Martes 20 de marzo

Martes 20 de marzo
V semana de cuaresma

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Juan 8, 21-30

En aquel tiempo, dijo Jesús a los fariseos:
«Yo me voy y me buscaréis, y moriréis por vuestro pecado. Donde yo voy no podéis venir vosotros.» Y los judíos comentaban:
«¿Será que va a suicidarse, y por eso dice: «Donde yo voy no podéis venir vosotros»?» Y él continuaba:
«Vosotros sois de aquí abajo, yo soy de allá arriba: vosotros sois de este mundo, yo no soy de este mundo. Con razón os he dicho que moriréis por vuestros pecados: pues, si no creéis que yo soy, moriréis por vuestros pecados.» Ellos le decían:
«¿Quién eres tú?»
Jesús les contestó:
«Ante todo, eso mismo que os estoy diciendo. Podría decir y condenar muchas cosas en vosotros; pero el que me envió es veraz, y yo comunico al mundo lo que he aprendido de él.» Ellos no comprendieron que les hablaba del Padre. Y entonces dijo Jesús:
«Cuando levantéis al Hijo del hombre, sabréis que yo soy, y que no hago nada por mi cuenta, sino que hablo como el Padre me ha enseñado. El que me envió está conmigo, no me ha dejado solo; porque yo hago siempre lo que le agrada.» Cuando les exponía esto, muchos creyeron en él.

Pistas: Jesús anuncia su muerte en la Cruz. Juan la presenta más como un trono y una glorificación que como un terrible instrumento de tortura. Jesús es el Yo soy (en el Antiguo Testamento, uno de los nombres de Dios), el testigo de la verdad, el Hijo, el que hace siempre la voluntad del Padre. En la Cruz será levantado pero no podrán reconocerlo por sus pecados.
Es dramático lo que refleja el Evangelio de hoy: Jesús será acusado y traicionado, lo crucificarán. Ya en aquel momento podían sorprenderse de cómo afronta Jesús la Cruz, pero no quieren ver. Después podrán escuchar que resucita, que la tumba queda vacía, pero no serán capaces de creer en Él.
Jesús dice que esto es por los pecados de los hombres y porque son del mundo. Por eso la Iglesia te invita en esta cuaresma a que seas menos del mundo (que cuides tu espíritu, que luches contra la tentación, contra el egoísmo…) y a que te arrepientas y te conviertas de tus pecados. No sólo eso. Te ha invitado a rezar más, a dar limosna, a ayunar…a cuidar el bien y luchar contra el mal.
Y si crees en Jesús todo cambiará. Le buscarás y le encontrarás. Mirarás la cruz y descubrirás en ella el poder de Dios que hace las cosas nuevas, que acepta el sacrificio de amor y obediencia de Jesús. Ahí la muerte es vencida, el pecado derrotado. Encontrarás en Jesús el camino a Dios, podrás descubrir la verdad.
Deja que el Evangelio de hoy te interpele. Y si hay mundo y pecado en ti, si no eres capaz de reconocer a Jesús, si te da miedo la cruz, si juzgas y condenas a otros como hacen los judíos en el Evangelio de hoy con Jesús, arrepiéntete y acércate a Jesús con humildad, Él hará también todo nuevo en tu corazón.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Lunes 19 de marzo

Lunes 19 de marzo
San José, esposo de la Bienaventurada Virgen María, solemnidad

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Lectura del santo evangelio según san Mateo 1, 16. 18-21. 24a

Jacob engendró a José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, llamado Cristo.
El nacimiento de Jesucristo fue de esta manera:
María, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo.
José, su esposo, que era justo y no quería denunciarla, decidió repudiarla en secreto. Pero, apenas había tomado esta resolución, se le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo:
-«José, hijo de David, no tengas reparo en llevarte a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados.»
Cuando José se despertó, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor.

Pistas: El Evangelio comienza con el final de la genealogía de José, del linaje de David, de cuya descendencia nacerá el Mesías según las promesas del Antiguo Testamento. José, esposo de la Virgen, de la cual nació Jesús, siendo ésta Virgen. Porque lo que sucede en Jesús es tan grande que supera todo lo que podemos imaginar, esperar o soñar. Jesús es más que un descendiente de David. Es el Hijo de Dios.
Pero fijémonos en este día de San José en la figura del esposo de la Virgen María y el padre adoptivo de Jesús. Era un hombre justo, enamorado de María y bueno. Fue un hombre que se dejó sorprender por Dios y fue capaz de descubrir la voluntad de Dios, y con ella cambiar sus planes y proyectos. También lo tuvo que hacer María. Para ellos descubrir y aceptar el plan de Dios significa, por un lado, que algo sorprendente y extraordinario va a suceder en sus vidas. Por otro, que van a tener que cambiar sus planes y proyectos, y fiarse de que Dios les guía.
Ahora piensa en tu vida. Dios también quiere guiarte. Cumplirá sus promesas de salvación y plenitud para ti. Pero hay que recorrer un camino de confianza y apertura a su voluntad y a su luz para tus decisiones.
Si te sientes estancado, tal vez necesites dejar que Dios rompa tus esquemas. Si hay dificultades y contrariedades en tu vida, pídele ser justo como San José, y que te muestre el camino. Lo hará, sea como sea, mostrará su sueño para tu vida. Por último, fíate… José podía haber pensado que no era real lo que sucedía: demasiado increíble, demasiado raro, imposible… Y sin embargo fue posible y cambió la historia.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Domingo 18 de marzo

Domingo 18 de marzo
V domingo de cuaresma

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Juan 12, 20-33.
En aquel tiempo entre los que habían venido a celebrar la Fiesta había algunos gentiles; éstos, acercándose a Felipe, el de Betsaida de Galilea, le rogaban: Señor, quisiéramos ver a Jesús.
Felipe fue a decírselo a Andrés; y Andrés y Felipe fueron a decírselo a Jesús.
Jesús les contestó: Ha llegado la hora de que sea glorificado el Hijo del Hombre.
Os aseguro, que si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto. El que se ama a sí mismo, se pierde, y el que se aborrece a sí mismo en este mundo, se guardará para la vida eterna. El que quiera servirme, que me siga y donde esté yo, allí también estará mi servidor; a quien me sirva, el Padre le premiará.
Ahora mi alma está agitada y, ¿qué diré?: Padre, líbrame de esta hora. Pero si por esto he venido, para esta hora. Padre, glorifica tu nombre. Entonces vino una voz del cielo: Lo he glorificado y volveré a glorificarlo.
La gente que estaba allí y lo oyó decía que había sido un trueno; otros decían que le había hablado un ángel.
Jesús tomó la palabra y dijo: Esta voz no ha venido por mí, sino por vosotros. Ahora va a ser juzgado el mundo; ahora el Príncipe de este mundo va a ser echado fuera. Y cuando yo sea elevado sobre la tierra, atraeré a todos hacia mí. Esto lo decía dando a entender la muerte de que iba a morir.

Pistas: Se acercan unos que dicen a los discípulos: “quisiéramos ver a Jesús” y en el Evangelio hoy esto parece una tarea difícil. La respuesta de Jesús parece que tiene poco que ver con las inquietudes de aquellos que se acercaban buscándole. Pero nos muestran el camino para poder encontrarse con Jesús y que Él mismo recorrió: el del amor, la humildad, la fidelidad, la obediencia, el servicio. Y sólo recorriendo ese mismo camino se puede descubrir verdaderamente quién es Jesús y conocerle.
¿Cuántas veces quisiéramos ver a Jesús sin tener que pasar por “Andrés” y “Felipe”, es decir, por la Iglesia? ¿Cuántas veces nos gustaría un camino triunfante, sin cruces, cediendo a los propios deseos? ¿Cuántas veces ponemos por encima el egoísmo o el interés en lugar de buscar el verdadero bien, la verdad, la auténtica libertad, la fidelidad a Dios aunque sea por un camino difícil de entender?
“Ahora el Príncipe de este mundo va ser echado fuera. Y cuando yo sea elevado sobre la tierra, atraeré a todos hacía mí”. Jesús vence al diablo, al mal, al pecado, a la mentira, a la injusticia, al sufrimiento. Todo ello lo consigue muriendo en una cruz. Y esto cambia la historia. Es algo asombroso lo que sucede. Y es la mejor manera de entender el grano de trigo que cae en tierra y muere, y el ser capaz de negarse a uno mismo.
En la cruz el diablo cree que vence, pero en realidad es vencido. Jesús no es un necio que se entrega a la muerte, ni un fanático religioso… Se entrega porque ama. Lo matan porque le odian y no le entienden o le tienen miedo. Y en medio de esto se cumple el plan de Dios.
Seguir a Jesús y comprender la cruz como camino de salvación es lo que el evangelio de hoy te propone. No dice que vaya a ser fácil, pero sí que dará fruto, que encontrarás vida, que conocerás verdaderamente a Jesús, siguiéndole, porque Él va delante. ¿Llevas cruces? Él llevó la cruz. ¿Necesitas entregarte más, quieres más amor en tu vida? Jesús fue delante enseñándote el camino. ¿Te atreves a seguirle? Toma tu cruz y ve con Él.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Sábado 17 de marzo

Sábado 17 de marzo
San Patricio, obispo

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Juan 7, 40-53
En aquel tiempo, algunos de entre la gente, que hablan oído los discursos de Jesús, decían: «Éste es de verdad el profeta.» Otros decían: «Este es el Mesías.» Pero otros decían: «¿Es que de Galilea va a venir el Mesías? ¿No dice la Escritura que el Mesías vendrá del linaje de David, y de Belén, el pueblo de David?» Y así surgió entre la gente una discordia por su causa. Algunos querían prenderlo, pero nadie le puso la mano encima.
Los guardias del templo acudieron a los sumos sacerdotes y fariseos, y éstos les dijeron: «¿Por qué no lo habéis traído?» Los guardias respondieron: «Jamás ha hablado nadie como ese hombre.» Los fariseos les replicaron: «¿También vosotros os habéis dejado embaucar? ¿Hay algún jefe o fariseo que haya creído en él? Esa gente que no entiende de la Ley son unos malditos.»
Nicodemo, el que había ido en otro tiempo a visitarlo y que era fariseo, les dijo: «¿Acaso nuestra ley permite juzgar a nadie sin escucharlo primero y averiguar lo que ha hecho?» Ellos le replicaron: «¿También tú eres galileo? Estudia y verás que de Galilea no salen profetas.» Y se volvieron cada uno a su casa.

Pistas: Nicodemo pregunta a los fariseos y sumos sacerdotes: «¿Acaso nuestra ley permite juzgar a nadie sin escucharlo primero y averiguar lo que ha hecho?». Pero a ellos no les importa eso. Ya tienen claro lo que piensan de Jesús y buscan la manera de confirmar sus ideas, no de encontrar la verdad.
La gente al oír y ver a Jesús, por sus palabras y sus signos, y por su propio estilo de vida, creían en Él. Pero cuando los prejuicios religiosos y los intereses entran por medio todo se oscurece. La Ley y los Profetas anuncian a Jesús, en Él se cumple de un modo absolutamente sorprendente y extraordinario las promesas y esperanzas del Antiguo Testamento, y alcanza su plenitud la revelación de Dios. Pero estos hombres expertos en la ley prefieren su religiosidad a entrar en lo profundo de la Palabra de Dios y descubrir en ella el camino hacia Jesús. Algunos si lo logran, y los Evangelios y el Nuevo Testamento está repleto de referencias al Antiguo Testamento que iluminan la figura de Jesús y muestran cómo en Él se cumplen y alcanzan plenitud.
Puedes llevar a tu propia vida lo que cuenta este Evangelio. “La gente que no entiende la Ley”, los que saben que necesitan más verdad, más luz en su vida, son capaces de reconocer a Jesús. En cambio, los que se quedan encerrados en las tradiciones, los intereses o la religiosidad no son capaces de reconocer y acoger a Jesús. ¿Puede estar pasándote esto a ti? ¿o si tienes responsabilidad en la Iglesia? ¿o a tu comunidad?
A veces sucede en la vida de fe que nos estancamos, que la fe se enfría. Uno de los motivos puede ser una falsa, deformada o equivocada imagen de Dios. Y es necesaria la humildad de Nicodemo, que era un experto en la Ley pero se acercó a Jesús a pesar de que hacía tambalear sus esquemas. Jesús hace las cosas nuevas, también en tu vida, pero tienes que querer acogerle y dejar a un lado tus prejuicios. Si quieres encontrarte con Dios, Él es el único camino.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Viernes 16 de marzo

Viernes 16 de marzo
IV semana de cuaresma

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Juan 7, 1-2. 10. 25-30
En aquel tiempo, recorría Jesús la Galilea, pues no quería andar por Judea porque los judíos trataban de matarlo. Se acercaba la fiesta judía de las tiendas. Después que sus parientes se marcharon a la fiesta, entonces subió él también, no abiertamente, sino a escondidas.
Entonces algunos que eran de Jerusalén dijeron: «¿No es éste el que intentan matar? Pues mirad cómo habla abiertamente, y no le dicen nada. ¿Será que los jefes se han convencido de que éste es el Mesías? Pero éste sabemos de dónde viene, mientras que el Mesías, cuando llegue, nadie sabrá de dónde viene.»
Entonces Jesús, mientras enseñaba en el templo, gritó: «A mí me conocéis, y conocéis de dónde vengo. Sin embargo, yo no vengo por mi cuenta, sino enviado por el que es veraz; a ése vosotros no lo conocéis; yo lo conozco, porque procedo de él, y él me ha enviado.»
Entonces intentaban agarrarlo; pero nadie le pudo echar mano, porque todavía no había llegado su hora.

Pistas: El Evangelio de San Juan transmite muy claramente la idea de que Jesús se entrega voluntariamente a la muerte y que esta muerte es redentora, es salvadora. Todo encaja en el plan de salvación de Dios. Aunque la cruz sea un misterio y en muchos sentidos un escándalo, a través de ella Jesús vencerá al pecado, al mal, al demonio y a la muerte. Y aunque no podamos entenderlo ni verlo, en muchas ocasiones este mundo va hacia la plenitud. Los hombres tienen sus planes y el mal cree que vencerá. Pero, al final, sólo lograrán hacer la voluntad de Dios. Y cuando parece que el mal es más fuerte, Dios sale victorioso. Como sucede en le cruz y en la muerte de Jesús.
San Juan habla de la hora de Jesús refiriéndose al momento de su muerte y mostrando que esto no escapa al plan de Dios. Es necesario que se cumpla lo previsto para que Jesús sea glorificado. Cada momento de la pasión se explicará definitivamente con el triunfo sobre la muerte.
También se enfrenta Jesús hoy a la idea de Mesías que tenían muchos judíos de su tiempo. No son capaces de reconocer a Jesús y, por tanto, de encontrarse con Dios. Sus prejuicios, su idea de cómo deben ser las cosas, les impide reconocer la verdad que se revela en Jesús. Es más, prefieren vivir en la oscuridad que acercarse a la verdad de Jesús y a Dios.
Puedes rezar con estas dos ideas: la historia, la del mundo y la tuya propia, está en manos de Dios. Pase lo que pase, de un modo que no podemos entender. Y tus ideas preconcebidas quizás estén enfriando tu fe o apartándote de Dios. Jesús da testimonio de la verdad. Así pues, acércate a Jesús tal como eres y deja que te muestre la verdad, aunque te contraríe y tenga que hacerte cambiar.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Jueves 15 de marzo

Jueves 15 de marzo
IV semana de cuaresma

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Juan 5, 31-47
En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos: «Si yo doy testimonio de mí mismo, mi testimonio no es válido. Hay otro que da testimonio de mí, y sé que es válido el testimonio que da de mí.
Vosotros enviasteis mensajeros a Juan, y él ha dado testimonio de la verdad. No es que yo dependa del testimonio de un hombre; si digo esto es para que vosotros os salvéis. Juan era la lámpara que ardía y brillaba, y vosotros quisisteis gozar un instante de su luz.
Pero el testimonio que yo tengo es mayor que el de Juan: las obras que el Padre me ha concedido realizar; esas obras que hago dan testimonio de mí: que el Padre me ha enviado. Y el Padre que me envió, él mismo ha dado testimonio de mí. Nunca habéis escuchado su voz, ni visto su semblante, y su palabra no habita en vosotros, porque al que él envió no le creéis.
Estudiáis las Escrituras pensando encontrar en ellas vida eterna; pues ellas están dando testimonio de mí, ¡y no queréis venir a mí para tener vida! No recibo gloria de los hombres; además, os conozco y sé que el amor de Dios no está en vosotros.
Yo he venido en nombre de mi Padre, y no me recibisteis; si otro viene en nombre propio, a ése si lo recibiréis.
¿Cómo podréis creer vosotros, que aceptáis gloria unos de otros y no buscáis la gloria que viene del único Dios? No penséis que yo os voy a acusar ante el Padre, hay uno que os acusa: Moisés, en quien tenéis vuestra esperanza. Si creyerais a Moisés, me creeríais a mí, porque de mí escribió él. Pero, si no dais fe a sus escritos, ¿cómo daréis fe a mis palabras?»

Pistas: ¿Quién es Jesús? Las obras que hace dan testimonio de Él. Juan el Bautista dio testimonio de Él. Las Escrituras dan testimonio de Él. Pero Jesús dice que todo esto da igual si “no queréis venir a mí para tener vida”.
Si prefieres tu propia gloria, o dar gloria a otros según tus intereses y egoísmos. Si prefieres tu luz y tu verdad, a la luz y verdad de Jesús. Si te apartas del amor para vivir en la búsqueda de placeres o en una religiosidad como la de los judíos a los que Jesús habla hoy. Si alguna de estas cosas sucede en tu vida, puede que tengas a Jesús, la luz, la vida, la salvación, la verdad, el camino hacia Dios, a tu lado y no te des cuenta. Puede que tengas delante la respuesta a lo que necesitas y buscas, y no la encuentres.
El Evangelio de hoy es una invitación al encuentro con Jesús. ¿Cuántas cosas en tu vida te hablan de Jesús y dan testimonio de Él? ¿cuántas veces buscas en otros sitios lo que sólo Jesús puede darte? Abre el corazón, pide fe y le encontrarás.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Miércoles 14 de marzo

Miércoles 14 de marzo
IV semana de cuaresma

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Juan 5, 17-30

En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos: «Mi Padre sigue actuando, y yo también actúo.»
Por eso los judíos tenían más ganas de matarlo: porque no sólo abolía el sábado, sino también llamaba a Dios Padre suyo, haciéndose igual a Dios. Jesús tomó la palabra y les dijo:
«Os lo aseguro: El Hijo no puede hacer por su cuenta nada que no vea hacer al Padre. Lo que hace éste, eso mismo hace también el Hijo, pues el Padre ama al Hijo y le muestra todo lo que él hace, y le mostrará obras mayores que ésta, para vuestro asombro.
Lo mismo que el Padre resucita a los muertos y les da vida, así también el Hijo da vida a los que quiere.
Porque el Padre no juzga a nadie, sino que ha confiado al Hijo el juicio de todos, para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo no honra al Padre que le envió.
Os lo aseguro: Quien escucha mi palabra y cree al que me envió posee la vida eterna y no se le llamará a juicio, porque ha pasado ya de la muerte a la vida.
Os aseguro que llega la hora, y ya está aquí, en que los muertos oirán la voz del Hijo de Dios, y los que hayan oído vivirán.
Porque, igual que el Padre dispone de la vida, así ha dado también al Hijo el disponer de la vida. Y le ha dado potestad de juzgar, porque es el Hijo del hombre.
No os sorprenda, porque viene la hora en que los que están en el sepulcro oirán su voz: los que hayan hecho el bien saldrán a una resurrección de vida; los que hayan hecho el mal, a una resurrección de juicio.
Yo no puedo hacer nada por mí mismo; según le oigo, juzgo, y mi juicio es justo, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió.»

Pistas: San Juan nos hace adentrarnos hoy en el misterio de Dios. Y asomarnos a la relación del Padre y el Hijo, y a la pregunta ¿quién es Jesús?
Jesús es el Hijo de Dios. Es una relación de amor, y Jesús se presenta a sí mismo tan íntimamente unido al Padre que se pone a su nivel. Las obras de Jesús son las del Padre. Jesús muestra quién es el Padre y nos lo enseña también por medio de sus obras.
La palabra de Jesús da vida. Creer en ella es tener vida. Creer en Jesús, en el Hijo, es creer en el Padre. Jesús tiene poder para dar vida, para juzgar, para salvar… Y por la fe en Él los que crean y hayan hecho el bien resucitarán a la vida. Y a los que no, les espera el juicio.
Encontramos muchos aspectos en los que reflexionar y rezar hoy: ¿quién es Jesús? ¿qué manifiestan las obras de Jesús? ¿y la palabra de Jesús? San Juan nos pone ante el final del camino, en donde ya nos espera Jesús: El juicio, la vida eterna, la resurrección, son elementos que conforman el anuncio de lo que vendrá. Y ante ello Jesús nos invita a estar en guardia, preparados. También la cuaresma es un tiempo para pararnos, para reflexionar, para elevar la guardia, para estar atentos. No es un tiempo que necesite o exija Dios, sino que lo necesitamos nosotros para ser conscientes de en qué situación se encuentra nuestra relación con Dios. Para analizar qué tenemos que cambiar, mejorar o fortalecer para estar más cerca de Él.
Nos acercamos a la semana santa. El día de Pascua estas palabras de Jesús alcanzarán pleno significado: el Padre actúa y Jesús seguirá actuando (y enviará el Espíritu Santo… pero ya profundizaremos en esto). Hoy puedes rezar con las preguntas: ¿quién es Jesús en tu vida? ¿necesitas salvación?¿ dónde la buscas?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Martes 13 de marzo

Martes 13 de marzo
IV semana de cuaresma

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Juan 5, 1-3. 5-16
En aquel tiempo, se celebraba una fiesta de los judíos, y Jesús subió a Jerusalén. Hay en Jerusalén, junto a la puerta de las ovejas, una piscina que llaman en hebreo Betesda. Ésta tiene cinco soportales, y allí estaban echados muchos enfermos, ciegos, cojos, paralíticos. Estaba también allí un hombre que llevaba treinta y ocho años enfermo.
Jesús, al verlo echado, y sabiendo que ya llevaba mucho tiempo, le dice: «¿Quieres quedar sano?»
El enfermo le contestó: «Señor, no tengo a nadie que me meta en la piscina cuando se remueve el agua; para cuando llego yo, otro se me ha adelantado.» Jesús le dice: «Levántate, toma tu camilla y echa a andar.» Y al momento el hombre quedó sano, tomó su camilla y echó a andar.
Aquel día era sábado, y los judíos dijeron al hombre que había quedado sano: «Hoy es sábado, y no se puede llevar la camilla.»
Él les contestó: «El que me ha curado es quien me ha dicho: Toma tu camilla y echa a andar.»
Ellos le preguntaron: «¿Quién es el que te ha dicho que tomes la camilla y eches a andar?»
Pero el que habla quedado sano no sabía quién era, porque Jesús, aprovechando el barullo de aquel sitio, se había alejado.
Más tarde lo encuentra Jesús en el templo y le dice: «Mira, has quedado sano; no peques más, no sea que te ocurra algo peor.»
Se marchó aquel hombre y dijo a los judíos que era Jesús quien lo había sanado. Por esto los judíos acosaban a Jesús, porque hacia tales cosas en sábado.

Pistas: Fijémonos en algunos detalles del Evangelio de hoy. El hombre lleva 38 años enfermo, junto a una piscina en la que supuestamente se va a curar. Cuando Jesús le pregunta si quiere quedar sano no pide el milagro a Jesús, ni siquiera le responde que sí, sólo se lamenta de su situación. Está enfermo, pero también está estancado, lleva toda su vida aferrado a una superstición. Jesús hace este milagro por pura compasión, no se lo han pedido, pero ve a aquel hombre que sufre y se acerca a él. La reacción del hombre es curiosa, no se interesa por Jesús, ni le sigue, ni quiere conocerle.
El que se encuentra con Jesús encuentra salvación. Pero no vale con un “toque”, ni siquiera con un milagro. Tienes que conocer de verdad a Jesús. Algunos llegan por sus propios medios a Él. Pero muchos lo conocen a través de otros, por medio de quienes pueden entender quién es Él y por qué merece la pena abrirle tu corazón. Sea cual sea tu caso, no te quedes simplemente como un espectador ante Jesús. Da un paso hacia Él. Háblale, rézale y escucha lo que tiene que decirte.
También podemos mirar este Evangelio desde la perspectiva de los judíos. No les importa el paralítico. Toda una vida postrado y por fin se puede levantar. Y, sin embargo, toda su preocupación es que se salte una ley religiosa. Por la actitud de Jesús le atacan, incapaces de mirar más allá.
Los personajes de este Evangelio, sus reacciones, sus intereses… ¿te dicen algo? Deja que iluminen tu propia vida: Jesús, el paralítico, los judíos ¿Qué tienes en común con ellos? Jesús salva, acércate a Él y encontrarás salvación.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Manuel

Lunes 12 de marzo

Lunes 12 de marzo
IV semana de cuaresma

(Recuerda:
1. Pide del Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Juan 4, 43-54

En aquel tiempo, salió Jesús de Samaria para Galilea. Jesús mismo habla hecho esta afirmación: «Un profeta no es estimado en su propia patria.»
Cuando llegó a Galilea, los galileos lo recibieron bien, porque hablan visto todo lo que había hecho en Jerusalén durante la fiesta, pues también ellos hablan ido a la fiesta.
Fue Jesús otra vez a Cana de Galilea, donde habla convertido el agua en vino. Había un funcionario real que tenía un hijo enfermo en Cafarnaún. Oyendo que Jesús había llegado de Judea a Galilea, fue a verle, y le pedía que bajase a curar a su hijo que estaba muriéndose. Jesús le dijo: «Como no veáis signos y prodigios, no creéis.» El funcionario insiste: «Señor, baja antes de que se muera mi niño.» Jesús le contesta: «Anda, tu hijo está curado.»
El hombre creyó en la palabra de Jesús y se puso en camino. Iba ya bajando, cuando sus criados vinieron a su encuentro diciéndole que su hijo estaba curado. Él les preguntó a qué hora había empezado la mejoría. Y le contestaron: «Hoy a la una lo dejó la fiebre.»
El padre cayó en la cuenta de que ésa era la hora cuando Jesús le había dicho: «Tu hijo está curado.» Y creyó él con toda su familia. Este segundo signo lo hizo Jesús al llegar de Judea a Galilea.

Pistas: Este Evangelio nos habla de la fe y los “signos” de Jesús. Muchos creían en Él por ellos. Pero el funcionario real del que nos habla hoy el Evangelio –un pagano y extranjero- cree en Jesús antes de ver el signo. Cree por su palabra. Confía en Él. A pesar de la primera respuesta de Jesús, él persevera en su petición y después cree en la palabra de Jesús.
¿Cuántas veces dudamos de Dios y no creemos en su palabra y en sus promesas? El Evangelio de hoy te invita a orar con perseverancia. Así, el verdadero milagro que leemos hoy es que sin ver ninguna señal el hombre cree en la palabra de Jesús y vuelve a casa. Y por el camino se confirma lo que Jesús le había dicho.
Quizás a veces necesites ponerte en camino para poder ver lo que Jesús te regala. Quedarte quieto es el mejor modo de no progresar en la fe. En cambio, una vida de oración, de profundizar en la relación con Dios, te hará reconocerle en el camino.
Otro detalle es la actividad de Jesús. Galilea, Samaría, Judea, con judíos y con gentiles (paganos). Él se acerca a ellos y pasa haciendo el bien a los que creen en Él. Algunos habían oído hablar de Él y por eso creen, otros conocían los signos de Jesús. Seguro que si lo piensas tú también has oído, te han contado, lo que la fe en Jesús hace en la vida de muchas personas hoy en día.
Entonces, si ya has oído hablar de Jesús, si sabes que ha cambiado la vida de muchas personas, puedes reflexionar lo siguiente: ¿esto era sólo para el hombre del Evangelio? ¿sólo para los pecadores a los que se acercaba Jesús? ¿sólo para la gente buena que le acompañaba? ¿o también es para ti?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Domingo 12 de marzo

Domingo 11 de marzo
IV domingo de cuaresma “Laetare”

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Juan 3, 14-21.
En aquel tiempo dijo Jesús a Nicodemo: Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto así tiene que ser elevado el Hijo del Hombre, para que todo el que cree en él tenga vida eterna.
Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Hijo único, para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna.
Porque Dios no mandó su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.
El que cree en él, no será condenado; el que no cree, ya está condenado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios.
Esta es la causa de la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres prefirieron la tiniebla a la luz, porque sus obras eran malas.
Pues todo el que obra perversamente detesta la luz, y no se acerca a la luz, para no verse acusado por sus obras.
En cambio, el que realiza la verdad se acerca a la luz, para que se vea que sus obras están hechas según Dios

Pistas: Cuando el pueblo judío atravesaba el desierto camino de la tierra prometida, hubo una plaga de víboras y Moisés hizo un estandarte con una serpiente. El que la miraba quedaba curado de la mordedura. San Juan utiliza esta imagen para hablar de Jesús muerto en la cruz por los pecados. Para él la cruz es casi un trono en el que Jesús es elevado. Y el crucificado que resucitará es el que da vida eterna, el que salva, el Hijo de Dios, la luz del mundo.
A veces se puede pensar que a Dios le da igual que nos salvemos o nos condenemos. Esto no es cierto. Dios quiere que te salves, que tengas vida eterna, que vivas en la luz. Y para eso te envía a Jesús y te da el Espíritu Santo. San Juan escribe dando vueltas a la misma idea y avanzando un pequeño paso cada vez. Salvación y condena, luz y tinieblas. Creer en Jesús o no creer en Él.
Para rezar con este Evangelio puedes leerlo despacio, parándote en la frase que te llame la atención e iluminando tu vida con ella. Haz oración con lo que Dios te diga y puedes continuar leyendo. Da gracias a Dios por lo que significa la venida de Jesús, su muerte y resurrección. Puedes pedirle que te aumente la fe, que ponga su luz en tu vida o arrepentirte de las veces que vives en tinieblas.
Lee otra vez el Evangelio, reza con él pensando en cuestiones concretas y darás un paso hacia la luz.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.