Jueves 19 de julio

Jueves 19 de julio
XV semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Mateo 11, 28-30
En aquel tiempo, Jesús exclamó: Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis vuestro descanso. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera.

Pistas: El camino para encontrar paz es estar cerca de Jesús y aprender de Él. Ésa es su promesa. Cargar con el yugo y aprender de Él requiere mansedumbre y humildad. Dicho de otra manera: aprender a ver la realidad, lo que nos sucede, con la mirada de Jesús.
Piensa en tu propia vida y pregúntate ¿cómo afrontaría Jesús esas situaciones? Rézale para que las ilumine. ¿Cuál es el yugo que debes cargar? ¿Cuáles las cosas contra las que debes luchar? Recuerda que la humildad es la verdad y la mansedumbre es ser capaz de controlar el enfado, la ira, desde la razón y con la fuerza del Espíritu Santo. No tiene nada que ver con consentir la injusticia o con dejarse llevar por las circunstancias.
Jesús no promete un camino fácil, sino uno que vas a ser capaz de llevarlo y para el que te dará las fuerzas necesarias. Lee el Evangelio pensando en tu vida y ora con Él.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Miércoles 18 de julio

Miércoles 18 de julio
XV semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Mateo 11, 25-27
En aquel tiempo, Jesús exclamó: Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y se las has revelado a la gente sencilla. Sí, Padre, así te ha parecido mejor. Todo me lo ha entregado mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.

Pistas: Lo que revela a los sencillos es el Reino de Dios. Y el camino para encontrarlo es la sencillez. Y por eso Jesús le da gracias al Padre.
Piénsalo un momento. No hace falta ser un doctor en Teología para poder encontrar a Jesús y entrar en el Reino de Dios. Ayer leíamos que los de Cafarnaún pensaban escalar al cielo, pero no lo lograrían. Porque esto es un regalo y, o se acepta con sencillez, o no se puede conseguir por las propias fuerzas. Y, por eso, sólo en el encuentro personal, en la escucha de la Palabra, en la vida cotidiana como discípulo de Jesús se puede recibir.
Sólo Jesús es el camino. A Él le ha entregado todo el Padre. Y, por eso, lo que haces cada día al rezar es entrar en ese camino de relación que te abre el acceso a la vida divina, a la salvación, a la Gracia de Dios.
Así que sigue profundizando en el encuentro con Jesús, día a día, como se hace con una amistad. Es un regalo de Dios que haya querido compartir contigo todo a través de Jesús. Si quieres, piensa en los aspectos de tu vida que Dios te está pidiendo que entregues para que te hagas sencillo. Y dale gracias por este regalo, alaba a Dios, entra en su presencia reconociendo su grandeza, su amor, su bondad…

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Martes 17 de julio

Martes 17 de julio
XV semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Mateo 11, 20-24
En aquel tiempo, se puso Jesús a recriminar a las ciudades donde había hecho casi todos sus milagros, porque no se habían convertido: ¡Ay de ti, Corozaín, ay de ti, Betsaida! Si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros que en vosotras, hace tiempo que se habrían convertido, cubiertas de sayal y ceniza. Os digo que el día del juicio les será más llevadero a Tiro y a Sidón que a vosotras. Y tú, Cafarnaún, ¿piensas escalar el cielo? Bajarás al Abismo. Porque si en Sodoma se hubieran hecho los milagros que en ti, habría durado hasta hoy. Os digo que el día del juicio le será más llevadero a Sodoma que a ti.

Pistas: Jesús critica la dureza de corazón de ciudades en las que ha estado predicando y haciendo milagros, y las compara con ciudades paganas y que son tenidas por pecadoras.
Un refrán español dice: “No hay peor ciego que el que no quiere ver”. Así les sucede a estos hombres, y tal vez a muchos hoy en día. Encerrados en su orgullo, en su “sabiduría”, o a veces en ideologías o justificaciones para llevar un determinado estilo de vida. Creen que pueden “escalar el cielo”, pero son tantas las promesas de verdad, de libertad o de felicidad, que producen todo lo contrario. Sólo Jesús salva, y cerrar el corazón a su mensaje es perder la oportunidad de acercarte a la verdadera vida, a la que da plenitud, por quedarte anclado en lo fugaz.
Por eso, este Evangelio es una invitación a abrir los ojos y preguntarte ¿piensas escalar al cielo? ¿con qué fuerzas? ¿te atreves a abrir el corazón a Dios y dejar que te dé una nueva mirada sobre la realidad?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Lunes 16 de julio

Lunes 16 de julio
Bienaventurada Virgen María del Monte Carmelo

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Mateo 10, 34-11, 1
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus Apóstoles: No penséis que he venido a la tierra a sembrar paz: no he venido a sembrar paz, sino espadas. He venido a enemistar al hombre con su padre, a la hija con su madre, a la nuera con su suegra; los enemigos de cada uno serán los de su propia casa.
El que quiere a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que quiere a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí; y el que no coge su cruz y me sigue, no es digno de mí. El que encuentre su vida la perderá, y el que pierda su vida por mí, la encontrará.
El que os recibe a vosotros, me recibe a mí, y el que me recibe, recibe al que me ha enviado; el que recibe a un profeta porque es profeta, tendrá paga de profeta; y el que recibe a un justo porque es justo, tendrá paga de justo. El que dé a beber, aunque no sea más que un vaso de agua fresca, a uno de estos pobrecillos, sólo porque es mi discípulo, no perderá su paga, os lo aseguro.
Cuando Jesús acabó de dar instrucciones a sus doce discípulos, partió de allí para enseñar y predicar en sus ciudades.

Pistas: “No he venido a sembrar paz, sino espadas” ¡Qué extraño resulta que Jesús haya dicho esto! Pero es que la paz de Jesús no es la que nace del triunfo de los intereses de algún grupo, ni de mentiras compartidas. Jesús luchó contra la hipocresía, la mediocridad, la mentira. Y los discípulos de Jesús estamos llamados a hacer lo mismo. Anunciar la verdad, vivir en la verdad. Y esto, a veces, puede enfadar a algunas personas o grupos.
Continúa Jesús diciendo que ni siquiera la familia puede ocupar el lugar de Dios en nuestra vida. Ojo, no dice que no haya que amar. Todo lo contrario, dice que si le amamos a Él por encima de todo, le encontraremos a Él y a la misma vida. Cuando algo o alguien (aunque sea bueno) ocupa el lugar de Dios en nuestra vida se convierte en un ídolo. Si sigues a Jesús, te llenarás del Espíritu Santo y el mismo amor de Dios llenará y fortalecerá tu corazón.
La cruz. ¿Cuántas veces nos rebelamos contra ella? Nos instalamos en la queja y la desconfianza hacia Dios. Hay que luchar contra el mal y el sufrimiento en la propia vida y en la de los demás. Pero aceptar la cruz significa confiar en Dios en medio de cualquier circunstancia sabiendo que lo que nos puede robar la felicidad son nuestros propios pecados. Puede que estés atravesando una cruz tremendamente dura y difícil. Mira a Jesús, confía en Dios. La Cruz de Jesús se convirtió en instrumento de salvación y a ti te ayudará también.
Encontrar la vida se refiere a vivir para uno mismo. Perder la vida por Jesús es entregarse como lo hizo Él. Lo primero promete la felicidad pero no la da. Lo segundo es un camino muchas veces duro, pero lleno de paz, de alegría, de esperanza y que transforma el mundo. Lo primero te dejará encerrado en ti mismo, perder la vida te hará vivir más plena y auténticamente.
Ir en el nombre de Jesús. Esto va en la línea del mandamiento del amor al prójimo. La medida que uses, la usarán contigo. Y es también una promesa. Jesús garantiza su presencia en los que van en su nombre.
Hoy reza con el aspecto que más te toque el corazón y deja que Jesús te hable a través de su Palabra.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Domingo 15 de julio

Domingo 15 de julio
XV domingo del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Marcos 6, 7-13
En aquel tiempo, llamó Jesús a los Doce y los fue enviando de dos en dos, dándoles autoridad sobre los espíritus inmundos. Les encargó que llevaran para el camino un bastón y nada más, pero ni pan, ni alforja, ni dinero suelto en la faja; que llevasen sandalias, pero no una túnica de repuesto. Y añadió: «Quedaos en la casa donde entréis, hasta que os vayáis de aquel sitio. Y si un lugar no os recibe ni os escucha, al marcharos sacudíos el polvo de los pies, para probar su culpa.» Ellos salieron a predicar la conversión, echaban muchos demonios, ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban.

Pistas: Vamos a fijarnos en algunos detalles. Primero: Jesús llama. Piensa en lo que implica la llamada de Jesús, el camino que se recorre con Él, conocerle… Sentirse llamado es el primer paso. Llamado a ser cristiano, llamado a una vocación concreta…
Y después envía. No sólo es estar con Jesús. No es algo para guardarse para uno solo sino que hay algo que hacer, una misión. Puedes rezar también con esto ¿A qué te sientes enviado? Estar con Jesús, ser llamado por Él, ser enviado.
Jesús envía desde la comunidad (llamó a los Doce) y en comunidad (de dos en dos). Y les da poder para hacer lo que les pide. Esto es muy importante. Si Dios te llama y te envía no lo hará dejándote desamparado o pidiendo imposibles. Te dará la gracia, la fuerza y el poder que necesitas para cumplir la misión que te encomienda. De ahí la importancia de la Iglesia.
No manda llevar nada superfluo, solo lo imprescindible para recorrer el camino. Pero hace falta ayuda, pues el camino es duro. Un bastón y unas sandalias para caminar. Pero en el resto de las cosas, como leíamos hace unos días, Dios proveerá.
No importa el éxito humano. Ése no es el objetivo. No se trata de prosperar (quedaos en la misma casa) o de doblegar a los demás (si no os aceptan, marchaos. Son libres pero también responsables de sus actos). Lo que de verdad importa es que llega el reino de Dios. Que las personas son liberadas de la opresión del pecado, del sufrimiento, del mal. Estos hombres hacen lo mismo que Jesús hizo.
Ahora mira a tu propia vida ¿Qué te está diciendo la Palabra de Dios hoy? Piensa en cuál es tu misión y ponte en camino.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

XV Domingo del Tiempo Ordinario

Evangelio según San Marcos 6,7-13. 
Entonces llamó a los Doce y los envió de dos en dos, dándoles poder sobre los espíritus impuros.
Y les ordenó que no llevaran para el camino más que un bastón; ni pan, ni alforja, ni dinero;
que fueran calzados con sandalias, y que no tuvieran dos túnicas.
Les dijo: «Permanezcan en la casa donde les den alojamiento hasta el momento de partir.
Si no los reciben en un lugar y la gente no los escucha, al salir de allí, sacudan hasta el polvo de sus pies, en testimonio contra ellos».
Entonces fueron a predicar, exhortando a la conversión;
expulsaron a muchos demonios y curaron a numerosos enfermos, ungiéndolos con óleo.

XIV Domingo del Tiempo Ordinario

Evangelio según San Marcos 6,1-6. 
Jesús salió de allí y se dirigió a su pueblo, seguido de sus discípulos.
Cuando llegó el sábado, comenzó a enseñar en la sinagoga, y la multitud que lo escuchaba estaba asombrada y decía: «¿De dónde saca todo esto? ¿Qué sabiduría es esa que le ha sido dada y esos grandes milagros que se realizan por sus manos?
¿No es acaso el carpintero, el hijo de María, hermano de Santiago, de José, de Judas y de Simón? ¿Y sus hermanas no viven aquí entre nosotros?». Y Jesús era para ellos un motivo de tropiezo.
Por eso les dijo: «Un profeta es despreciado solamente en su pueblo, en su familia y en su casa».
Y no pudo hacer allí ningún milagro, fuera de curar a unos pocos enfermos, imponiéndoles las manos.
Y él se asombraba de su falta de fe. Jesús recorría las poblaciones de los alrededores, enseñando a la gente.

XIII Domingo del Tiempo Ordinario

Evangelio según San Marcos 5,21-43. 
Cuando Jesús regresó en la barca a la otra orilla, una gran multitud se reunió a su alrededor, y él se quedó junto al mar.
Entonces llegó uno de los jefes de la sinagoga, llamado Jairo, y al verlo, se arrojó a sus pies,
rogándole con insistencia: «Mi hijita se está muriendo; ven a imponerle las manos, para que se cure y viva».
Jesús fue con él y lo seguía una gran multitud que lo apretaba por todos lados.
Se encontraba allí una mujer que desde hacía doce años padecía de hemorragias.
Había sufrido mucho en manos de numerosos médicos y gastado todos sus bienes sin resultado; al contrario, cada vez estaba peor.
Como había oído hablar de Jesús, se le acercó por detrás, entre la multitud, y tocó su manto,
porque pensaba: «Con sólo tocar su manto quedaré curada».
Inmediatamente cesó la hemorragia, y ella sintió en su cuerpo que estaba curada de su mal.
Jesús se dio cuenta en seguida de la fuerza que había salido de él, se dio vuelta y, dirigiéndose a la multitud, preguntó: «¿Quién tocó mi manto?».
Sus discípulos le dijeron: «¿Ves que la gente te aprieta por todas partes y preguntas quién te ha tocado?».
Pero él seguía mirando a su alrededor, para ver quién había sido.
Entonces la mujer, muy asustada y temblando, porque sabía bien lo que le había ocurrido, fue a arrojarse a sus pies y le confesó toda la verdad.
Jesús le dijo: «Hija, tu fe te ha salvado. Vete en paz, y queda curada de tu enfermedad».
Todavía estaba hablando, cuando llegaron unas personas de la casa del jefe de la sinagoga y le dijeron: «Tu hija ya murió; ¿para qué vas a seguir molestando al Maestro?».
Pero Jesús, sin tener en cuenta esas palabras, dijo al jefe de la sinagoga: «No temas, basta que creas».
Y sin permitir que nadie lo acompañara, excepto Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago,
fue a casa del jefe de la sinagoga. Allí vio un gran alboroto, y gente que lloraba y gritaba.
Al entrar, les dijo: «¿Por qué se alborotan y lloran? La niña no está muerta, sino que duerme».
Y se burlaban de él. Pero Jesús hizo salir a todos, y tomando consigo al padre y a la madre de la niña, y a los que venían con él, entró donde ella estaba.
La tomó de la mano y le dijo: «Talitá kum», que significa: «¡Niña, yo te lo ordeno, levántate».
En seguida la niña, que ya tenía doce años, se levantó y comenzó a caminar. Ellos, entonces, se llenaron de asombro,
y él les mandó insistentemente que nadie se enterara de lo sucedido. Después dijo que le dieran de comer.

Sábado 14 de julio

Sábado 14 de julio
San Camilo de Lelis, presbítero

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Mateo 10, 24-33
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus Apóstoles: Un discípulo no es más que su maestro, ni un esclavo más que su amo; ya le basta al discípulo con ser como su maestro, y al esclavo como su amo. Si al dueño de la casa lo han llamado Belzebú, ¡cuánto más a los criados! No les tengáis miedo, porque nada hay cubierto, que no llegue a descubrirse; nada hay escondido, que no llegue a saberse. Lo que os digo de noche, decidlo en pleno día, y lo que os digo al oído, pregonadlo desde la azotea. No tengáis miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. No, temed al que puede destruir con el fuego alma y cuerpo. ¿No se venden un par de gorriones por unos cuartos? Y, sin embargo, ni uno solo cae al suelo sin que lo disponga vuestro Padre. Pues vosotros hasta los cabellos de la cabeza tenéis contados. Por eso, no tengáis miedo: no hay comparación entre vosotros y los gorriones. Si uno se pone de mi parte ante los hombres, yo también me pondré de su parte ante mi Padre del cielo. Y si uno me niega ante los hombres, yo también lo negaré ante mi Padre del cielo.

Pistas: ¡Ojalá fuésemos como Jesús! ¡Ojalá viviésemos cada vez más como discípulos suyos! Pero ser como Él implica que vamos a provocar en las personas las mismas reacciones que El causó. Unos serán capaces de descubrir a Dios en los que viven como Jesús enseñó, pero otros se rebelarán, criticarán, conspirarán, lucharán contra la acción de Dios en el mundo.
Jesús da un mensaje de esperanza en el Evangelio de hoy: no tengas miedo a las dificultades por vivir la fe y ser testigo de ella. La verdad al final resplandece. No tengas miedo a anunciar lo que Jesús te dice en lo escondido (en la intimidad de la oración). Porque el Padre cuida de ti. Jesús te promete hoy que Dios es providente, que no te abandona, que te cuida y protege. No tengas miedo. Ponte de parte de Jesús y el demonio no podrá engañarte llevándote por caminos que te hagan daño, porque seguir a Jesús es vivir en la verdad.
“Temed al que puede destruir con el fuego alma y cuerpo”. Se refiere al pecado, al demonio, a la mentira… y las consecuencias de esto en la vida.
Te invito a que releas el Evangelio pensando en tu vida ¿Eres discípulo de Jesús sin tener miedo a las dificultades que pueda haber?¿Te pones con valentía de parte de Jesús o te dejas llevar por el mundo y sus criterios… que llevan a una vida acomodada?
Descubre que si pones tu confianza en Dios y caminas en verdad, Él no falla, por dura que pueda ser la circunstancia. Con Él nada hay que temer, lejos de Él no hay esperanza. Por eso: No tengas miedo.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Viernes 13 de julio

Viernes 13 de julio
San Enrique

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Mateo 10, 16-23
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus Apóstoles: Mirad que os mando como ovejas entre lobos; por eso, sed sagaces como serpientes y sencillos como palomas. Pero no os fiéis de la gente, porque os entregarán a los tribunales, os azotarán en las sinagogas y os harán comparecer ante gobernadores y reyes por mi causa; así daréis testimonio ante ellos y ante los gentiles.
Cuando os arresten, no os preocupéis de lo que vais a decir o de cómo lo diréis: en su momento se os sugerirá lo que tenéis que decir; no seréis vosotros los que habléis, el Espíritu de vuestro Padre hablará por vosotros.
Los hermanos entregarán a sus hermanos para que los maten, los padres a los hijos; se rebelarán los hijos contra sus padres, y los matarán. Todos os odiarán por mi nombre: el que persevere hasta el final, se salvará.
Cuando os persigan en una ciudad, huid a otra. Creedme, no terminaréis con las ciudades de Israel antes de que vuelva el Hijo del Hombre.

Pistas: Las primeras comunidades cristianas (y por desgracia muchos cristianos hoy en día) necesitaban escuchar tras la resurrección de Jesús estas advertencias y promesas suyas. Y Mateo las recoge en su Evangelio.
Jesús nunca engañó a nadie. Avisa a los que le siguen de las dificultades que van a venir y que la clave para resistirlas será la fuerza del Espíritu Santo y la perseverancia.
Fíjate en la frase: “Sagaces como serpientes y sencillos como palomas”. Encierra una gran profundidad. Seguir a Jesús no significa ser bobalicones, caer en un buenismo vacío, actuar sin cabeza… Nada de eso. Hay que ser astutos, poner todas las capacidades, fuerzas, medios. Pero a la vez desde la sencillez, porque así es el Evangelio de Jesús. Sin dobles intenciones, sin apariencias ni triunfalismos… La verdad basta, no necesita artificios.
Ante las dificultades el camino es perseverar y dar testimonio. Incluso huir a otra ciudad ante las persecuciones. Pero nunca renegar de la fe. Nunca desconfiar de las promesas de Jesús. Porque puedes estar seguro de que este camino siempre acaba bien, y que si perseveras, te salvarás.
Releyendo el Evangelio hazte la pregunta ¿cómo actúas en la sociedad? ¿cuál es tu actitud ante las dificultades? Y reza pidiendo el Espíritu Santo, la fuerza y los dones para perseverar en el testimonio en las situaciones concretas de tu vida.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.