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Domingo 4 de noviembre

Domingo, 4 de noviembre
XXXI domingo del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Marcos 12, 28b-34
En aquel tiempo, un escriba se acercó a Jesús y le preguntó: «¿Qué mandamiento es el primero de todos?»
Respondió Jesús: «El primero es: “Escucha, Israel, el Señor, nuestro Dios, es el único Señor: amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todo tu ser.» El segundo es éste: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo.” No hay mandamiento mayor que éstos.»
El escriba replicó: «Muy bien, Maestro, tienes razón cuando dices que el Señor es uno solo y no hay otro fuera de él; y que amarlo con todo el corazón, con todo el entendimiento y con todo el ser, y amar al prójimo como a uno mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios.»
Jesús, viendo que había respondido sensatamente, le dijo: «No estás lejos del reino de Dios.» Y nadie se atrevió a hacerle más preguntas.

Pistas: En un mundo como el judío, con muchas normas y preceptos, un escriba se acerca a Jesús y le pregunta sobre el principal. La respuesta de Jesús cita el Deuteronomio: Amar a Dios con todo el ser. Y pone al nivel de este mandamiento el del amor al prójimo.
Jesús nos manda vivir en el amor y enseña a sus discípulos cómo es posible conseguir esto. Primero, porque Dios es amor. Jesús muestra a Dios como Padre misericordioso y lleno de amor. Enseña a amar a todos hasta el extremo de entregar por ellos la vida y de hacerse el servidor de todos. Pero no se conforma con eso, Jesús prometerá y enviará el Espíritu Santo, que es Dios mismo amando y llenando al hombre de amor. Por eso, este mandamiento es la invitación a ser discípulo suyo y el pilar de una vida cristiana.
De nada servirá ser muy religioso, hacer muchas cosas para Dios, ser bueno y justo, si en tu vida no hay amor. Porque será insuficiente y fuente de insatisfacción, y acabará convirtiéndose en una hipocresía y una mentira. El alma de la vida cristiana es el amor. Por eso, aprovecha el Evangelio de hoy para acercarte a Dios y dejarte amar por Él. Ponte en oración y entra en su presencia ¡Déjate amar por Él! Descubre que su amor es gratuito e incondicional. Y, además, es para ti.
Y, luego, revisa tu vida ¿Estás experimentando su amor? (para ello es necesario orar) ¿estás correspondiendo a su amor? (Dios es más que una teoría, unas costumbres, unas ideas en tu vida) ¿y con el prójimo? (éste es un termómetro muy fiable de cómo va tu vida de fe, si es verdadera o es una fachada, si te estás acomodando o volviendo un fariseo). Ser discípulo de Jesús es aprender a amar. ¿Quieres amar y ser amado? Sigue a Jesús y recorre con Él este camino.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Sábado 3 de noviembre

Sábado, 3 de noviembre
San Martin de Porres, religioso

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Lucas 14, 1. 7-11
En aquel tiempo, entró Jesús un sábado en casa de uno de los principales fariseos para comer, y ellos le estaban espiando.
Notando que los convidados escogían los primeros puestos, les propuso este ejemplo: Cuando te conviden a una boda, no te sientes en el puesto principal, no sea que hayan convidado a otro de más categoría que tú; y vendrá el que os convidó a ti y al otro, y te dirá: Cédele el puesto a éste. Entonces, avergonzado, iras a ocupar el último puesto.
Al revés, cuando te conviden, vete a sentarte en el último puesto, para que, cuando venga el que te convidó, te diga: Amigo, sube más arriba. Entonces quedarás muy bien ante todos los comensales.
Porque todo el que se enaltece será humillado; y el que se humilla será enaltecido.

Pistas: Los puestos, los honores, el reconocimiento, el orgullo, el postureo y las apariencias. ¡Esto sigue tan de moda! Jesús eligió y enseñó el camino de la humildad.
Pero ¿qué significa ser humilde? La humildad es lo contrario del orgullo y la soberbia, también del tenerse por menos o despreciarse dejando así de usar los dones que Dios da y no pudiendo alcanzar la plenitud de vida que nos quiere regalar. La humildad tiene que ver con la verdad. Reconocer la verdad de quién soy y quién es Dios, mi lugar respecto a los demás y en el mundo. Soy un pecador, soy débil, pero soy hijo de Dios, tengo la fuerza del Espíritu Santo y sus dones. Ser humilde abre la puerta a los dones de Dios.
En realidad, la humildad hace ver que la vida sin Dios no conduce a la felicidad. Necesito a Dios en mi vida, en mis decisiones, en mi realidad. Dicho de otro modo: que por mí mismo, por mis solas fuerzas, no voy a encontrar felicidad (por eso el que se enaltece será humillado). La humildad permite vivir en el amor porque hace descubrir que el verdadero tesoro es vivir como Jesús (que fue “manso y humilde”), que amó y sirvió hasta entregar la vida y siendo Dios eligió el camino de la entrega y el amor.
Enaltecerse lleva a la caída y al sufrimiento. Hoy Jesús te propone otro camino: el de la verdad, el amor, la verdadera grandeza, la paz… y pasa por la humildad.
Hoy además se celebra la memoria de San Martín de Porres en el que destacó su humildad. En el siguiente enlace puedes encontrar más datos sobre su figura https://www.dominicos.org/quienes-somos/grandes-figuras/santos/san-martin-de-porres/ Revisa tu vida y ora con la Palabra de Dios de este día.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

XXXI Domingo del Tiempo Ordinario

Evangelio según San Marcos 12,28b-34.

Un escriba se acercó a Jesús y le preguntó: «¿Cuál es el primero de los mandamientos?».
Jesús respondió: «El primero es: Escucha, Israel: el Señor nuestro Dios es el único Señor;
y tú amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma, con todo tu espíritu y con todas tus fuerzas.
El segundo es: Amarás a tu prójimo como a tí mismo. No hay otro mandamiento más grande que estos».
El escriba le dijo: «Muy bien, Maestro, tienes razón al decir que hay un solo Dios y no hay otro más que él,
y que amarlo con todo el corazón, con toda la inteligencia y con todas las fuerzas, y amar al prójimo como a sí mismo, vale más que todos los holocaustos y todos los sacrificios».
Jesús, al ver que había respondido tan acertadamente, le dijo: «Tú no estás lejos del Reino de Dios». Y nadie se atrevió a hacerle más preguntas.

Viernes 2 de noviembre

Viernes 2 de noviembre
Conmemoración de Todos los fieles difuntos

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Marcos 15, 33-39; 16, 1-6
Al llegar el mediodía, toda la región quedo en tinieblas hasta la media tarde. Y, a la media tarde, Jesús clamó con voz potente: -«Eloí, Eloí, lamá sabaktaní.»
(Que significa: «Dios mío, Dios mío, ¿por que me has abandonado?») Algunos de los presentes, al oírlo, decían:
—«Mira, está llamando a Elías.»
Y uno echó a correr y, empapando una esponja en vinagre, la sujetó a una caña, y le daba de beber, diciendo: —«Dejad, a ver si viene Elías a bajarlo.»
Y Jesús, dando un fuerte grito, expiró.
El velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo.
El centurión, que estaba enfrente, al ver cómo habla expirado, dijo: —«Realmente este hombre era Hijo de Dios.»
Pasado el sábado, María Magdalena, María la de Santiago, y Salomé compraron aromas para ir a embalsamar a Jesús. Y muy temprano, el primer día de la semana, al salir el sol, fueron al sepulcro. Y se decían unas a otras: —«¿Quien nos correrá la piedra de la entrada del sepulcro?»
Al mirar, vieron que la piedra estaba corrida, y eso que era muy grande. Entraron en el sepulcro y vieron a un joven sentado a la derecha, vestido de blanco. Y se asustaron. Él les dijo:
—«No os asustéis. ¿Buscáis a Jesús el Nazareno, el crucificado? No está aquí. Ha resucitado. Mirad el sitio donde lo pusieron.»

Pistas: Hoy se puede escoger entre muchos Evangelios diferentes. Yo he elegido éste porque cuenta el acontecimiento que nos hace creer en la vida eterna.
¿En qué se basa nuestra fe en la vida eterna? ¿qué es lo que hace que los cristianos creamos en el cielo? Lo acabas de leer. No es una teoría o una ideología, un deseo o una proyección. Es algo que sucedió en la historia y la trascendió. La superó. Fue la muerte y resurrección de Jesús. Un hombre que muere en una cruz, condenado por los romanos y abandonado por los suyos. Y en ese acontecimiento se manifiesta el Hijo de Dios hecho hombre que va a vencer a la muerte y al pecado, que va a hacer nuevas las cosas para siempre. Que enviará el Espíritu Santo y cumplirá las promesas que había hecho a sus discípulos.
¿Hay vida eterna? ¿qué pasa después de la muerte? Jesús el Nazareno, el crucificado, no está en el sepulcro, no ha sido derrotado. Todo lo que prometió y enseñó alcanza una nueva dimensión, porque ha resucitado y el sepulcro (el lugar de la muerte) está vacío. La vida ha vencido. Y gracias a ello tú tienes esperanza, tu vida tiene sentido y tu fe te liberará de las esclavitudes efímeras. Vuelve a leer este relato, imagínate la escena, deja que Dios te hable y ora.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Jueves 1 de noviembre

Jueves 1 de noviembre
Solemnidad de Todos los Santos

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Mateo 5, 1-12a
En aquel tiempo, al ver Jesús el gentío, subió a la montaña, se sentó, y se acercaron sus discípulos; y él se puso a hablar, enseñándoles:
-«Dichosos los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos. Dichosos los que lloran, porque ellos serán consolados.
Dichosos los sufridos, porque ellos heredarán la tierra.
Dichosos los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos quedarán saciados. Dichosos los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.
Dichosos los que trabajan por la paz, porque ellos se llamarán los Hijos de Dios.
Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos.
Dichosos vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa. Estad alegres y contentos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo,».

Pistas: Jesús presenta a sus discípulos el camino para que puedan ser felices. Un camino que Él ha recorrido y seguirá hasta las últimas consecuencias.
Las Bienaventuranzas forman parte seguir a Jesús y llenarse del Espíritu Santo. Y no hay otro camino para ser santos (felices, plenos) que seguirle a Él.
Piensa ¿dónde pones tu alegría? ¿en ídolos como el dinero, la salud, el poder, la fama, el bienestar…? ¿en ser muy bueno, muy cumplidor, muy religioso? ¿en que las cosas te vayan bien y poder así sentirte feliz?
Jesús dice que la dicha que nadie podrá quitarte está en seguirle a Él. Y eso implica ser pobre, sufrido, tener hambre y sed de justicia, ser misericordioso, ser limpio de corazón, trabajar por la paz e incluso sufrir persecuciones. Pero el premio es inigualable: la dicha aquí y la vida eterna. El premio es tener una felicidad que ninguna circunstancia te podrá robar.
¿Eres solamente alguien religioso, alguien bueno, alguien que va tirando…. o realmente quieres vivir las bienaventuranzas de Jesús? ¿Te conformas con una existencia de mero cumplimiento o deseas vivir lo que Jesús te promete? Síguele y podrás experimentar que esto no es una teoría sino verdad, vida, plenitud y felicidad.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Miércoles 31 de octubre

Miércoles 31 de octubre
XXX semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Lucas 13, 22-30
En aquel tiempo, Jesús, de camino hacia Jerusalén, recorría ciudades y aldeas enseñando.
Uno le preguntó: Señor, ¿serán pocos los que se salven? Jesús les dijo: Esforzaos en entrar por la puerta estrecha. Os digo que muchos intentarán entrar y no podrán.
Cuando el amo de la casa se levante y cierre la puerta, os quedaréis fuera y llamaréis a la puerta diciendo. «Señor, ábrenos» y él os replicará: «No sé quiénes sois».
Entonces comenzaréis a decir: «Hemos comido y bebido contigo y tú has enseñado en nuestras plazas». Pero él os replicará: «No sé quiénes sois. Alejaos de mí, malvados».
Entonces será el llanto y el rechinar de dientes, cuando veáis a Abrahán, Isaac y Jacob y a todos los profetas en el Reino de Dios y vosotros os veáis echados fuera.
Y vendrán de Oriente y Occidente, del Norte y del Sur y se sentarán a la mesa en el Reino de Dios. Mirad: hay últimos que serán primeros y primeros que serán últimos.

Pistas: Hay frases que tal vez nos gustaría borrar del Evangelio, para hacerlo más asequible, más laxo, menos radical. Pero si lo hiciéramos se volvería también falso e irrelevante. Y, además, representan la autenticidad de las palabras de Jesús, ajenas a convencionalismos o intentos de agradar a estamentos o grupos. “Esforzaos en entrar por la puerta estrecha. Os digo que muchos intentarán entrar y no podrán”.
Vivir la fe implica optar, esforzarse, luchar. Piensa por un momento en todo lo que sabes y has ido aprendiendo del mensaje de Jesús. Las implicaciones de encontrarse con Él y convertirse en su discípulo.
La entrada en el Reino es gratis, es un regalo, una llamada, una invitación; pero a la vez significa que todo se hace nuevo en tu vida por la relación con Jesús y la presencia del Espíritu Santo. Esto te regala un nuevo corazón, nuevas fuerzas, los dones de Dios, un nuevo modo de relacionarte con los demás… Esto es entrar por la puerta estrecha. Es gratis, pero no es una baratija que se trata de cualquier modo.
¿Cuál es la puerta estrecha que tienes que cruzar en este momento de tu vida? Si te atreves a entrar por ella descubrirás cuál es el Reino que Jesús anuncia y podrás vivirlo.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Martes 30 de octubre

Martes, 30 de octubre
XXX semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Lucas 13, 18-21
En aquel tiempo, Jesús decía: ¿A qué se parece el reino de Dios? ¿A qué lo compararé? Se parece a un grano de mostaza que un hombre toma y siembra en su huerto; crece, se hace un arbusto y los pájaros anidan en sus ramas.
Y añadió: ¿A qué compararé el Reino de Dios? Se parece a la levadura que una mujer toma y mete en tres medidas de harina, hasta que todo fermenta.

Pistas: En la predicación de Jesús la idea de Reino de Dios (o más exactamente deberíamos decir reinado de Dios, Dios reinando, como una realidad dinámica) es un elemento central. Para explicarlo utiliza en muchas ocasiones parábolas, ejemplos que quienes le escuchan puedan comprender o imaginar fácilmente. Una semilla de mostaza, minúscula, pero que tras ser sembrada crece y sirve de cobijo. Un poco de levadura que fermenta la masa.
¿Qué elementos destacan las de hoy? Lo pequeño, lo que parece débil, lo que a simple vista parece insuficiente, tiene poder y fuerza en sí mismo para cambiar las cosas. Así actúa Dios para traer su Reino y puedes entrar tú en él. No con cosas extraordinarias, complicadas o espectaculares; sino que están en lo cotidiano y lo pequeño.
Reza con la Palabra de Dios y pregúntate: ¿cómo puedes aplicar esta enseñanza en tu vida? ¿y en tu comunidad? Piensa en eso que te preocupa ¿qué luz arroja la Palabra de Dios hoy sobre tu situación concreta? ¿cómo puedes hacer presente el Reino de Dios en ella?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Lunes 29 de octubre

Lunes, 29 de octubre
XXX semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Lucas 13, 10-17
Un sábado, enseñaba Jesús en una sinagoga.
Había una mujer que desde hacía dieciocho años estaba enferma por causa de un espíritu, y andaba encorvada, sin poderse enderezar. Al verla, Jesús la llamó y le dijo: Mujer, quedas libre de tu enfermedad. Le impuso las manos, y enseguida se puso derecha. Y glorificaba a Dios.
Pero el jefe de la sinagoga, indignado porque Jesús había curado en sábado, dijo a la gente: Seis días tenéis para trabajar: venid esos días a que os curen, y no los sábados.
Pero el Señor, dirigiéndose a él, dijo: Hipócritas: cualquiera de vosotros, ¿no desata del pesebre al buey o al burro, y lo lleva a abrevar, aunque sea sábado? Y a ésta, que es hija de Abrahán, y que Satanás ha tenido atada dieciocho años, ¿no había que soltarla en sábado? A estas palabras, sus enemigos quedaron abochornados, y toda la gente se alegraba de los milagros que hacía.

Pistas: Te invito a que te pongas en el lugar de cada personaje. La mujer que lleva 18 años enferma, encorvada (sin poder mirar al cielo, sin poder encontrar a Dios, “atada” por satanás), se encuentra con Jesús y Él la libera, imponiéndole las manos. Se endereza y glorifica a Dios. Jesús la desata. Ya puede andar derecha, ya puede mirar a Dios.
El jefe de la sinagoga. Se queda en la ley ¿Por qué no se alegra por la mujer? ¿por qué se indigna con Jesús? Pero finalmente queda abochornado porque Jesús le hace ver que en realidad ni siquiera le importa la ley, sino atacarle a Él.
Piensa qué puedes tener tú de cada uno de estos personajes ¿De qué necesitas que Jesús te libere? ¿quieres que Él te levante? ¿qué hipocresías hay en tu vida? ¿cómo vives la religión?
Jesús sana y salva, libera y muestra la verdad. Acércate a Él tras releer el Evangelio y reza.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Sábado 27 de octubre

Sábado 27 de octubre
XXIX semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Lucas 13, 1-9
En aquella ocasión, se presentaron algunos a contar a Jesús lo de los galileos, cuya sangre vertió Pilato con la de los sacrificios que ofrecían. Jesús les contestó: ¿Pensáis que esos galileos eran más pecadores que los demás galileos, porque acabaron así? Os digo que no; y si no os convertís, todos pereceréis lo mismo.
Y aquellos dieciocho que murieron aplastados por la torre de Siloé, ¿pensáis que eran más culpables que los demás habitantes de Jerusalén? Os digo que no. Y si no os convertís, todos pereceréis de la misma manera.
Y les dijo esta parábola: Uno tenía una higuera plantada en su viña, y fue a buscar fruto en ella, y no lo encontró. Dijo entonces al viñador: Ya ves: tres años llevo viniendo a buscar fruto en esta higuera, y no lo encuentro. Córtala. ¿Para qué va a ocupar terreno en balde? Pero el viñador contestó: Señor, déjala todavía este año; yo cavaré alrededor y le echaré estiércol, a ver si da fruto. Si no, el año que viene la cortarás.

Pistas: Dios castiga a los malvados, si alguien sufre es porque se lo merece… Esta mentalidad estaba arraigada en el judaísmo. Era la imagen de un dios castigador que servía también para señalar a los demás creyéndose mejores.
Jesús enseña que Dios es Padre, es amor, es misericordia, que quiere la vida y la plenitud del hombre. Pero éste es realmente libre. Las palabras de Jesús no son una amenaza, son una advertencia de las consecuencias del pecado y de no querer salir de él. Por eso Jesús dice que “si no os convertís, todos pereceréis de la misma manera”. Es una invitación a cambiar de vida.
Se comparaban los judíos que se tenían por justos con los que padecían enfermedades o desgracias, señalándolos con el dedo, diciendo que los otros eran pecadores, y creyéndose mejores. Tal vez nosotros hagamos esto también algunas veces. Señalamos los pecados de los demás para sentirnos justificados o para acallar nuestra conciencia. Jesús advierte: no sois mejores. Y si no os convertís…
Por último, la parábola de la higuera. El viñador quiere salvar la higuera, quiere que dé fruto, la cuida, la trabaja, le da oportunidades…. y espera. También tú tienes una oportunidad más, para dar fruto, para vivir en plenitud. Dios te espera. Así pues, deja que cambie tu corazón, llene tu vida, te dé su fuerza y así darás fruto.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Viernes 26 de octubre

Viernes 26 de octubre
XXIX semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Lucas 12, 54-59
En aquel tiempo, decía Jesús a la gente: Cuando veis subir una nube por el poniente, decís enseguida: «Chaparrón tenemos», y así sucede. Cuando sopla el sur decís: «Va a hacer bochorno», y lo hace.
Hipócritas: si sabéis interpretar el aspecto de la tierra y del cielo, ¿cómo no sabéis interpretar el tiempo presente? ¿Cómo no sabéis juzgar vosotros mismos lo que se debe hacer?
Cuando te diriges al tribunal con el que te pone pleito, haz lo posible por llegar a un acuerdo con él, mientras vais de camino; no sea que te arrastre ante el juez y el juez te entregue al guardia y el guardia te meta en la cárcel. Te digo que no saldrás de allí hasta que no pagues el último céntimo.

Pistas: ¿Somos capaces de interpretar signos de la naturaleza pero no somos capaces de entender lo que Jesús nos quiere decir?
En tiempos de Jesús todos sabían qué significaban las distintas señales que enviaba la tierra, el mar, el cielo… era su aprendizaje natural. Y en el nuestro tenemos estudios, conocimiento o nos conectamos con Google y ya nos creemos entendidos en muchas materias.
Jesús hoy también nos diría que tenemos respuesta para muchas cosas pero seguimos sin saber interpretar los signos del Reino.Y es porque ello no lo descubrimos en internet, ni en las redes sociales, sino que necesitamos un corazón limpio que esté lleno de Espíritu Santo para poder descubrirlo.
El Reino de Dios no es algo para un tiempo determinado, sino para siempre. Y si buscas excusas o prefieres quedarte cómodamente anclado en tu situación personal y no disponerte a un cambio profundo de vida, no serás capaz de ver qué tiene Dios dispuesto para ti.
Dios obra en nuestra vida, actúa en la Iglesia, en la Historia, y preferimos no verlo. Pero Él no está lejos, no se esconde, aunque para encontrarlo hay que buscarlo y aprender a mirar.
En la vida hay que tomar decisiones y actuar. Y si se deja pasar puede que se llegue a una situación en la que no haya remedio. Como en el día a día, tenemos que aprovechar las ocasiones y el momento oportuno para tomar decisiones. Ante Jesús también tienes que tomar una decisión. Y Él escucha tu respuesta.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.