derecha, preséntale también la otra.
Al que quiere hacerte un juicio para quitarte la túnica, déjale también el manto;
y si te exige que lo acompañes un kilómetro, camina dos con él.
Da al que te pide, y no le vuelvas la espalda al que quiere pedirte algo prestado.
Ustedes han oído que se dijo: Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo.
Pero yo les digo: Amen a sus enemigos, rueguen por sus perseguidores;
así serán hijos del Padre que está en el cielo, porque él hace salir el sol sobre malos y buenos y hace caer la lluvia sobre justos e injustos.
Si ustedes aman solamente a quienes los aman, ¿qué recompensa merecen? ¿No hacen lo mismo los publicanos?
Y si saludan solamente a sus hermanos, ¿qué hacen de extraordinario? ¿No hacen lo mismo los paganos?
Por lo tanto, sean perfectos como es perfecto el Padre que está en el cielo.
Lunes 17 de febrero
Lunes, 17 de febrero
VI Semana del tiempo ordinario
(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)
Evangelio según San Marcos 8, 11-13
En aquel tiempo, se presentaron los fariseos y se pusieron a discutir con Jesús; para ponerlo a prueba, le pidieron un signo del cielo.
Jesús dio un profundo suspiro y dijo: ¿Por qué esta generación reclama un signo? Os aseguro que no se le dará un signo a esta generación. Los dejó, se embarcó de nuevo y se fue a la otra orilla.
Pistas: Jesús ya está dando signos. La multiplicación de los panes, las curaciones, los exorcismos, su poder y autoridad… Pero da igual. Estos hombres no quieren ver. Es como poner una pintura ante el que tiene los ojos cerrados, o un manjar delante del que no va a probarlo. Le piden a Jesús un signo del cielo, porque quieren que Él haga las cosas a su manera, según su mentalidad. No se van a dejar cambiar ni sorprender por Jesús. Su idea de la religión y del Mesías les impide reconocer a Jesús como el auténtico mensaje. Signos tenían, pero no querían verlos.
Creen tener la interpretación correcta de la ley. Jesús no es así. No es una interpretación mejor (discutible con las demás). Jesús habla con autoridad. Ofrece una experiencia y un camino. Con Él se puede vivir y experimentar el Reino de Dios. Ofrece la felicidad de las bienaventuranzas y el amor del Padre. Esto no es ley, ni una doctrina que se pueda debatir. Es una experiencia y un encuentro.
Jesús no es un mercader de milagros, ni de magia. Es salvación. El Reino en la tierra es el milagro más grande.
Y por eso el Reino de Dios en tu vida será aceptar a Jesús. No demostrarlo con milagros. El que no acepta a Jesús, se cierra para ver signos. No habrá los milagros que tú quieres, sino algo mucho más grande: la experiencia y el encuentro con Jesús. Y entonces verás todos los signos de la presencia y acción de Dios que hay a tu alrededor.
Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.
Sábado 15 de febrero
Sábado, 15 de febrero
Semana V del tiempo ordinario
(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)
Evangelio según San Marcos 8, 1-10
Uno de aquellos días, como había mucha gente y no tenían qué comer, Jesús llamó a sus discípulos y les dijo: Me da lástima de esta gente; llevan ya tres días conmigo y no tienen qué comer, y si los despido a sus casas en ayunas, se van a desmayar por el camino. Además, algunos han venido desde lejos. Le replicaron sus discípulos: ¿Y de dónde se puede sacar pan, aquí, en despoblado, para que se queden satisfechos? Él les preguntó: ¿Cuántos panes tenéis? Ellos contestaron: Siete. Mandó que la gente se sentara en el suelo: tomó los siete panes, pronunció la Acción de Gracias, los partió y los fue dando a sus discípulos para que los sirvieran. Ellos los sirvieron a la gente. Tenían también unos cuantos peces: Jesús los bendijo, y mandó que los sirvieran también. La gente comió hasta quedar satisfecha, y de los trozos que sobraron llenaron siete canastas; eran unos cuatro mil. Jesús los despidió, luego se embarcó con sus discípulos y se fue a la región de Dalmanuta.
Pistas: Jesús siente lástima de los que le siguen y necesitan alimento para continuar el camino. Sus discípulos dan lo poco que tienen a Jesús. Y Él obra el milagro.
Era imposible que sucediera, que llegase tan poco para tanta gente. Y, sin embargo, cuando Jesús lo toma se multiplica y todos quedan alimentados. Y no de un modo rácano, racionado o limitado, sino que “la gente comió hasta quedar satisfecha”.
Vamos a leerlo ahora en clave espiritual. Los que están con Jesús necesitan alimento y fuerzas para su día a día. Y eso sale de lo que sus discípulos le entregan. También simboliza la Eucaristía el pan que nosotros presentamos y se transforma en alimento que sacia y fortalece.
Lo poco que puedes darle a Dios Él lo multiplicará hasta un nivel que no puedes ni imaginar. ¿Le ofrecerás a Jesús todo (aunque sea poco) lo que tienes? ¿Le dejarás que Él lo multiplique?
Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.
Viernes 14 de febrero
Viernes, 14 de febrero
Santos Cirilo, monje, y Metodio, obispo, patronos de Europa
(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)
Evangelio según san Lucas 10, 1-9
En aquel tiempo, designó el Señor otros setenta y dos y los mandó por delante, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares adonde pensaba ir él. Y les decía: -«La mies es abundante y los obreros pocos; rogad, pues, al dueño de la mies que mande obreros a su mies. ¡Poneos en camino! Mirad que os mando como corderos en medio de lobos.
No llevéis talega, ni alforja, ni sandalias; y no os detengáis a saludar a nadie por el camino.
Cuando entréis en una casa, decid primero: “Paz a esta casa.” Y, si allí hay gente de paz, descansará sobre ellos vuestra paz; si no, volverá a vosotros.
Quedaos en la misma casa, comed y bebed de lo que tengan, porque el obrero merece su salario.
No andéis cambiando de casa. Si entráis en un pueblo y os reciben bien, comed lo que os pongan, curad a los enfermos que haya, y decid: “Está cerca de vosotros el reino de Dios.”»
Pistas: Jesús elige y envía. Han estado con Él y ahora van delante, de dos en dos (como Iglesia). No van en misión particular, sino para Jesús. Les da unas instrucciones concretas. Y tienen que hacer lo mismo que Él hace: curar y anunciar el Reino. Luchar contra el mal en todas sus manifestaciones y anunciar la salvación que Jesús trae (el Reino).
“Rogad al dueño de la mies que mande obreros a su mies”, dice Jesús, que sabe que la tarea es ingente.
El primer paso es estar con Jesús, conocerle, descubrir quién es. Y cuando Él envía: obedecerle, fiarse, lanzarse. Jesús necesita personas valientes que “como corderos en medio de lobos”, se atrevan a llevar paz, salvación, curación. A llevarle a Él y su Reino a los demás.
La misión asusta, parece irrealizable… No te preocupes, Dios cuida de ti porque “el obrero merece su salario”. Si vas en su nombre, sé humilde, no busques tus intereses, no te apoyes sólo en tus fuerzas. Y recuerda que anunciar a Jesús forma parte de ser discípulo suyo, no es tarea de curas y monjas, sino de todos los que tenemos fe.
“La mies es mucha”, los que necesitan a Jesús son muchos. Y tú… ¿te apuntas a ir?
Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.
Jueves 13 de febrero
Jueves, 13 de febrero
Semana V del tiempo ordinario
(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)
Evangelio según San Marcos 7, 24-30
En aquel tiempo, Jesús fue a la región de Tiro. Se alojó en una casa procurando pasar desapercibido, pero no lo consiguió; una mujer que tenía una hija poseída por un espíritu impuro se enteró enseguida, fue a buscarlo y se le echó a los pies. La mujer era pagana, una fenicia de Siria, y le rogaba que echase el demonio de su hija. Él le dijo: Deja que coman primero los hijos. No está bien echarles a los perros el pan de los hijos. Pero ella replicó: Tienes razón, Señor; pero también los perros, debajo de la mesa, comen las migajas que tiran los niños. Él le contestó: Anda, vete, que por eso que has dicho, el demonio ha salido de tu hija. Al llegar a su casa, se encontró a la niña echada en la cama; el demonio se había marchado.
Pistas: ¡Qué grande la fe de esta mujer! Vence todas las dificultades, encuentra a Jesús, supera su aparente indiferencia y cree en su palabra. No necesita que Jesús vaya con ella para garantizar el milagro, sino que cree en su palabra y su poder.
Contra toda esperanza, su oración es escuchada. Una extranjera, que según la mentalidad judía no merecía la salvación de Dios, ni que se fijara en ella. Los judíos tenían además prohibido hablar con ella. Y, sin embargo, Dios escucha su oración ¡Qué lección sería esto para los discípulos!! ¡Cuánto abriría su mente ver que Dios salva a todos! Incluso Jesús, como hombre, va perfeccionando su manera de que le puedan entender y a la vez seguir la voluntad del Padre.
Y ahora puedes mirar tu vida, tu fe. Aunque te sientas extranjero, aunque parezca que Dios no te contesta o algunos te digan que no es para ti la salvación… Si te acercas a Jesús con fe, encontrarás la salvación que sólo Él te puede ofrecer.
Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida
Miércoles 12 de febrero
Miércoles, 12 de febrero
Semana V del tiempo ordinario
(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)
Evangelio según San Marcos 7, 14-23
En aquel tiempo, llamó Jesús de nuevo a la gente y les dijo: Escuchad y entended todos: Nada que entre de fuera puede hacer al hombre impuro; lo que sale de dentro es lo que hace impuro al hombre. El que tenga oídos para oír que oiga.
Cuando dejó a la gente y entró en casa, le pidieron sus discípulos que les explicara la comparación. El les dijo: ¿Tan torpes sois también vosotros? ¿No comprendéis? Nada que entre de fuera puede hacer impuro al hombre, porque no entra en el corazón sino en el vientre y se echa en la letrina. (Con esto declaraba puros todos los alimentos) Y siguió: Lo que sale de dentro, eso sí mancha al hombre. Porque de dentro, del corazón del hombre, salen los malos propósitos, las fornicaciones, robos, homicidios, adulterios, codicias, injusticias, fraudes, desenfreno, envidia, difamación, orgullo, frivolidad. Todas esas maldades salen de dentro y hacen al hombre impuro.
Pistas: Jesús supera la concepción de alimentos impuros que había en la religión judía. No propone una religión meramente ritualista o de cumplimiento de mínimos basada en cosas externas. A sus discípulos les propone que cambien su corazón. Les advierte para que estén atentos sobre lo que anida dentro de cada persona, porque puede ser destructivo. Y les invita a limpiar lo que «mancha al hombre».
Las palabras de Jesús son plenamente actuales. ¿Cuánta apariencia y superficialidad hay en nuestro mundo? ¿cuánto amoldarse a lo que piensan los demás o llevar una doble vida? ¿cuánto consumir o vivir experiencias que sabemos que nos hacen daño, que llenan nuestro corazón de pecado y mentira, pero como es lo que todos hacen seguimos la rueda? Jesús nos invita hoy a mirar nuestro corazón y examinar qué hay en Él.
San Pablo dirá que hay dos maneras de vivir: según la carne (la inclinación al pecado y a lo mundano) o según el Espíritu, con la fuerza del Espíritu Santo. Y esto dará los frutos del Espíritu: una vida como la de Jesús, con un corazón nuevo.
Así pues se te plantea una elección. ¿Una vida superficial, un corazón lleno de cosas que no sacian y llevan al pecado (como los que describe el Evangelio de hoy)? ¿o una vida en el Espíritu Santo, con un corazón lleno de Dios, de su amor y sus dones?
Sólo es posible con la Gracia de Dios, sólo es posible si abres tu corazón a Jesús y a la acción del Espíritu Santo. Una vida de fe y oración que llene el corazón de bien, de verdad, de amor, de vida, de los dones del Espíritu o por el contrario un corazón como el que describe Jesús en el Evangelio de hoy.
Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.
Martes 11 de febrero
Martes, 11 de febrero
B. Virgen María de Lourdes
(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)
Evangelio según San Marcos 7, 1-13
En aquel tiempo, se acercó a Jesús un grupo de fariseos con algunos letrados de Jerusalén y vieron que algunos discípulos comían con manos impuras (es decir, sin lavarse las manos) (Los fariseos, como los demás judíos, no comen sin lavarse antes las manos, restregando bien, aferrándose a la tradición de sus mayores, y al volver de la plaza no comen sin lavarse antes, y se aferran a otras muchas tradiciones, de lavar vasos, jarras y ollas) Según eso, los fariseos y los letrados preguntaron a Jesús: ¿Por qué comen tus discípulos con manos impuras y no siguen tus discípulos la tradición de los mayores?
Él les contestó: Bien profetizó Isaías de vosotros, hipócritas, como está escrito: «Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. El culto que me dan está vacío, porque la doctrina que enseñan son preceptos humanos». Dejáis a un lado el mandamiento de Dios para aferraros a la tradición de los hombres.
Y añadió: Anuláis el mandamiento de Dios por mantener vuestra tradición. Moisés dijo: «Honra a tu padre y a tu madre» y «el que maldiga a su padre o a su madre tiene pena de muerte». En cambio vosotros decís: Si uno le dice a su padre o a su madre: «Los bienes con que podría ayudarte los ofrezco al templo», ya no le permitís hacer nada por su padre o por su madre; invalidando la palabra de Dios con esa tradición que os trasmitís; y como éstas hacéis muchas.
Pistas: Jesús les dice a personas muy religiosas de su tiempo que honran a Dios con los labios pero su corazón está lejos, que el culto que dan a Dios está vacío porque su doctrina son sólo preceptos humanos. La conclusión es terrible: “Dejáis a un lado el mandamiento de Dios para aferraros a la tradición de los hombres”.
Lucha contra una manera de entender la religiosidad que, en el mejor de los casos, es un mero cumplimiento externo de normas, y otras veces, una justificación para intereses particulares o sentimientos de superioridad. Por eso les pide que miren al corazón y se pregunten cuál es el mandamiento de Dios, cuál es la esencia.
Este Evangelio nos pregunta por nuestra religiosidad. ¿Cuáles son y para qué me sirven las tradiciones que sigo? ¿Cómo es mi religiosidad? ¿Cómo es la comunidad, la Iglesia, que construyo? Jesús pide un corazón que esté cerca de Él, un culto que no esté vacío, una doctrina que busque a Dios y no intereses humanos. Y eso se refleja en mi relación con el prójimo y en mi manera de afrontar las decisiones en todos los ámbitos de la vida.
“Y como éstas hacéis muchas”. Éste es el camino de la corrupción. Cuando el pecado, el error, la mentira, dejan de parecer graves y se justifican. Y eso impide acercarse a Dios. Y hace entrar en un círculo vicioso, muchas veces revestido de apariencias (apariencia de religiosidad o de bondad o de honestidad…).
Jesús no se mordió la lengua ni dejó de denunciar todo lo que aparta al hombre de Dios. Y a ti te llama también a un camino de verdad y vida. Cerca de Él y con la fuerza del Espíritu Santo es posible.
Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.
VI Domingo del Tiempo Ordinario
Evangelio según San Mateo 5,17-37.
Jesús dijo a sus discípulos:
«No piensen que vine para abolir la Ley o los Profetas: yo no he venido a abolir, sino a dar cumplimiento. Les aseguro que no desaparecerá ni una i ni una coma de la Ley, antes que desaparezcan el cielo y la tierra, hasta que todo se realice.
El que no cumpla el más pequeño de estos mandamientos, y enseñe a los otros a hacer lo mismo, será considerado el menor en el Reino de los Cielos. En cambio, el que los cumpla y enseñe, será considerado grande en el Reino de los Cielos.»
Les aseguro que si la justicia de ustedes no es superior a la de los escribas y fariseos, no entrarán en el Reino de los Cielos.
Ustedes han oído que se dijo a los antepasados: No matarás, y el que mata, debe ser llevado ante el tribunal.
Pero yo les digo que todo aquel que se irrita contra su hermano, merece ser condenado por un tribunal. Y todo aquel que lo insulta, merece ser castigado por el Sanedrín. Y el que lo maldice, merece la Gehena de fuego.
Por lo tanto, si al presentar tu ofrenda en el altar, te acuerdas de que tu hermano tiene alguna queja contra ti, deja tu ofrenda ante el altar, ve a reconciliarte con tu hermano, y sólo entonces vuelve a presentar tu ofrenda.
Trata de llegar en seguida a un acuerdo con tu adversario, mientras vas caminando con él, no sea que el adversario te entregue al juez, y el juez al guardia, y te pongan preso.
Te aseguro que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último centavo.
Ustedes han oído que se dijo: No cometerás adulterio.
Pero yo les digo: El que mira a una mujer deseándola, ya cometió adulterio con ella en su corazón.
Si tu ojo derecho es para ti una ocasión de pecado, arráncalo y arrójalo lejos de ti: es preferible que se pierda uno solo de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea arrojado a la Gehena.
Y si tu mano derecha es para ti una ocasión de pecado, córtala y arrójala lejos de ti: es preferible que se pierda uno solo de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea arrojado a la Gehena.
También se dijo: El que se divorcia de su mujer, debe darle una declaración de divorcio.
Pero yo les digo: El que se divorcia de su mujer, excepto en caso de unión ilegal, la expone a cometer adulterio; y el que se casa con una mujer abandonada por su marido, comete adulterio.
Ustedes han oído también que se dijo a los antepasados: No jurarás falsamente, y cumplirás los juramentos hechos al Señor.
Pero yo les digo que no juren de ningún modo: ni por el cielo, porque es el trono de Dios, ni por la tierra, porque es el estrado de sus pies; ni por Jerusalén, porque es la Ciudad del gran Rey.
No jures tampoco por tu cabeza, porque no puedes convertir en blanco o negro uno solo de tus cabellos.
Cuando ustedes digan ‘sí’, que sea sí, y cuando digan ‘no’, que sea no. Todo lo que se dice de más, viene del Maligno.
Lunes 10 de febrero
Lunes, 10 de febrero
Santa Escolástica, virgen
(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)
Evangelio según San Marcos 6, 53-56
En aquel tiempo, cuando Jesús y sus discípulos terminaron la travesía, tocaron tierra en Genesaret, y atracaron. Apenas desembarcados, algunos lo reconocieron, y se pusieron a recorrer toda la comarca; cuando se enteraba la gente dónde estaba Jesús, le llevaba los enfermos en camillas. En la aldea o pueblo o caserío donde llegaba, colocaban a los enfermos en la plaza, y le rogaban que les dejase tocar al menos el borde de su manto; y los que lo tocaban se ponían sanos.
Pistas: Jesús se había acercado a sus discípulos caminando sobre el agua, tras mandarles partir en la barca y quedarse Él a solas rezando.
Cuando desembarcan, la noticia de su llegada se extiende rápido. Jesús atrae. Lo buscan. Muchos porque lo necesitan. Jesús sana y el que le toca queda sanado. La reacción es entusiasta: “En la aldea o pueblo o caserío donde llegaba, colocaban a los enfermos en la plaza, y le rogaban que les dejase tocar al menos el borde de su manto”.
Aparecen reflejados dos factores: uno, la atracción que Jesús provoca. Y otro, la necesidad, la búsqueda, podríamos decir hasta el inconformismo o insatisfacción del hombre que siempre quiere más: más vida, más alegría, que busca plenitud y salvación. Y en Jesús la encuentra.
Podemos dar un salto al presente y pensar en lo que nos rodea: ¿cuántos le necesitan pero no saben que es la respuesta? Jesús se hace presente. Pero piénsalo bien ¿cuántos hoy necesitan que nosotros, los que hemos reconocido a Jesús, vayamos a recorrer nuestra tierra y a llevar a Él a los que están enfermos? ¿cuántas veces nuestra fe es tan pequeña que pensamos que algunas personas son casos perdidos, cuando en el fondo sólo necesitan tocar el manto de Jesús?
Jesús no se cansa, busca a las personas. Pero necesita que lo reconozcan, que lo anuncien, que hagan que otros puedan encontrarse con Él. Esto es la Iglesia, así han de vivir los discípulos de Jesús. Hoy, al rezar, puedes pensar en si estás llevando a otros a Jesús. Y, si no es así, en cómo puedes comenzar a hacerlo.
Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.
Domingo 9 de febrero
Domingo, 9 de febrero
V Domingo del tiempo ordinario, ciclo A
(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)
Evangelio según San Mateo 5, 13-16
En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos:
—Vosotros sois la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán? No sirve más que para tirarla fuera y que la pise la gente.
Vosotros sois la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte.
Tampoco se enciende una vela para meterla debajo del celemín, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de casa.
Alumbre así vuestra luz a los hombres para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en el cielo.
Pistas: Hoy el Evangelio nos habla de identidad. ¿Qué somos los discípulos de Jesús? Sal y luz. No se trata de algo postizo sino del ser más profundo, de la esencia.
Un poco de sal lo cambia todo, se nota aunque no se vea. La luz brilla por sí misma, ésa es su identidad y su ser. No tiene más que “ser lo que es”. Por eso la identidad va unida a las obras. Si la sal no sala, si la luz no brilla ¿pueden merecer ese nombre? Y Jesús dice a sus discípulos que hay que dar fruto para gloria de Dios. No vale un cristianismo cobarde, escondido o de invernadero.
Los cristianos no estamos llamados a vivir nuestra fe de modo privado o mediocre. No somos un bote de sal que no se usa y por tanto queda encerrada en sí misma, ni una luz que se esconde. Jesús quiere que transformemos el mundo con nuestra presencia (como lo transformó Él).
Puede ser muy elocuente la imagen de la luz en el candelero, puesta para alumbrar toda la casa. ¿Quién es la luz del mundo? Es Jesús. Ponlo en el centro de tu corazón para que alumbre toda tu casa, en el centro de tu familia, de tu parroquia, de tu comunidad, de tu trabajo, de tus amistades. Y así, tú que lo llevas contigo podrás ser también luz por su Gracia, por su presencia en medio de ti. Tu parroquia, tu comunidad, tu familia… se convertirán en pequeñas luces que irán transformando este mundo.
Una última reflexión. Cuando alguien pretende vivir negando su identidad, negando lo que es, vivirá en un continuo sufrimiento, acabará triste, amargado, frustrado… Si un cristiano no vive como lo que es, su cristianismo se volverá algo triste, gris, sin atractivo, sin verdad, sin luz… Por eso, tantos cristianos acaban diciendo que son cristianos no practicantes o que creen a su manera.
Ser sal y ser luz ¿cómo es tu vida de discípulo? ¿qué frutos das? ¿qué estás dispuesto a cambiar para dar fruto?
Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.