Viernes 14 de diciembre

Viernes 14 de diciembre
San Juan de la Cruz, presbítero y doctor de la Iglesia

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Isaías 48, 17-19
Así dice el Señor, tu redentor, el Santo de Israel:
«Yo, el Señor, tu Dios, te enseño para tu bien, te guío por el camino que sigues. Si hubieras atendido a mis mandatos, seria tu paz como un río, tu justicia como las olas del mar; tu progenie sería como arena, como sus granos, los vástagos de tus entrañas; tu nombre no sería aniquilado ni destruido ante mí.»

Pistas: El Señor, el que redime, el que salva. Guía en el camino. No sólo ha llamado y elegido a su pueblo, sino que quiere enseñar a recorrer el camino.
Atender a sus mandatos, es decir, buscar su voluntad, traerá una paz que es como un río, que da vida, que limpia. La justicia –la salvación- que traerá será como las olas del mar, no cesará. Hará fecundo a aquel que la escuche, como la arena. Y ¡qué bonito! dará un nombre que no será aniquilado ni destruido. Permitirá poder presentarse ante Dios con un nombre, esto es, siendo alguien.
El camino parece que será cumplir unas normas, pero nosotros sabemos que el camino es seguir a Jesús, ser discípulo suyo. Si te encuentras con Jesús y le sigues, las promesas de la lectura de hoy son serán realidad en tu vida, en tu comunidad, en la Iglesia. Que no sean sólo una promesa de lo que pudo haber sido y no fue, un "si hubieras…".

Relee la lectura, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Jueves 13 de diciembre

Jueves 13 de diciembre
Santa Lucia

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Isaías 41, 13-20
Yo, el Señor, tu Dios, te agarro de la diestra y te digo: «No temas, yo mismo te auxilio.»
No temas, gusanito de Jacob, oruga de Israel, yo mismo te auxilio —oráculo del Señor—, tu redentor es el Santo de Israel.
Mira, te convierto en trillo aguzado, nuevo, dentado: trillarás los montes y los triturarás; harás paja de las colinas; los aventarás, y el viento los arrebatará, el vendaval los dispersará; y tú te alegrarás con el Señor, te gloriarás del Santo de Israel.
Los pobres y los indigentes buscan agua, y no la hay; su lengua está reseca de sed. Yo, el Señor, les responderé; yo, el Dios de Israel, no los abandonaré. Alumbraré ríos en cumbres peladas; en medio de las vaguadas, manantiales; transformaré el desierto en estanque y el yermo en fuentes de agua; pondré en el desierto cedros, y acacias, y mirtos, y olivos; plantaré en la estopa cipreses, y olmos y alerces, juntos. Para que vean y conozcan, reflexionen y aprendan de una vez, que la mano del Señor lo ha hecho, que el Santo de Israel lo ha creado.

Pistas: ¿Te sientes pequeño, insignificante? ¿parece que nada va a cambiar ni en tu vida, ni en el mundo? ¿parece que da igual creer o no, ser fiel o no? ¿ves tu pobreza e indigencia? ¿estás sediento? ¿parece que caminas por el desierto?
La Palabra de Dios es para ti. “No temas”, te dice el Señor: “No temas, yo mismo te auxilio”. Él te agarra para guiarte y sostenerte. Eres pequeño, débil, somos pocos… Pero Dios está contigo, tienes un redentor. No te abandonará. Te responderá. Hará brotar ríos en el desierto. No sólo eso, habrá vida, un paraíso. Todo será nuevo.
Las promesas del Señor son para ti, son para su Iglesia, para su pueblo: promete estar contigo. Promete que triturarás los montes. Superarás las dificultades. Podrás alegrarte con tu Dios.
Dios cumple sus promesas. Pídeselo, para ti, para tu parroquia, para tu comunidad, para nuestro mundo ¿Cuántos se sienten necesitados o buscan sin saber que la respuesta es Jesús? ¿cuántos sedientos, pobres, perdidos…? Necesitan ver que la mano de Dios está con los que confían en Él. Para que “vean y conozcan, reflexionen y aprendan de una vez, que la mano del Señor lo ha hecho”.
Dios no falla. Pídele que cumpla sus promesas para ti.

Relee la lectura, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Miércoles 12 de diciembre

Miércoles 12 de diciembre

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Isaías 40, 25-31
«¿A quién podéis compararme, que me asemeje?», dice el Santo. Alzad los ojos a lo alto y mirad: ¿Quién creó aquello? El que cuenta y despliega su ejército y a cada uno lo llama por su nombre; tan grande es su poder, tan robusta su fuerza, que no falta ninguno.
¿Por qué andas hablando, Jacob, y diciendo, Israel: «Mi suerte está oculta al Señor, mi Dios ignora mi causa»? ¿Acaso no lo sabes, es que no lo has oído? El Señor es un Dios eterno y creó los confines del orbe. No se cansa, no se fatiga, es insondable su inteligencia. Él da fuerza al cansado, acrecienta el vigor del inválido; se cansan los muchachos, se fatigan, los jóvenes tropiezan y vacilan; pero los que esperan en el Señor renuevan sus fuerzas, echan alas como las águilas, corren sin cansarse, marchan sin fatigarse.

Pistas: El pueblo que está en el destierro, por este mismo motivo, desconfía de Dios. Y el profeta les recuerda: ¿Acaso no creó Él todo? ¿acaso Dios va a abandonar a su pueblo?
Dios es Dios, es eterno, es el creador, no se cansa, no se fatiga, es insondable… Pero, a la vez, da fuerza al débil y al que se cree incapaz. Los que aparentemente son fuertes y no necesitan ayuda (los muchachos, los jóvenes) se cansan, se fatigan, tropiezan, vacilan. Pero el que pone su confianza en el Señor, tiene otra visión de las cosas (“como las águilas”), corren sin cansarse, marchan sin fatigarse.
Mira nuestra sociedad, mira tu vida ¿A quién te pareces más? ¿al pueblo derrotado, que desconfía? ¿o al que es capaz de alzar la mirada hacia Dios? ¿al que pone su confianza en sus fuerzas y capacidades? ¿o al que sabe que en Dios tiene nuevas fuerzas, nueva visión, nuevos caminos?
En el Evangelio de Mateo dice Jesús: «Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis vuestro descanso. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera.». Él es el cumplimiento pleno de las promesas de los profetas. Él es la respuesta, la solución, el camino… para el que está cansado, perdido, desesperado, el que se siente sin hogar, sin fuerzas.
La queja es una tentación. Nos lleva a desconfiar de Dios al ver tanto mal en el mundo o en nuestra vida. A sentirnos perdidos o excesivamente seguros en nuestras fuerzas o capacidades, que no pueden salvarnos ni darnos una solución. Por ello, la pregunta del profeta nos vale también a nosotros: ¿Acaso no lo sabes? ¿quién es la respuesta?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Martes 11 de diciembre

Martes 11 de diciembre

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Isaías 40, 1-11
«Consolad, consolad a mi pueblo —dice vuestro Dios—; hablad al corazón de Jerusalén, gritadle, que se ha cumplido su servicio, y está pagado su crimen, pues de la mano del Señor ha recibido doble paga por sus pecados.»
Una voz grita: «En el desierto preparadle un camino al Señor; allanad en la estepa una calzada para nuestro Dios; que los valles se levanten, que montes y colinas se abajen, que lo torcido se enderece y lo escabroso se iguale. Se revelará la gloria del Señor, y la verán todos los hombres juntos —ha hablado la boca del Señor—.»
Dice una voz: «Grita.» Respondo: «¿Qué debo gritar?» «Toda carne es hierba y su belleza como flor campestre: se agosta la hierba, se marchita la flor, cuando el aliento del Señor sopla sobre ellos; se agosta la hierba, se marchita la flor, pero la palabra de nuestro Dios permanece por siempre.»
Súbete a un monte elevado, heraldo de Sión; alza fuerte la voz, heraldo de Jerusalén; álzala, no temas, di a las ciudades de Judá: «Aquí está vuestro Dios. Mirad, el Señor Dios llega con poder, y su brazo manda. Mirad, viene con él su salario, y su recompensa lo precede. Como un pastor que apacienta el rebaño, su brazo lo reúne, toma en brazos los corderos y hace recostar a las madres.».

Pistas: El pueblo judío está en el exilio y el profeta anuncia que Dios envía consuelo, que manda gritar a su pueblo que ya está cumplido, que se acaba el exilio. Ya han pagado y viene un nuevo tiempo.
Es un camino que hay que preparar. Vendrá, sí, porque la palabra de Dios no falla. Pero vendrá a aquellos que sepan preparar el camino. Juan el Bautista anunciará esto mismo, la necesidad de preparar el camino -recuerda el Evangelio del domingo- y Jesús dirá de sí mismo que Él es el camino.
¿Qué debe gritar el profeta? Que sólo en Dios hay salvación, que su palabra permanece por siempre y lo demás es fugaz.
Fíjate en la última frase que Dios manda anunciar al profeta desde lo alto y sin temor: «Aquí está vuestro Dios. Mirad, el Señor Dios llega con poder, y su brazo manda. Mirad, viene con él su salario, y su recompensa lo precede. Como un pastor que apacienta el rebaño, su brazo lo reúne, toma en brazos los corderos y hace recostar a las madres.». Los primeros cristianos vieron en Jesús el cumplimiento de esta promesa.
Que hoy resuene en tu corazón nuevamente la promesa de Isaías. La palabra de Dios no pasa, permanece y se cumple. Prepárale el camino.

Relee la lectura, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

III Domingo de Adviento

Evangelio según san Lucas 3,10-18.

En aquel tiempo, la gente preguntaba a Juan: «¿Entonces, qué hacemos?»
Él contestó: «El que tenga dos túnicas, que se las reparta con el que no tiene; y el que tenga comida, haga lo mismo.»
Vinieron también a bautizarse unos publicanos y le preguntaron: «Maestro, ¿qué hacemos nosotros?»
Él les contestó: «No exijáis más de lo establecido.»
Unos militares le preguntaron: «¿Qué hacemos nosotros?»
Él les contestó: «No hagáis extorsión ni os aprovechéis de nadie, sino contentaos con la paga.»
El pueblo estaba en expectación, y todos se preguntaban si no sería Juan el Mesías; él tomó la palabra y dijo a todos: «Yo os bautizo con agua; pero viene el que puede más que yo, y no merezco desatarle la correa de sus sandalias. Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego; tiene en la mano el bieldo para aventar su parva y reunir su trigo en el granero y quemar la paja en una hoguera que no se apaga.»
Añadiendo otras muchas cosas, exhortaba al pueblo y le anunciaba el Evangelio.

Lunes 10 de diciembre

Lunes 10 de diciembre

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Isaías 35, 1-10
El desierto y el yermo se regocijarán, se alegrarán el páramo y la estopa, florecerá como flor de narciso, se alegrará con gozo y alegría. Tiene la gloria del Líbano, la belleza del Carmelo y del Sarión. Ellos verán la gloria del Señor, la belleza de nuestro Dios.
Fortaleced las manos débiles, robusteced las rodillas vacilantes; decid a los cobardes de corazón: «Sed fuertes, no temáis. Mirad a vuestro Dios, que trae el desquite; viene en persona, resarcirá y os salvará.»
Se despegarán los ojos del ciego, los oídos del sordo se abrirán, saltará como un ciervo el cojo, la lengua del mudo cantará. Porque han brotado aguas en el desierto, torrentes en la estopa; el páramo será un estanque, lo reseco, un manantial.
En el cubil donde se tumbaban los chacales brotarán cañas y juncos. Lo cruzará una calzada que llamarán Vía Sacra: no pasará por ella el impuro, y los inexpertos no se extraviarán.
No habrá por allí leones, ni se acercarán las bestias feroces; sino que caminarán los redimidos, y volverán por ella los rescatados del Señor.
Vendrán a Sión con cánticos: en cabeza, alegría perpetua; siguiéndolos, gozo y alegría. Pena y aflicción se alejarán.

Pistas: El profeta utiliza imágenes de alegría, de vida, de gloria y prosperidad, de belleza. Que los débiles y los vacilantes, que los cobardes, cambien de actitud. Habrá signos: los cojos, los ciegos, los mudos, se curarán. Lo seco tendrá vida. El inexperto encontrará el camino.
Léelo despacio e imagínate cada una de estas imágenes y piensa lo que pueden simbolizar para un pueblo que ha sido conquistado y vive en el destierro. Lo ha perdido todo. Y el profeta promete en nombre de Dios la salvación, el regreso, gozo, alegría, vida, salud… “Mirad a vuestro Dios, que trae el desquite; viene en persona, resarcirá y os salvará”.
El Evangelio que hoy acompaña a esta lectura nos cuenta la curación de un paralítico al que unos hombres llevan ante Jesús, que estaba enseñando dentro de una casa. Quitan unas losetas del tejado y lo descuelgan. Jesús, al ver la fe que tienen, le dice al hombre: “Tus pecados te están perdonados” y después, ante las críticas de los fariseos, le manda: «Levántate y anda». Y queda curado.
Lo que promete Isaías se cumple plenamente en Jesús. Al rezar con este texto puedes pensar en cómo esto es efectivamente así. Jesús da mucho más al paralítico cuya curación nos cuenta el Evangelio. No sólo le sana exteriormente, sino que cambia su corazón perdonando sus pecados. Algo que sólo Dios puede hacer: “Vuestro Dios… viene en persona y os salvará”.
Puedes dar un paso más. Mira a tu propia vida. ¿Cuántas veces es un desierto? ¿Cuántas veces necesitas lo que promete el profeta: alegría, gozo, vida, fuerza, valor, plenitud… salvación? Y la respuesta es siempre la misma: Jesús. Acércate a Él porque sus promesas son para ti. Prepara el camino.

Relee la lectura, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Domingo 9 de diciembre

Domingo 9 de diciembre
II domingo de Adviento

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Lucas 3, 1-6
En el año quince del reinado del emperador Tiberio, siendo Poncio Pilato gobernador de Judea, y Herodes virrey de Galilea, y su hermano Felipe virrey de Iturea y Traconítide, y Lisanio virrey de Abilene, bajo el sumo sacerdocio de Anás y Caifás, vino la palabra de Dios sobre Juan, hijo de Zacarías, en el desierto.
Y recorrió toda la comarca del Jordán, predicando un bautismo de conversión para perdón de los pecados, como está escrito en el libro de los oráculos del profeta Isaías:
«Una voz grita en el desierto: Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos; elévense los valles, desciendan los montes y colinas; que lo torcido se enderece, lo escabroso se iguale. Y todos verán la salvación de Dios.»

Pistas: Juan el Bautista, justo antes de que Jesús comience su vida pública, invita a la conversión. San Lucas sitúa el momento histórico. Dios actúa en la historia. Esto no es un cuento que comienza “érase una vez…”. También en tu historia personal quiere Dios actuar y tiene hoy una palabra para ti.
Es muy bonita la imagen de Isaías: igualar, allanar, preparar el camino porque el Señor viene ¿Qué tienes que preparar en tu vida? ¿Qué tienes que allanar, elevar o descender en tu vida? Prepara el camino de tu corazón al Señor, que viene a salvarte.
“Todos verán la salvación de Dios”. No es sólo para ti, es para todos. Jesús vendrá a ofrecer su salvación a todos. Y si tú le preparas el camino, otros podrán ver la salvación de Dios ¿Qué te está pidiendo Dios en la Iglesia, en tu parroquia o comunidad? ¿Qué personas hay a tu alrededor que necesiten ver la salvación de Dios?
Prepara el camino al Señor que viene, siempre viene, a mostrarte su salvación, a darte su vida y su gracia.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Sábado 8 de diciembre

Sábado 8 de diciembre
Solemnidad de la Inmaculada Concepción de la Bienaventurada Virgen María

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Lucas 1, 26-38
En aquel tiempo, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la estirpe de David; la virgen se llamaba María.
El ángel, entrando en su presencia, dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.» Ella se turbó ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquél.
El ángel le dijo: «No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin.» Y María dijo al ángel: «¿Cómo será eso, pues no conozco a varón?»
El ángel le contestó: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer se llamará Hijo de Dios. Ahí tienes a tu pariente Isabel, que, a pesar de su vejez, ha concebido un hijo, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, porque para Dios nada hay imposible.»
María contestó: «Aquí está la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.» Y la dejó el ángel.

Pistas: María es una de las protagonistas de este tiempo de Adviento. Hoy la Iglesia celebra la Inmaculada Concepción de la Virgen María y nos invita a acercarnos a este Evangelio. Hay muchos detalles en el relato de San Lucas que pueden inspirarte para rezar.
Dios envía a un ángel (un mensajero). Quizás también los envíe a tu vida. Lo envía para anunciar algo asombroso a una muchacha de Nazaret desposada con un descendiente de David (de cuya descendencia nacería el Mesías). En ese pueblecito, en la vida de esa familia humilde… ahí Dios actuará.
Jesús será alguien tan grande que Dios quiere mostrar que será así: tendrá el trono, reinará para siempre, su reino no tendrá fin.
El regalo del nacimiento que va a suceder supera las fuerzas del hombre. Por eso nace de una virgen, por eso José -el descendiente de David- es el esposo de María, la Virgen Madre.
El saludo del ángel es uno de los argumentos para entender que María es Inmaculada. O, lo que es lo mismo, está llena de gracia. En ella no hay lugar para el pecado. Pero a pesar de esta elección especial, podemos decir que Dios le pide permiso y María con su “sí” ratifica todo lo que Dios le ha regalado: “Aquí está la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra”.
Y lo imposible se hace posible: una virgen será madre, el Hijo de Dios se hará hombre. La anciana y estéril Isabel será madre también.
Te invito a que releas el Evangelio y te quedes con una frase o una idea, algo que te impresione, que te llame la atención, para alabar a Dios y darle gracias, o para contemplar a María y pedir su intercesión. O quizás surja en tu corazón el deseo de pedirle a Dios que lo imposible se haga posible también en tu vida, o decirle que “sí” a algo que te está pidiendo. Deja que la Palabra de Dios te hable una vez más y respóndele con tu oración.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Viernes 7 de diciembre

Viernes 7 de diciembre
San Ambrosio, obispo y doctor de la iglesia

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Isaías 29, 17-24
Así dice el Señor: «Pronto, muy pronto, el Líbano se convertirá en vergel, el vergel parecerá un bosque; aquel día, oirán los sordos las palabras del libro; sin tinieblas ni oscuridad verán los ojos de los ciegos. Los oprimidos volverán a alegrarse con el Señor, y los más pobres gozarán con el Santo de Israel; porque se acabó el opresor, terminó el cínico; y serán aniquilados los despiertos para el mal, los que van a coger a otro en el hablar y, con trampas, al que defiende en el tribunal, y por nada hunden al inocente.»
Así dice a la casa de Jacob el Señor, que rescató a Abrahán: «Ya no se avergonzará Jacob, ya no se sonrojará su cara, pues, cuando vea mis acciones en medio de él, santificará mi nombre, santificará al Santo de Jacob y temerá al Dios de Israel. Los que habían perdido la cabeza comprenderán, y los que protestaban aprenderán la enseñanza.»

Pistas: Imagina lo que ha prometido el Señor por medio del profeta Isaías. La salvación de Dios llega a todos los ámbitos: la naturaleza, los enfermos, los pobres y oprimidos, los tratados injustamente. Los malvados serán derrotados. Los que no entienden aprenderán, los que han perdido la cabeza comprenderán. Será tiempo de alegría, de gozo, de levantar la cabeza, para santificar y honrar a Dios.
Y si damos un salto al Nuevo Testamento ¿cuáles son los signos que Jesús realiza? Los ciegos ven, los cojos andan, los sordos oyen y a los pobres se les anuncia el Evangelio. Los demonios son expulsados y los pecadores se convierten. En Jesús se cumplieron las palabras del profeta.
Pero no sólo fue un espejismo que duró lo que estuvo Jesús en este mundo. Él prometió que la salvación que vino a traer -su Reino- continuaría después de Él. Y cumplió la promesa, venciendo a la muerte y enviando el Espíritu Santo.
Si tienes fe, si te acercas a Jesús y te llenas del Espíritu Santo, verás cómo en tu vida la Palabra de Dios se hace realidad. Fíjate en lo que Isaías anuncia que sucederá cuando llegue la salvación de Dios: alegría, gozo, victoria del bien, defensa del inocente, santificar el nombre de Dios (alabarle, glorificarle, ver su santidad y reconocerla) y “temer a Dios” (en la Biblia significa admirar su grandeza y obedecerle con amor), comprender y entender… Haz realidad en tu vida todo esto ¿Cómo? Acércate a Jesús y ora, y Él te guiará.

Relee la lectura, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Jueves 6 de diciembre

Jueves 6 de diciembre
San Nicolás, obispo

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Isaías 26, 1-6
Aquel día, se cantará este canto en el país de Judá:
«Tenemos una ciudad fuerte, ha puesto para salvarla murallas y baluartes: Abrid las puertas para que entre un pueblo justo, que observa la lealtad; su ánimo está firme y mantiene la paz, porque confía en ti. Confiad siempre en el Señor, porque el Señor es la Roca perpetua: doblegó a los habitantes de la altura y a la ciudad elevada; la humilló, la humilló hasta el suelo, la arrojó al polvo, y la pisan los pies, los pies del humilde, las pisadas de los pobres.».

Pistas: El día de la salvación habrá una ciudad fuerte en la que entrará un pueblo justo que es leal y fiel, que es firme y mantiene la paz. Un pueblo que confía en Dios. Para ese pueblo están las puertas abiertas. La Roca perpetua es el Señor, en quien hay que confiar. Es firme, seguro, no se tambalea. Y en esa ciudad el Señor humilla a los que están en la altura, y los que la pisan son los humildes y los pobres.
El Evangelio de la misa de hoy nos da una clave de interpretación de las palabras de profeta. Jesús dice que para entrar en el Reino de los Cielos, en la salvación, en la ciudad de la que habla el profeta, no basta con creer de palabra y decir: “Señor, Señor”. Es necesario buscar y cumplir la voluntad de Dios. No basta con apariencias o con meras palabras. Es necesario poner en práctica lo que Jesús enseña. Porque Él es la Roca. Y para que lo entiendan les cuenta la parábola del hombre sabio que edifica su casa sobre roca (así son los que cumplen su palabra) y los necios que lo hacen sobre arena.
Jesús es la puerta de entrada a la salvación y la ha abierto para los que se acerquen a Él. Pero sólo los humildes y los pobres pueden pisar esa ciudad. Porque pasar por Jesús implica un cambio de vida. Él te hace santo, Él te hace justo. Cristo es de fiar. Es Roca, es salvación y al que se acerca a Él lo salva.
Acércate a Jesús, alábale, reconoce su grandeza y pídele que te salve. Que sea tu roca, que te haga humilde… Ora.

Relee la lectura, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.