Viernes 22 de noviembre

Viernes, 22 de noviembre
Santa Cecilia, Virgen y mártir

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Lucas 19, 45-48
En aquel tiempo, entró Jesús en el templo y se puso a echar a los vendedores, diciéndoles: Escrito está: «Mi casa es casa de oración»; pero vosotros la habéis convertido en una «cueva de bandidos».
Todos los días enseñaba en el templo. Los sumos sacerdotes, los letrados y los senadores del pueblo intentaban quitarlo de en medio; pero se dieron cuenta de que no podían hacer nada, porque el pueblo entero estaba pendiente de sus labios.

Pistas: El templo es el lugar de la presencia de Dios y el centro de la vida religiosa judía. El enfrentamiento de Jesús con sus autoridades y costumbres religiosas va en aumento. San Lucas sitúa cerca del desenlace de la vida de Jesús este acontecimiento que iba directamente contra los negocios e intereses de muchos de los que acabarán convirtiéndose en sus enemigos.
En el templo se realizaban sacrificios de animales, por tanto, había un negocio alrededor. No se usaba la moneda romana, se cambiaba a la moneda propia del templo… Así que toda la estructura para mantener estos ritos y la manera externa y vacía para muchos de vivir la fe es contra la que va Jesús.
La autoridad de Jesús parece grande, quieren acabar con Él, pero todavía no se atreven ni encuentran el modo de hacerlo porque el pueblo está pendiente de su enseñanza. Aunque esto no va a durar porque en pocos días gritarán: ¡¡Crucifícalo!!
Hoy el templo es la Iglesia, el lugar donde está Dios, donde encontrarse con Él. Piensa, no en el edificio físico, sino en la comunidad, en el grupo de personas que la forman. Puedes preguntarte qué Iglesia estás construyendo tú. ¿Serías de los que Jesús echa del templo? ¿Serías de los que negocian con las cosas de Dios? ¿O estás construyendo comunidad, ayudando a que sea lugar de encuentro con Dios?
El templo es también tu corazón, tu vida. Y puedes hacerte la misma pregunta: ¿Es casa de oración o la tengo llena de ruidos, de intereses, de ladrones que me roban la felicidad? Como venimos aprendiendo en el mensaje de Jesús, el Reino empieza dentro de ti. Ése es el lugar en que Dios quiere habitar. Y en lo pequeño, en tu propia vida, en lo cotidiano, es donde empieza todo. Déjale sacar lo que estorba, lo que no tiene que estar ahí. Y así tu corazón será un lugar de encuentro con Dios en el que puedas experimentar su gran amor.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a la vida.

Jueves 21 de noviembre

Jueves, 21 de noviembre
Presentación de la Bienaventurada Virgen María

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Lucas 19, 41-44
En aquel tiempo, al acercarse Jesús a Jerusalén y ver la ciudad, le dijo llorando: ¡Si al menos tú comprendieras en este día lo que conduce a la paz! Pero no: está escondido a tus ojos.
Llegará un día en que tus enemigos te rodearán de trincheras, te sitiarán, apretarán el cerco, te arrasarán con tus hijos dentro, y no dejarán piedra sobre piedra. Porque no reconociste el momento de mi venida.

Pistas: Es tremendo imaginarse esto. Jesús va a morir en Jerusalén. Mira su ciudad y llora porque comprende que le rechazan. Él sabe que su propio pueblo cierra los ojos a la salvación. No escuchan su Palabra, ni creen en su testimonio. Esto tendrá terribles consecuencias y Jesús llora por Jerusalén.
Tú y yo somos Jerusalén cuando miramos a Jesús con indiferencia, cuando nos encerramos en nuestro pecado, cuando no nos damos cuenta de que somos elegidos por Dios y preferimos aferrarnos a los ritos y las tradiciones antes que a la fe en Cristo. Cuando no queremos ver sus signos ni el signo definitivo: su muerte y resurrección. Al morir Cristo el velo del Templo se rasgará. Es otro signo. Y los judíos sabían lo que significaba eso, pero Jerusalén no quiere ver.

No quisieron comprender «lo que conduce a la paz». No quisieron comprender a Cristo. Cuando el templo sea destruido ya no habrá sacrificios de animales que sirvan para lavar los pecados, ni el Sumo Sacerdote entrará en la fiesta de la expiación -el único día al año en que puede- en el Sancta Sactorum (el lugar más santo, dónde está la presencia de Dios). No quisieron ver que el velo que cerraba ese lugar se rasgó al morir Cristo. Porque cierran los ojos a quién es Cristo y no reconocen el momento de su venida.
Sólo en Jesús hay salvación. Sólo en comprender y reconocer quién es Él. Ya no hay ritos ni tradiciones que salven, sólo si conducen a Cristo. Lo demás no lleva a la paz. Lo demás trae destrucción.
¿Eres Jerusalén, la que no quiere ver? ¿O eres parte del nuevo pueblo de Dios, el que reconoce que Jesús murió por todos y cada uno de nosotros, el que le sigue a pesar de las dificultades del camino? Mira, reconoce y comprende quién es Cristo, porque es lo único que trae salvación.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Miércoles 20 de noviembre

Miércoles, 20 de noviembre
XXXIII semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Lucas 19, 11-28
En aquel tiempo, dijo Jesús una parábola; el motivo era que estaba cerca de Jerusalén y se pensaban que el reino de Dios iba a despuntar de un momento a otro.
Dijo, pues: Un hombre noble se marchó a un país lejano para conseguirse el título de rey, y volver después. Llamó a diez empleados suyos y les repartió diez onzas de oro, diciéndoles: Negociad mientras vuelvo. Sus conciudadanos, que lo aborrecían, enviaron tras de él una embajada para informar: «No queremos que él sea nuestro rey».
Cuando volvió con el título real, mandó llamar a los empleados a quienes había dado el dinero, para enterarse de lo que había ganado cada uno.
El primero se presentó y dijo: Señor, tu onza ha producido diez. Él le contestó: Muy bien, eres un empleado cumplidor; como has sido fiel en una minucia, tendrás autoridad sobre diez ciudades.
El segundo llegó y dijo: Tu onza, señor, ha producido cinco. A ése le dijo también: Pues toma tú el mando de cinco ciudades.
El otro llegó y dijo: Señor, aquí está tu onza; la he tenido guardada en el pañuelo; te tenía miedo porque eres hombre exigente, que reclamas lo que no prestas y siegas lo que no siembras. Él le contestó: Por tu boca te condeno, empleado holgazán. ¿Con que sabías que soy exigente, que reclamo lo que no presto y siego lo que no siembro? Pues, ¿por qué no pusiste mi dinero en el banco? Al volver yo, lo habría cobrado con los intereses.
Entonces dijo a los presentes: quitadle a éste la onza y dádsela al que tiene diez. Le replicaron: Señor, si ya tiene diez onzas.
Os digo: Al que tiene se le dará, pero al que no tiene, se le quitará hasta lo que tiene.
Y a esos enemigos míos, que no me querían por rey, traedlos acá y degolladlos en mi presencia. Dicho esto, echó a andar delante de ellos, subiendo hacia Jerusalén.

Pistas: San Lucas nos pone juntas dos parábolas que en otros evangelios aparecen separadas: el señor que se marcha y reparte sus bienes, y el que vuelve siendo rey y acaba con los enemigos del reino. Y lo sitúa en la perspectiva del final de los tiempos. El Reino de Dios en plenitud. Como decimos en el credo, cuando venga a juzgar a vivos y muertos.
Mientras llega el final es el tiempo de negociar. Hay que moverse, hacer que dé fruto. La onza son los dones de que el Señor nos da, es la salvación. ¿Qué hacemos con ellos? No se da el caso de que uno de los que negocia pierda, fracase. Porque la Gracia de Dios, los dones de Dios van a dar fruto sí o sí.
Pero si los escondes, te acomodas o te acobardas, entonces no pones a trabajar los dones que Dios te ha dado. Pero es que Dios no pide imposibles. Si caes, levántate. Si has pecado, conviértete y sigue adelante. Pon a producir en el banco los tesoros que Dios ha puesto en tu ser. Acude a la Iglesia (ella es el banco), en ella podrás –si no te acomodas- aprender el camino para que tu vida dé fruto.
Pero, recuerda, nada de esto va a poder darse sin que tú pongas de tu parte. Dios nunca nos obliga a nada: ni a tener fe, ni a amar, ni a ser fieles… Sólo nos invita y nos da la fuerza para hacerlo. Pero respeta tu libertad y no hará nada sin ti.
Al que tiene se le dará… No es que Dios sea cruel, es que sus dones sobreabundan y el que tiene tendrá más de lo que puede esperar o desear. Pero el que los rechaza no encontrará en nada la salvación, porque sólo Jesús puede darla.
Jesús vencerá plenamente. Con Él comienza el Reino, que ya está, Jesús ya es Rey. Y nosotros, para participar de su plenitud, tenemos que seguir luchando. Sus enemigos han sido derrotados (pero no lo saben). Jesús va delante ¿decides seguirle?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a la vida.

Martes 19 de noviembre

Martes, 19 de noviembre
XXXIII semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Lucas 19, 1-10
En aquel tiempo, entró Jesús en Jericó y atravesaba la ciudad.
Un hombre llamado Zaqueo, jefe de publicanos y rico, trataba de distinguir quién era Jesús, pero la gente se lo impedía, porque era bajo de estatura. Corrió más adelante y se subió a una higuera, para verlo, porque tenía que pasar por allí. Jesús, al llegar a aquel sitio, levantó los ojos y dijo:
—«Zaqueo, baja enseguida, porque hoy tengo que alojarme en tu casa.» Él bajó enseguida y lo recibió muy contento.
Al ver esto, todos murmuraban, diciendo:
—«Ha entrado a hospedarse en casa de un pecador.»
Pero Zaqueo se puso en pie y dijo al Señor:
—«Mira, la mitad de mis bienes, Señor, se la doy a los pobres; y si de alguno me he aprovechado, le restituiré cuatro veces más.» Jesús le contestó:
—«Hoy ha sido la salvación de esta casa; también éste es hijo de Abrahán.
Porque el Hijo del hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido.»

Pistas: Hace un par de domingos leíamos este pasaje. Hoy es una buena oportunidad para experimentar que la Palabra de Dios es siempre nueva. Puedes leer las pistas de aquel domingo-3-de-noviembre
Zaqueo no es de ese tipo de personas que a primera vista nos daría pena y nos gustaría que Jesús le ayudase. Más bien pensaríamos que es “de los malos”. Un hombre que se había aprovechado de su posición, se había enriquecido traicionando a su pueblo… Seguro que si fuésemos con Jesús le diríamos: “Oye, que este Zaqueo tiene mala fama y sus amigos, ojo con ellos…”. No es un pobrecito que despierte compasión. Y, sin embargo, Jesús ve en lo profundo.
Tal vez tú tampoco des “el perfil” de cristiano. Puede que no te veas digno o capaz. Pero te pareces a Zaqueo porque estás buscando a Jesús (estás rezando con la Palabra de Dios). La buena noticia es que Jesús te busca a ti. Quiere hospedarse en tu casa. No es Zaqueo quien le invita, Jesús se autoinvita.
En aquellas dimensiones de tu vida en las que te sientes perdido, a pesar de tantas cosas, Jesús te dice hoy una vez más que ha venido a buscarte y a salvarte. ¿Le dejarás entrar en tu casa?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Lunes 18 de noviembre

Lunes, 18 de noviembre
Dedicación de las Basílicas de los Santos Pedro y Pablo, Apóstoles

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Lucas 18, 35-43
En aquel tiempo, cuando se acercaba Jesús a Jericó, había un ciego sentado al borde del camino, pidiendo limosna.
Al oír que pasaba gente, preguntaba qué era aquello; y le explicaron: Pasa Jesús Nazareno.
Entonces gritó: ¡Jesús, hijo de David, ten compasión de mí! Los que iban delante le regañaban para que se callara, pero él gritaba más fuerte: ¡Hijo de David, ten compasión de mí! Jesús se paró y mandó que se lo trajeran. Cuando estuvo cerca, le preguntó: ¿Qué quieres que haga por ti? El dijo: Señor, que vea otra vez. Jesús le contestó: Recobra la vista, tu fe te ha curado.
Enseguida recobró la vista y lo siguió glorificando a Dios. Y todo el pueblo, al ver esto, alababa a Dios.

Pistas: Un hombre que se había quedado ciego está pidiendo al borde de un camino y éste era el único modo de ganarse la vida de alguien que según la mentalidad judía estaba marcado por el pecado, suyo o de su familia. Oye el ruido, se entera de que es Jesús el que pasa y no pierde la oportunidad. Da igual lo que le digan, lo que piensen de él, le intentan callar. Pero él sigue gritando más fuerte. Hasta que Jesús manda que lo lleven a su presencia. Se produce el diálogo con Jesús y por la fe el milagro. Y la gente alaba a Dios.
Vamos a fijarnos en el simbolismo de este relato. Ya sabes que se puede hacer una lectura espiritual de estos milagros de Jesús. ¿Qué cegueras hay en tu vida? Tal vez te gustaría tener más fe, o antes creías, rezabas, eras fiel y ahora estás un poco perdido… pregúntate en qué necesitas que Jesús te sane.
Jesús va con sus discípulos y la gente que le sigue. Unos llevarán al ciego a Jesús, otros tratarán de callarle porque molesta. Así es la Iglesia. Unos te ayudarán a acercarte a Jesús, otros se convertirán en un obstáculo, pero si perseveras, al final estarás ante Jesús –y date cuenta que sin la ayuda de los que acercan al ciego a Jesús hubiera sido todo más complicado-.
La presencia de Jesús y la fe lo cambian todo, puede ver. Esto es la conversión, poder ver otra vez, encontrar el camino (no estar al borde sobreviviendo), sino ya en marcha, adelante, con una meta. Este hombre decide seguir a Jesús y se convierte también en testigo de lo que Jesús ha hecho en su vida, lo que despierta la fe de otros. Deja que la Palabra de Dios de hoy hable a tu vida ¿qué te dice hoy? y reza.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Domingo 17 de noviembre

Domingo, 17 de noviembre
Semana XXXIII del tiempo ordinario, ciclo C

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Lucas 21, 5-19
En aquel tiempo, algunos ponderaban la belleza del templo, por la calidad de la piedra y los exvotos. Jesús les dijo: «Esto que contempláis, llegará un día en que no quedará piedra sobre piedra: todo será destruido.»
Ellos le preguntaron: «Maestro, ¿cuándo va a ser eso?, ¿y cuál será la señal de que todo eso está para suceder?»
Él contestó: «Cuidado con que nadie os engañe. Porque muchos vendrán usurpando mi nombre, diciendo: «Yo soy», o bien: «El momento está cerca»; no vayáis tras ellos. Cuando oigáis noticias de guerras y de revoluciones, no tengáis pánico. Porque eso tiene que ocurrir primero, pero el final no vendrá en seguida.»
Luego les dijo: «Se alzará pueblo contra pueblo y reino contra reino, habrá grandes terremotos, y en diversos países epidemias y hambre. Habrá también espantos y grandes signos en el cielo. Pero antes de todo eso os echarán mano, os perseguirán, entregándoos a las sinagogas y a la cárcel, y os harán comparecer ante reyes y gobernadores, por causa mía. Así tendréis ocasión de dar testimonio. Haced propósito de no preparar vuestra defensa, porque yo os daré palabras y sabiduría a las que no podrá hacer frente ni contradecir ningún adversario vuestro. Y hasta vuestros padres, y parientes, y hermanos, y amigos os traicionarán, y matarán a algunos de vosotros, y todos os odiarán por causa mía. Pero ni un cabello de vuestra cabeza perecerá; con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas.»

Pistas: Jesús avisa de lo limitado de este mundo y de nuestras obras (“la belleza del templo”). Habla de los sufrimientos que ha habido y habrá en la humanidad. Y da tres consejos:
Primero. No tengáis miedo, no sigáis a los que van de salvadores. Sólo en Jesús hay salvación. Sólo en Dios hay libertad. Aunque haya mal, sufrimiento, persecución, injusticia y pecado en nuestro mundo. No existen sistemas ideológicos o materiales que den la felicidad y liberen al hombre. Son mentiras y cantos de sirena que conducen a la destrucción individual y de la sociedad.
Segundo: “Tendréis ocasión de dar testimonio”. Ante la persecución, mientras caminamos hacia el Reino de Dios, que ya está presente pero todavía no en plenitud, con la fuerza del Espíritu Santo daremos testimonio. Ante el pobre que sufre, tenemos que dar testimonio. Ante el ateo, ante el desesperado o el enfadado, tenemos que dar testimonio. Ante el que nos odia y nos persigue tenemos que dar testimonio. Ante los injustos y egoístas, ante el indiferente, el malvado, el tibio. Ante padres, parientes, hermanos y amigos. Ante todos. Tenemos que dar testimonio.
Tercero: “Con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas”. Jesús dice: No os canséis. Perseverad. En un mundo en el que todo es inmediato (tengo hambre, abro la nevera o compro algo en la tienda. Necesito hablar , mando un whatsapp. Quiero entretenerme, enciendo la tele o cojo el móvil…); el Evangelio nos habla de paciencia y perseverancia. Porque Dios es bueno, ama y salva. Pero nosotros lo queremos ya. Lo queremos a nuestras órdenes.
El Dios cristiano es Padre misericordioso y poderoso. Es Hijo que se hace hombre y nos convierte en hijos de Dios abriéndonos el cielo. Es Espíritu Santo en el corazón de cada bautizado y en la Iglesia. Pero en Jesús tenemos vida (“ni un cabello de vuestra cabeza perecerá”) porque el Espíritu Santo que era su fuerza, que obraba milagros, que lo resucitó de entre los muertos, que puso en marcha la Iglesia, ese Espíritu habita en ti y en mí. No tengas miedo, da testimonio, persevera y tendrás salvación.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Viernes 15 de noviembre

Viernes, 15 de noviembre
XXXII semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Lucas 17, 26-37
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: Como sucedió en los días de Noé, así será también en los días del Hijo del Hombre: comían, bebían y se casaban, hasta el día que Noé entró en el arca; entonces llegó el diluvio y acabó con todos. Lo mismo sucedió en tiempos de Lot: comían, compraban, vendían, sembraban, construían; pero el día que Lot salió de Sodoma, llovió fuego y azufre del cielo y acabó con todos. Así sucederá el día que se manifieste el Hijo del Hombre.
Aquel día, si uno está en la azotea y tiene sus cosas en casa que no baje por ellas; si uno está en el campo, que no vuelva. Acordaos de la mujer de Lot.
El que pretenda guardarse su vida, la perderá; y el que la pierda, la recobrará.
Os digo esto: aquella noche estarán dos en una cama: a uno se lo llevarán y al otro lo dejarán; estarán dos moliendo juntas: a una se la llevarán y a la otra la dejarán; estarán dos en el campo: a uno se lo llevarán y al otro lo dejarán. Ellos le preguntaron: ¿Dónde, Señor? Él contestó: Donde está el cadáver se reunirán los buitres.

Pistas: Pistas: “Comían, bebían y se casaban”. “Comían, compraban, vendían, sembraban, construían”. Se fiaban de la rutina… Estaban metidos en la rueda de lo cotidiano. Pero este mundo no es fiable. El Hijo del Hombre sí. Jesús sí es totalmente fiable.
Este Evangelio nos dice: perder la vida fiándose de Él, apostar por Él, es la única garantía. Quedarse mirando atrás como la mujer de Lot es quedarse apegado a la muerte (Sodoma), a lo que no salva ni da plenitud. El único camino para, en lo inesperado, poder encontrar vida, es Jesús.
Por eso Jesús invita hoy a no dejarse vencer por la rutina y por lo mundano. Aunque los buitres, presagio de la muerte, merodeen, no nos alcanzarán porque nosotros miramos al que venció: a Jesús. Cuántas sombras parece que acechan nuestra vida y nuestro mundo, y pensamos que lo van a destruir. Nosotros ponemos en Jesús nuestra esperanza y a Él amamos y seguimos.
Por eso no hay nada que temer, sólo al pecado y al engaño que nos aleja de Dios. La historia es la de Cristo vencedor, Él será todo en todos. Será una historia de amor y vida. Aunque los buitres merodeen, que no te pueda la rutina y lo inmediato, porque tú estás salvado por Jesús.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Jueves 14 de noviembre

Jueves, 14 de noviembre
XXXII semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Lucas 17, 20-25
En aquel tiempo, a unos fariseos que le preguntaban cuándo iba a llegar el reino de Dios, Jesús les contestó: El reino de Dios no vendrá espectacularmente, ni anunciarán que está aquí o está allí; porque mirad, el reino de Dios está dentro de vosotros.
Dijo a sus discípulos: Llegará un tiempo en que desearéis vivir un día con el Hijo del Hombre, y no podréis. Si os dicen que está aquí o está allí, no os vayáis detrás. Como el fulgor del relámpago brilla de un horizonte a otro, así será el Hijo del Hombre en su día. Pero antes tiene que padecer mucho y ser reprobado por esta generación.

Pistas: El Reino de Dios ¿Cuándo llegará? ¿Dónde estará? ¿Dónde encontraremos la salvación?
Jesús dice: “El reino de Dios está dentro de vosotros” ¡Cuántas veces buscamos a Dios en instituciones, personas, actividades…! Piensa un momento… ¿Dónde lo buscas tú?
Antes de poder encontrarlo en todo eso necesitamos experimentarlo en lo profundo de nuestro ser. Lo que no encuentras dentro de ti ¿dónde podrá estar? Tu relación con Dios ¿estará en otros o en ti mismo?
Decía el Papa Benedicto XVI en la Encíclica Deus Caritas est: “No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva”. Y ese encuentro nos dice el Evangelio de hoy que sucede dentro de ti.
Deja de buscar fuera. Párate, ponte delante de Dios y ora. Y ahí, en el encuentro personal, en la experiencia de Dios, te darás cuenta de que el Reino es amar a Jesús y saberte amado por el Padre. Que el Reino es llenarte del Espíritu Santo que te hace experimentar a Dios como amor y vida. Ahora, relee el Evangelio y ora con él.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

XXXIII Domingo del tiempo ordinario

Evangelio según san Lucas (21,5-19):

En aquel tiempo, como algunos hablaban del templo, de lo bellamente adornado que estaba con piedra de calidad y exvotos, Jesús les dijo: «Esto que contempláis, llegarán días en que no quedará piedra sobre piedra que no sea destruida».
Ellos le preguntaron: «Maestro, ¿cuándo va a ser eso?, ¿y cuál será la señal de que todo eso está para suceder?».
Él dijo: «Mirad que nadie os engañe. Porque muchos vendrán en mi nombre diciendo: “Yo soy”, o bien: “Está llegando el tiempo”; no vayáis tras ellos. Cuando oigáis noticias de guerras y de revoluciones, no tengáis pánico. Porque es necesario que eso ocurra primero, pero el fin no será enseguida».
Entonces les decía: «Se alzará pueblo contra pueblo y reino contra reino, habrá grandes terremotos, y en diversos países, hambres y pestes. Habrá también fenómenos espantosos y grandes signos en el cielo. Pero antes de todo eso os echarán mano, os perseguirán, entregándoos a las sinagogas y a las cárceles, y haciéndoos comparecer ante reyes y gobernadores, por causa de mi nombre. Esto os servirá de ocasión para dar testimonio. Por ello, meteos bien en la cabeza que no tenéis que preparar vuestra defensa, porque yo os daré palabras y sabiduría a las que no podrá hacer frente ni contradecir ningún adversario vuestro. Y hasta vuestros padres, y parientes, y hermanos, y amigos os entregarán, y matarán a algunos de vosotros, y todos os odiarán a causa de mi nombre.
Pero ni un cabello de vuestra cabeza perecerá; con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas».

Miércoles 13 de noviembre

Miércoles, 13 de noviembre
XXXII semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Lucas 17, 11-19
En aquel tiempo, yendo Jesús camino de Jerusalén, pasaba entre Samaria y Galilea.
Cuando iba a entrar en un pueblo, vinieron a su encuentro diez leprosos, que se pararon a lo lejos y a gritos le decían: Jesús, maestro, ten compasión de nosotros. Al verlos, les dijo: Id a presentaros a los sacerdotes.
Y mientras iban de camino, quedaron limpios.
Uno de ellos, viendo que estaba curado, se volvió alabando a Dios a grandes gritos, y se echó por tierra a los pies de Jesús, dándole gracias. Este era un samaritano.
Jesús tomó la palabra y dijo: ¿No han quedado limpios los diez?; los otros nueve ¿dónde están? ¿No ha vuelto más que este extranjero para dar gloria a Dios? Y le dijo: Levántate, vete: tu fe te ha salvado.

Pistas: Jesús está pasa por un territorio fronterizo entre Samaría y Galilea. Desde lejos, porque no pueden acercarse a la gente ni permitir que se les acerquen, un grupo de leprosos le piden ayuda. Eran expulsados de los pueblos por miedo al contagio y vivían al margen de la sociedad. Pero Jesús los mira. En otras ocasiones se había acercado, les había tocado y curado. Pero hoy les manda ir a presentarse al sacerdote, ya que cuando un leproso se curaba iba a presentarse al sacerdote para que confirmase que estaba sano, presentar una ofrenda y realizar un rito de purificación. Y los diez quedaron sanos cuando iban de camino.
Sólo un extranjero volvió alabando a Dios y dándole las gracias a Jesús. Era un samaritano y, como ya sabes, no se llevan bien con los judíos. Y es aquí, con Jesús, donde queda salvado plenamente.
Tal vez este evangelio te invite a reconocer lo que Dios hace en tu vida y a ser agradecido. Te invita a pedir y confiar. A aceptar los dones que Dios te da y acudir a Jesús agradecido cada vez. Da igual que te sientas un samaritano, un extranjero. Puede que pienses que con las lepras que hay en tu vida (tus pecados y debilidades) ya no eres de los de Jesús. Puede que te sientas lejos del pueblo (lejos de la Iglesia) como aquellos leprosos. Da igual todo eso. Llama a Jesús y pide su compasión, escucha su Palabra, obedécele, fíate de Él. Jesús no está lejos. Él te mirará a ti también. Te curará de tu lepra. Si dejas a Jesús entrar en tu vida encontrarás su salvación.
Jesús te mira con amor y salvación. Cuéntale tu vida, tus cosas, tus problemas, tus miedos. Y así Él verá tu vida y tú la verás su luz. Y, no olvides, da gracias, alaba a Dios, vuelve a Jesús cada día. “Levántate, vete, tu fe te ha salvado”.
Tú puedes ser de los que pasa de largo, o de los que se enteran de verdad de qué va la salvación. ¿De qué lado eliges estar?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.