Sábado 10 de marzo

Sábado 10 de marzo
III semana de cuaresma

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Lucas 18, 9-14
En aquel tiempo, a algunos que, teniéndose por justos, se sentían seguros de sí mismos y despreciaban a los demás, dijo Jesús esta parábola: «Dos hombres subieron al templo a orar. Uno era fariseo; el otro, un publicano. El fariseo, erguido, oraba así en su interior: «¡Oh Dios!, te doy gracias, porque no soy como los demás: ladrones, injustos, adúlteros; ni como ese publicano. Ayuno dos veces por semana y pago el diezmo de todo lo que tengo.»
El publicano, en cambio, se quedó atrás y no se atrevía ni a levantar los ojos al cielo; sólo se golpeaba el pecho, diciendo: «¡Oh Dios!, ten compasión de este pecador.»
Os digo que este bajo a su casa justificado, y aquél no. Porque todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.»

Pistas: Dos hombres, uno justo, cumplidor, “de los buenos”. Otro, un pecador público, un hombre señalado por los demás, “de los malos”. El primero no necesita salvación, ni busca a Dios. Sólo se busca a sí mismo y su propia gloria. El otro se sabe pecador, se sabe indigno y necesitado de Dios. El primero no va a encontrar a Dios, el otro sí. El primero no acepta la salvación de Dios, el otro sí. El primero se vanagloria y autojustifica, el otro reconoce todo lo que le hace falta y en lo que falla. Y tú ¿a cuál de los dos te pareces más?
Un detalle importante es que Jesús no dice que el fariseo fuera malo, no dice que fuese mentira que era mejor que los demás. Pero su actitud soberbia y prepotente le impide el encuentro con Dios. Sin embargo, la humildad nos permite vivir en la verdad, nos permite amar y aceptar ser amados, necesitar a Dios y entrar en su corazón misericordioso.
Es tiempo de cuaresma, tiempo de conversión, y hoy la Palabra de Dios te invita a presentarte ante Él con un corazón humilde.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Viernes 9 de marzo

Viernes 9 de marzo
Santa Francisca Romana, religiosa

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Marcos 12, 28b-34

En aquel tiempo, un escriba se acercó a Jesús y le preguntó: «¿Qué mandamiento es el primero de todos?» Respondió Jesús: «El primero es: «Escucha, Israel, el Señor, nuestro Dios, es el único Señor: amaras al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todo tu ser.» El segundo es éste: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo.» No hay mandamiento mayor que éstos.»
El escriba replicó: «Muy bien, Maestro, tienes razón cuando dices que el Señor es uno solo y no hay otro fuera de él; y que amarlo con todo el corazón, con todo el entendimiento y con todo el ser, y amar al prójimo como a uno mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios.» Jesús, viendo que habla respondido sensatamente, le dijo: «No estás lejos del reino de Dios.» Y nadie se atrevió a hacerle más preguntas.

Pistas: Jesús enseña la revolución del amor. Quizás esta palabra, ‘amor’, esté un poco gastada en nuestros días. Llamamos amor a muchas cosas que puede que no merezcan ese nombre. Tal vez si piensas en tu propia vida encuentres algunas veces que has llamado o han llamado amor a cosas que se parecen más a egoísmo o a otro tipo de pasiones. Pero si miramos la vida de Jesús podemos entender mejor a qué se refiere cuando habla de amor.
Amar es no buscar el propio interés sino el del otro, es entregar la vida. Jesús orienta toda su existencia a conocer y cumplir la voluntad del Padre. Se siente profundamente amado por Él y le ama con todo su ser. Y con la fuerza del Espíritu Santo cumple la voluntad del Padre, de tal modo que este amor a Dios y ese amor de Dios se manifiesta en todas sus acciones y se concreta en el amor al prójimo.
La novedad que Jesús aporta es que el amor a Dios va unido al amor al prójimo, y que toda la religiosidad, toda la fe, está vacía si falta esto. Por eso la Iglesia en esta cuaresma te invita a rezar, a ayunar y hacer abstinencia, pero también a dar limosna, a mirar al prójimo. Te invita a acercarte a Dios y al prójimo.
Jesús propone este camino a sus discípulos. No valen medias tintas, amar con todo el ser, con todo el corazón, con toda la mente, con toda el alma. Es un camino de plenitud, porque así es el amor que Dios nos tiene y que nos invita a vivir.
Así que si quieres entrar en el reino de Dios éste es el único camino verdadero: encontrarse con el amor de Dios, entender que su amor no tiene límites y aprender a amar como Él nos ama.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Jueves 8 de marzo

Jueves, 8 de marzo
San Juan de Dios, religioso

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Lucas 11, 14-23
En aquel tiempo, Jesús estaba echando un demonio que era mudo y, apenas salió el demonio, habló el mudo. La multitud se quedó admirada, pero algunos de ellos dijeron: «Si echa los demonios es por arte de Belzebú, el príncipe de los demonios.»
Otros, para ponerlo a prueba, le pedían un signo en el cielo. Él, leyendo sus pensamientos, les dijo: «Todo reino en guerra civil va a la ruina y se derrumba casa tras casa. Si también Satanás está en guerra civil, ¿cómo mantendrá su reino? Vosotros decís que yo echo los demonios con el poder de Belzebú; y, si yo echo los demonios con el poder de Belzebú, vuestros hijos, ¿por arte de quién los echan? Por eso, ellos mismos serán vuestros jueces. Pero, si yo echo los demonios con el dedo de Dios, entonces es que el reino de Dios ha llegado a vosotros.
Cuando un hombre fuerte y bien armado guarda su palacio, sus bienes están seguros. Pero, si otro más fuerte lo asalta y lo vence, le quita las armas de que se fiaba y reparte el botín. El que no está conmigo está contra mí; el que no recoge conmigo desparrama.»

Pistas: Jesús habla en muchas ocasiones del demonio, lo expulsa, lucha contra él. Quizás nos parezca que el demonio es una cosa del pasado. Pero el Evangelio enseña que hay que tener en cuenta su existencia. No para tener miedo o para obsesionarse, sino para saber que no podemos relajarnos en nuestra lucha contra el mal y el pecado. Y que donde está Jesús, el demonio, el mal y el pecado huyen.
Jesús es el fuerte que guarda la casa de tu vida y si Él está nada ni nadie podrá asaltarte ni vencerte. Pero las medias tintas no sirven con Él, sólo son un engaño a uno mismo y a Jesús. Termina diciendo “el que no está conmigo, está contra mí; el que no recoge conmigo, desparrama”. Un poco del mundo, un poco de Jesús… ¿Para unas cosas que mande Jesús, pero para otras dejo la puerta abierta a la tentación y al mal?… Cuidado, porque la tibieza debilita. Es un autoengaño revestido de aparente fortaleza y deja abierta la puerta al pecado, al sufrimiento y a hacer daño a otros.
Jesús expulsa a los demonios con el dedo de Dios, con la fuerza del Espíritu Santo, y eso significa que el Reino de Dios ha llegado a tu vida. Que te ha salvado y que tu vida ha cambiado y tus obras son las del Espíritu. Así que, ármate del poder del Espíritu Santo, vive como discípulo de Jesús, y el diablo no tendrá poder en tu vida.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Miércoles 7 de marzo

Miércoles 7 de marzo
Santas Perpetua y Felicidad, mártires

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Mateo 5, 17-19
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «No creáis que he venido a abolir la Ley y los profetas: no he venido a abolir, sino a dar plenitud. Os aseguro que antes pasarán el cielo y la tierra que deje de cumplirse hasta la última letra o tilde de la Ley. El que se salte uno solo de los preceptos menos importantes, y se lo enseñe así a los hombres será el menos importante en el reino de los cielos. Pero quien los cumpla y enseñe será grande en el reino de los cielos.»

Pistas: La novedad que trae Jesús puede hacer que sus discípulos quieran romper absolutamente con todo lo anterior. Pero Dios a través de la historia del pueblo judío fue revelándose, mostrando cómo y quién es, de una manera progresiva como refleja el Antiguo Testamento. Hasta que finalmente en Jesús esa revelación de Dios llega a su plenitud. Jesús dará cumplimiento y plenitud a lo que Dios ha ido mostrando a los hombres a lo largo de la historia.
Las palabras del Evangelio de hoy son importantes para las primeras comunidades cristianas a las que van dirigidas. Existía el peligro de querer renunciar a toda la herencia del Antiguo Testamento olvidando que el Dios de la historia del pueblo judío es el mismo al que Jesús llama Padre. Pero todo lo anunciado se cumple de un modo sorprendente: Jesús es Dios, el Hijo de Dios hecho hombre; y el Espíritu Santo que Jesús promete es Dios. Todo apuntado en el Antiguo Testamento pero plenamente revelado en Jesús. En su vida, muerte y resurrección, y en la venida del Espíritu Santo.
El Antiguo Testamento (la Ley y los Profetas) sigue teniendo plena validez, es Palabra de Dios, que hay que leer a la luz de Jesús, a la luz del Nuevo Testamento. Es Palabra de Dios y por eso nosotros leemos así el Antiguo y el Nuevo Testamento.
Respecto a la Ley. Jesús nos dice en otras ocasiones que la fe no es encerrarse en un conjunto de normas que lo absorban todo. Porque eso es una vivencia vacía que muchas veces sólo busca guardar una imagen o forma de actuar. Pero lo que hoy nos recalca es que las normas son necesarias y válidas, que no podemos saltárnoslas alegremente. Jesús aunó las normas y la vivencia. Él no vivió de espaldas a la práctica judía y cumplió con los preceptos, aunque superó muchas tradiciones y formas de hacer. Y, por encima de todo, la novedad que Jesús trae, revoluciona: la importancia del perdón y del amor. La novedad del cristianismo es, debe ser, esto. Porque ¿quién prefiere vivir al margen del amor y del perdón?
Puedes rezar hoy pensando qué importancia tiene para ti la Palabra de Dios. Si tal vez coges solo lo que te interesa, si ocupa un lugar importante en tu vida y la vives. Y si la enseñas a los demás.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Martes 6 de marzo

Martes 6 de marzo
III semana de cuaresma

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Mateo 18, 21-35
En aquel tiempo, se adelantó Pedro y preguntó a Jesús: «Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces le tengo que perdonar? ¿Hasta siete veces?» Jesús le contesta: «No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete.
Y a propósito de esto, el reino de los cielos se parece a un rey que quiso ajustar las cuentas con sus empleados. Al empezar a ajustarlas, le presentaron uno que debía diez mil talentos. Como no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él con su mujer y sus hijos y todas sus posesiones, y que pagara así. El empleado, arrojándose a sus pies, le suplicaba diciendo: «Ten paciencia conmigo, y te lo pagaré todo.» El señor tuvo lástima de aquel empleado y lo dejó marchar, perdonándole la deuda. Pero, al salir, el empleado aquel encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, agarrándolo, lo estrangulaba, diciendo: «Págame lo que me debes.» El compañero, arrojándose a sus pies, le rogaba, diciendo: «Ten paciencia conmigo, y te lo pagaré.» Pero él se negó y fue y lo metió en la cárcel hasta que pagara lo que debía. Sus compañeros, al ver lo ocurrido, quedaron consternados y fueron a contarle a su señor todo lo sucedido. Entonces el señor lo llamó y le dijo: «¡Siervo malvado! Toda aquella deuda te la perdoné porque me lo pediste. ¿No debías tú también tener compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?» Y el señor, indignado, lo entregó a los verdugos hasta que pagara toda la deuda.
Lo mismo hará con vosotros mi Padre del cielo, si cada cual no perdona de corazón a su hermano.»

Pistas: Jesús te propone buscar la plenitud y no conformarte con menos. Pero Pedro, igual que hacemos nosotros también muchas veces en la vida, busca encontrar unos mínimos con los que cumplir y poder quedar satisfecho e incluso juzgar a los que no lo hacen. ¿Cuántas veces hay que perdonar? ¿Cuántas veces tengo que hacer las cosas bien, aunque los demás las hagan mal o no las merezcan? ¿Cuántas veces tengo que amar al que no me ama? ¿Si lo hago un número de veces, seré mejor que los demás?
El estilo de vida de Jesús es el reto. Ser como Él, amar como Él, vivir como Él. Y por eso un cristiano no puede aceptar una vida mediocre (necesita convertirse cada día de sus pecados) porque quiere vivir en el amor y seguir a Jesús. Ni puede conformarse con una sociedad injusta, ni con una Iglesia o una comunidad de mero cumplimiento. Tiene que luchar –como lo haría Jesús- porque su propia vida y lo que le rodea cambie con la fuerza del Espíritu Santo que habita en ti.
Jesús trata el tema del perdón en el Evangelio que has leído. Pregúntate: ¿hay faltas de perdón en tu vida? ¿guardo rencor en mi corazón hacia alguien? Tal vez hay personas que no merecen que las perdones. Pero no se trata de eso sino de descubrir lo que hace Dios contigo, que te ama y perdona incondicionalmente y siempre (aunque para poder descubrirlo, sentirlo y vivir en ese amor no se puede actuar de cualquier manera). Si Dios te ama de este modo ¿qué debes hacer con los demás? No se trata de perdonar de boquilla, sino “de corazón”. Esto no quiere decir sentirlo, quiere decir elegirlo, optar por vivir siempre en el amor y el perdón. Quiere decir que en lo profundo de tu ser, allí donde se toman las decisiones (aunque a veces haya que luchar contra lo que puedas sentir) tú eliges amar y perdonar siempre y a todos.
Con la fuerza del Espíritu Santo ¿eliges cumplir y buscar mínimos o eliges la vida en el Espíritu: amar y perdonar?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

(Culpa y responsabilidad… y perdón: Will Smith https://www.youtube.com/watch?v=UpZ9j4PfkXE )

Lunes 5 de marzo

Lunes, 5 de marzo
III semana de cuaresma

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Lucas 4, 24-30
En aquel tiempo, dijo Jesús al pueblo en la sinagoga de Nazaret: «Os aseguro que ningún profeta es bien mirado en su tierra. Os garantizo que en Israel había muchas viudas en tiempos de Elías, cuando estuvo cerrado el cielo tres años y seis meses, y hubo una gran hambre en todo el país; sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías, más que a una viuda de Sarepta, en el territorio de Sidón. Y muchos leprosos había en Israel en tiempos del profeta Eliseo; sin embargo, ninguno de ellos fue curado, más que Naamán, el sirio.»
Al oír esto, todos en la sinagoga se pusieron furiosos y, levantándose, lo empujaron fuera del pueblo hasta un barranco del monte en donde se alzaba su pueblo, con intención de despeñarlo. Pero Jesús se abrió paso entre ellos y se alejaba.

Pistas: Jesús había leído en la sinagoga este texto del profeta Isaías: «El Espíritu del Señor sobre mí, porque me ha ungido para anunciar a los pobres la Buena Nueva, me ha enviado a proclamar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, para dar la libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor.» Y afirma que se cumple en Él. No termina de leer el pasaje que anuncia “un día de venganza de nuestro Dios” (Is 61,2).
Y aunque Jesús realiza signos que confirman la Palabra, no le creen. No son capaces de aceptar el Evangelio de Jesús. Dios ofrece su salvación a todos. Y su invitación es a vivir en el amor y la misericordia. Para hacerles reflexionar utiliza dos hechos muy conocidos del Antiguo Testamento en los que dos extranjeros reciben la ayuda de Dios. Y esto les enfada aún más. Encontramos de nuevo cómo la ideología, la cerrazón, la tradición, la política… se anteponen a la verdad. No les importa quién es Jesús o si su mensaje es verdad. No están dispuestos a dejar que Jesús rompa sus esquemas, su forma de vida o cambie su manera de pensar.
Para nosotros hoy sigue siendo válida la buena noticia de Jesús: Él trae la salvación de Dios a todos, especialmente a los más débiles, pobres o perdidos. Así que, si muchas veces te sientes pecador, indigno e incluso extranjero, si piensas que esto no es para ti, estás de enhorabuena. Porque precisamente para ti es el mensaje de Jesús. Y por el contrario, si estás acomodado, si el mensaje de Jesús no te remueve e interpela, si te crees merecedor de la salvación de Dios y mejor que los demás, necesitas pararte ante Jesús y ver la verdad de quién eres y de lo que Jesús te ofrece.
¿Quieres conocer de verdad a Jesús? Vence tus prejuicios, intereses y egoísmos y acércate a Él.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Domingo 4 de marzo

Domingo 4 de marzo
III domingo de cuaresma

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Juan 2, 13-25.
En aquel tiempo se acercaba la Pascua de los judíos y Jesús subió a Jerusalén. Y encontró en el templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas sentados; y, haciendo un azote de cordeles, los echó a todos del templo, ovejas y bueyes; y a los cambistas les esparció las monedas y les volcó las mesas; y a los que vendían palomas les dijo: Quitad esto de aquí: no convirtáis en un mercado la casa de mi Padre. Sus discípulos se acordaron de lo que está escrito: «el celo de tu casa me devora».
Entonces intervinieron los judíos y le preguntaron: ¿Qué signos nos muestras para obrar así? Jesús contestó: Destruid este templo, y en tres días lo levantaré. Los judíos replicaron:
Cuarenta y seis años ha costado construir este templo, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?
Pero él hablaba del templo de su cuerpo. Y cuando resucitó de entre los muertos, los discípulos se acordaron de que lo había dicho, y dieron fe a la Escritura y a la Palabra que había dicho Jesús.
Mientras estaba en Jerusalén por las fiestas de Pascua, muchos creyeron en su nombre, viendo los signos que hacía; pero Jesús no se confiaba con ellos, porque los conocía a todos y no necesitaba el testimonio de nadie sobre un hombre, porque él sabía lo que hay dentro de cada hombre

Pistas: El templo es el lugar de la presencia de Dios. Y se ha convertido en todo lo contrario. En un acontecimiento sorprendente, Jesús expulsa a los vendedores y vuelca las mesas de los cambistas. El lugar de la presencia de Dios no es respetado y Jesús no mira para otro lado.
Da un paso más: Él mismo es la presencia de Dios. Él mismo es Dios. Lo demostrará con su resurrección. Y entonces sus discípulos podrán entender quién es y lo que hace.
Para rezar con este Evangelio puedes caer en la cuenta de que Jesús prometió habitar en los que creen en Él. Que el Espíritu Santo vendrá, y que Él y el Padre harán morada en el corazón del hombre. Tú eres el templo ¿Cómo está el templo de tu corazón? ¿Qué es lo que Jesús querría expulsar de Él?
El Evangelio de hoy termina diciendo que Jesús conoce el corazón de las personas. También el tuyo. Y sabe lo que hay dentro de ti. El mensaje que estamos leyendo esta cuaresma es que, por encima de todo, Jesús te ama y te perdona. Y te llama a la conversión.

Relee el Evangelio y reza con él. ¿Qué es lo que te está pidiendo la Palabra de Dios hoy?

Sábado 3 de marzo

Sábado 3 de marzo
II semana de cuaresma

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Lucas 15, 1-3. 11-32

En aquel tiempo, solían acercarse a Jesús todos los publicanos y los pecadores a escucharle. Y los fariseos y los escribas murmuraban entre ellos: —«Ése acoge a los pecadores y come con ellos.»
Jesús les dijo esta parábola:
—«Un hombre tenía dos hijos; el menor de ellos dijo a su padre: «Padre, dame la parte que me toca de la fortuna.» El padre les repartió los bienes. No muchos días después, el hijo menor, juntando todo lo suyo, emigró a un país lejano, y allí derrochó su fortuna viviendo perdidamente. Cuando lo había gastado todo, vino por aquella tierra un hambre terrible, y empezó él a pasar necesidad. Fue entonces y tanto le insistió a un habitante de aquel país que lo mandó a sus campos a guardar cerdos. Le entraban ganas de saciarse de las algarrobas que comían los cerdos; y nadie le daba de comer. Recapacitando entonces, se dijo: «Cuántos jornaleros de mi padre tienen abundancia de pan, mientras yo aquí me muero de hambre. Me pondré en camino adonde está mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo: trátame como a uno de tus jornaleros.»
Se puso en camino adonde estaba su padre; cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se conmovió; y, echando a correr, se le echó al cuello y se puso a besarlo.
Su hijo le dijo: «Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo.» Pero el padre dijo a sus criados: «Sacad enseguida el mejor traje y vestidlo; ponedle un anillo en la mano y sandalias en los pies; traed el ternero cebado y matadlo; celebremos un banquete, porque este hijo mío estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado.» Y empezaron el banquete.
Su hijo mayor estaba en el campo. Cuando al volver se acercaba a la casa, oyó la música y el baile, y llamando a uno de los mozos, le preguntó qué pasaba. Éste le contestó: «Ha vuelto tu hermano; y tu padre ha matado el ternero cebado, porque lo ha recobrado con salud.» Él se indignó y se negaba a entrar; pero su padre salió e intentaba persuadirlo. Y él replicó a su padre: «Mira: en tantos años como te sirvo, sin desobedecer nunca una orden tuya, a mí nunca me has dado un cabrito para tener un banquete con mis amigos; y cuando ha venido ese hijo tuyo que se ha comido tus bienes con malas mujeres, le matas el ternero cebado.»
El padre le dijo: «Hijo, tu siempre estás conmigo, y todo lo mío es tuyo: deberías alegrarte, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado.»»

Pistas: Jesús acoge a pecadores y come con ellos. Y esto es causa de escándalo para la gente de su tiempo. Murmuran de Él. A lo que Jesús responde con la parábola que acabas de leer.
En esta historia hay tres personajes. Los dos hijos buscan la felicidad. Cada uno a su manera. El joven se va lejos, derrocha sus bienes, “disfruta de la vida”, y sólo logra insatisfacción y vacío. Se queda sin nada. Pasa hambre. Lo que el padre le dio lo pierde. Llega hasta un límite tal que quiere pedir perdón, volver a casa, pero sin esperanzas de ser quien era. El mayor se queda en casa del padre, pero tampoco es feliz. Parece que está amargado. Tiene cosas que reprochar al padre. Está en casa pero no siente que sea su casa. Y cuando su hermano vuelve le juzga y tal vez se sienta un poco resentido pensando en que el otro ha «vivido» pero él ha renunciado a muchas cosas. Y el padre de la parábola es amor y misericordia. Al hijo pequeño descarriado no solo no le echa nada en cara sino que le hace recuperar su dignidad de hijo. Le viste, le calza, le da un anillo, le hace una fiesta. Porque vuelve a estar en el hogar. Al hijo mayor intenta enseñarle a ser como él, que aprenda a amar y ser misericordioso, que descubra las riquezas que quiere compartir con él.
Imagínate qué sienten estos personajes, qué buscan. Ilumina tu propia vida con cada uno de ellos. En muchas ocasiones te parecerás a alguno de los hijos: El inconsciente que busca la felicidad donde no la puede encontrar y termina vacío y desesperado. El que cumple pero no es feliz y juzga, está en casa (en la Iglesia) pero no disfruta. En otros aspectos te sentirás llamado a acercarte al padre, a Dios y encontrar en Él lo que puede llenar tu vacío y tu búsqueda. A veces tendrás que ser imagen del Padre para otros, reflejar a Jesús, para que puedan encontrar el rostro misericordioso de Dios los que están perdidos buscando la felicidad donde no la pueden encontrar. Y que puedan sentir su abrazo, sin reproches, que puedan recobrar su dignidad.
El padre, los hijos pequeño y mayor, el hogar, saciarse, ser feliz, el perdón, el amor, la misericordia… Esta parábola da mucho juego y nos debe hacer replantearnos ciertas actitudes en las que podemos sentirnos reflejados. Deja hoy que la Palabra de Dios te hable, y reza.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Viernes 2 de marzo

Viernes 2 de marzo
II semana de cuaresma

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Mateo 21, 33-43. 45-46
En aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo:
«Escuchad otra parábola: Había un propietario que plantó una viña, la rodeó con una cerca, cavó en ella un lagar, construyó la casa del guarda, la arrendó a unos labradores y se marchó de viaje.
Llegado el tiempo de la vendimia, envió sus criados a los labradores, para percibir los frutos que le correspondían. Pero los labradores, agarrando a los criados, apalearon a uno, mataron a otro, y a otro lo apedrearon.
Envió de nuevo otros criados, más que la primera vez, e hicieron con ellos lo mismo. Por último, les mandó a su hijo, diciéndose: «Tendrán respeto a mi hijo.»
Pero los labradores, al ver al hijo, se dijeron: “Éste es el heredero: venid, lo matamos y nos quedamos con su herencia.» Y, agarrándolo, lo empujaron fuera de la viña y lo mataron. Y ahora, cuando vuelva el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores?»
Le contestaron: «Hará morir de mala muerte a esos malvados y arrendará la viña a otros labradores, que le entreguen los frutos a sus tiempos.»
Y Jesús les dice: «¿No habéis leído nunca en la Escritura: «La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente»? Por eso os digo que se os quitará a vosotros el reino de Dios y se dará a un pueblo que produzca sus frutos.»
Los sumos sacerdotes y los fariseos, al oír sus parábolas, comprendieron que habla

Pistas: El enfrentamiento entre Jesús y las autoridades religiosas y políticas judías va creciendo. En esta parábola les acusa de apropiarse lo que no es suyo (los labradores). Rechazan a los que el dueño de la viña (el Padre) había enviado, es decir, a los profetas. También rechazan al hijo, que es Jesús, el Hijo de Dios hecho hombre. Lo matarán. Pensarán que así vencen y que van a salirse con la suya. Han perdido la perspectiva, no les importa Dios, sólo la viña y sus intereses (los Evangelios de estos días nos insistían en este tema). Por sus propias palabras los podrían acusar cuando acaben con Jesús: “hará morir de mala muerte a esos malvados…”. Sin embargo, Jesús les dará hasta el final la oportunidad para cambiar de idea y reconocer quién es, aunque ellos no lo aceptan. Su mensaje los pone al descubierto y ven amenazado el poder que ejercen sobre el pueblo. Quieren cautivo al que viene a liberar.
Jesús resucitará. Creen que le vencen, que lo quitan del medio. Pero precisamente ahí, en su entrega por amor, en la cruz, en la muerte, en ser la piedra desechada, todo se hace nuevo. Porque Jesús resucitado es la piedra angular. Y todo tiene sentido porque Él está vivo, la muerte vencida, el mal derrotado.
Jesús hace nuevas las cosas. Hay que entender este cambio de perspectiva. Pero los judíos no fueron capaces de hacerlo y al final el cristianismo (que comenzó siendo una corriente dentro del judaísmo) tiene que convertirse en algo distinto. Nosotros tenemos que ser el pueblo que da fruto, que vive el Reino como Jesús lo anunció. Por eso este tiempo de cuaresma es tan importante para los cristianos. Porque nos tiene que hacer revisar nuestra vida personal y comunitaria. ¿Soy ese pueblo que da gloria a Dios, que acoge al Hijo, que da fruto a su tiempo…? ¿o soy los criados interesados, que abusan, que buscan su interés, que no les importa Dios ni la verdad?
Da igual lo que diga el mundo, da igual que Jesús sea rechazado, que le demos la espalda… Él es la piedra angular, el único que puede sostener y darle sentido a tu vida, a la Iglesia y al mundo.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Jueves 1 de marzo

Jueves, 1 de marzo
II semana de cuaresma

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Lucas 16, 19-31
En aquel tiempo, dijo Jesús a los fariseos: «Había un hombre rico que se vestía de púrpura y de lino y banqueteaba espléndidamente cada día. Y un mendigo llamado Lázaro estaba echado en su portal, cubierto de llagas, y con ganas de saciarse de lo que tiraban de la mesa del rico. Y hasta los perros se le acercaban a lamerle las llagas.
Sucedió que se murió el mendigo, y los ángeles lo llevaron al seno de Abrahán. Se murió también el rico, y lo enterraron. Y, estando en el infierno, en medio de los tormentos, levantando los ojos, vio de lejos a Abrahán, y a Lázaro en su seno, y gritó: «Padre Abrahán, ten piedad de mí y manda a Lázaro que moje en agua la punta del dedo y me refresque la lengua, porque me torturan estas llamas.»
Pero Abrahán le contestó: «Hijo, recuerda que recibiste tus bienes en vida, y Lázaro, a su vez, males: por eso encuentra aquí consuelo, mientras que tú padeces. Y, además, entre nosotros y vosotros se abre un abismo inmenso, para que no puedan cruzar, aunque quieran, desde aquí hacia vosotros, ni puedan pasar de ahí hasta nosotros.»
El rico insistió: «Te ruego, entonces, padre, que mandes a Lázaro a casa de mi padre, porque tengo cinco hermanos, para que, con su testimonio, evites que vengan también ellos a este lugar de tormento. Abrahán le dice: «Tienen a Moisés y a los profetas; que los escuchen.»
El rico contestó: «No, padre Abrahán. Pero si un muerto va a verlos, se arrepentirán.»
Abrahán le dijo: «Si no escuchan a Moisés y a los profetas, no harán caso ni aunque resucite un muerto.”»

Pistas: Queremos construir la sociedad del bienestar, a muchos se les llena la boca prometiendo que si se les sigue y apoya, la harán. Pero la realidad es que sólo unos pocos la disfrutan y que más bien parece una quimera que una realidad. Si somos sinceros, una pequeña parte de la humanidad vive bien o muy bien, mientras muchos sufren. El mundo actual se parece al de Lázaro y el rico. Los países ricos se aprovechan de los pobres, de sus habitantes, de sus recursos. Y cuando tienen problemas, cierran las fronteras.
Quizás no haya que ir a las fronteras, Miremos nuestra propia vida. En nuestra manera de pensar y actuar somos egoístas e individualistas, evitamos complicarnos la vida y no damos ni siquiera de lo que nos sobra al que lo necesita. Tal vez no por maldad, sino porque ni lo vemos ni nos importa.
Este Evangelio de hoy tiene que removernos. Puedes pensar: “Pobre Lázaro. El rico tiene merecido su destino”. Pero la pregunta relevante es: ¿La Iglesia, mi sociedad, mi propia vida se parecen a Jesús o al rico del Evangelio?
Y es un drama doble: el pobre sigue en su miseria. Y el rico piensa que lo tiene todo, llena su vida de muchas cosas, pero en el fondo no tiene nada. Nada de lo que verdaderamente importa. Está cerrado al prójimo, está cerrado a Dios y vive inmerso en sí mismo y en sus cosas de tal modo que ni ve al que tiene al lado. Es trágica la conclusión de la historia: “No escuchan… no harán caso ni aunque resucite un muerto”. No son capaces de ver lo que les habla de Dios… porque tienen todo “lleno”.
También puedes revisar cómo es tu relación con lo material, con lo mundano, con el tener, el placer y el poder. Una vez más, el mensaje de Jesús es una invitación a vivir en el amor, a encontrar a Dios y la verdadera vida.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.