IV Domingo de Cuaresma

Evangelio según San Juan 9,1-41.
Jesús, al pasar, vio a un hombre ciego de nacimiento.
Sus discípulos le preguntaron: «Maestro, ¿quién ha pecado, él o sus padres, para que haya nacido ciego?».
«Ni él ni sus padres han pecado, respondió Jesús; nació así para que se manifiesten en él las obras de Dios.
Debemos trabajar en las obras de aquel que me envió, mientras es de día; llega la noche, cuando nadie puede trabajar.
Mientras estoy en el mundo, soy la luz del mundo».
Después que dijo esto, escupió en la tierra, hizo barro con la saliva y lo puso sobre los ojos del ciego,
diciéndole: «Ve a lavarte a la piscina de Siloé», que significa «Enviado». El ciego fue, se lavó y, al regresar, ya veía.
Los vecinos y los que antes lo habían visto mendigar, se preguntaban: «¿No es este el que se sentaba a pedir limosna?».
Unos opinaban: «Es el mismo». «No, respondían otros, es uno que se le parece». El decía: «Soy realmente yo».
Ellos le dijeron: «¿Cómo se te han abierto los ojos?».
El respondió: «Ese hombre que se llama Jesús hizo barro, lo puso sobre mis ojos y me dijo: ‘Ve a lavarte a Siloé’. Yo fui, me lavé y vi».
Ellos le preguntaron: «¿Dónde está?». El respondió: «No lo sé».
El que había sido ciego fue llevado ante los fariseos.
Era sábado cuando Jesús hizo barro y le abrió los ojos.
Los fariseos, a su vez, le preguntaron cómo había llegado a ver. El les respondió: «Me puso barro sobre los ojos, me lavé y veo».
Algunos fariseos decían: «Ese hombre no viene de Dios, porque no observa el sábado». Otros replicaban: «¿Cómo un pecador puede hacer semejantes signos?». Y se produjo una división entre ellos.
Entonces dijeron nuevamente al ciego: «Y tú, ¿qué dices del que te abrió los ojos?». El hombre respondió: «Es un profeta».
Sin embargo, los judíos no querían creer que ese hombre había sido ciego y que había llegado a ver, hasta que llamaron a sus padres
y les preguntaron: «¿Es este el hijo de ustedes, el que dicen que nació ciego? ¿Cómo es que ahora ve?».
Sus padres respondieron: «Sabemos que es nuestro hijo y que nació ciego,
pero cómo es que ahora ve y quién le abrió los ojos, no lo sabemos. Pregúntenle a él: tiene edad para responder por su cuenta».
Sus padres dijeron esto por temor a los judíos, que ya se habían puesto de acuerdo para excluir de la sinagoga al que reconociera a Jesús como Mesías.
Por esta razón dijeron: «Tiene bastante edad, pregúntenle a él».
Los judíos llamaron por segunda vez al que había sido ciego y le dijeron: «Glorifica a Dios. Nosotros sabemos que ese hombre es un pecador».
«Yo no sé si es un pecador, respondió; lo que sé es que antes yo era ciego y ahora veo».
Ellos le preguntaron: «¿Qué te ha hecho? ¿Cómo te abrió los ojos?».
El les respondió: «Ya se lo dije y ustedes no me han escuchado. ¿Por qué quieren oírlo de nuevo? ¿También ustedes quieren hacerse discípulos suyos?».
Ellos lo injuriaron y le dijeron: «¡Tú serás discípulo de ese hombre; nosotros somos discípulos de Moisés!
Sabemos que Dios habló a Moisés, pero no sabemos de donde es este».
El hombre les respondió: «Esto es lo asombroso: que ustedes no sepan de dónde es, a pesar de que me ha abierto los ojos.
Sabemos que Dios no escucha a los pecadores, pero sí al que lo honra y cumple su voluntad.
Nunca se oyó decir que alguien haya abierto los ojos a un ciego de nacimiento.
Si este hombre no viniera de Dios, no podría hacer nada».
Ellos le respondieron: «Tú naciste lleno de pecado, y ¿quieres darnos lecciones?». Y lo echaron.
Jesús se enteró de que lo habían echado y, al encontrarlo, le preguntó: «¿Crees en el Hijo del hombre?».
El respondió: «¿Quién es, Señor, para que crea en él?».
Jesús le dijo: «Tú lo has visto: es el que te está hablando».
Entonces él exclamó: «Creo, Señor», y se postró ante él.
Después Jesús agregó: «He venido a este mundo para un juicio: Para que vean los que no ven y queden ciegos los que ven».
Los fariseos que estaban con él oyeron esto y le dijeron: «¿Acaso también nosotros somos ciegos?».
Jesús les respondió: «Si ustedes fueran ciegos, no tendrían pecado, pero como dicen: ‘Vemos’, su pecado permanece».

Reflexión 

“He venido para que los que no ven vean y los que ven no vean”.

Jesús nuevamente nos sorprende…

¿Qué querrá decir? ¿Qué me estará diciendo? Un pobre ciego al que le complica la vida el ver. ¿Cómo puede ser eso?

Él vivía sin grandes problemas pidiendo porque era ciego, pero ahora que ve, le expulsan de la sinagoga, tiene problemas con sus padres y en el colmo no sabe que fue Jesús el que lo sanó, porque le untó barro en los ojos, fue a lavarse  y recuperó la vista. Intuye que fue un profeta, pero hasta el final del relato cuando se encuentra con Jesús no sabe quién es el que le devolvió la vista.

El escondernos en las normas nos hace ciegos, es mucho más cómodo sin ninguna duda, pero el encuentro se da más allá. Jesús vuelve a curar en sábado, ese hombre que era ciego ve en profundidad y los que a su alrededor ven, no descubren al que hay que ver. Es mucho más fácil quejarse de la oscuridad, de lo mal que están las cosas que encender una luz, entre otras cosas porque si enciendo una luz quedo al descubierto.

“Mientras estoy en el mundo yo soy la luz del mundo”.

Pero ahora Jesús vive en tu vida y eres tú el que tiene que iluminar. Somos luz cuando estamos cerca del que nos necesita, cuando perdonamos, cuando perdemos nuestro tiempo con los demás, cuando vamos a visitar a un enfermo… cuando actuamos como lo haría Jesús.

¡Si el mundo está a oscuras, es porque yo no ilumino lo suficiente!

¿Cuánto hay que amar? Le preguntaban a santa Madre Teresa, ¡hasta que duela!!

Feliz y Santo Domingo

Viernes 20 de marzo

Viernes, 20 de marzo
III semana de cuaresma

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Marcos 12, 28b-34
En aquel tiempo, un escriba se acercó a Jesús y le preguntó: «¿Qué mandamiento es el primero de todos?» Respondió Jesús: «El primero es: «Escucha, Israel, el Señor, nuestro Dios, es el único Señor: amaras al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todo tu ser.» El segundo es éste: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo.» No hay mandamiento mayor que éstos.»
El escriba replicó: «Muy bien, Maestro, tienes razón cuando dices que el Señor es uno solo y no hay otro fuera de él; y que amarlo con todo el corazón, con todo el entendimiento y con todo el ser, y amar al prójimo como a uno mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios.» Jesús, viendo que habla respondido sensatamente, le dijo: «No estás lejos del reino de Dios.» Y nadie se atrevió a hacerle más preguntas.

Pistas: En la religión judía había muchísimos preceptos y normas. ¿Cuál será el más importante? La respuesta de Jesús es clara: el que propone el camino del amor a Dios unido al amor al prójimo. No un camino de medias tintas, sino uno de plenitud.
En realidad esto ya lo enseñaba el Antiguo Testamento pero Jesús hace del amor su bandera, su estilo de vida y el de sus discípulos. Amar es no buscar el propio interés sino el del otro. Es entregar la vida.
Jesús orienta toda su existencia a conocer y cumplir la voluntad del Padre. Se siente profundamente amado por Él y le ama con todo su ser. Y con la fuerza del Espíritu Santo cumple la voluntad del Padre, de tal modo que este amor a Dios y ese amor de Dios se manifiesta en todas sus acciones y se concreta en el amor al prójimo.
La novedad que Jesús aporta es que toda la religiosidad, toda la fe, está vacía si falta esto. Por eso la Iglesia en esta cuaresma te invita a rezar, a ayunar y hacer abstinencia, pero también a dar limosna, a mirar al prójimo. Te invita a acercarte a Dios amando al prójimo.
Tal vez vienen tiempos en los que tendremos que demostrar esto de un modo más claro. Puedes releer el Evangelio y pensar ¿qué oportunidades estoy teniendo estos días para hacer realidad la propuesta de Jesús? ¿cómo puedes concretar la Palabra que Jesús te dirige hoy?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Jueves 19 de marzo

Jueves, 19 de marzo
Solemnidad de San José, esposo de la Bienaventurada Virgen María

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Mateo 1, 16. 18-21. 24a
Jacob engendró a José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, llamado Cristo.
El nacimiento de Jesucristo fue de esta manera: María, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo. José, su esposo, que era justo y no quería denunciarla, decidió repudiarla en secreto. Pero, apenas había tomado esta resolución, se le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo: «José, hijo de David, no tengas reparo en llevarte a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados.» Cuando José se despertó, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor.

Pistas: Celebramos hoy la fiesta de este hombre tan admirable, que tuvo la responsabilidad de cuidar, proteger y acompañar a María y a Jesús, al Hijo de Dios hecho hombre. ¿De quién aprendió Jesús a ser hombre? ¿quién educó a Jesús? ¿quién rezó con él? Podemos imaginarnos la vida de Jesús con su familia y descubrir el alcance de la figura de San José.
Olvidaos de las estampas que conocemos de San José. Imaginaos a un hombre, de carne y hueso, enamorado de una muchacha judía, con sus planes y proyectos. Un hombre justo, que ama a Dios, que tiene fe y sentido de lo trascendente. Y en medio de sus sueños se ve sorprendido por los planes de Dios, que son distintos de las intenciones que él tenía.
Por eso, podemos aprender mucho de San José, porque es impresionante su capacidad para fiarse de Dios y ser fiel a él. ¿Cuánta fe y obediencia necesitaría San José para poder fiarse de Dios? ¿Cuánta confianza en María? ¿Cómo abriría su mente y su corazón para poder descubrir el plan de Dios?
Al releer el Evangelio y pensar en todo lo que San José vivió y cómo se fio de Dios, puedes mirar tu propia vida. ¿Cómo te estás fiando de Dios?
En estos tiempos complicados y extraños que nos está tocando vivir deja que a Palabra de Dios te hable. Apareció una esperanza en la vida de San José del modo que él menos esperaba. Pero aquel a quien él cuidó sería el que salvaría al pueblo de sus pecados.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Miércoles 18 de marzo

Miércoles, 18 de marzo
III semana de cuaresma

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Mateo 5, 17-19
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «No creáis que he venido a abolir la Ley y los profetas: no he venido a abolir, sino a dar plenitud. Os aseguro que antes pasarán el cielo y la tierra que deje de cumplirse hasta la última letra o tilde de la Ley. El que se salte uno solo de los preceptos menos importantes, y se lo enseñe así a los hombres será el menos importante en el reino de los cielos. Pero quien los cumpla y enseñe será grande en el reino de los cielos.»»

Pistas: San Agustín resumía los mandamientos diciendo “ama y haz lo que quieras”. Y podemos tener la tentación de engañarnos y pensar que esto es vivir sin normas, guiados por un amor egoísta y manipulado a nuestros propios intereses…
Amar a Dios y amar al prójimo como a uno mismo, implica un determinado estilo de vida. Puedes preguntarte ¿qué tengo que hacer para amar a Dios y al prójimo como enseña Jesús? Así podrás comprender mejor el Evangelio de hoy. Cumplir y enseñar los mandamientos significa saber conducirse en la vida, que le quitas poder al pecado y dejas libre el Espíritu Santo. ¿Cómo vas a amar sino realizas las obras del amor? ¿cómo vas a ser fiel a Jesús si no vives como Él enseña?
Por eso, “ama y haz lo que quieras” significa también que si amas sabrás el camino para ser discípulo de Jesús, querrás lo que “tienes que” querer, amarás lo que el Amor de Dios, lo que el Espíritu Santo, te lleva a querer, que no es otra cosa que la voluntad de Dios.
Jesús vino a dar plenitud a la ley. No es una ley vacía, de cumplimiento superficial. Por eso, para entenderla y vivirla no basta ver una lista de normas. Lo que hace falta es encontrarse con Jesús.
Revisa en esta cuaresma cómo va tu fidelidad a Dios en lo concreto y disponte a cambiar lo que haga falta para vivir en su amor.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Lunes 16 de marzo

Lunes 16 de marzo
III semana de cuaresma

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Lucas 4, 24-30
En aquel tiempo, dijo Jesús al pueblo en la sinagoga de Nazaret: «Os aseguro que ningún profeta es bien mirado en su tierra. Os garantizo que en Israel había muchas viudas en tiempos de Elías, cuando estuvo cerrado el cielo tres años y seis meses, y hubo una gran hambre en todo el país; sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías, más que a una viuda de Sarepta, en el territorio de Sidón. Y muchos leprosos había en Israel en tiempos del profeta Eliseo; sin embargo, ninguno de ellos fue curado, más que Naamán, el sirio.»
Al oír esto, todos en la sinagoga se pusieron furiosos y, levantándose, lo empujaron fuera del pueblo hasta un barranco del monte en donde se alzaba su pueblo, con intención de despeñarlo. Pero Jesús se abrió paso entre ellos y se alejaba.

Pistas: Eliseo era un gran profeta. No era médico, ni curandero. Naaman el sirio, era un general muy importante que había enfermado de lepra, oyó las cosas extraordinarias que hacía Eliseo y decidió buscar su ayuda. Pero hoy el acento no se pone en la curación, sino en que es un extranjero al que Dios escucha. Los judíos piensan que son el pueblo elegido y que sólo para ellos es la Salvación, pero Jesús quiere romperles su orgullo y su prepotencia.
Al final el pueblo rechazará el mensaje de Jesús. No quieren acoger la invitación a renovarse, a cambiar. Ellos están acomodados en sus normas y no quieren la novedad que trae Jesús: el perdón de Dios gratuito y la compasión con los pecadores.
En el final del Evangelio vemos como Jesús es conducido hasta un precipicio para matarlo. Y esta escena es muy simbólica. Quieren matarlo pero Jesús se abre paso. Finalmente lo matarán pero se abrirá paso de un modo insospechado, y entonces todo lo que Jesús enseñó alcanzará una nueva dimensión.
Sigue preparando tu corazón en esta cuaresma. Jesús también tiene un mensaje de salvación para ti ¿estás dispuesto a recibirlo?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida

Domingo 15 de marzo

Domingo, 15 de marzo
III semana de cuaresma

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Juan 4, 5-42
En aquel tiempo, llegó Jesús a un pueblo de Samaría llamado Sicar, cerca del campo que dio Jacob a su hijo José: allí estaba el manantial de Jacob. Jesús, cansado del camino, estaba allí sentado junto al manantial. Era alrededor del mediodía.
Llega una mujer de Samaría a sacar agua, y Jesús le dice: Dame de beber. (Sus discípulos se habían ido al pueblo a comprar comida).
La Samaritana le dice: ¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana? (porque los judíos no se tratan con los samaritanos).
Jesús le contesto: Si conocieras el don de Dios y quién es el que te pide de beber, le pedirías tú, y él te daría agua viva.
La mujer le dice: Señor, si no tienes cubo y el pozo es hondo, ¿de dónde sacas el agua viva?; ¿eres tú más que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo y de él bebieron él y sus hijos y sus ganados?
Jesús le contesta: El que bebe de esta agua vuelve a tener sed; pero el que beba del agua que yo le daré, nunca más tendrá sed: el agua que yo le daré se convertirá dentro de él en un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna.
La mujer le dice: Señor, dame esa agua: así no tendré más sed, ni tendré que venir aquí a sacarla. Él le dice: Anda, llama a tu marido y vuelve.
La mujer le contesta: No tengo marido.
Jesús le dice: Tienes razón, que no tienes marido: has tenido ya cinco y el de ahora no es tu marido. En eso has dicho la verdad.
La mujer le dice: Señor, veo que tú eres un profeta. Nuestros padres dieron culto en este monte, y vosotros decís que el sitio donde se debe dar culto está en Jerusalén.
Jesús le dice: Créeme, mujer: se acerca la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén daréis culto al Padre. Vosotros dais culto a uno que no conocéis; nosotros adoramos a uno que conocemos, porque la salvación viene de los judíos. Pero se acerca la hora, ya está aquí, en que los que quieran dar culto verdadero adoraran al Padre en espíritu y verdad, porque el Padre desea que le den culto así. Dios es espíritu, y los que le dan culto deben hacerlo en espíritu y verdad.
La mujer le dice: Sé que va a venir el Mesías, el Cristo; cuando venga él nos lo dirá todo. Jesús le dice: Soy yo: el que habla contigo.
En esto llegaron sus discípulos y se extrañaban de que estuviera hablando con una mujer, aunque ninguno le dijo: «¿Qué le preguntas o de qué le hablas?»
La mujer, entonces, dejó su cántaro, se fue al pueblo y dijo a la gente: Venid a ver un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho: ¿será éste el Mesías? Salieron del pueblo y se pusieron en camino adonde estaba él. Mientras tanto sus discípulos le insistían: Maestro, come. Él les dijo: Yo tengo por comida un alimento que vosotros no conocéis Los discípulos comentaban entre ellos: ¿Le habrá traído alguien de comer?:
Jesús les dijo: Mi alimento es hacer la voluntad del que me envió y llevar a término su obra.
¿No decís vosotros que faltan todavía cuatro meses para la cosecha? Yo os digo esto: Levantad los ojos y contemplad los campos, que están ya dorados para la siega; el segador ya está recibiendo salario y almacenando fruto para la vida eterna: y así se alegran lo mismo sembrador y segador. Con todo, tiene razón el proverbio «Uno siembra y otro siega» Yo os envié a segar lo que no habéis sudado. Otros sudaron y vosotros recogéis el fruto de sus sudores.
En aquel pueblo muchos samaritanos creyeron en él por el testimonio que había dado la mujer: «Me ha dicho todo lo que he hecho.»
Así, cuando llegaron a verlo los samaritanos, le rogaban que se quedara con ellos. Y se quedó dos días. Todavía creyeron muchos más por su predicación, y decían a la mujer: Ya no creemos por lo que tú dices, nosotros mismos lo hemos oído y sabemos que él es de verdad el Salvador del mundo.

Pistas: “Se acerca la hora, ya está aquí, en que los que quieran dar culto verdadero adoraran al Padre en espíritu y verdad, porque el Padre desea que le den culto así. Dios es espíritu, y los que le dan culto deben hacerlo en espíritu y verdad”. Quizás este versículo hoy tenga una gran relevancia y pueda ayudarnos a rezar. ¿Dónde damos culto al Señor? Dáselo en tu corazón. Ése es el lugar que señala Jesús. Y hoy es un día especial para experimentar esto, rezando en tu casa, rezando con tu familia.
Nuestro interior se se llenará del agua viva que da Jesús. No sólo se llenará, sino que dice Jesús: “El agua que yo le daré se convertirá dentro de él en un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna”. Esta agua es el Espíritu Santo que Jesús dará y que te regalará algo nuevo, un nuevo corazón, una nueva vida, unos nuevos dones, un nuevo modo de amar y de vivir.
Fijémonos un momento en la mujer. No es la hora normal de ir a buscar agua. Las mujeres se encargaban de esto e iban a primera hora, pero ella iba cuando no había nadie en el pozo ¿Por qué? Porque las demás la rechazaban por pecadora. Y, sin embargo, Jesús mira más allá, le hace ver y comprender la necesidad que tiene. Jesús rompe esquemas y supera prejuicios. Dice a la mujer: “Dame de beber”. Toma la iniciativa.
Jesús le dice (y te dice hoy a ti): “Si conocieras el don de Dios y quién es el que te pide de beber, le pedirías tú, y él te daría agua viva”. El don de Dios es el Espíritu Santo. El agua que puede quitar tu sed. El agua que puede darte la certeza absoluta de que Dios está vivo y está contigo. Creará algo nuevo en ti. Todo lo demás no te va a saciar, seguirás con sed. Pero si te acercas a Jesús, todo cambiará.
Jesús hace que la samaritana piense en su vida, en su moral y creencias. Le hace cuestionarse y poder descubrir quién es Él. Y poco a poco ella se da cuenta de que tiene delante al Mesías, que le invita a vivir en Espíritu y verdad. El encuentro con Jesús da de beber agua viva y empuja a la conversión de vida, abandonando el pecado y la mentira.
Cuando te encuentras con Jesús se deja el cántaro vacío con el que se iba a buscar un agua que no saciaba. Ella, inmediatamente, va a contar lo que le sucedió. Y por su testimonio muchos comienzan a creer, y se acercan a Jesús, descubriendo que “él es de verdad el Salvador del mundo”.
Por último, Jesús, nos enseña cómo encontrarnos con las personas a las que queremos anunciarles la fe. Desde lo que ellos buscan, desde su sed. Desde la verdad. Ofreciéndoles lo único que puede darles vida: el encuentro con Jesús y el agua del Espíritu Santo. Esto es lo más grande que podemos ofrecer al mundo. Por eso Jesús dice: “Mi alimento es hacer la voluntad del que me envió y llevar a término su obra”.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Sábado 14 de marzo

Sábado, 14 de marzo
II semana de cuaresma

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Lucas 15, 1-3. 11-32
En aquel tiempo, solían acercarse a Jesús todos los publicanos y los pecadores a escucharle. Y los fariseos y los escribas murmuraban entre ellos: —«Ése acoge a los pecadores y come con ellos.»
Jesús les dijo esta parábola:
—«Un hombre tenía dos hijos; el menor de ellos dijo a su padre: «Padre, dame la parte que me toca de la fortuna.» El padre les repartió los bienes. No muchos días después, el hijo menor, juntando todo lo suyo, emigró a un país lejano, y allí derrochó su fortuna viviendo perdidamente. Cuando lo había gastado todo, vino por aquella tierra un hambre terrible, y empezó él a pasar necesidad. Fue entonces y tanto le insistió a un habitante de aquel país que lo mandó a sus campos a guardar cerdos. Le entraban ganas de saciarse de las algarrobas que comían los cerdos; y nadie le daba de comer. Recapacitando entonces, se dijo: «Cuántos jornaleros de mi padre tienen abundancia de pan, mientras yo aquí me muero de hambre. Me pondré en camino adonde está mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo: trátame como a uno de tus jornaleros.»
Se puso en camino adonde estaba su padre; cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se conmovió; y, echando a correr, se le echó al cuello y se puso a besarlo.
Su hijo le dijo: «Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo.» Pero el padre dijo a sus criados: «Sacad enseguida el mejor traje y vestidlo; ponedle un anillo en la mano y sandalias en los pies; traed el ternero cebado y matadlo; celebremos un banquete, porque este hijo mío estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado.» Y empezaron el banquete.
Su hijo mayor estaba en el campo. Cuando al volver se acercaba a la casa, oyó la música y el baile, y llamando a uno de los mozos, le preguntó qué pasaba. Éste le contestó: «Ha vuelto tu hermano; y tu padre ha matado el ternero cebado, porque lo ha recobrado con salud.» Él se indignó y se negaba a entrar; pero su padre salió e intentaba persuadirlo. Y él replicó a su padre: «Mira: en tantos años como te sirvo, sin desobedecer nunca una orden tuya, a mí nunca me has dado un cabrito para tener un banquete con mis amigos; y cuando ha venido ese hijo tuyo que se ha comido tus bienes con malas mujeres, le matas el ternero cebado.»
El padre le dijo: «Hijo, tu siempre estás conmigo, y todo lo mío es tuyo: deberías alegrarte, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado.»»

Pistas: Jesús acoge a pecadores y come con ellos. Y esto es causa de escándalo para la gente de su tiempo. Murmuran de Él. A lo que Jesús responde con la parábola que acabas de leer.
En esta historia hay tres personajes. Los dos hijos buscan la felicidad. Cada uno a su manera. El joven se va lejos, derrocha sus bienes, “disfruta de la vida”, y sólo logra insatisfacción y vacío. Se queda sin nada. Pasa hambre. Lo que el padre le dio lo pierde. Llega hasta un límite tal que quiere pedir perdón, volver a casa, pero sin esperanzas de ser quien era.
El mayor se queda en casa del padre, pero tampoco es feliz. Parece que está amargado. Tiene cosas que reprochar al padre. Está en casa pero no siente que sea su casa. Y cuando su hermano vuelve le juzga y se siente resentido pensando en que el otro ha «vivido» pero él ha renunciado a muchas cosas.
Y el padre de la parábola es amor y misericordia. Al hijo pequeño descarriado no solo no le echa nada en cara sino que le hace recuperar su dignidad de hijo. Le viste, le calza, le da un anillo, le hace una fiesta. Porque vuelve a estar en el hogar. Al hijo mayor intenta enseñarle a ser como él, que aprenda a amar y ser misericordioso, que descubra las riquezas que quiere compartir con él.
Imagínate qué sienten estos personajes, qué buscan. Ilumina tu propia vida con cada uno de ellos. En muchas ocasiones te parecerás a alguno de los hijos: El inconsciente que busca la felicidad donde no la puede encontrar y termina vacío y desesperado. El que cumple pero no es feliz y juzga, está en casa (en la Iglesia) pero no disfruta. En otros aspectos te sentirás llamado a acercarte al padre, a Dios y encontrar en Él lo que puede llenar tu vacío y tu búsqueda. A veces tendrás que ser imagen del Padre para otros, reflejar a Jesús, para que puedan encontrar el rostro misericordioso de Dios los que están perdidos buscando la felicidad donde no la pueden encontrar. Y que puedan sentir su abrazo, sin reproches, con el que pueden recobrar su dignidad.
El padre, los hijos pequeño y mayor, el hogar, saciarse, ser feliz, el perdón, el amor, la misericordia… Esta parábola da mucho juego y nos debe hacer replantearnos ciertas actitudes en las que podemos sentirnos reflejados. Deja hoy que la Palabra de Dios te hable, y reza.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Viernes 13 de marzo

Viernes, 13 de marzo
II semana de cuaresma

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Mateo 21, 33-43. 45-46
En aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo:
«Escuchad otra parábola: Había un propietario que plantó una viña, la rodeó con una cerca, cavó en ella un lagar, construyó la casa del guarda, la arrendó a unos labradores y se marchó de viaje.
Llegado el tiempo de la vendimia, envió sus criados a los labradores, para percibir los frutos que le correspondían. Pero los labradores, agarrando a los criados, apalearon a uno, mataron a otro, y a otro lo apedrearon.
Envió de nuevo otros criados, más que la primera vez, e hicieron con ellos lo mismo. Por último, les mandó a su hijo, diciéndose: «Tendrán respeto a mi hijo.»
Pero los labradores, al ver al hijo, se dijeron: “Éste es el heredero: venid, lo matamos y nos quedamos con su herencia.» Y, agarrándolo, lo empujaron fuera de la viña y lo mataron.
Y ahora, cuando vuelva el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores?»
Le contestaron: «Hará morir de mala muerte a esos malvados y arrendará la viña a otros labradores, que le entreguen los frutos a sus tiempos.»
Y Jesús les dice: «¿No habéis leído nunca en la Escritura: «La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente»? Por eso os digo que se os quitará a vosotros el reino de Dios y se dará a un pueblo que produzca sus frutos.»
Los sumos sacerdotes y los fariseos, al oír sus parábolas, comprendieron que hablaba de ellos. Y, aunque buscaban echarle mano, temieron a la gente, que lo tenía por profeta.

Pistas: El enfrentamiento entre Jesús y las autoridades religiosas y políticas judías va creciendo. En esta parábola les acusa de apropiarse lo que no es suyo (los labradores). Rechazan a los que el dueño de la viña (el Padre) había enviado, es decir, a los profetas. También rechazan al hijo, que es Jesús, el Hijo de Dios hecho hombre. Lo matarán. Pensarán que así vencen y que van a salirse con la suya.
Han perdido la perspectiva. No les importa Dios, sólo la viña y sus intereses (los Evangelios de estos días nos insistían en este tema). Por sus propias palabras los podrían acusar cuando acaben con Jesús: “hará morir de mala muerte a esos malvados…”. Sin embargo, Jesús les dará hasta el final la oportunidad para cambiar de idea y reconocer quién es, aunque ellos no lo aceptan. Su mensaje los pone al descubierto y ven amenazado el poder que ejercen sobre el pueblo.
Jesús resucitará. Creen que le vencen, que lo quitan del medio. Pero precisamente ahí, en su entrega por amor, en la cruz, en la muerte, en ser la piedra desechada, todo se hace nuevo. Porque Jesús resucitado es la piedra angular. Y todo tiene sentido porque Él está vivo, la muerte vencida, el mal derrotado.
Jesús hace nuevas las cosas. Hay que entender este cambio de perspectiva. Pero los judíos no fueron capaces de hacerlo y al final el cristianismo (que comenzó siendo una corriente dentro del judaísmo) tiene que convertirse en algo distinto.
Nosotros tenemos que ser el pueblo que da fruto, que vive el Reino como Jesús lo anunció. Por eso este tiempo de cuaresma es tan importante para los cristianos. Porque nos tiene que hacer revisar nuestra vida personal y comunitaria. ¿Soy ese pueblo que da gloria a Dios, que acoge al Hijo, que da fruto a su tiempo…? ¿o soy los criados interesados, que abusan, que buscan su interés, que no les importa Dios ni la verdad?
Da igual lo que diga el mundo, da igual que Jesús sea rechazado, que le demos la espalda… Él es la piedra angular, el único que puede sostener y darle sentido a tu vida, a la Iglesia y al mundo.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Jueves 12 de marzo

Jueves, 12 de marzo
II semana de cuaresma

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Lucas 16, 19-31
En aquel tiempo, dijo Jesús a los fariseos: «Había un hombre rico que se vestía de púrpura y de lino y banqueteaba espléndidamente cada día. Y un mendigo llamado Lázaro estaba echado en su portal, cubierto de llagas, y con ganas de saciarse de lo que tiraban de la mesa del rico. Y hasta los perros se le acercaban a lamerle las llagas.
Sucedió que se murió el mendigo, y los ángeles lo llevaron al seno de Abrahán. Se murió también el rico, y lo enterraron. Y, estando en el infierno, en medio de los tormentos, levantando los ojos, vio de lejos a Abrahán, y a Lázaro en su seno, y gritó: «Padre Abrahán, ten piedad de mí y manda a Lázaro que moje en agua la punta del dedo y me refresque la lengua, porque me torturan estas llamas.»
Pero Abrahán le contestó: «Hijo, recuerda que recibiste tus bienes en vida, y Lázaro, a su vez, males: por eso encuentra aquí consuelo, mientras que tú padeces. Y, además, entre nosotros y vosotros se abre un abismo inmenso, para que no puedan cruzar, aunque quieran, desde aquí hacia vosotros, ni puedan pasar de ahí hasta nosotros.»
El rico insistió: «Te ruego, entonces, padre, que mandes a Lázaro a casa de mi padre, porque tengo cinco hermanos, para que, con su testimonio, evites que vengan también ellos a este lugar de tormento. Abrahán le dice: «Tienen a Moisés y a los profetas; que los escuchen.»
El rico contestó: «No, padre Abrahán. Pero si un muerto va a verlos, se arrepentirán.»
Abrahán le dijo: «Si no escuchan a Moisés y a los profetas, no harán caso ni aunque resucite un muerto.”»

Pistas: Jesús dirige una parábola a los fariseos, que se creen personas religiosas y mejores que los demás. Jesús los critica porque están equivocados en su manera de vivir la fe en Dios, poniendo los puestos, la apariencia, el cumplimiento, por delante de un auténtico amor a Dios y al prójimo.
En esta parábola encontramos un rico que vive muy bien, y un pobre a su puerta. Si miramos a nuestro mundo también encontramos ricos que vivimos muy bien, y otras muchas personas que viven muy mal a nuestra puerta, en nuestras ciudades, en nuestras fronteras. Y un elemento común con Epulón es que nos dan igual los lázaros, casi ni los vemos, o los vemos un momento, pero luego seguimos con nuestras cosas y “banqueteando espléndidamente” o todo lo espléndidamente que podemos.
Jesús enseña hoy que de la actitud que tengamos hacia el otro dependerá nuestra salvación. Una fe sin amor ¿de qué sirve? ¿no nos convierte acaso en fariseos? Una religiosidad sin ver al prójimo que me necesita, sin ponerme en el lugar del otro ¿servirá para algo?
La cuaresma nos invita a mirar como Jesús miraba, a ver las necesidades que nos rodean y a comprometernos. Nos invita a ser capaces de ponernos en la piel del otro. Esto es dar limosna.
Mira a tu alrededor ¿hay algún lázaro? ¿te pareces al ciego Epulón que no veía al que se moría a la puerta de su casa?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Miércoles 11 de marzo

Miércoles, 11 de marzo
II semana de cuaresma

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Mateo 20, 17-28
En aquel tiempo, mientras iba subiendo Jesús a Jerusalén, tomando aparte a los Doce, les dijo por el camino: «Mirad, estamos subiendo a Jerusalén, y el Hijo del hombre va a ser entregado a los sumos sacerdotes y a los escribas, y lo condenarán a muerte y lo entregarán a los gentiles, para que se burlen de él, lo azoten y lo crucifiquen; y al tercer día resucitará.»
Entonces se le acercó la madre de los Zebedeos con sus hijos y se postró para hacerle una petición. Él le preguntó: «¿Qué deseas?» Ella contestó: «Ordena que estos dos hijos míos se sienten en tu reino, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda» Pero Jesús replicó: «No sabéis lo que pedís. ¿Sois capaces de beber el cáliz que yo he de beber?» Contestaron: «Lo somos.» El les dijo: «Mi cáliz lo beberéis; pero el puesto a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo, es para aquellos para quienes lo tiene reservado mi Padre.»
Los otros diez, que lo hablan oído, se indignaron contra los dos hermanos. Pero Jesús, reuniéndolos, les dijo: «Sabéis que los jefes de los pueblos los tiranizan y que los grandes los oprimen. No será así entre vosotros: el que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor, y el que quiera ser primero entre vosotros, que sea vuestro esclavo. Igual que el Hijo del hombre no ha venido para que le sirvan, sino para servir y dar su vida en rescate por muchos.»

Pistas: Jesús prevé el desenlace de los acontecimientos y se lo anuncia a sus discípulos. La condena a muerte, el sufrimiento, la burla, los azotes, la crucifixión y la resurrección. ¿Cómo se sentirían los discípulos? ¿tendrían miedo? ¿dudarían de que Jesús fuera el Mesías?
Ahora fíjate en su reacción. Unos buscan puestos y honores. ¿Cómo se están imaginando el reino de Jesús? Siguen pensando en un reino terrenal y se enzarzan en una discusión sobre reconocimientos y poder. Y Jesús les da la clave para seguirle: El camino es el amor, la entrega de la vida, el servicio a los demás. Lo que Jesús les enseña no son teorías. Él mismo irá delante
Y en tu propia vida. ¿En qué situación estás? ¿quizás como los zebedeos y los discípulos de Jesús, como los que buscan el poder y los puestos? ¿o como Jesús quiere: amando, sirviendo y dando la vida? ¿buscando que los demás te sirvan, persiguiendo tus propios intereses? ¿o sirviendo a los demás? Llévalo a lo concreto. No es fácil amar, servir y entregar la vida. Porque requiere esforzarse, requiere morir. Y la Iglesia que tú como cristiano construyes ¿cuál es? ¿la de los puestos, los reconocimientos? ¿o la del amor, el servicio y la entrega?
En la cuaresma acompañamos a Jesús hacia Jerusalén, donde contemplaremos el misterio de su pasión, muerte y resurrección en la semana santa. Y en este camino estamos llamados a convertirnos, a vivir como verdaderos discípulos de Jesús. Para ello debemos eliminar los engaños y mentiras que nos hacen vivir acomodados en nuestro pecado o ser mediocres en una vida de cumplimiento o mundana.
Ser cristiano no es cuestión de mínimos. Jesús te invita a seguirle y aprender de Él. ¿Estás dispuesto?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.