Martes 20 de agosto

Martes, 20 de agosto
San Bernardo, abad y doctor de la Iglesia

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Mateo 19, 23-30
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: Creedme: difícilmente entrará un rico en el Reino de los Cielos.
Lo repito: Más fácil le es a un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el Reino de los Cielos.
Al oírlo, los discípulos dijeron espantados: Entonces, ¿quién puede salvarse? Jesús se les quedó mirando y les dijo: Para los hombres es imposible; pero Dios lo puede todo.
Entonces le dijo Pedro: Pues nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido. ¿Qué nos va a tocar?
Jesús les dijo: Creedme, cuando llegue la renovación, y el Hijo del Hombre se siente en el trono de su gloria, también vosotros, los que me habéis seguido, os sentaréis en doce tronos, para regir a las doce tribus de Israel.
El que por mí deja casa, hermanos o hermanas, padre o madre, mujer, hijos o tierras, recibirá cien veces más, y heredará la vida eterna. Muchos primeros serán últimos y muchos últimos serán primeros.

Pistas: Las riquezas, lo material, el poder… se convierten en ídolos, en lo más importante de la vida de muchas personas y a veces en lo único que les mueve. Ocupan el lugar de Dios.
Para la mentalidad judía, la riqueza era signo de la bendición de Dios. Pero Jesús quiere enseñar otro camino y ni siquiera sus propios discípulos son capaces de entenderlo. ¿Cuál será nuestro premio? le preguntan a Jesús. Él no les engaña, les promete una gran recompensa. Pero el camino es no tener el corazón apegado a lo material, a las cosas, al poder, a lo que puede dar la riqueza. La clave es seguir a Jesús. Y ahí se encontrará la vida, la verdadera riqueza. Por ahí entrarás en el Reino de los Cielos.
Así se entiende la conclusión del Evangelio de hoy: «Muchos primeros serán últimos y muchos últimos serán primeros».
Mira tu vida a la luz del Evangelio ¿Qué lugar ocupan las riquezas y qué implican en tu vida? ¿Qué lugar ocupa Dios y qué supone en tu vida? Y recuerda que la clave es seguir a Jesús y entender que la riqueza no es nada material. ¡Acércate a Él en este tiempo de oración!

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a la vida.

Lunes 19 de agosto

Lunes, 19 de agosto
XX semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Mateo 19, 16-22
En aquel tiempo, se acercó uno a Jesús y le preguntó: Maestro, ¿qué tengo que hacer de bueno, para obtener la vida eterna? Jesús le contestó: ¿Por qué me preguntas qué es bueno? Uno solo es Bueno. Mira, si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos.
Él le preguntó: ¿Cuáles? Jesús le contestó: «No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio, honra a tu padre y a tu madre, y ama a tu prójimo como a ti mismo». El muchacho le dijo: Todo eso lo he cumplido. ¿Qué me falta?
Jesús le contestó: Si quieres llegar hasta el final, vende lo que tienes, da el dinero a los pobres así tendrás un tesoro en el cielo y luego vente conmigo. Al oír esto, el joven se fue triste, porque era rico.

Pistas: “Uno solo es Bueno”. Sólo Dios es bueno. En este diálogo Jesús enseña que no puedes ganar la vida eterna porque sólo Dios es bueno. Por eso para Jesús la cuestión no es ser bueno. Y nos enseña el camino: “Si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos”. Jesús concreta algunos porque los judíos tenían muchas normas y preceptos. Invita a un estilo de vida.
Pero eso no basta. Si quieres llegar hasta el final, si quieres vivir lo más plenamente posible tu vida, Jesús te invita a renunciar, a entregarte a los demás y seguirle.
Una religión de cumplimiento es relativamente fácil: cumplir unos mínimos. Pero puede acabar siendo simplemente guardar las formas, vivir para la galería, sin profundizar en nada.
Jesús propone otra cosa. Ni siquiera ganar el cielo por ser bueno, sino desprenderse de las cosas de este mundo pensando en los demás. Así tendrás un tesoro en el cielo y podrás seguirle.
La vida de mínimos, de cumplimiento, de ser simplemente bueno, no conduce a la felicidad: «El joven se fue triste». ¿Quieres ser feliz? ¿Te atreves a seguir a Jesús y vivir?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Domingo 18 de agosto

Domingo, 18 de agosto
XX semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Lucas 12, 49-53
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: He venido a prender fuego en el mundo: ¡y ojalá estuviera ya ardiendo! Tengo que pasar por un bautismo, ¡y qué angustia hasta que se cumpla! ¿Pensáis que he venido a traer al mundo paz? No, sino división. En adelante, una familia de cinco estará dividida: tres contra dos y dos contra tres; estarán divididos: el padre contra el hijo y el hijo contra el padre, la madre contra la hija y la hija contra la madre, la suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra.

Pistas: Imagina una de las primeras comunidades cristianas, perseguida pero llena de fe y con el fuego del Espíritu, leyendo este Evangelio. Imagina una iglesia hoy, en un país donde ser cristiano está prohibido y es perseguido, leyendo este Evangelio. Están viviendo las palabras de Jesús.
Sólo hay un camino para seguir a Jesús: el de encenderse en el fuego que Él ha traído, el del Espíritu Santo. Hemos leído en los días anteriores que no valen las medias tintas, que hay que estar despiertos y vigilantes. Vivir el Evangelio implica muchas veces ser signo de contradicción, como lo fue Jesús, no por “dar la nota”, sino por vivir en la verdad, por no tener miedo a dejar actuar al Espíritu Santo, por no estar a medias en el camino de la fe.
Ahora, lee el Evangelio mirando a nuestra sociedad, en la que cada vez es más rechazado el Evangelio. Una vivencia dulzona, timorata o acomodada de la fe ¿tendrá algo que ver con lo que dice hoy Jesús?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Sábado 17 de agosto

Sábado, 17 de agosto
XIX semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Mateo 19, 13-15
En aquel tiempo, le presentaron unos niños a Jesús para que les impusiera las manos y rezara por ellos, pero los discípulos les regañaban. Jesús dijo: Dejadlos, no impidáis a los niños acercarse a mí; de los que son como ellos es el Reino de los Cielos. Les impuso las manos y se marchó de allí.

Pistas: ¿Cuántas veces añoramos la sencillez y la paz de la infancia? Qué sensación más maravillosa saberse querido incondicionalmente, protegido, estar seguro de que alguien cuida de ti y así nada malo puede pasar. Y si uno se equivoca o no sabe hacer algo ahí están los padres dispuestos a perdonar y ayudar.
Qué descanso hacerse como un niño. Pero a nosotros tantas veces nos gusta controlar todo, tener razones… Tantas veces se nos complica la vida, la mente, el corazón… y ya no somos capaces.
El Evangelio de hoy te dice que si te haces como un niño, si acudes a Dios con la confianza de un hijo que se acerca a su padre, Él te abrazará, te ayudará, te amará, te perdonará… Si te sientes lejos, tal vez Dios te esté pidiendo que vuelvas a Él y te dejes abrazar por Él.
En la escena de hoy también están los discípulos, que en vez de ayudar a que los niños se acerquen a Jesús, ponen obstáculos. ¿Alguna vez eres tú como ellos? ¿Pones dificultades para que otros se acerquen a Dios porque los ves pequeños, indignos, son ruidosos o demasiado simples? Si hay algo de esto en ti, o en tu parroquia o comunidad, la Palabra de Dios te dice hoy que no se lo impidas. Te invita a crear una Iglesia en la que ayudes a que las personas puedan acercarse a Jesús.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Viernes 16 de agosto

Viernes, 16 de agosto
XIX semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Mateo 19, 3-12
En aquel tiempo, se acercaron a Jesús unos fariseos y le preguntaron para ponerlo a prueba: ¿Es lícito a uno despedir a su mujer por cualquier motivo? El les respondió: ¿No habéis leído que el Creador en el principio los creó hombre y mujer, y dijo: «Por eso abandonará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán los dos una sola carne»? De modo que ya no son dos sino una sola carne. Pues lo que Dios ha unido que no lo separe el hombre.
Ellos insistieron: ¿Y por qué mandó Moisés darle acta de repudio y divorciarse? El le contestó: Por lo tercos que sois os permitió Moisés divorciaros de vuestras mujeres; pero al principio no era así. Ahora os digo yo que si uno se divorcia de su mujer ─no hablo de prostitución─ y se casa con otra comete adulterio.
Los discípulos le replicaron: Si esa es la situación del hombre con la mujer, no trae cuenta casarse. Pero él les dijo: No todos pueden con eso, sólo los que han recibido ese don. Hay eunucos que salieron así del vientre de su madre, a otros los hicieron los hombres, y hay quienes se hacen eunucos por el Reino de los Cielos. El que pueda con esto, que lo haga.

Pistas: El Evangelio de hoy recoge las enseñanzas de Jesús sobre el matrimonio y el celibato por el Reino de los Cielos. Defiende Jesús que el camino más perfecto es que lo que Dios une, el hombre no lo separe. El matrimonio entre un hombre y una mujer une de tal modo que los que eran dos, son una sola carne. Pero pongámonos en el contexto de estas palabras.
Se trata de un tiempo en el que la situación de la mujer era tal, que la que era repudiada por su marido tenía que volver a la casa paterna, deshonrada y deshonrando a su familia. Muchos rabinos defendían que un hombre podía repudiar a su mujer por cualquier motivo (por ejemplo, si no le gustaba cómo cocinaba), siendo ésta una manera de tener subyugada a la mujer. Ahora podemos entender mejor el alcance de la explicación que da Jesús.
La enseñanza de Jesús, citando la escritura, explica el matrimonio como una institución para toda la vida. Y en las primeras comunidades cristianas la institución del matrimonio va devolviendo la dignidad a la mujer, porque manda al hombre amarla como Cristo ama su Iglesia.
Por último, Jesús señala que el celibato es un don (es decir, es gracia y tarea) y que es un camino válido. Probablemente Mateo recoge estas palabras de Jesús para confirmar a aquellos que habían elegido el celibato imitando a Jesús.
Puedes aprovechar este Evangelio para hacer un examen sobre tu vocación. Jesús te llama a vivir en plenitud y hacerlo en un camino concreto. Pídele su luz y su fuerza.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a la vida

Jueves 15 de agosto

Jueves, 15 de agosto
Asunción de la Bienaventurada Virgen María, solemnidad

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Lucas 1, 39-56
En aquellos días, María se puso en camino y fue aprisa a la montaña, a un pueblo de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. En cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel del Espíritu Santo y dijo a voz en grito: «¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? En cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Dichosa tú, que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá.»
María dijo: «Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador; porque ha mirado la humillación de su esclava. Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo, y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación. Él hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos. Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia -como lo había prometido a nuestros padres- en favor de Abrahán y su descendencia por siempre.» María se quedó con Isabel unos tres meses y después volvió a su casa.

Pistas: Este pasaje sucede después del “sí” de María al ángel. Y, embarazada de Jesús, lo primero que hace es ponerse en camino para ver a Isabel. La presencia de Jesús lleva a preocuparse por los demás, a servir a los demás, a salir de uno mismo. A la alegría, a la bendición, a las promesas cumplidas. Fíjate lo que dicen Isabel y María, cómo destila gratitud, alegría, esperanza…
La oración de María es una alabanza a Dios. Puedes aprender mucho sobre cómo rezar en esta oración. Se hace desde el alma, desde lo profundo del ser: “proclama mi alma”. Como las cosas importantes de la vida, implica a toda tu persona.
María alaba a Dios y lo que Él hace. Alabar es reconocer quién es Dios y agradecerlo, es reconocer la obra de Dios en tu vida y proclamarla. La oración de alabanza es por su naturaleza la forma más desinteresada de oración: es sólo mirada a Dios y a su obra. Descubrimos su grandeza, le cantamos por su misma realidad y ser divino. La experiencia de la Iglesia es que la oración de alabanza abre la puerta a otros modos de orar.
La oración de adoración: añade la consideración del hombre en cuanto criatura e implica el reconocimiento de la propia pequeñez y de la grandeza de Dios.
La oración de acción de gracias: por la salvación, los bienes… (como hace María agradeciendo que Dios cumple sus promesas y su manera de actuar en la historia).
Y aunque en el texto de hoy no aparece, en tu oración personal muchas veces terminarás con oración de petición e intercesión: la petición mira al futuro y presenta toda situación ante el poder de Dios para que se realice su obra y venga su Reino.
Si comienzas al revés, es decir, pidiendo; probablemente tu oración sea desesperada, desconfiada, algo egoísta e interesada. Pero si primero piensas en Dios, reconoces su amor y le amas, te das cuenta de cómo es Dios, le alabas, le adoras. Y luego sí, ya en su presencia, presentas todo, con confianza como un hijo a su Padre, como un hermano que se dirige a su Hermano y Amigo, con la presencia del Amor de Dios, del Espíritu Santo en tu corazón… Por eso siempre te invito a que primero te pongas en presencia de Dios, es decir, a que pidas el Espíritu Santo y le alabes, y después leas la Palabra y ores con ella. Hazlo una vez más hoy y alaba, adora, da gracias, pide…

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a la vida.

XX Domingo del tiempo ordinario

Evangelio según San Lucas 12,49-53.

Jesús dijo a sus discípulos:
«Yo he venido a traer fuego sobre la tierra, ¡y cómo desearía que ya estuviera ardiendo!
Tengo que recibir un bautismo, ¡y qué angustia siento hasta que esto se cumpla plenamente!
¿Piensan ustedes que he venido a traer la paz a la tierra? No, les digo que he venido a traer la división.
De ahora en adelante, cinco miembros de una familia estarán divididos, tres contra dos y dos contra tres:
el padre contra el hijo y el hijo contra el padre, la madre contra la hija y la hija contra la madre, la suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra».

Miércoles 14 de agosto

Miércoles, 14 de agosto
San Maximiliano Kolbe

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Mateo 18, 15-20
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: Si tu hermano peca, repréndelo a solas entre los dos. Si te hace caso, has salvado a tu hermano. Si no te hace caso, llama a otro o a otros dos, para que todo el asunto quede confirmado por boca de dos o tres testigos. Si no les hace caso, díselo a la comunidad, y si no hace caso ni siquiera a la comunidad, considéralo como un pagano o un publicano.
Os aseguro que todo lo que atéis en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desatéis en la tierra quedará desatado en el cielo.
Os aseguro, además, que si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, se lo dará mi Padre del cielo. Porque donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.

Pistas: “Cada uno que haga lo que le dé la gana”, “¿quién soy yo para meterme en la vida de nadie?”, “que me dejen en paz yo hago mi vida a mi manera”… Pero, según Jesús, nos tiene que importar lo que los hermanos (los de mi Iglesia, parroquia, comunidad, familia) hacen con su vida. Y, a los demás, lo que yo hago con la mía. Porque somos familia, porque Dios nos ama y nos llama a vivir en el amor y a amarnos unos a otros. Forma parte de la vida cristiana ser capaz de corregir y ser corregido.
Esto no busca mostrar los defectos del otro, ni sentirnos mejores, ni echar en cara nada… lo que debe buscar es salvar al hermano. O, mejor dicho, que el otro se deje salvar por Dios. Por eso, cuando corrijas a alguien hazlo después de rezar. Que sea el Espíritu Santo quien te ilumine y no una consecuencia de que tú estés enfadado ni porque quieras imponer tu visión de las cosas, sino porque quieres ayudar a tu hermano a que descubra la verdad de lo que está viviendo. Quizás esto nos suene extraño porque no estamos acostumbrados a hacerlo. Pero el Evangelio de hoy nos dice que si queremos ser Iglesia, tenemos que corregir y ser corregidos como hermanos, incluso por la comunidad si es necesario. Se trata de buscar por todos los medios que el que se ha perdido en la oscuridad del pecado pueda ver: primero tú solo, luego lleva un testigo, luego la comunidad, nos dice este Evangelio. Si no sabes que vas a oscuras ¿cómo podrás salir de la oscuridad?
Si no corriges serás cómplice del mal y del pecado que ves a tu alrededor. Y, si lo haces, la responsabilidad no será tuya, ni de la comunidad. Si te dejas corregir, crecerás y podrás acoger la salvación de Jesús. Jesús da a la comunidad el poder de atar y desatar. Como anteriormente había hecho con Pedro. Las decisiones no serán arbitrarías sino con el mismo poder de Jesús.
Finalmente recoge Mateo una frase de Jesús sobre la oración de petición o de intercesión. Y sobre su presencia en la comunidad unida en oración. Con estas dos frases te propongo un ejercicio: ponlas en práctica con fe y verás que la Palabra de Dios no falla. Con tu marido o tu mujer, con tus hijos, con tus amigos, con la gente de tu comunidad o parroquia… Cuando te cuenten un problema, cuando necesiten algo, reza con esa persona. Una de las experiencias bonitas que he tenido es precisamente terminar algunas conversaciones con un momento de oración, con palabras muy sencillas, recogiendo lo que hemos hablado. Prueba y verás.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Lunes 12 de agosto

Lunes, 12 de agosto
XIX semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Mateo 17, 21-26
En aquel tiempo, mientras Jesús y los discípulos recorrían juntos la Galilea, les dijo Jesús: Al Hijo del Hombre lo van a entregar en manos de los hombres, lo matarán, pero resucitará al tercer día. Ellos se pusieron muy tristes.
Cuando llegaron a Cafarnaún, los que cobraban el impuesto de las dos dracmas se acercaron a Pedro y le preguntaron: ¿Vuestro Maestro no paga las dos dracmas? Contestó: Sí.
Cuando llegó a casa, Jesús se adelantó a preguntarle: ¿Qué te parece, Simón? Los reyes del mundo, ¿a quién le cobran impuestos y tasas, a sus hijos o a los extraños? Contestó: A los extraños. Jesús le dijo: Entonces, los hijos están exentos. Sin embargo, para no darles mal ejemplo, ve al lago, echa el anzuelo, coge el primer pez que pique, ábrele la boca y encontrarás una moneda de plata. Cógela y págales por mí y por ti.

Pistas: El Evangelio de hoy nos cuenta dos acontecimientos. Primero, el segundo anuncio de Jesús sobre su pasión, muerte y resurrección. Ellos no entienden nada y se entristecen. La noticia de la resurrección, que será causa de una gran alegría, va precedida de tristeza. Jesús les avisa de lo que va a venir, quiere que se vayan preparando.
Luego encontramos este relato sobre el impuesto de las dracmas. Se trata de un impuesto para el Templo (lo cobraban los judíos). Jesús cumple la Ley, pero afirmando su independencia sobre ella. Y Pedro responde afirmativamente a la pregunta. Es muy curioso lo que sucede a continuación. Jesús se adelanta a cualquier pregunta de Pedro. Los reyes no cobran impuestos a su familia, lo hacen a sus súbditos. Los romanos no cobraban impuestos a los ciudadanos romanos sino a los aliados, las provincias y los territorios conquistados. Jesús da a entender que Él y los suyos están exentos de este impuesto. Pero Él decide entregarlo.
Hoy nos deja Jesús la idea de que los hijos no obedecen por ley, sino que lo hacen libremente. Como Jesús no obedece al Padre por ley, sino que se entrega por amor y con libertad. Así nosotros, como discípulos suyos, también estamos llamados a esa misma libertad.
Fiarse de Jesús nos llevará a cosas sorprendentes. Por ejemplo, a mirar más allá de nuestros derechos, al bien de los demás. Y si seguimos a Jesús descubriremos que Él nunca falla.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Domingo 11 de agosto

Domingo 11 de agosto
XIX domingo del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Lucas 12, 32-48
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
—«No temas, pequeño rebaño, porque vuestro Padre ha tenido a bien daros el reino.
Vended vuestros bienes y dad limosna; haceos talegas que no se echen a perder, y un tesoro inagotable en el cielo, adonde no se acercan los ladrones ni roe la polilla. Porque donde está vuestro tesoro allí estará también vuestro corazón.
Tened ceñida la cintura y encendidas las lámparas. Vosotros estad como los que aguardan a que su señor vuelva de la boda, para abrirle apenas venga y llame.
Dichosos los criados a quienes el señor, al llegar, los encuentre en vela; os aseguro que se ceñirá, los hará sentar a la mesa y los irá sirviendo.
Y, si llega entrada la noche o de madrugada y los encuentra así, dichosos ellos.
Comprended que si supiera el dueño de casa a qué hora viene el ladrón, no le dejaría abrir un boquete.
Lo mismo vosotros, estad preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre.» Pedro le preguntó:
—«Señor, ¿has dicho esa parábola por nosotros o por todos?» El Señor le respondió:
—«¿Quién es el administrador fiel y solícito a quien el amo ha puesto al frente de su servidumbre para que les reparta la ración a sus horas?
Dichoso el criado a quien su amo, al llegar, lo encuentre portándose así. Os aseguro que lo pondrá al frente de todos sus bienes.
Pero si el empleado piensa: «Mi amo tarda en llegar», y empieza a pegarles a los mozos y a las muchachas, a comer y beber y emborracharse, llegará el amo de ese criado el día y a la hora que menos lo espera y lo despedirá, condenándolo a la pena de los que no son fieles.
El criado que sabe lo que su amo quiere y no está dispuesto a ponerlo por obra recibirá muchos azotes; el que no lo sabe, pero hace algo digno de castigo, recibirá pocos.
Al que mucho se le dio, mucho se le exigirá; al que mucho se le confió más se le exigirá.»

Pistas: ¿Dónde está tu tesoro? Es decir: ¿Qué es lo más importante de tu vida? ¿Cuál es el centro de tus preocupaciones? ¿A qué dedicas tu tiempo y energía? ¿Dónde pones tus seguridades? Responde con sinceridad a estas preguntas para poder comprender a Jesús.
“No temas”, dice Jesús. No tengas miedo a vivir como Él enseña. ¿El dinero? No puede hacerte feliz ¿Los placeres, el poder, el tener, las seguridades mundanas? No pueden hacerte feliz, no pueden ser tu tesoro. Por eso, vende todo eso y da limosna. Es decir, vive en el amor. Porque de esto se trata, éste es el tesoro: que Dios te ama y te invita a vivir en el amor. Vivir como Jesús enseña, eso sí te hará tener un verdadero tesoro. Y todas las demás cosas de tu vida se convertirán en algo más valioso, porque no te robarán la felicidad que estará puesta en Jesús.
Todo se termina, no llena, no sacia ¡Qué fácil es acomodarse! ¡Qué fácil es pensar: “vale, pero empiezo mañana… ahora prefiero seguir con mi manera de hacer las cosas». Jesús te dice hoy: date cuenta (el ladrón y el boquete). Si supieras que mañana te vas a morir ¿cambiarías muchas cosas? Pues cámbialas ya. No esperes a mañana. Estate preparado. Llena tu corazón, tu tesoro, de cosas que merezcan la pena (y sólo merecen la pena las que Jesús enseña porque el resto vacían el corazón, producen frustración y hartazgo, porque no pueden darte eternidad).
Ya llevas un camino con Jesús, como los discípulos que le han preguntado. A ti te dice el Señor: se te ha dado mucho, mucho se te pedirá. Así que levántate, estate en vela, llena tu corazón de Dios, ora, fortalécete interiormente para poder vivir como Jesús enseña. Y así tendrás un verdadero tesoro.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.