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Viernes 6 de marzo

Viernes, 6 de marzo
Semana I de Cuaresma

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Mateo 5, 20-26
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Si no sois mejores que los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos. Habéis oído que se dijo a los antiguos: «No matarás», y el que mate será procesado. Pero yo os digo: Todo el que esté peleado con su hermano será procesado. Y si uno llama a su hermano «imbécil», tendrá que comparecer ante el Sanedrín, y si lo llama «renegado», merece la condena del fuego.
Por tanto, si cuando vas a poner tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas allí mismo de que tu hermano tiene quejas contra ti, deja allí tu ofrenda ante el altar y vete primero a reconciliarte con tu hermano, y entonces vuelve a presentar tu ofrenda.
Con el que te pone pleito, procura arreglarte en seguida, mientras vais todavía de camino, no sea que te entregue al juez, y el juez al alguacil, y te metan en la cárcel. Te aseguro que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último cuarto.»

Pistas: Para entrar en el Reino de los cielos no vale un cumplimiento externo o superficial. Para seguir de verdad a Jesús es necesario dar un paso más. Los mandamientos indican el mínimo: “no matarás”. Y Jesús la plenitud: amar al enemigo, orar por los que te persiguen, entregar la propia vida.
El Evangelio de hoy nos enseña que es necesario recorrer el camino de la misericordia, del perdón, del amor al prójimo, para poder acercarse a Dios. El odio, el rencor, la envidia, la falta de perdón, son una mochila pesada que hace sufrir. Son pesos que te dejan anclado en el pasado y hacen difícil acercarse a Dios, que es misericordia y amor. Por ello, para vivir la fe, es necesario librarse de esa mochila, perdonar, amar, olvidar, y así poder seguir adelante. Sólo de este modo podrás llevar tu ofrenda al altar, podrás entrar en la presencia de Dios, serás libre en su amor.
Este camino nos lo propone la Palabra de Dios esta cuaresma. Piensa cómo va tu vida en este tema y reza con ello. Mira a Dios, que es misericordioso y que te ama incondicionalmente. Y después mira a tu interior, a tu prójimo y reza. Y si tienes que cambiar cosas en tu vida, pídele ayuda a Dios y decide cambiarlas.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Miércoles 4 de marzo

Miércoles, 4 de marzo
Semana I de Cuaresma

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Lucas 16, 19-31
En aquel tiempo, dijo Jesús a los fariseos: «Había un hombre rico que se vestía de púrpura y de lino y banqueteaba espléndidamente cada día. Y un mendigo llamado Lázaro estaba echado en su portal, cubierto de llagas, y con ganas de saciarse de lo que tiraban de la mesa del rico. Y hasta los perros se le acercaban a lamerle las llagas.
Sucedió que se murió el mendigo, y los ángeles lo llevaron al seno de Abrahán. Se murió también el rico, y lo enterraron. Y, estando en el infierno, en medio de los tormentos, levantando los ojos, vio de lejos a Abrahán, y a Lázaro en su seno, y gritó: «Padre Abrahán, ten piedad de mí y manda a Lázaro que moje en agua la punta del dedo y me refresque la lengua, porque me torturan estas llamas.»
Pero Abrahán le contestó: «Hijo, recuerda que recibiste tus bienes en vida, y Lázaro, a su vez, males: por eso encuentra aquí consuelo, mientras que tú padeces. Y, además, entre nosotros y vosotros se abre un abismo inmenso, para que no puedan cruzar, aunque quieran, desde aquí hacia vosotros, ni puedan pasar de ahí hasta nosotros.»
El rico insistió: «Te ruego, entonces, padre, que mandes a Lázaro a casa de mi padre, porque tengo cinco hermanos, para que, con su testimonio, evites que vengan también ellos a este lugar de tormento. Abrahán le dice: «Tienen a Moisés y a los profetas; que los escuchen.»
El rico contestó: «No, padre Abrahán. Pero si un muerto va a verlos, se arrepentirán.»
Abrahán le dijo: «Si no escuchan a Moisés y a los profetas, no harán caso ni aunque resucite un muerto.”»

Pistas: Queremos construir la sociedad del bienestar y a muchos se les llena la boca prometiendo que si les seguimos y apoyamos, se conseguirá. Pero la realidad es que sólo unos pocos la disfrutan y más bien parece una quimera que una realidad. Si somos sinceros, una pequeña parte de la humanidad vive bien o muy bien, mientras muchos sufren.
El mundo actual se parece al de Lázaro y el rico. Los países ricos se aprovechan de los pobres, de sus habitantes, de sus recursos. Y cuando tienen problemas, cierran las fronteras.
Quizás no haya que ir a las fronteras. Miremos nuestra propia vida. En nuestra manera de pensar y actuar somos egoístas e individualistas, evitamos complicarnos la vida y no damos ni siquiera de lo que nos sobra al que lo necesita. Tal vez no por maldad, sino porque ni lo vemos ni nos importa.
Este Evangelio de hoy tiene que removernos. Puedes pensar: “Pobre Lázaro. El rico tiene merecido su destino”. Pero la pregunta relevante es: ¿La Iglesia, mi sociedad, mi propia vida se parecen a Jesús o al rico del Evangelio?
Y es un drama doble: el pobre sigue en su miseria. Y el rico piensa que lo tiene todo, llena su vida de muchas cosas, pero en el fondo no tiene nada. Nada de lo que verdaderamente importa. Está cerrado al prójimo y a Dios, y vive inmerso en sí mismo y en sus cosas de tal modo que ni ve al que tiene al lado. Es trágica la conclusión de la historia: “No escuchan… no harán caso ni aunque resucite un muerto”. No son capaces de ver lo que les habla de Dios… porque tienen todo “lleno” de ídolos de barro.
También puedes revisar cómo es tu relación con lo material, con lo mundano, con el tener, el placer y el poder. Una vez más, el mensaje de Jesús es una invitación a vivir en el amor.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

II Domingo de Cuaresma

Evangelio según San Mateo 17,1-9.
Jesús tomó a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y los llevó aparte a un monte elevado.
Allí se transfiguró en presencia de ellos: su rostro resplandecía como el sol y sus vestiduras se volvieron blancas como la luz.
De pronto se les aparecieron Moisés y Elías, hablando con Jesús.
Pedro dijo a Jesús: «Señor, ¡qué bien estamos aquí! Si quieres, levantaré aquí mismo tres carpas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías».
Todavía estaba hablando, cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra y se oyó una voz que decía desde la nube: «Este es mi Hijo muy querido, en quien tengo puesta mi predilección: escúchenlo».
Al oír esto, los discípulos cayeron con el rostro en tierra, llenos de temor.
Jesús se acercó a ellos y, tocándolos, les dijo: «Levántense, no tengan miedo».
Cuando alzaron los ojos, no vieron a nadie más que a Jesús solo.
Mientras bajaban del monte, Jesús les ordenó: «No hablen a nadie de esta visión, hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos».

Martes 3 de marzo

Martes, 3 de marzo
Semana I de Cuaresma

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Mateo 6, 7-15
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Cuando recéis, no uséis muchas palabras, como los gentiles, que se imaginan que por hablar mucho les harán caso. No seáis como ellos, pues vuestro Padre sabe lo que os hace falta antes de que lo pidáis. Vosotros rezad así: «Padre nuestro del cielo, santificado sea tu nombre, venga tu reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo, danos hoy el pan nuestro de cada día, perdónanos nuestras ofensas, pues nosotros hemos perdonado a los que nos han ofendido, no nos dejes caer en la tentación, sino líbranos del Maligno.»
Porque si perdonáis a los demás sus culpas, también vuestro Padre del cielo os perdonará a vosotros. Pero si no perdonáis a los demás, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras culpas.»

Pistas: Jesús enseña a sus discípulos a rezar el Padre Nuestro. Pero antes les explica que para dirigirse a Dios no sirven la palabrería, ni quedarse en ritos, formas… porque orar es establecer una relación con Dios. Así lo vivió y enseñó Jesús.
Reza despacio el Padre Nuestro, parándote a pensar lo que significa cada una de sus expresiones. Llamar a Dios: Padre. Nuestro, no sólo mío, lo que habla de una visión de la sociedad y de las relaciones entre los hombres. Del cielo, que está por encima de nosotros, que es poderoso, porque el cielo habla de lo que nos trasciende. Tres peticiones relacionadas con Dios: su nombre, su reino y su voluntad. Tres con los hombres: el pan, el perdón y la fuerza para no caer en la tentación. Párate en la que te haga pensar hoy de modo especial o toque tu corazón por la situación que estés viviendo.
El Evangelio termina haciendo hincapié en la relación con el prójimo como condición para la relación con Dios. La cuaresma continúa invitándonos a la conversión y a examinar cómo es nuestra relación con el prójimo. Cada vez que rezas el Padre Nuestro le dices a Dios que te perdone como tu perdonas… Y éste puede ser también un terreno para examinar y rezar.
¿Eres capaz de perdonar las ofensas, los agravios, lo que te hace daño? Quizás sea un buen propósito para este tiempo.

Vuelve a leer el Evangelio, escucha lo que Dios te dice a través de él y ora.

Lunes 2 de marzo

Lunes, 2 de marzo
Semana I de Cuaresma

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Mateo 25, 31-46
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Cuando venga en su gloria el Hijo del hombre, y todos los ángeles con él, se sentará en el trono de su gloria, y serán reunidas ante él todas las naciones. Él separará a unos de otros, como un pastor separa las ovejas de las cabras. Y pondrá las ovejas a su derecha y las cabras a su izquierda.
Entonces dirá el rey a los de su derecha: «Venid vosotros, benditos de mi Padre; heredad el reino preparado para vosotros desde la creación del mundo. Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me hospedasteis, estuve desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme.»
Entonces los justos le contestarán: «Señor, ¿cuándo te vimos con hambre y te alimentamos, o con sed y te dimos de beber?; ¿cuándo te vimos forastero y te hospedamos, o desnudo y te vestimos?; ¿cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y fuimos a verte?»
Y el rey les dirá: «Os aseguro que cada vez que lo hicisteis con uno de éstos, mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis.»
Y entonces dirá a los de su izquierda: «Apartaos de mí, malditos, id al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre y no me disteis de comer, tuve sed y no me disteis de beber, fui forastero y no me hospedasteis, estuve desnudo y no me vestisteis, enfermo y en la cárcel y no me visitasteis.»
Entonces también éstos contestarán: «Señor, ¿cuándo te vimos con hambre o con sed, o forastero o desnudo, o enfermo o en la cárcel, y no te asistimos?»
Y él replicará: «Os aseguro que cada vez que no lo hicisteis con uno de éstos, los humildes, tampoco lo hicisteis conmigo.» Y éstos Irán al castigo eterno, y los justos a la vida eterna.»

Pistas: Jesús enseña a llamar a Dios: Padre. Enseña que es compasivo y misericordioso. Deja claro que la salvación es para todos y que especialmente ha venido para los que están más perdidos, para los pecadores, para los más débiles. Los acoge, perdona, llama.
Pero a la vez su mensaje es exigente y transformador. Si te encuentras con Jesús, si conoces a Dios, tu vida tiene que cambiar. Tu relación con el mundo y con el prójimo cambiará. Hasta tal punto esto es así que Jesús explica que lo que le hacemos a los demás es como si se lo hiciéramos a Él.
¿Y nuestra sociedad, nuestra cultura? Dejamos que miles de personas se mueran de hambre, explotamos los recursos de los países más pobres para poder llevar el estilo de vida que tenemos, cerramos nuestras fronteras a los que huyen del sufrimiento y de la guerra, vendemos armas con las que se realizan las guerras y a la vez condenamos esas mismas guerras… y así podíamos seguir escribiendo. Tenemos una evidente doble moral.
El mensaje de Jesús es revolucionario. Invita a no vivir en el interés, el egoísmo, el poder… sino a mirar al que tenemos a nuestro lado como nuestro prójimo, sobre todo al que está sufriendo. Surge una pregunta para el que quiere ser discípulo de Jesús: ¿quién es mi prójimo y cómo lo trato? Jesús dice: “Cada vez que lo hicisteis con uno de éstos, los humildes, conmigo lo hicisteis”.
Una fe sin obras es mentira. Recuerda la invitación de este tiempo de cuaresma a la limosna, que no sólo es lo material (que también), sino un estilo de vida: el de ser capaz de mirar al que tengo al lado y ver lo que necesita y yo puedo ofrecerle.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Domingo 1 de marzo

Domingo, 1 de marzo
Domino I de cuaresma, ciclo A

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Mateo 4, 1-11
En aquel tiempo, Jesús fue llevado al desierto por el Espíritu para ser tentado por el diablo. Y después de ayunar cuarenta días con sus cuarenta noches, al final sintió hambre.
Y el tentador se le acercó y le dijo: Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en panes.
Pero él le contestó diciendo: Está escrito: No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.
Entonces el diablo lo lleva a la Ciudad Santa, lo pone en el alero del templo y le dice: Si eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito: Encargará a los ángeles que cuiden de ti y te sostendrán en sus manos para que tu pie no tropiece con las piedras. Jesús le dijo: También está escrito: No tentarás al Señor, tu Dios.
Después el diablo lo lleva a una montaña altísima y mostrándole todos los reinos del mundo y su esplendor le dijo: Todo esto te daré si te postras y me adoras.
Entonces le dijo Jesús: Vete, Satanás, porque está escrito: Al Señor, tu Dios, adorarás y a él sólo darás culto. Entonces lo dejó el diablo, y se acercaron los ángeles y le servían

Pistas: El Espíritu mueve a Jesús a ir al desierto a prepararse para su vida pública: ayuna, reza… Y cuando sus fuerzas flaquean aparecen las tentaciones. Todas tienen que ver con satisfacer sus necesidades, con el poder, con qué tipo de Mesías va a ser… Son el camino fácil. Prometen soluciones rápidas, de grandeza, de éxito, por el camino de postrarse y adorar al diablo. Es decir, venderse al mal. A veces es una tentación sutil, con algo bueno, incluso con la Palabra de Dios intenta tentar a Jesús. Otras veces es simplemente intentar hacer creer que el fin justifica los medios.
Hoy es un buen día para que revises tu vida, tus metas, las cosas que son importantes para ti y cuál es el camino que estás eligiendo. Para que descubras lo que te tienta. No es pecado, sólo es un impulso, una idea, un consejo equívoco. Quizás estés cansado o lleno de dudas. Pero Jesús nos enseña el camino para vencer la provocación. Pone a Dios y la confianza en Él en el centro, sabe que lo demás son engaños y seducciones, son mentiras.
En el misterio de la encarnación encontramos respuestas. El Hijo de Dios se hace hombre con todas las consecuencias. Es tentado. En su humanidad necesita la fuerza del Espíritu. Entonces no tengas miedo a las luchas internas contra la tentación. Jesús mismo pasó por ello y salió victorioso. Es el hombre nuevo, que hace nuevas las cosas, que vence a la tentación, al mal, al pecado y a la muerte. En lo que Jesús sale victorioso nosotros también lo seremos.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Sábado 29 de febrero

Sábado, 29 de febrero
Sábado después de ceniza

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Lucas 5, 27-32
En aquel tiempo, Jesús vio a un publicano llamado Leví, sentado al mostrador de los impuestos, y le dijo: «Sígueme.» Él, dejándolo todo, se levantó y lo siguió. Leví ofreció en su honor un gran banquete en su casa, y estaban a la mesa con ellos un gran número de publicanos y otros. Los fariseos y los escribas dijeron a sus discípulos, criticándolo: «¿Cómo es que coméis y bebéis con publicanos y pecadores?» Jesús les replicó: «No necesitan médico los sanos, sino los enfermos. No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores a que se conviertan.»

Pistas: ¿En tu vida hay cosas que deberían mejorar? ¿Cambiar? ¿Sientes que te falta algo para ser feliz, que hay aspectos que deberían ser de otro modo?
Si la respuesta a alguna de las preguntas anteriores es afirmativa, el Evangelio de hoy tiene una buena noticia para ti: Jesús te llama. Y si le respondes entrará en tu casa, en tus cosas, se sentará contigo a la mesa (que en el lenguaje judío significa aceptar a alguien y estar en comunión con él, ya que no se sentaban a la mesa con pecadores o infieles). Jesús te hará de los suyos.
No importa quién hayas sido, lo que hayas hecho, cómo te sientas o cómo estés ahora. Jesús no ha venido a llamar a los que se tienen por justos sino a los pecadores.
Si ves que necesitas salvación, si la enfermedad del pecado está en tu vida o la ves en el mundo, no te rindas, porque Jesús ha venido a llamar a los pecadores y enfermos.
Por eso, esta cuaresma es un tiempo propicio para acercarte a Jesús. Estés como estés, su llamada es para ti. ¿Le invitarás a entrar en tu casa y a sentarse a tu mesa?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Viernes 28 de febrero

Viernes, 28 de febrero
Viernes después de ceniza

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Mateo 9, 14-15
En aquel tiempo, se acercaron los discípulos de Juan a Jesús, preguntándole: «¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos a menudo y, en cambio, tus discípulos no ayunan?» Jesús les dijo: «¿Es que pueden guardar luto los invitados a la boda, mientras el novio está con ellos? Llegará un día en que se lleven al novio, y entonces ayunarán.»

Pistas: El ayuno es una práctica común en diferentes religiones y un medio para acercarse a Dios y dominar los propios deseos.
Vamos a acercarnos brevemente a la visión bíblica del ayuno. En el libro del Levítico se dice que el día dedicado al ayuno es El Día de la Expiación. El Antiguo Testamento nos cuenta que frecuentemente se ayunaba sin ningún mandamiento específico en tiempos de dificultad o aflicción, colectiva o individualmente. También como una forma de penitencia o de arrepentimiento, para pedir perdón a Dios o ante un peligro inminente.
El Nuevo Testamento nos cuenta que Jesús ayunó en muchas ocasiones. Antes de comenzar su vida pública ayunó cuarenta días en el desierto. Enseña a sus discípulos a ayunar como un medio para vencer al demonio. Explica que unido a la oración da fuerza y poder al que lo realiza. Pero Jesús no quiere que sea algo meramente ritual y obligatorio, sino un acto libre que lleve al hombre a entregarse más a Dios. Por eso, invita a sus discípulos a buscar el momento oportuno para ayunar.
En la vida de la Iglesia siempre ha tenido importancia. El miércoles leíamos que es uno de los tres consejos que nos da la Palabra de Dios para este tiempo: oración, limosna y ayuno. Entonces, ayunar ¿para qué? Para acercarte más a Dios, para decirle que es más importante que el propio sustento, que los deseos o apetencias. Para sentir incluso físicamente hambre de Dios, para comprender mejor a los pobres, para compartir lo que ayunamos con ellos.
Piensa el mejor modo en que puedes hacerlo. Estamos en un tiempo propicio para ello. La Iglesia aconseja abstenerse de carne los viernes de cuaresma. Los santos nos enseñan que el ayuno es un camino que da mucho fruto y ayuda a crecer espiritualmente. ¿Te animas a probarlo?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Jueves 27 de febrero

Jueves, 27 de febrero
Jueves después de ceniza

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Lucas 9, 22-25
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, ser desechado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar al tercer día.»
Y, dirigiéndose a todos, dijo: «El que quiera seguirme, que se niegue a sí mismo, cargue con su cruz cada día y se venga conmigo. Pues el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mi causa la salvará. ¿De qué le sirve a uno ganar el mundo entero si se pierde o se perjudica a sí mismo?».

Pistas: Jesús no hace falsas promesas. El camino que Él propone no es el más fácil, pero sí es el que salva. Es el que hace ganar nada menos que la vida, el que conduce a la felicidad. Y no son sólo palabras. Jesús va delante. No oculta el sufrimiento y les anuncia lo que va a suceder. Y hasta que se encuentren con Él resucitado y reciban la fuerza del Espíritu Santo no podrán entender el alcance de estas palabras.
Jesús enseña que la salvación pasa por seguirle. Y esto tiene unas condiciones: hay que negarse a uno mismo. Si lo piensas bien, las cosas que merecen la pena siempre requieren esfuerzo. Para lograr lo que es verdaderamente importante en la vida uno necesita luchar, esforzarse, renunciar muchas veces a lo que le apetece por lo que realmente quiere hacer o alcanzar. Los padres que cuidan a sus hijos, el estudiante que se esfuerza, el trabajador que lucha por lograr sus objetivos, el que está enamorado y lucha por ese amor, el deportista… Negarse a uno mismo es buscar el bien y la verdad por encima del interés.
Seguir a Jesús implica también cargar con la cruz de cada día. No vivir instalado en la queja o en la desesperación, sino abrirse a la confianza en Dios que es Padre, que es Amor.
Nosotros ya sabemos el desenlace: Dios vence a la muerte, al mal y al pecado. Jesús ya lo hizo por nosotros y Él nos espera al final, en el triunfo definitivo.
Entregando la vida, perdiendo la vida por Él, es como se gana. Podemos poner muchos ejemplos: se gana la vida entregándola como misionero. Se gana la vida renunciando al camino fácil y buscando el bien de los demás por encima de los propios intereses. Se gana descubriendo el camino que Jesús tiene para ti, siguiéndole.
Y es que el mayor tesoro que puedes imaginar es ganar tu propia vida. Y para ello tienes que seguir a Jesús.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a la vida.

Miércoles 26 de febrero

Miércoles, 26 de febrero
Miércoles de ceniza (comienza la Cuaresma)

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Mateo 6, 1-6. 16-18
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
—«Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario, no tendréis recompensa de vuestro Padre celestial. Por tanto, cuando hagas limosna, no vayas tocando la trompeta por delante, como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles, con el fin de ser honrados por los hombres; os aseguro que ya han recibido su paga.
Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosna quedará en secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te lo pagará.
Cuando recéis, no seáis como los hipócritas, a quienes les gusta rezar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas, para que los vea la gente. Os aseguro que ya han recibido su paga.
Tú, cuando vayas a rezar, entra en tu aposento, cierra la puerta y reza a tu Padre, que está en lo escondido, y tu Padre, que ve en lo escondido, te lo pagará.
Cuando ayunéis, no andéis cabizbajos, como los hipócritas que desfiguran su cara para hacer ver a la gente que ayunan. Os aseguro que ya han recibido su paga.
Tú, en cambio, cuando ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara, para que tu ayuno lo note, no la gente, sino tu Padre, que está en lo escondido; y tu Padre, que ve en lo escondido, te recompensará.»

Pistas: Te invito a que respondas a dos preguntas ¿Qué hacer esta Cuaresma? y ¿cómo hacerlo? Para muchos la Cuaresma es una tradición desfasada que consiste en no comer carne los viernes. Ya sabes que es mucho más: conversión, preparación, búsqueda, penitencia, combate contra el mal, oración, ayuno, limosna…
El Evangelio de hoy nos sitúa. ¿Qué hacer?: oración, limosna y ayuno como camino para encontrarnos con Dios y profundizar en nuestra relación con Él.
Practica la justicia, da limosna. Ayuda al que te necesita, también en lo material. No porque eres bueno, no para que te vean, sino porque es justo. Y porque te hace parecerte a Jesús. ¿Qué cristiano serías si cierras los ojos al que te necesita?
Reza. En tiempos de Jesús estaba de moda ser religioso, daba prestigio. ¿Qué está de moda hoy? Tal vez en el ambiente en el que te mueves algunos digan: “Fíjate, qué bueno es, y reza y va a misa”. Piensa en tus motivaciones. ¿Sales en una cofradía en Semana Santa? ¿Por qué? El Evangelio te dice: reza para encontrarte con Dios y eso dará fruto. La oración es un encuentro tuyo con Dios y establecer una relación de amistad con Él.
Ayuna. ¿Para qué? Jesús lo explica en otras ocasiones. Para decirle a Dios que es lo más importante en tu vida, para fortalecer el espíritu y tener poder para vencer el mal, para sentir hambre de Dios, para compartir con el hambriento. Qué bonito si lo que ahorres el día que haces ayuno se lo das a alguien que lo necesita.
La segunda lectura de la misa de hoy dice que es tiempo favorable y es día de salvación, y que no se deje caer en saco roto la gracia de Dios. Otra Cuaresma, otro regalo, otro tiempo favorable y de salvación. Todo está pensado para ayudarte a acercarte a Dios, conocerle, amarle, aprender a vivir como Él nos ha enseñado… ¿Lo dejarás caer en saco roto?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.