Sábado 10 de agosto

Sábado, 10 de agosto
San Lorenzo, diácono y mártir

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Juan 12, 24-26
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: -«Os aseguro que si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto. El que se ama a sí mismo se pierde, y el que se aborrece a sí mismo en este mundo se guardará para la vida eterna. El que quiera servirme, que me siga, y donde esté yo, allí también estará mi servidor; a quien me sirva, el Padre lo premiará.»

Pistas: Una semilla que no está dispuesta a llegar al suelo ni a transformarse no podrá germinar y dar fruto. Es necesario ser humilde, caer en tierra (como cuando te arrodillas ante Dios o cuando te das cuenta de que dependes de Él). La semilla tiene que morir.
¿Morir a qué? A amarse a uno mismo. Esto hay que entenderlo bien (porque los mandamientos nos mandan amar al prójimo como a uno mismo, nos mandan amarnos). Lo que Jesús dice es que no puedes ponerte a ti mismo y tus deseos en el centro. Piensa, por ejemplo, en un padre que se ponga a sí mismo y sus deseos por delante de sus hijos y de su esposa ¿Podrá ser buen padre y buen marido o será un egoísta, irresponsable y hará daño a los que dice querer? O un estudiante, o un trabajador que pone por delante lo que le apetece antes que lo que debe hacer, ¿podrá hacer bien su trabajo?
Morir a uno mismo es exigente, duro, requiere disciplina y esfuerzo. Pero da fruto y es posible con la fuerza del Espíritu Santo.
Jesús dice que el camino para poder hacer esto es aborrecerse a uno mismo. Es decir, rechazar todo egoísmo y tentación mentirosa de falsa felicidad. Porque el camino es amar como Jesús amó y ahí no hay egoísmo sino entrega y gratuidad.
El camino para lograrlo es seguir a Jesús y vivir en el amor como Él enseña. Él ha ido delante, Él va delante. En su palabra te enseña cada día qué hacer, cómo vivir, te enseña a vivir como discípulo suyo. Y esto hará que tu vida no sea estéril sino que dé mucho fruto.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice. respóndele con tu oración.y llévalo a tu vida.

Viernes 9 de agosto

Viernes, 9 de agosto
Santa Teresa Benedicta de la Cruz, virgen y mártir, patrona de Europa

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Mateo 25, 1-13
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: El Reino de los Cielos se parecerá a diez doncellas que tomaron sus lámparas y salieron a esperar al esposo. Cinco de ellas eran necias y cinco eran sensatas.
Las necias, al tomar las lámparas, se dejaron el aceite; en cambio, las sensatas se llevaron alcuzas de aceite con las lámparas. El esposo tardaba, les entró sueño a todas y se durmieron.
A medianoche se oyó una voz: «Que llega el esposo, salid a recibirlo!» Entonces se despertaron todas aquellas doncellas y se pusieron a preparar sus lámparas.
Y las necias dijeron a las sensatas: «Dadnos un poco de vuestro aceite, que se nos apagan las lámparas».
Pero las sensatas contestaron: «Por si acaso no hay bastante para vosotras y nosotras, mejor es que vayáis a la tienda y os lo compréis».
Mientras iban a comprarlo llegó el esposo, y las que estaban preparadas entraron con él al banquete de bodas y se cerró la puerta.
Más tarde llegaron también las otras doncellas, diciendo: «Señor, señor, ábrenos». Pero él respondió: «Os lo aseguro: no os conozco».
Por tanto, velad, porque no sabéis el día ni la hora.

Pistas: Hablar de la perseverancia, de estar vigilantes, de no acomodarse, forma parte de la predicación de Jesús. Y vemos cómo hace hincapié en ello.
Hoy lo hace con esta parábola, en la que puede parecernos injusta o insolidaria la actitud de las sensatas. Pero la clave de la misma es no dejar que la llama se apague.
La llama de la fe, de la esperanza, del amor… Hace falta tener aceite suficiente para que ardan. Piensa ¿qué aceite falta en tu vida? Oración, sacramentos, comunidad, acompañamiento, compromiso… Éste es el aceite que mantiene encendida la llama de la fe, el que te va a permitir reconocer a Jesús (al novio) y con el que al final podrás entrar al banquete (al Reino y a la vida eterna).
Jesús nos pide estar vigilantes y tener la lámpara encendida. Hoy Jesús te anima a que no dejes que se extinga en ti la llama de la fe. Ora con esta parábola y deja que la palabra de Dios te dé luz.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Jueves 8 de agosto

Jueves, 8 de agosto
Santo Domingo de Guzmán

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Mateo 16, 13-23
En aquel tiempo llegó Jesús a la región de Cesarea de Felipe y preguntaba a sus discípulos: ¿Quién dice la gente que es el Hijo del Hombre? Ellos contestaron: Unos que Juan Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas.
El les preguntó: Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? Simón Pedro tomó la palabra y dijo: Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo.
Jesús le respondió: ¡Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado nadie de carne y hueso, sino mi Padre que está en el cielo.
Ahora te digo yo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará. Te daré las llaves del Reino de los cielos; lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo. Y les mandó a los discípulos que no dijesen a nadie que él era el Mesías.
Desde entonces empezó Jesús a explicar a sus discípulos que tenía que ir a Jerusalén y padecer allí mucho por parte de los senadores, sumos sacerdotes y letrados, y que tenía que ser ejecutado y resucitar al tercer día. Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo: ¡No lo permita Dios, Señor! Eso no puede pasarte. Jesús se volvió y dijo a Pedro: quítate de mi vista, Satanás, que me haces tropezar; tú piensas como los hombres, no como Dios.

Pistas: Pedro reconoce hoy a Jesús como el Mesías. Y Él le encarga ser cimiento de la Iglesia, tomar decisiones, garantizar la unidad. Pero Pedro todavía tiene que entender quién es Jesús y cuál es su misión. Y Él le dirige una de las expresiones más duras del Evangelio.
Cuando Pedro reconoce a Jesús como Mesías es porque el Padre se lo revela, porque ha dejado a Dios actuar en su vida. Pero cuando no es capaz de reconocer el plan de Dios en las palabras de Jesús es porque juzga desde sus criterios y no logra comprender ni acoger la luz de Dios.
En la vida de Pedro, y también en la nuestra, hay una lucha entre los criterios del mundo y nuestro orgullo, con la voluntad de Dios, su plan, sus criterios, su luz. Necesitamos humildad para conocerla y aceptarla. El camino es descubrir el gran amor que Dios nos tiene. Dios sólo puede amar, todo en Él es amor y salvación.
Descubriendo esto, rezando, conociéndolo, amándolo y llevándolo a los demás nos conducimos menos como los hombres y más como Dios.
Puedes preguntarte en qué punto estás en tu relación con Dios: ¿en la queja? ¿en decirle a Dios lo que tiene que hacer? o más bien en: Señor, dame luz, dame fuerzas, guíame, confío en ti… También puedes hoy preguntarte: ¿Quién es Jesús para mí?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

XIX Domingo del tiempo ordinario

Evangelio según San Lucas 12,32-48.

No temas, pequeño Rebaño, porque el Padre de ustedes ha querido darles el Reino.
Vendan sus bienes y denlos como limosna. Háganse bolsas que no se desgasten y acumulen un tesoro inagotable en el cielo, donde no se acerca el ladrón ni destruye la polilla.
Porque allí donde tengan su tesoro, tendrán también su corazón.
Estén preparados, ceñidos y con las lámparas encendidas.
Sean como los hombres que esperan el regreso de su señor, que fue a una boda, para abrirle apenas llegue y llame a la puerta.
¡Felices los servidores a quienes el señor encuentra velando a su llegada! Les aseguro que él mismo recogerá su túnica, los hará sentar a la mesa y se pondrá a servirlo.
¡Felices ellos, si el señor llega a medianoche o antes del alba y los encuentra así!»
Entiéndanlo bien: si el dueño de casa supiera a qué hora va llegar el ladrón, no dejaría perforar las paredes de su casa.
Ustedes también estén preparados, porque el Hijo del hombre llegará a la hora menos pensada».
Pedro preguntó entonces: «Señor, ¿esta parábola la dices para nosotros o para todos?».
El Señor le dijo: «¿Cuál es el administrador fiel y previsor, a quien el Señor pondrá al frente de su personal para distribuirle la ración de trigo en el momento oportuno?
¡Feliz aquel a quien su señor, al llegar, encuentre ocupado en este trabajo!
Les aseguro que lo hará administrador de todos sus bienes.
Pero si este servidor piensa: ‘Mi señor tardará en llegar’, y se dedica a golpear a los servidores y a las sirvientas, y se pone a comer, a beber y a emborracharse,
su señor llegará el día y la hora menos pensada, lo castigará y le hará correr la misma suerte que los infieles.
El servidor que, conociendo la voluntad de su señor, no tuvo las cosas preparadas y no obró conforme a lo que él había dispuesto, recibirá un castigo severo.
Pero aquel que sin saberlo, se hizo también culpable, será castigado menos severamente. Al que se le dio mucho, se le pedirá mucho; y al que se le confió mucho, se le reclamará mucho más.»

Miércoles 7 de agosto

Miércoles, 7 de agosto
XVIII semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Mateo 15, 21-28
En aquel tiempo, Jesús salió y se retiró al país de Tiro y Sidón.
Entonces una mujer cananea, saliendo de uno de aquellos lugares, se puso a gritarle: Ten compasión de mí, Señor, Hijo de David. Mi hija tiene un demonio muy malo. Él no le respondió nada. Entonces los discípulos se le acercaron a decirle: Atiéndela, que viene detrás gritando. Él les contestó: Sólo me han enviado a las ovejas descarriadas de Israel. Ella los alcanzó y se postró ante él, y le pidió de rodillas: Señor, socórreme. Él le contestó: No está bien echar a los perros el pan de los hijos. Pero ella repuso: Tienes razón, Señor; pero también los perros se comen las migajas que caen de la mesa de los amos. Jesús le respondió: Mujer, qué grande es tu fe: que se cumpla lo que deseas. En aquel momento quedó curada su hija.

Pistas: Este pasaje siempre me ha sorprendido ¿Por qué responde así Jesús? Ella es una extranjera, no pertenece al pueblo elegido según la creencia de aquella época. Pero Jesús conoce los corazones: El de la mujer (“qué grande es tu fe”) y el de sus discípulos. Tal vez las mismas palabras de Jesús: “Sólo me han enviado a las ovejas descarriadas de Jerusalén”, reflejen el pensamiento del grupo de los discípulos. Así pues ¿no será que Jesús quiere dejar de manifiesto la fe de esa “extranjera” ante ellos? ¿que quiere prepararlos para que comprendan que la salvación se ofrece a todos?
Otro aspecto en el que nos podemos fijar es que los discípulos no le dicen a Jesús: “Atiéndela, mira cómo sufre”, o “ten misericordia de ella”. Les molesta porque les sigue y lo hace gritando. Y Jesús les da una lección desde la actitud de la mujer, que no se rinde sino que tiene fe.
Les tuvo que impactar este milagro, porque aunque Jesús realizaba muchas curaciones, ésta tiene algo especial (por eso la cuentan). Aparecen el poder del amor (no pide el milagro para sí misma), la oración de una madre, la oración perseverante, la confianza y la universalidad de la salvación. Deja que Dios te hable en su Palabra ¿qué te dice hoy?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Martes 6 de agosto

Martes 6 de agosto
Transfiguración del Señor

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Lucas 9, 28b-36
En aquel tiempo, Jesús cogió a Pedro, a Juan y a Santiago y subió a lo alto de la montaña, para orar. Y, mientras oraba, el aspecto de su rostro cambió, sus vestidos brillaban de blancos.
De repente, dos hombres conversaban con él: eran Moisés y Elías, que, apareciendo con gloria, hablaban de su muerte, que iba a consumar en Jerusalén.
Pedro y sus compañeros se caían de sueño; y, espabilándose, vieron su gloria y a los dos hombres que estaban con él. Mientras éstos se alejaban, dijo Pedro a Jesús: «Maestro, qué bien se está aquí. Haremos tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.» No sabía lo que decía.
Todavía estaba hablando, cuando llegó una nube que los cubrió. Se asustaron al entrar en la nube. Una voz desde la nube decía: «Éste es mi Hijo, el escogido, escuchadle.»
Cuando sonó la voz, se encontró Jesús solo. Ellos guardaron silencio y, por el momento, no contaron a nadie nada de lo que habían visto.

Pistas: Jesús es Dios y hombre. Es el Hijo de Dios hecho hombre. Hoy muestra la gloria de su divinidad a Pedro, Santiago y Juan. Antes de la pasión quiere que tengan esta experiencia para que después de la resurrección puedan descubrir de modo pleno quién es Jesús. Cambió el aspecto de su rostro y sus vestidos brillaban, vieron su gloria, se transfiguró ante ellos.
Conversan con Él Moisés y Elías: símbolo de la Ley y la Profecía del Antiguo Testamento. Significa que en Jesús hay continuidad. Él es el esperado, el Mesías. En Él se cumple, pero de un modo totalmente sorprendente, lo que estaba escrito. Y “vieron su gloria”.
Pedro no era consciente de lo que eso suponía y quería seguir en aquel lugar de descanso, de visión de la divinidad de Jesús, de continuidad (Moisés y Elías, Ley y profecía). Pero Jesús no les va a dejar conformarse ni ser cómodos. Y vuelven a “bajar” al mundo, donde les va a mostrar quién es y cómo es su mesianismo con su muerte y resurrección.
No basta con ver y asombrarse. Una voz les dice: “Éste es mi Hijo, el escogido, escuchadle”. Desde una nube, lugar de la manifestación –teofanía– de Dios en el Antiguo Testamento Dios les dice: escuchad (oíd y entended).
De vez en cuando en la vida Jesús nos lleva a un lugar en el que experimentamos su gloria. En una oración, en una vigilia, en un retiro… Pero ahí no podemos quedarnos, ni siquiera en una experiencia bonita. Tiene que llevarnos a descubrir quién es Jesús, quién es Dios en el mundo. Y experimentar a Cristo vivo y resucitado para ser testigos de su amor.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida

Lunes 5 de agosto

Lunes 5 de agosto
Dedicación de la Basílica de Santa María

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Mateo 14, 13-21
En aquel tiempo, al enterarse Jesús de la muerte de Juan el Bautista, se marchó de allí en barca a un sitio tranquilo y apartado. Al saberlo la gente, lo siguió por tierra desde los pueblos. Al desembarcar vio Jesús el gentío, le dio lástima y curó a los enfermos.
Como se hizo tarde, se acercaron los discípulos a decirle: Estamos en despoblado y es muy tarde, despide a la multitud para que vayan a las aldeas y se compren de comer. Jesús les replicó: No hace falta que vayan, dadles vosotros de comer. Ellos le replicaron: Si aquí no tenemos más que cinco panes y dos peces. Les dijo: Traédmelos. Mandó a la gente que se recostara en la hierba y, tomando los cinco panes y los dos peces, alzó la mirada al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y se los dio a los discípulos; los discípulos se los dieron a la gente.
Comieron todos hasta quedar satisfechos y recogieron doce cestos llenos de sobras. Comieron unos cinco mil hombres, sin contar mujeres y niños.

Pistas: “Dadles vosotros de comer”.
Jesús predica con el ejemplo. Estaba triste porque su primo y amigo, Juan Bautista, había muerto y quiere alejarse un rato de la gente. Pero al llegar ve una multitud que lo espera. Jesús no los despide. Los mira, siente lástima de los que sufren y los cura.
Los discípulos ven las necesidades de la gente y acuden a Jesús. Al igual que ellos, nosotros también podríamos decir: Jesús, mira, cuántos pobres; cuánto sufrimiento e injusticia; Jesús, mira la Iglesia, los jóvenes no se acercan; Jesús, mira mi trabajo, mis amigos, mi barrio, mi ciudad, mi parroquia, mi colegio… Jesús, solucióname el problema.
Y Jesús les sorprende: “Dadles vosotros de comer”. Ayuda al pobre y al que sufre, lucha por la justicia, sé Iglesia y transforma la Iglesia, habla de Él a los jóvenes, cambia tu parroquia, tu trabajo, tu colegio…
Es bonito lo que sucede: Rezan a Jesús (hablan con Él) y Jesús les dice: ¿Por qué no hacéis algo?
Claro que siempre podemos encontrar una excusa. Por ejemplo, la de los discípulos: Pero, Jesús, que sólo tenemos cinco panes y dos peces… Jesús, que yo no sé hablar, que mi fe es pequeña, qué voy a poder hacer yo por los pobres o por la justicia, cómo voy a cambiar yo la Iglesia, qué voy a hacer yo…
Y Jesús responde: Traed los panes y los peces. A ti te dice: ¿Estás dispuesto? ¿quieres darme lo tuyo? ¿quieres que actúe en ti y a través de ti?… Ellos sólo tenían eso, y era para ellos. Pero dan todo lo que tienen.
Y entonces ocurre el milagro: Confían en Jesús, en su palabra y lo poco que le dan produce tanto fruto que quedan satisfechos cinco mil hombres, sin contar mujeres ni niños.
¿Y si le das tus panes y tus peces a Jesús? ¿Qué sucederá si empiezas a rezar y le dices a Jesús: mira, pasa esto… vale, aquí estoy, qué hago? ¿qué pasará si te decides a responder a la interpelación de Jesús de que hagas algo tú?
Observa lo que ocurre a tu alrededor, acude a Jesús (reza), dale de lo tuyo, disponte para hacer lo que te pida. Y, entonces, verás milagros.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Manuel

Domingo 4 de agosto

Domingo, 4 de agosto
XVIII domingo del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Lucas 12, 13-21
En aquel tiempo, dijo uno del público a Jesús:
—«Maestro, dile a mi hermano que reparta conmigo la herencia.» Él le contestó:
—«Hombre, ¿quién me ha nombrado juez o árbitro entre vosotros?» Y dijo a la gente:
—«Mirad: guardaos de toda clase de codicia. Pues, aunque uno ande sobrado, su vida no depende de sus bienes.» Y les propuso una parábola:
—«Un hombre rico tuvo una gran cosecha. Y empezó a echar cálculos: “¿Que haré? No tengo donde almacenar la cosecha.»
Y se dijo: «Haré lo siguiente: derribaré los graneros y construiré otros más grandes, y almacenaré allí todo el grano y el resto de mi cosecha. Y entonces me diré a mí mismo: Hombre, tienes bienes acumulados para muchos años; túmbate, come, bebe y date buena vida.» Pero Dios le dijo:
«Necio, esta noche te van a exigir la vida. Lo que has acumulado, ¿de quién será?» Así será el que amasa riquezas para sí y no es rico ante Dios.»

Pistas: Un problema de herencias hace que se acerquen a Jesús y Él parece que da largas… pero en realidad les da el criterio para juzgar los bienes materiales. Si lo piensas bien ¿cuántas enemistades dentro de las familias, entre amigos, entre vecinos son fruto de la codicia y el egoísmo? ¿cuántos engaños y mentiras? ¿cuántas estructuras injustas? Porque, en el fondo, es una necedad poner ahí la esperanza. Porque las cosas de este mundo terminan, se acaban, son finitas y no pueden darte la felicidad. Son necesarias y nos dan buenos momentos en la vida, pero si pones en ellas tu corazón, nunca te harán plenamente feliz.
Si sólo eres rico en lo material, al final te sentirás vacío. Un amigo me contaba: “El sueño de mi vida era tener un BMW, y pensaba que tenerlo me iba a hacer más feliz. Y cuando lo conseguí, lo disfruté durante un tiempo, pero después quería tener el siguiente modelo y me di cuenta de que siempre voy a estar así”.
Podemos pensar: si consigo la casa de mis sueños, o si tengo tantas cifras en el banco… entonces ya podré descansar y ser feliz. Y cuando se consigue, vuelve a aparecer el vacío y la búsqueda.
Hazte un tesoro en el cielo, es el mensaje que te lanza Jesús. Piensa lo que Él enseña y elige qué quieres vivir.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Sábado 3 de agosto

Sábado, 3 de agosto
XVI semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Mateo 14, 1-12
En aquel tiempo, oyó el virrey Herodes lo que se contaba de Jesús y dijo a sus ayudantes: Ese es Juan Bautista, que ha resucitado de entre los muertos, y por eso los Poderes actúan en él. Es que Herodes había mandado prender a Juan y lo había metido en la cárcel encadenado, por motivo de Herodías, mujer de su hermano Felipe; porque Juan le decía que no le estaba permitido vivir con ella. Quería mandarlo matar, pero tuvo miedo de la gente, que lo tenía por profeta. El día del cumpleaños de Herodes, la hija de Herodías danzó delante de todos y le gustó tanto a Herodes, que juró darle lo que pidiera. Ella, instigada por su madre, le dijo: Dame ahora mismo en una bandeja la cabeza de Juan Bautista. El rey lo sintió; pero por el juramento y los invitados, ordenó que se la dieran; y mandó decapitar a Juan en la cárcel. Trajeron la cabeza en una bandeja, se la entregaron a la joven, y ella se la llevó a su madre. Sus discípulos recogieron el cadáver, lo enterraron, y fueron a contárselo a Jesús.

Pistas: Parece que poco ha cambiado el mundo. Tantos siglos después seguimos con los mismos problemas: corrupción, inmoralidad, injusticia, lujuria, conspiraciones, superstición, afán de quedar bien… Todo esto está presente en el relato del Evangelio de hoy. Herodes se entristece por matar a Juan Bautista, pero lo hace de todos modos, porque le importa más quedar bien ante su público o satisfacer ciertos deseos. Una vida vale menos que eso para él.
Así funciona siempre el pecado. Promete felicidad y trae tristeza. Da satisfacciones y felicidad momentáneas, pero hace esclavos. Y cuanto más se avanza por ese camino, más atrapados quedamos, como en una telaraña.
Herodes acaba haciendo lo que no quiere. Le atrae Juan Bautista porque descubre en él verdad, pero no es capaz de dar el paso de exponer su vida a esa verdad que Juan enseña. Prefiere vivir esclavo de su poder, de sus vicios, de su riqueza y posición. Mata a Juan y cuando oye hablar de Jesús, no es capaz de acercarse a Él. El remordimiento o arrepentimiento no le ayuda a salir de su situación, sino que se vuelve supersticioso (los Poderes actúan en Jesús, es Juan resucitado…).
Las parábolas que leíamos hace unos días nos decían que, al final, el camino que hayamos elegido tendrá consecuencias. Las trae ya durante la vida. Este Evangelio te ofrece la oportunidad de poner la luz de la Palabra de Dios en tu vida, ver qué camino estás eligiendo y darte cuenta de que el único que trae verdad, libertad, justicia, felicidad… es Jesús y vivir como Él enseña. Su amor y misericordia es más grande que cualquier situación. Por eso, si le abres tu corazón y le dejas entrar en tu vida y en tus decisiones, todo será nuevo, todo cambiará.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Jueves 1 de agosto

Jueves 1 de agosto
San Alfonso María de Ligorio, Obispo y doctor de la Iglesia

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Mateo 13, 47-53
En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: El Reino de los Cielos se parece también a la red que echan en el mar y recoge toda clase de peces: cuando está llena, la arrastran a la orilla, se sientan, y reúnen los buenos en cestos y a los malos los tiran. Lo mismo sucederá al final del tiempo: saldrán los ángeles, separarán a los malos de los buenos y los echarán al horno encendido. Allí será el llanto y el rechinar de dientes.
¿Entendéis bien todo esto? Ellos le contestaron: Sí. Él les dijo: Ya veis, un letrado que entiende del Reino de los Cielos es como un padre de familia que va sacando del arca lo nuevo y lo antiguo. Cuando Jesús acabó estas parábolas, partió de allí.

Pistas: Jesús enseña que existe el bien y el mal, que se puede elegir entre el bien o el mal y que estas elecciones tendrán consecuencias al final de la historia. Por eso, no da igual vivir de una manera o de otra. Pero esto se sabrá al final. Hasta ese momento caminamos juntos en la “red” del Reino de Dios. Y ésta es otra enseñanza importante de Jesús: no existe la comunidad perfecta, ni el reino de Dios de los puros. Mientras duren nuestros días en este mundo estamos a tiempo de elegir a Jesús, de ponerle a Él en el centro de nuestra vida y vivir como discípulos suyos.
No se trata de creerse bueno, o de hacer méritos para serlo, sino de seguir a Jesús, de estar con Él y aprender a vivir como Él enseña. Ser “bueno” será la consecuencia de seguir a Jesús pero no el objetivo.
Ya hemos comentado estos días cómo Jesús les explica a sus discípulos las parábolas y resuelve sus dudas, porque estos hombres han decidido no conformarse con escuchar desde fuera, sino que le han seguido de cerca. A su lado. Y Jesús les enseña a ser capaces de sacar de lo antiguo (de la tradición, del Antiguo Testamento en su caso) y de lo nuevo (de la novedad que trae el mismo Jesús).
También nosotros estamos llamados a hacer esto: aprovechar lo antiguo (toda la riquísima tradición y sabiduría que nos llega a través de la Iglesia) y descubrir la novedad del Espíritu (para responder a los signos de los tiempos, para acoger la gracia de Dios que necesitamos para nuestro tiempo).

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.