II Domingo de Adviento

Evangelio según san Lucas 3,1-6.

En el año quince del reinado del emperador Tiberio, siendo Poncio Pilato gobernador de Judea, y Herodes virrey de Galilea, y su hermano Felipe virrey de Iturea y Traconítide, y Lisanio virrey de Abilene, bajo el sumo sacerdocio de Anás y Caifás, vino la palabra de Dios sobre Juan, hijo de Zacarías, en el desierto.
Y recorrió toda la comarca del Jordán, predicando un bautismo de conversión para perdón de los pecados, como está escrito en el libro de los oráculos del profeta Isaías: «Una voz grita en el desierto: Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos; elévense los valles, desciendan los montes y colinas; que lo torcido se enderece, lo escabroso se iguale. Y todos verán la salvación de Dios.»

Miércoles 5 de diciembre

Miércoles, 5 de diciembre
I semana de Adviento

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Isaías 25, 6-10a
Aquel día, el Señor de los ejércitos preparará para todos los pueblos, en este monte, un festín de manjares suculentos, un festín de vinos de solera; manjares enjundiosos, vinos generosos. Y arrancará en este monte el velo que cubre a todos los pueblos, el paño que tapa a todas las naciones. Aniquilará la muerte para siempre. El Señor Dios enjugará las lágrimas de todos los rostros, y el oprobio de su pueblo lo alejará de todo el país. —Lo ha dicho el Señor—. Aquel día se dirá: «Aquí está nuestro Dios, de quien esperábamos que nos salvara; celebremos y gocemos con su salvación. La mano del Señor se posará sobre este monte.»

Pistas: El Señor vencerá. Preparará un festín, un banquete en ese monte (Sión). Todos los pueblos podrán ver y conocer al Señor (allí en ese banquete caerá el velo que cubre a los pueblos). La muerte será vencida para siempre. La tristeza y el oprobio también. Es Dios que salva. Y esto es motivo de celebración y de gozo.
A qué te suena ese banquete. Cuando Jesús multiplica los panes y los peces -nos dice el Evangelio que se lee en la misa de hoy-, cuando en la Última Cena Jesús parte el Pan y reparte el Vino, porque va a vencer a la muerte, aniquilada para siempre. Al banquete del Reino de los Cielos del que habla Jesús en tantas ocasiones.
Jesús es ese monte, es el banquete, es el vencedor, es la salvación, es el motivo para celebrar y gozar. Enjugará las lágrimas de tus ojos, arrancará el velo que te ciega. Y no sólo a ti, sino a toda la sociedad si se acerca a Él.
Las promesas del Señor se cumplen y siguen siendo actuales, son también para nuestro tiempo, iluminadas por la luz de Jesús y con la fuerza del Espíritu Santo. Vuelve a leer la lectura y deja que Dios te hable para tu vida y tus decisiones. Y respóndele con tu oración.

Relee la lectura, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Martes 4 de diciembre

Martes, 4 de diciembre
San Juan Damasceno, presbítero y doctor de la iglesia

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Lectura del libro de Isaías 11, 1-10
Aquel día, brotará un renuevo del tronco de Jesé, y de su raíz florecerá un vástago.
Sobre él se posará el espíritu del Señor: espíritu de prudencia y sabiduría, espíritu de consejo y valentía, espíritu de ciencia y temor del Señor. Le inspirará el temor del Señor.
No juzgará por apariencias ni sentenciará sólo de oídas; juzgará a los pobres con justicia, con rectitud a los desamparados.
Herirá al violento con la vara de su boca, y al malvado con el aliento de sus labios. La justicia será cinturón de sus lomos, y la lealtad, cinturón de sus caderas.
Habitará el lobo con el cordero, la pantera se tumbará con el cabrito, el novillo y el león pacerán juntos: un muchacho pequeño los pastorea.
La vaca pastará con el oso, sus crías se tumbarán juntas; el león comerá paja con el buey.
El niño jugará en la hura del áspid, la criatura meterá la mano en el escondrijo de la serpiente.
No harán daño ni estrago por todo mi monte santo: porque está lleno el país de ciencia del Señor, como las aguas colman el mar.
Aquel día, la raíz de Jesé se erguirá como enseña de los pueblos: la buscarán los gentiles, y será gloriosa su morada.

Pistas: Jesé es el padre del rey David del que descendieron los reyes de Judá. La lectura describe cómo es el rey ideal de ese linaje. El espíritu es la ruah, el aliento de vida. Estará lleno de los dones de Dios, conocimiento, sabiduría, poder… Y con él llegará el reinado de Dios. Un nuevo orden de las cosas.
Nuevamente los símbolos e imágenes que usa el profeta nos invitan a soñar: un mundo justo con un juez justo donde se protege al desamparado. Juzga la palabra de su boca y con el aliento de sus labios (no con violencia ni imposición). Un mundo en paz, un paraíso (como el que describe el libro del Génesis). En el que todos podrán conocer al Señor (“está lleno el país de la ciencia del Señor”). Y, finalmente, esto será para todos, no sólo para los judíos. Porque el renuevo del tronco de Jesé “se erguirá como enseña de los pueblos”.
El Evangelio de la misa de hoy dice que Jesús es quien revela a Dios, quien muestra a Dios. El que ve al Hijo ve al Padre. Es Jesús quien hace presente de un modo completamente asombroso todo lo que el profeta Isaías anuncia. Y a sus discípulos les dice: «¡Dichosos los ojos que ven lo que vosotros veis! Porque os digo que muchos profetas y reyes desearon ver lo que veis vosotros, y no lo vieron; y oír lo que oís, y no lo oyeron».
La lectura de hoy nos lleva a Jesús. Él está lleno del Espíritu Santo, y a través de Él todos podemos llenarnos del Espíritu y sus dones (todos conoceremos a Dios). Si los hombres viviéramos como Jesús enseña ¿no sería el mundo parecido a lo que anuncia el profeta? Jesús lucha contra la mediocridad y las apariencias. Y, finalmente, se alza como enseña de los pueblos, por su muerte y resurrección.
¿Quieres construir un mundo como el que anuncia el profeta? El camino es Jesús. Reza y camina con Él.

Relee la lectura, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Lunes 3 de diciembre

Lunes, 3 de diciembre
San Francisco Javier, presbítero

En el Adviento las primeras lecturas son muy importantes porque ayudan a entender que Jesús es el cumplimiento de las promesas del Antiguo Testamento. La esperanza de salvación se ve cumplida en Cristo. Por eso en este tiempo pasaremos del Evangelio a la primera lectura (excepto los domingos). Además, esto te ayudará a rezar no sólo con el Evangelio sino con toda la Palabra de Dios.

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Lectura del libro de Isaías 2, 1-5
Visión de Isaías, hijo de Amós, acerca de Judá y de Jerusalén: Al final de los días estará firme el monte de la casa del Señor, en la cima de los montes, encumbrado sobre las montañas.
Hacia él confluirán los gentiles, caminarán pueblos numerosos. Dirán: «Venid, subamos al monte del Señor, a la casa del Dios de Jacob: él nos instruirá en sus caminos y marcharemos por sus sendas; porque de Sión saldrá la ley, de Jerusalén, la palabra del Señor.»
Será el árbitro de las naciones, el juez de pueblos numerosos. De las espadas forjarán arados, de las lanzas, podaderas. No alzará la espada pueblo contra pueblo, no se adiestrarán para la guerra. Casa de Jacob, ven, caminemos a la luz del Señor.

Pistas: Isaías anuncia que el templo del Señor será el centro hacia el que confluirán los gentiles, y que allí podrán encontrar el camino del Señor. Siempre está la tentación de la idolatría como solución a las dificultades, pero el profeta promete un futuro en el que el Señor será maestro de todos (judíos y extranjeros) y todos podrán caminar a la luz del Señor y en paz.
Si damos un salto al Nuevo Testamento, Jesús dice de sí mismo que Él es el templo (destruid este templo y en tres días lo levantaré –hablando de su muerte y resurrección-), Él es el “lugar” de encuentro con Dios. Todo lo demás son ídolos y falsas soluciones. Jesús es el único camino hacia la paz, hacia la verdad y la luz. La promesa del profeta se cumplirá de un modo extraordinario en Jesús.
La invitación final de Isaías puede resonar hoy en tu corazón, y tal vez te sirva como respuesta a la oración que repetiremos tantas veces en adviento: “Ven, Señor”. Isaías te dice: “Caminemos a la luz del Señor”. En tu comunidad, en tu parroquia, en tu vida, ponte a la luz del Señor y camina.

Relee la lectura, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Domingo 2 de diciembre

Domingo, 2 de diciembre
I domingo de Adviento

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Lucas 21, 25-28. 34-36
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Habrá signos en el sol y la luna y las estrellas, y en la tierra angustia de las gentes, enloquecidas por el estruendo del mar y el oleaje. Los hombres quedaran sin aliento por el miedo y la ansiedad ante lo que se le viene encima al mundo, pues los astros se tambalearán.
Entonces verán al Hijo del hombre venir en una nube, con gran poder y majestad.
Cuando empiece a suceder esto, levantaos, alzad la cabeza: se acerca vuestra liberación.
Tened cuidado: no se os embote la mente con el vicio, la bebida y los agobios de la vida, y se os eche encima de repente aquel día; porque caerá como un lazo sobre todos los habitantes de la tierra.
Estad siempre despiertos, pidiendo fuerza para escapar de todo lo que está por venir y manteneros en pie ante el Hijo del hombre.»

Pistas: Este Evangelio nos habla del final de los tiempos, con un mensaje a la vez estremecedor y esperanzador, en el que Cristo y los suyos salen victoriosos.
Hoy la liturgia de la Iglesia comienza el Adviento, un tiempo de preparación para la Navidad. Y te invitará a repetir: “Ven, Señor”.
La lectura de hoy nos enseña que aunque todo se tambalee, aunque te parezca difícil o imposible, pase lo que pase, si eres discípulo de Jesús, si Jesús viene: levántate, alza la cabeza, despierta, ponte en pie. Y si Jesús viene, el mal es derrotado y todo lo bueno, lo bello, lo verdadero, la vida, vencerá. La oscuridad siempre es vencida por la luz.
Puedes orar con esta frase: “Estad siempre despiertos”. La Iglesia te ofrece un tiempo para despertar, para darte cuenta del regalo que ha sido que el Hijo de Dios se haga hombre (lo celebraremos en Navidad), para darte cuenta del regalo de la victoria de Jesús que será plena al final de la historia (Jesús que vendrá). Es el momento de preparar el camino, de revisar tu vida de fe, de abrir tu corazón para acoger a Jesús.
Y tú ¿qué tienes que hacer? Despertar, porque Él viene, a tu vida, a tu Iglesia, a tu familia, a tus problemas. Despierta y levántate, pide fuerzas y di: “Ven, Señor”, porque si Él viene, tuya es su victoria.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración

Sábado 1

Sábado 1 de diciembre
XXXIV semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Lucas 21, 34-36
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: Tened cuidado, no se os embote la mente con el vicio, la bebida y la preocupación del dinero, y se os eche encima de repente aquel día; porque caerá como un lazo sobre todos los habitantes de la tierra.
Estad siempre despiertos, pidiendo fuerza para escapar de todo lo que está por venir, y manteneos en pie ante el Hijo del Hombre.

Pistas: La mente se embota cuando no somos capaces de discernir entre el bien y el mal, entre lo conveniente y lo que nos hace daño. Y nos convierte en un tipo de personas que no queremos ser. Pero esto no sucede de la noche a la mañana. Por eso, hay que estar despiertos para verlo venir.
Piensa en los momentos en los que te has acabado dejando llevar y tu actitud desembocó en el pecado o en el mal, haciéndote sufrir, convirtiéndote en alguien malo o mediocre. Siempre han empezado poco a poco. Con pequeñas concesiones que no parecían malas. Digamos que se deja de buscar lo mejor para conformarse con lo que no es malo… Y poco a poco, sin que se enciendan luces rojas, comienza a embotarse la mente. Comienzas a perder tu identidad de discípulo de Jesús, a vivir como los que no tienen fe. A poner excusas para tu pecado y mediocridad. Es como andar en tinieblas, no distingues lo bueno de lo malo, no sabes qué dirección tomar y acabas perdiendo el norte.
Jesús avisa hoy a sus discípulos: estad despiertos, pedid fuerzas para escapar del mal, del pecado y poder estar en pie.
¡Qué bonito es esto! Poder estar en pie ante Jesús, dejando que te mire con amor, sin que sientas vergüenza. Cuando uno se ha equivocado no quiere alzar la mirada, no se siente digno, no se ve capaz de resistir la mirada del otro. Pero si eres discípulo de Jesús tienes que estar en pie, vigilante, dispuesto, fiel. Y el camino es el de siempre: pasar tiempo con Jesús, rezar, convertirse día a día viviendo en la verdad. Entonces ¿qué prefieres? ¿estar embotado o despierto?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración