Lunes 11 de noviembre

Lunes, 11 de noviembre
San Martín de Tours, Obispo

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Lucas 17, 1-6
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: Es inevitable que sucedan escándalos; pero ¡ay del que los provoca! Al que escandaliza a uno de estos pequeños, más le valdría que le encajaran en el cuello una piedra de molino y lo arrojasen al mar. Tened cuidado.
Si tu hermano te ofende, repréndelo; si se arrepiente, perdónalo; si te ofende siete veces en un día, y siete veces vuelve a decirte: «lo siento», lo perdonarás. Los apóstoles le pidieron al Señor: Auméntanos la fe.
El Señor contestó: Si tuvierais fe como un granito de mostaza, diríais a esa morera: «Arráncate de raíz y plántate en el mar», y os obedecería.

Pistas: El Evangelio que acabas de leer tiene la siguiente estructura: -Cuidado con escandalizar a los pequeños. Más os valdría…
-Perdona las ofensas del que se arrepiente, las veces que haga falta. -Señor, auméntanos la fe.
-Si tuviérais fe…
La fe. La fe todo lo puede. La fe logrará el cambio en tu vida. Hará que este Evangelio de hoy se pueda hacer realidad. Tendrás cuidado de escandalizar (una cosa es el pecado y otra el escándalo), tendrás fuerza para perdonar, tendrás fuerza para pedir perdón. Tu vida cambiará. Para ti solo, con tus solas fuerzas, es imposible: Pero si tuvieras fe…
Quizás pienses: “Es bonito, sí… pero mi fe es pequeña”. Sin embargo, la fe de los apóstoles no era tan perfecta. Recorrieron un camino, el de estar con Jesús, seguirle, encontrarse con Él resucitado, llenarse de Espíritu Santo y seguir caminando como Iglesia.
Tal vez tu oración hoy pueda ser: Auméntame la fe. Y descubrir el camino que pone Jesús ante ti. ¿Qué pasos te pide dar? ¿qué luz arroja sobre tu vida? ¿necesitas corregir a alguien, dejarte corregir, pedir perdón, perdonar? ¿puedes ser motivo de escándalo? El poder de Dios es grande ¿te lo crees? ¿necesitas a Dios en tu vida?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Domingo 10 de noviembre

Domingo 10 de noviembre
XXXII domingo del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Lucas 20, 27-38
En aquel tiempo, se acercaron a Jesús unos saduceos, que niegan la resurrección, y le preguntaron:
—«Maestro, Moisés nos dejó escrito: Si a uno se le muere su hermano, dejando mujer, pero sin hijos, cásese con la viuda y dé descendencia a su hermano. Pues bien, había siete hermanos: el primero se casó y murió sin hijos. Y el segundo y el tercero se casaron con ella, y así los siete murieron sin dejar hijos. Por último murió la mujer. Cuando llegue la resurrección, ¿de cuál de ellos será la mujer? Porque los siete han estado casados con ella.» Jesús les contestó:
—«En esta vida, hombres y mujeres se casan; pero los que sean juzgados dignos de la vida futura y de la resurrección de entre los muertos no se casarán. Pues ya no pueden morir, son como ángeles; son hijos de Dios, porque participan en la resurrección.
Y que resucitan los muertos, el mismo Moisés lo indica en el episodio de la zarza, cuando llama al Señor «Dios de Abrahán, Dios de Isaac, Dios de Jacob». No es Dios de muertos, sino de vivos; porque para él todos están vivos.»

Pistas: Dios «no es Dios de muertos sino de vivos». Estas palabras de Jesús alcanzan su plenitud cuando Él mismo resucita y demuestra que Dios es el Dios de la vida.
Para los saduceos (un grupo dentro del judaísmo) era incomprensible. Puede que tú, cuando intentas imaginarlo, también lo veas ridículo o infantil. Pero el hecho es que Jesús ha resucitado y nos ha prometido que participaremos de su resurrección.
La resurrección, la vida eterna, no sabemos cómo será. San Pablo habla de un cuerpo glorioso semejante al de Cristo. San Juan dice que seremos semejantes a Dios porque lo veremos tal cual es. Sea como sea, lo importante y lo que la resurrección de Jesús nos muestra es que seguiremos siendo nosotros, pero llevados a plenitud por el Espíritu Santo y participando de la resurrección de Cristo. Que viviremos para siempre junto al Dios de la vida. No seremos un mero recuerdo, una sombra, una parte de nosotros… sino tú mismo llevado a plenitud y participando de la vida de Dios.
«Los que sean juzgados dignos». ¿Qué quiere decir Jesús? Pues que a la vida eterna no se llega de cualquier manera. A veces por resaltar la misericordia y la gratuidad del amor de Dios le quitamos exigencia y valor. Durante el tiempo que peregrinamos en este mundo Dios nos ofrece su salvación y su gracia. Nos enseña un camino para vivir como hijos suyos. Nos da su Espíritu para vivir como sus discípulos. Nos ofrece su perdón y nos invita a la conversión. Pero si toda la vida le decimos que no, si le rechazamos, si vivimos de cualquier modo, cuando lleguemos al juicio de Dios ¿seremos juzgados dignos? Dios es Dios de vivos. Ahora y en la eternidad. Celebrémoslo.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Sábado 9 de noviembre

Sábado, 9 de noviembre
Dedicación de la Basílica de Letrán

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Juan 2, 13-22
Se acercaba la Pascua de los judíos, y Jesús subió a Jerusalén. Y encontró en el templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas sentados; y, haciendo un azote de cordeles, los echó a todos del templo, ovejas y bueyes; y a los cambistas les esparció las monedas y les volcó las mesas; y a los que vendían palomas les dijo: «Quitad esto de aquí; no convirtáis en un mercado la casa de mi Padre.»
Sus discípulos se acordaron de lo que está escrito: «El celo de tu casa me devora.»
Entonces intervinieron los judíos y le preguntaron: «¿Qué signos nos muestras para obrar así?» Jesús contestó: «Destruid este templo, y en tres días lo levantaré.»
Los judíos replicaron: «Cuarenta y seis años ha costado construir este templo, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?»
Pero él hablaba del templo de su cuerpo. Y, cuando resucitó de entre los muertos, los discípulos se acordaron de que lo había dicho, y dieron fe a la Escritura y a la palabra que había dicho Jesús.

Pistas: Te invito a que leas el Evangelio de tres modos hoy.
Primero, imaginando la escena. La religión judía realizaba sacrificios de animales como parte de su culto, por eso todo ese mercado. Había una moneda propia en el templo y al cambiar salían ganando. Jesús viendo el negocio y en lo que se había convertido la fe, actúa. Las palabras de Jesús son incomprensibles para los que le escuchan. Sólo las entenderán tras su resurrección. Porque el templo verdadero, el lugar de encuentro con Dios, no es un negocio, un rito, un sacrificio…. es la persona de Jesús.
Segundo. Nuestra Iglesia, tu parroquia, tu comunidad. ¿Qué luz puede arrojar el Evangelio de hoy? La Iglesia tiene que ser lugar de encuentro con Jesús y todo lo que impida esto, sobra. ¿Qué sobra en tu comunidad? ¿Qué falta para que sea lugar de encuentro con Jesús? ¿Qué puedes hacer tú para que así sea?
Tercero. Tú eres el templo en el que Jesús quiere habitar. ¿Qué hay que purificar en tu vida? ¿En qué tienes que dejar que entre Jesús? Imagínalo entrando en tu corazón, en cada aspecto de tu vida, y cómo todo cambiará.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Viernes 8 de noviembre

Viernes, 8 de noviembre
XXXI semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Lucas 16, 1-8
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: Un hombre rico tenía un administrador y le llegó la denuncia de que derrochaba sus bienes.
Entonces lo llamó y le dijo: ¿Qué es eso que me cuentan de ti? Entrégame el balance de tu gestión, porque quedas despedido.
El administrador se puso a echar sus cálculos: ¿Qué voy a hacer ahora que mi amo me quita el empleo? Para cavar no tengo fuerzas; mendigar, me da vergüenza. Ya sé lo que voy a hacer para que cuando me echen de la administración, encuentre quien me reciba en su casa.
Fue llamando uno a uno a los deudores de su amo, y dijo al primero: ¿Cuánto debes a mi amo? Este respondió: Cien barriles de aceite. Él le dijo: Aquí está tu recibo: aprisa, siéntate y escribe «cincuenta». Luego dijo a otro: Y tú, ¿cuánto debes? Él contestó: Cien fanegas de trigo. Le dijo: Aquí está tu recibo: Escribe «ochenta».
Y el amo felicitó al administrador injusto, por la astucia con que había procedido.
Ciertamente, los hijos de este mundo son más astutos con su gente que los hijos de la luz.

Pistas: Jesús pone hoy un ejemplo curioso. Parece que ensalza la manera de proceder del administrador injusto. Pero en realidad habla de su astucia. Y nos invita a una reflexión interesante ¿Por qué no somos astutos con las cosas de Dios?
Jesús quiere discípulos vivos, despiertos e inteligentes. Si los de las tinieblas lo son para sus fines malvados ¿Por qué hemos de avergonzarnos nosotros de ser perseverantes, inteligentes, hábiles? ¿No tendremos que poner todas nuestras fuerzas, capacidades y recursos en lograr que el Reino de Dios se haga presente en nuestras vidas y en nuestro mundo? ¿No debemos hacer una planificación para lo que es voluntad de Dios? ¿Por qué no vamos a proyectar, a buscar medios, a luchar, a esforzarnos, a encontrar aliados para ser buenos discípulos o para evangelizar?
En cristiano, el fin no justifica los medios. Pero los cristianos no podemos ser gente inútil, paralizada, acomodada, vaga, indolente… Jesús nos quiere coherentes y astutos, que demostremos inteligencia ante las distintas situaciones de la vida que se nos presenten, para traer el Reino, para cumplir la voluntad de Dios.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Jueves 7 de noviembre

Jueves 7 de noviembre
XXXI semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Lucas 15, 1-10
En aquel tiempo, se acercaban a Jesús los publicanos y los pecadores a escucharle.
Y los fariseos y los letrados murmuraban entre ellos: Ese acoge a los pecadores y come con ellos.
Jesús les dijo esta parábola: Si uno de vosotros tiene cien ovejas y se le pierde una, ¿no deja las noventa y nueve en el campo y va tras la descarriada, hasta que la encuentra? Y cuando la encuentra, se la carga sobre los hombros, muy contento; y al llegar a casa, reúne a los amigos y a los vecinos para decirles: ¡Felicitadme!, he encontrado la oveja que se me había perdido.
Os digo que así también habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta, que por noventa y nueve justos que no necesitan convertirse.
Y si una mujer tiene diez monedas y se le pierde una, ¿no enciende una lámpara y barre la casa y busca con cuidado, hasta que la encuentra? Y cuando la encuentra, reúne a las amigas y vecinas para decirles: ¡Felicitadme!, he encontrado la moneda que se me había perdido.
Os digo que la misma alegría habrá entre los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierta.

Pistas: Por un lado están los que clasifican: buenos y malos, justos y pecadores, los que merecen y los que no. Por otro lado está Jesús. Él va con todos. Busca al que está lejos y se ha perdido. Se alegra de encontrarlo. Si hace falta revuelve para encontrarlo, carga con él, tira de Él. Qué bonito descubrir esta actitud de Jesús: Él siempre tira hacia arriba de las personas, siempre busca que sean felices, que desarrollen lo que tienen, que puedan vivir con paz, alegría, esperanza, amor…
Y habrá alegría en el cielo cada vez que un pecador vuelve a la vida, a la salvación.
Aprovecha este evangelio para mirar tu vida: ¿a quién te pareces? ¿a los escribas y fariseos que clasifican y señalan? ¿a la oveja perdida? O, tal vez, quieras parecerte a Jesús.
Tú también puedes ayudarle a llevar misericordia y a que el que está lejos se acerque. Tú no puedes salvar a nadie, pero si les ayudas a que encuentren a Jesús que les busca, Él sí podrá darles aquello que su corazón y su vida necesitan. Misericordia y amor ofrece Jesús hoy. Y te invita a dejarte encontrar por Él.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Miércoles 6 de noviembre

Miércoles, 6 de noviembre
Santos Pedro Poveda Castroverde
Inocencio de la Inmaculada Canoura Arnau, presbíteros y compañeros mártires

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Lucas 14, 25-33
En aquel tiempo, mucha gente acompañaba a Jesús; él se volvió y les dijo: Si alguno se viene conmigo y no pospone a su padre y a su madre, y a su mujer y a sus hijos, y a sus hermanos y a sus hermanas, e incluso a sí mismo, no puede ser discípulo mío. Quien no lleve su cruz detrás de mí, no puede ser discípulo mío.
Así, ¿quién de vosotros, si quiere construir una torre, no se sienta primero a calcular los gastos, a ver si tiene para terminarla? No sea que, si echa los cimientos y no puede acabarla, se pongan a burlarse de él los que miran, diciendo: «Este hombre empezó a construir y no ha sido capaz de acabar» ¿O qué rey, si va a dar la batalla a otro rey, no se sienta primero a deliberar si con diez mil hombres, podrá salir al paso del que le ataca con veinte mil? Y si no, cuando el otro está todavía lejos, envía legados para pedir condiciones de paz.
Lo mismo vosotros: el que no renuncia a todos sus bienes, no puede ser discípulo mío.

Pistas: Ayer decíamos que es cuestión de prioridades. Y Jesús continúa explicando esta idea hoy. Para nada dice Jesús que no haya que cuidar y amar a la familia o a uno mismo. Se refiere al lugar que ese amor tiene que ocupar en tu corazón. Y si eres discípulo suyo, el amor a Dios y el seguimiento de Cristo, tiene que ocupar el centro. Desde ahí, todo lo demás quedará colocado en su lugar. Es más, amarás mejor a tu familia, porque lo harás con un amor más puro, el que Dios regala a los que creen en Él. Y te amarás mejor a ti mismo porque vencerás al pecado que te hace egoísta, aprenderás a perdonarte, a aceptarte, a verte como te ve Dios.
Llevar la Cruz significa confiar en Dios y vivir lejos de la queja y el lamento.
Cuántas veces en la vida vemos sólo lo malo, desconfiamos de Dios, nos encerramos en nuestro orgullo creyendo que todo tiene que ser como nosotros pensamos. Ir con la cruz detrás de Jesús significa recorrer el camino que lleva a la vida y la resurrección. Y, como el suyo, pasa por la cruz, la confianza, la obediencia al Padre. Seguir a Jesús o llenar tu vida de otras cosas. ¿Qué decides?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Martes 5 de noviembre

Martes 5 de noviembre
Santa Ángela de la Cruz Guerrero Gonzáles, virgen

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Lucas 14, 15-24
En aquel tiempo, uno de los comensales dijo a Jesús: ¡Dichoso el que coma en el banquete del reino de Dios!
Jesús le contestó: Un hombre daba un gran banquete y convidó a mucha gente; a la hora del banquete mandó un criado a avisar a los convidados: Venid, que ya está preparado. Pero ellos se excusaron uno tras otro.
El primero le dijo: He comprado un campo y tengo que ir a verlo. Dispénsame, por favor.
Otro dijo: He comprado cinco yuntas de bueyes y voy a probarlas. Dispénsame, por favor. Otro dijo: Me acabo de casar y, naturalmente, no puedo ir. El criado volvió a contárselo al amo.
Entonces el dueño de casa, indignado, le dijo al criado: Sal corriendo a las plazas y calles de la ciudad y tráete a los pobres, a los lisiados, a los ciegos y a los cojos. El criado dijo: Señor, se ha hecho lo que mandaste y todavía queda sitio.
Entonces el amo dijo: Sal por los caminos y senderos, e insísteles hasta que entren y se me llene la casa. Y os digo que ninguno de aquellos convidados probará mi banquete.

Pistas: Es cuestión de prioridades.
Da que pensar esta parábola de Jesús, porque probablemente tú te parezcas más a los primeros que son invitados. Con muchas preocupaciones, muchas ocupaciones, muchas cosas que te parecen importantísimas (y seguro que lo son). Seguro que tienes tus razones para dedicarles mucho tiempo y esfuerzo. Pero ¿y el reino de Dios? ¿qué importancia tiene la presencia de Dios en tu vida? ¿qué hueco dejas para Dios en tu vida?
“Insísteles hasta que entren y se me llene la casa”. Eso es lo que Dios hace con nosotros. Te insiste una y otra vez, seas quien seas, estés como estés. A ti hoy Dios te está invitando a entrar en su Reino, a conocerle, a amarle. No te invita desde lejos, te va a buscar y te invita a su casa, a su vida.
¿Qué excusas le pones a Dios para no darle tu tiempo, tu esfuerzo? ¿qué excusas le pones para que no forme parte de tu vida?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

XXXII Domingo del tiempo ordinario

Evangelio según San Lucas 20,27-38.

Se acercaron a Jesús algunos saduceos, que niegan la resurrección, y le dijeron: «Maestro, Moisés nos ha ordenado: Si alguien está casado y muere sin tener hijos, que su hermano, para darle descendencia, se case con la viuda.
Ahora bien, había siete hermanos. El primero se casó y murió sin tener hijos.
El segundo se casó con la viuda, y luego el tercero. Y así murieron los siete sin dejar descendencia.
Finalmente, también murió la mujer.
Cuando resuciten los muertos, ¿de quién será esposa, ya que los siete la tuvieron por mujer?».
Jesús les respondió: «En este mundo los hombres y las mujeres se casan, pero los que sean juzgados dignos de participar del mundo futuro y de la resurrección, no se casarán.
Ya no pueden morir, porque son semejantes a los ángeles y son hijos de Dios, al ser hijos de la resurrección.
Que los muertos van a resucitar, Moisés lo ha dado a entender en el pasaje de la zarza, cuando llama al Señor el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob.
Porque él no es un Dios de muertos, sino de vivientes; todos, en efecto, viven para él».

Domingo 3 de noviembre

Domingo 3 de noviembre
XXXI domingo del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Lucas 19, 1-10
En aquel tiempo, entró Jesús en Jericó y atravesaba la ciudad.
Un hombre llamado Zaqueo, jefe de publicanos y rico, trataba de distinguir quién era Jesús, pero la gente se lo impedía, porque era bajo de estatura. Corrió más adelante y se subió a una higuera, para verlo, porque tenía que pasar por allí. Jesús, al llegar a aquel sitio, levantó los ojos y dijo:
—«Zaqueo, baja en seguida, porque hoy tengo que alojarme en tu casa.» Él bajó en seguida y lo recibió muy contento.
Al ver esto, todos murmuraban, diciendo:
—«Ha entrado a hospedarse en casa de un pecador.»
Pero Zaqueo se puso en pie y dijo al Señor:
—«Mira, la mitad de mis bienes, Señor, se la doy a los pobres; y si de alguno me he aprovechado, le restituiré cuatro veces más.» Jesús le contestó:
—«Hoy ha sido la salvación de esta casa; también éste es hijo de Abrahán.
Porque el Hijo del hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido.»

Pistas: “El Hijo del hombre ha venido a buscar y salvar lo que estaba perdido”.
Los publicanos no eran queridos por sus compatriotas, por traidores y amigos de paganos. Además, Zaqueo tenía una buena posición económica, lo que seguramente despertaba envidias y recelos. Es señalado como pecador. Pero Jesús mira más allá, mira a la persona. Va a su casa, se sienta a su mesa y todo cambia.
Si te sientes lejos, busca a Jesús. Si sientes curiosidad, busca a Jesús. Si le necesitas, busca a Jesús. Tendrás que arriesgarte y superar dificultades. Zaqueo se sube a una higuera (no es el mejor árbol para subirse) y con su estatus subido a un árbol… pero le da igual lo que piensen. Si decides buscar a Jesús puede que incluso tengas que superar los comentarios y miradas de muchos. Pero al final, todo eso no tendrá importancia, porque, aunque nadie apueste por ti, Jesús está de tu parte. Él te defenderá, entrará en tu casa, en tus cosas. Será tu amigo. No te salvará desde lejos, no te humillará públicamente por los errores de tu vida o por tu estilo de vida. Dejará que le conozcas y querrá conocerte (eso sucede con los que invitamos a nuestra casa).
El encuentro con Jesús no deja indiferente a Zaqueo. Ya no puede, ni quiere, seguir con su anterior estilo de vida. Le preocupan las mismas cosas que a Jesús (da la mitad de sus bienes a los pobres) y se convierte en discípulo suyo (va más allá del mero cumplimiento, “le daré cuatro veces más”). Todo se hace nuevo, la casa del pecador queda santificada con la presencia de Jesús. Y Zaqueo ya no está perdido, su vida toma un nuevo rumbo.
¿Te sientes perdido en algún aspecto de tu vida? ¿no sabes qué rumbo está llevando tu vida? Este Evangelio es una buena noticia para ti. Busca a Jesús y déjale que se hospede en tu casa.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Sábado 2 de noviembre

Sábado, 2 de noviembre
Conmemoración de todos los Fieles Difuntos

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Lucas 23, 44-46. 50. 52-53
Era ya eso de mediodía, y vinieron las tinieblas sobre toda la región, hasta la media tarde; porque se oscureció el sol. El velo del templo se rasgó por medio. Y Jesús, clamando con voz potente, dijo: «Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu.» Y, dicho esto, expiró.
Un hombre llamado José, que era senador, hombre bueno y honrado, acudió a Pilato a pedirle el cuerpo de Jesús. Y, bajándolo, lo envolvió en una sábana y lo colocó en un sepulcro excavado en la roca, donde no hablan puesto a nadie todavía.

Pistas: Así termina la vida de Jesús. Con la muerte y el sepulcro. Y así termina la de todos los hombres. La muerte parece el final de todo.
Pero no fue así. La muerte no pudo con Jesús. El sepulcro quedó vacío. Jesús resucitó y todo cambió. Por eso, hoy convertimos nuestra tristeza por los que no están físicamente con nosotros en esperanza. Porque Jesús ha vencido a la muerte.
La lectura de hoy termina en el sepulcro. Pero con Jesús todo es distinto. Él hace nuevas todas las cosas. Jesús está vivo y Él es tu vida. Él es la vida.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.