Viernes 20 de diciembre

Viernes, 20 de diciembre
III semana de adviento

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Isaías 7, 10-14
En aquellos días, el Señor habló a Acaz: «Pide una señal al Señor, tu Dios: en lo hondo del abismo o en lo alto del cielo.» Respondió Acaz: «No la pido, no quiero tentar al Señor.»
Entonces dijo Dios: «Escucha, casa de David: ¿No os basta cansar a los hombres, que cansáis incluso a mi Dios? Pues el Señor, por su cuenta, os dará una señal: Mirad: la virgen está encinta y da a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel, que significa «Dios-con-nosotros».»

Pistas: “El Señor por su cuenta os dará una señal”. Ni siquiera Isaías podría comprender el alcance de lo que hemos leído: “La virgen está encinta y da a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel, que significa Dios-con-nosotros”. Isaías y los que escucharon este oráculo pensaban en el mantenimiento de la promesa davídica, un rey político que reinase como Dios quiere. Dios “por su cuenta” supera todo lo que se podía esperar. La idea de “Dios-con-nosotros”, tal y como se realiza en Jesús, era impensable. Los primeros cristianos, al leer al profeta, ven a Cristo, el Hijo de Dios hecho hombre, Emmanuel, el que trae verdaderamente la salvación de Dios. El que es Dios y hombre.
Ésta es la señal definitiva de que Dios está a nuestro lado, de que le importamos, tanto que se hace “con-nosotros”. San Juan hablará de la Palabra que era Dios y existe desde siempre, que se hace carne.
¡Cómo poder asomarse al misterio de la Trinidad! Un solo Dios que es Padre, Hijo y Espíritu Santo. O asomarse al misterio de la encarnación: Jesús, Dios y hombre verdadero. Así lo revela el Nuevo Testamento, como celebraremos en Navidad. Jesús ha nacido, verdadera y realmente de una mujer; pero es el Hijo (Dios como el Padre y el Espíritu Santo). Por eso conocerle a Él, acercarse a Él, es el camino para llegar al Padre. Y el único camino para llenarse del Espíritu Santo.
Te invito a que te asomes al misterio de Cristo, en quien se cumplen las profecías del Antiguo Testamento, de un modo extraordinario. Reza a Jesús, contémplale, adórale, porque siendo Dios-con-nosotros. Porque nos abre el camino a la vida divina.

Relee la lectura, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Miércoles 18 de diciembre

Miércoles, 18 de diciembre
III semana de adviento

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Jeremías 23, 5-8
«Mirad que llegan días —oráculo del Señor— en que suscitaré a David un vástago legítimo: reinará como rey prudente, hará justicia y derecho en la tierra. En sus días se salvará Judá, Israel habitará seguro. Y lo llamarán con este nombre: «El-Señor-nuestra-justicia».
Por eso, mirad que llegan días —oráculo del Señor— en que no se dirá: «Vive el Señor, que sacó a los israelitas de Egipto», sino que se dirá: «Vive el Señor, que sacó a la raza de Israel del país del Norte y de los países adonde los expulsó, y los trajo para que habitaran en sus campos.»»

Pistas: Dios está con su pueblo y enviará un rey que hará justicia, que traerá salvación. Hará presente a Dios. No sólo será el pueblo liberado de Egipto, sino que será el pueblo salvado y rescatado, reunido de donde estaba disperso. Será “el Señor nuestra justicia”. El que salvará al pueblo de los pecados, dirá el Evangelio. Luz para las naciones.
La promesa que se cumple en Jesús desborda todas las previsiones. La salvación que Él trae crea un nuevo pueblo, reuniendo de entre las naciones en la Iglesia a aquellos que quieren ser el pueblo de Dios. La Iglesia se convierte en el Cuerpo de Cristo, el lugar donde el cumplimiento de todas las promesas que hemos ido leyendo estos días se debe hacer palpable. El lugar donde vivirlo y experimentarlo. Donde las personas puedan encontrarse con “el Señor nuestra justicia”, y puedan vivir con seguridad.
Puedes aprovechar esta lectura para adentrarte en el misterio de Cristo y de la Iglesia, el Pueblo de Dios. Puedes rezar por ella y revisar si tú construyes una Iglesia así. Y pensar si estamos contribuyendo a hacer presente el Reino que Jesús vino a regalar y si queremos aceptar su salvación.

Relee la lectura, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

IV Domingo de Adviento

Evangelio según San Mateo 1, 18-24

El nacimiento de Jesucristo fue de esta manera:
María, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo.
José, su esposo, que era justo y no quería denunciarla, decidió repudiarla en secreto. Pero, apenas había tomado esta resolución, se le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo:
-«José, hijo de David, no tengas reparo en llevarte a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados.»
Todo esto sucedió para que se cumpliese lo que había dicho el Señor por el Profeta:
«Mirad: la Virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrá por nombre Ernmanuel, que significa «Dios-con-nosotros».»
Cuando José se despertó, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor y se llevó a casa a su mujer.

Lunes 16 de diciembre

Lunes, 16 de diciembre
III semana de adviento

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Números 24, 2-7. 15-17a
En aquellos días, Balaán, tendiendo la vista, divisó a Israel acampado por tribus. El espíritu de Dios vino sobre él, y entonó sus versos: «Oráculo de Balaán, hijo de Beor, oráculo del hombre de ojos perfectos;
oráculo del que escucha palabras de Dios, que contempla visiones del Poderoso, en éxtasis, con los ojos abiertos: ¡Qué bellas las tiendas de Jacob y las moradas de Israel!
Como vegas dilatadas, como jardines junto al río,
como áloes que plantó el Señor o cedros junto a la corriente; el agua fluye de sus cubos, y con el agua se multiplica su simiente. Su rey es más alto que Agag, y su reino descuella.»
Y entonó sus versos:
«Oráculo de Balaán, hijo de Beor, oráculo del hombre de ojos perfectos; oráculo del que escucha palabras de Dios y conoce los planes del Altísimo, que contempla visiones del Poderoso,
en éxtasis, con los ojos abiertos:
Lo veo, pero no es ahora,
lo contemplo, pero no será pronto:
Avanza la constelación de Jacob,
y sube el cetro de Israel.»

Pistas: Justo antes de este relato se nos cuenta como Balaq, que es un rey enemigo de Israel, había hecho llamar a Balaán (un adivino) para que maldijera a las tribus israelitas que conducidas por Moisés querían cruzar su territorio para entrar en la tierra prometida. Pero este advino entró en éxtasis y pronunció dos oráculos de salvación.
Imagínate el consuelo de aquellos hombres al oír el anuncio de una tierra fértil, llena de agua y de vida. Y un rey poderoso y triunfante.
“Avanza la constelación de Jacob, y sube el cetro de Israel”. ¿Qué estrella es ésa que sale? ¿Qué reinado proclama? En aquel tiempo parece que el de Saúl o el de David. ¿O quizá un Rey – Mesías- cuya estrella había de salir un día en Oriente?
Así se fue releyendo este texto y así lo entenderá también Mateo al narrarnos la visita de los Sabios de Oriente que visitan al niño Jesús.
Qué sorprendente es la Palabra de Dios. Jesús dará cumplimiento también a lo que has leído en este pasaje. El linaje de Jacob, de David, establecerá un nuevo reino, el Reino de Dios… pero de un modo inesperado, de un modo maravilloso, superando cualquier concepción mundana.
Si Jesús fuese un Rey al estilo de lo que se esperaba, no sería más que uno como muchos otros. Quizás un hombre bueno y justo. Pero no el Hijo de Dios. Y es que los deseos de los hombres muchas veces no coinciden con los de Dios. A veces el egoísmo o el miedo nos lleva a desear cosas que ni nos van a dar la felicidad ni van a ser buenas para nuestra vida o situación. Y aunque nos pueda generar frustración que no se cumplan nuestros deseos, finalmente en muchas ocasiones hemos de reconocer que fue un acierto que no se cumplieran.
Sigue profundizando en el misterio que se acerca. Ya queda poco, recorre el adviento y prepara el corazón.

Relee la lectura, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Sábado 14 de diciembre

Sábado, 14 de diciembre
San Juan de la Cruz, presbítero y doctor de la Iglesia

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Eclesiástico 48, 1-4. 9-11
Surgió Elías, un profeta como un fuego, cuyas palabras eran horno encendido.
Les quitó el sustento del pan, con su celo los diezmó; con el oráculo divino sujetó el cielo e hizo bajar tres veces el fuego. ¡Qué terrible eras, Elías!; ¿quién se te compara en gloria? Un torbellino te arrebató a la altura; tropeles de fuego, hacia el cielo. Está escrito que te reservan para el momento de aplacar la ira antes de que estalle, para reconciliar a padres con hijos, para restablecer las tribus de Israel. Dichoso quien te vea antes de morir, y más dichoso tú que vives.

Pistas: Nos cuenta el Evangelio de Mateo que los discípulos le preguntan a Jesús: «¿Por qué dicen los escribas que primero tiene que venir Elías?». Él les contestó: «Elías vendrá y lo renovará todo. Pero os digo que Elías ya ha venido, y no lo reconocieron, sino que lo trataron a su antojo. Así también el Hijo del hombre va a padecer a manos de ellos.» Entonces entendieron los discípulos que se refería a Juan, el Bautista.
Elías es uno de los grandes personajes del Antiguo Testamento. Gracias a él y su grupo pervive la fe en Yahveh en una época muy difícil, en la que el pueblo estaba perdiendo su identidad y asumiendo costumbres, ritos y creencias cananeas en el ídolo Baal. Elías predicó por primera vez el monoteísmo. Luchó contra la idolatría. Y contra la mera obligatoriedad de cumplir unos ritos, algo propio de la religión cananea, un culto vacío.
Era un profeta poderoso. Anunció tres años de sequía y así fue. Retó a los sacerdotes de Baal a que el dios que hiciese bajar fuego del cielo sobre unos sacrificios de animales sería el verdadero. Ellos lo intentaron todo y nada sucedió. Elías mandó echar agua sobre la leña, oró a Dios y bajó fuego del cielo.
Jesús habla de Juan el Bautista con ese mismo celo, fuerza y pasión. Pero Juan le señala a Él: «El que viene detrás de mí, os bautizará en el Espíritu Santo y el fuego…» (Mateo 3,11).
La palabra, el fuego, la vida, nos hacen pensar en la resurrección de Jesús, la reconciliación entre los hombres y el restablecimiento del pueblo de Dios. Todo ya fue anunciado por Elías y después por Juan Bautista. Y se cumple en Jesús de un modo asombroso…
Todo en este Adviento te dice de mil maneras distintas: Acércate a Jesús y en Él encontrarás salvación.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Viernes 13 de diciembre

Viernes, 13 de diciembre
Santa Lucía, Virgen y Mártir

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Isaías 48, 17-19
Así dice el Señor, tu redentor, el Santo de Israel:
«Yo, el Señor, tu Dios, te enseño para tu bien, te guío por el camino que sigues. Si hubieras atendido a mis mandatos, seria tu paz como un río, tu justicia como las olas del mar; tu progenie sería como arena, como sus granos, los vástagos de tus entrañas; tu nombre no sería aniquilado ni destruido ante mí.»

Pistas: El Señor, el que redime, el que salva. Guía en el camino. No sólo ha llamado y elegido a su pueblo, sino que quiere enseñarle a recorrer el camino.
Atender a sus mandatos, es decir, buscar su voluntad, traerá una paz que es como un río, que da vida, que limpia. La justicia –la salvación- que traerá será como las olas del mar, no cesará. Hará fecundo a aquel que la escuche, como la arena. Y ¡qué bonito! dará un nombre que no será aniquilado ni destruido. Permitirá poder presentarse ante Dios con un nombre, esto es, siendo alguien.
El camino parece que será cumplir unas normas, pero nosotros sabemos que es seguir a Jesús, ser discípulo suyo. Si te encuentras con Jesús y le sigues, las promesas de la lectura de hoy serán realidad en tu vida, en tu comunidad, en la Iglesia. Que no sean sólo una promesa de lo que pudo haber sido y no fue, un «si hubieras…», porque Jesús viene a salvarte.

Relee la lectura, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

III Domingo de Adviento

Evangelio según San Mateo 11,2-11.

Juan el Bautista oyó hablar en la cárcel de las obras de Cristo, y mandó a dos de sus discípulos para preguntarle:
«¿Eres tú el que ha de venir o debemos esperar a otro?».
Jesús les respondió: «Vayan a contar a Juan lo que ustedes oyen y ven:
los ciegos ven y los paralíticos caminan; los leprosos son purificados y los sordos oyen; los muertos resucitan y la Buena Noticia es anunciada a los pobres.
¡Y feliz aquel para quien yo no sea motivo de tropiezo!».
Mientras los enviados de Juan se retiraban, Jesús empezó a hablar de él a la multitud, diciendo: «¿Qué fueron a ver al desierto? ¿Una caña agitada por el viento?
¿Qué fueron a ver? ¿Un hombre vestido con refinamiento? Los que se visten de esa manera viven en los palacios de los reyes.
¿Qué fueron a ver entonces? ¿Un profeta? Les aseguro que sí, y más que un profeta.
El es aquel de quien está escrito: Yo envío a mi mensajero delante de ti, para prepararte el camino.
Les aseguro que no ha nacido ningún hombre más grande que Juan el Bautista; y sin embargo, el más pequeño en el Reino de los Cielos es más grande que él.

Jueves 12 de diciembre

Jueves, 12 de diciembre
I semana de Adviento

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Isaías 41, 13-20
Yo, el Señor, tu Dios, te agarro de la diestra y te digo: «No temas, yo mismo te auxilio.»
No temas, gusanito de Jacob, oruga de Israel, yo mismo te auxilio —oráculo del Señor—, tu redentor es el Santo de Israel.
Mira, te convierto en trillo aguzado, nuevo, dentado: trillarás los montes y los triturarás; harás paja de las colinas; los aventarás, y el viento los arrebatará, el vendaval los dispersará; y tú te alegrarás con el Señor, te gloriarás del Santo de Israel.
Los pobres y los indigentes buscan agua, y no la hay; su lengua está reseca de sed. Yo, el Señor, les responderé; yo, el Dios de Israel, no los abandonaré. Alumbraré ríos en cumbres peladas; en medio de las vaguadas, manantiales; transformaré el desierto en estanque y el yermo en fuentes de agua; pondré en el desierto cedros, y acacias, y mirtos, y olivos; plantaré en la estopa cipreses, y olmos y alerces, juntos. Para que vean y conozcan, reflexionen y aprendan de una vez, que la mano del Señor lo ha hecho, que el Santo de Israel lo ha creado.

Pistas: ¿Te sientes pequeño, insignificante? ¿parece que nada va a cambiar ni en tu vida, ni en el mundo? ¿parece que da igual creer o no, ser fiel o no? ¿ves tu pobreza e indigencia? ¿estás sediento? ¿parece que caminas por el desierto?
La Palabra de Dios es para ti. “No temas”, te dice el Señor: “No temas, yo mismo te auxilio”. Él te guía y sostiene. Eres pequeño, débil, somos pocos… Pero Dios está contigo, tienes un redentor. No te abandonará. Te responderá. Hará brotar ríos en el desierto. No sólo eso, habrá vida, un paraíso. Todo será nuevo.
Las promesas del Señor son para ti, son para su Iglesia, para su pueblo: promete estar contigo. Triturarás los montes. Superarás las dificultades. Podrás alegrarte con tu Dios.
Dios cumple sus promesas. Pídeselo. Para ti, para tu parroquia, para tu comunidad, para nuestro mundo ¿Cuántos se sienten necesitados o buscan sin saber que la respuesta es Jesús? ¿cuántos sedientos, pobres, perdidos…? Necesitan ver que la mano de Dios está con los que confían en Él. Para que “vean y conozcan, reflexionen y aprendan de una vez, que la mano del Señor lo ha hecho”. Dios no falla. Pídele que cumpla sus promesas para ti.

Relee la lectura, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévala a la vida.

Miércoles 11 de diciembre

Miércoles, 11 de diciembre
II semana de Adviento

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Isaías 40, 25-31
«¿A quién podéis compararme, que me asemeje?», dice el Santo. Alzad los ojos a lo alto y mirad: ¿Quién creó aquello? El que cuenta y despliega su ejército y a cada uno lo llama por su nombre; tan grande es su poder, tan robusta su fuerza, que no falta ninguno.
¿Por qué andas hablando, Jacob, y diciendo, Israel: «Mi suerte está oculta al Señor, mi Dios ignora mi causa»? ¿Acaso no lo sabes, es que no lo has oído? El Señor es un Dios eterno y creó los confines del orbe. No se cansa, no se fatiga, es insondable su inteligencia. Él da fuerza al cansado, acrecienta el vigor del inválido; se cansan los muchachos, se fatigan, los jóvenes tropiezan y vacilan; pero los que esperan en el Señor renuevan sus fuerzas, echan alas como las águilas, corren sin cansarse, marchan sin fatigarse.

Pistas: El pueblo que está en el destierro, por este mismo motivo, desconfía de Dios. Y el profeta les recuerda: ¿Acaso no creó Él todo? ¿acaso Dios va a abandonar a su pueblo?
Dios es Dios, es eterno, es el creador, no se cansa, no se fatiga, es insondable… Pero, a la vez, da fuerza al débil y al que se cree incapaz. Los que aparentemente son fuertes y no necesitan ayuda (los muchachos, los jóvenes) se cansan, se fatigan, tropiezan, vacilan. Pero el que pone su confianza en el Señor, tiene otra visión de las cosas (“como las águilas”), corren sin cansarse, marchan sin fatigarse.
Mira nuestra sociedad, mira tu vida ¿A quién te pareces más? ¿al pueblo derrotado que desconfía? ¿o al que es capaz de alzar la mirada hacia Dios? ¿al que pone su confianza en sus fuerzas y capacidades? ¿o al que sabe que en Dios tiene nuevas fuerzas, nueva visión, nuevos caminos?
En el Evangelio de Mateo dice Jesús: «Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis vuestro descanso. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera.». Él es el cumplimiento pleno de las promesas de los profetas. Él es la respuesta, la solución, el camino… para el que está cansado, perdido, desesperado, el que se siente sin hogar, sin fuerzas.
La queja es una tentación. Nos lleva a desconfiar de Dios al ver tanto mal en el mundo o en nuestra vida. A sentirnos perdidos o excesivamente seguros en nuestras fuerzas o capacidades, que no pueden salvarnos ni darnos una solución. Por ello, la pregunta del profeta nos vale también a nosotros: ¿Acaso no lo sabes? ¿quién es la respuesta?

Relee la lectura, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Martes 10 de diciembre

Martes, 10 de diciembre
II semana de Adviento

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Isaías 40, 1-11
«Consolad, consolad a mi pueblo —dice vuestro Dios—; hablad al corazón de Jerusalén, gritadle, que se ha cumplido su servicio, y está pagado su crimen, pues de la mano del Señor ha recibido doble paga por sus pecados.»
Una voz grita: «En el desierto preparadle un camino al Señor; allanad en la estepa una calzada para nuestro Dios; que los valles se levanten, que montes y colinas se abajen, que lo torcido se enderece y lo escabroso se iguale. Se revelará la gloria del Señor, y la verán todos los hombres juntos —ha hablado la boca del Señor—.»
Dice una voz: «Grita.» Respondo: «¿Qué debo gritar?» «Toda carne es hierba y su belleza como flor campestre: se agosta la hierba, se marchita la flor, cuando el aliento del Señor sopla sobre ellos; se agosta la hierba, se marchita la flor, pero la palabra de nuestro Dios permanece por siempre.»
Súbete a un monte elevado, heraldo de Sión; alza fuerte la voz, heraldo de Jerusalén; álzala, no temas, di a las ciudades de Judá: «Aquí está vuestro Dios. Mirad, el Señor Dios llega con poder, y su brazo manda. Mirad, viene con él su salario, y su recompensa lo precede. Como un pastor que apacienta el rebaño, su brazo lo reúne, toma en brazos los corderos y hace recostar a las madres.».

Pistas: Está lleno de emoción y fuerza el mensaje de Isaías. Consuela, habla al corazón, ¡grita! No tengas miedo, haz que se enteren. Porque Dios viene a salvar a su pueblo.
El pueblo judío está en el exilio, pero viene un nuevo tiempo en el que se acabarán el sufrimiento y el destierro. Se abre un nuevo camino y hay que prepararlo. Vendrá, sin duda, porque la palabra de Dios no falla. Las cosas de este mundo son caducas, pero su palabra permanece. Dios viene con su salvación, con poder –“su brazo manda”- y a la vez como un pastor que apacentará a su rebaño. Hay que prepararle el camino.
Juan el Bautista anunciará esto mismo, la necesidad de preparar el camino. En San Juan Jesús es el Camino, es el Buen Pastor.
El profeta grita que sólo en Dios hay salvación, su palabra permanece por siempre y lo demás es fugaz. El Adviento te grita: Jesús viene, en Él se cumplen las promesas que has leído. Que hoy resuene en tu corazón nuevamente. La palabra de Dios no pasa, permanece y se cumple. ¿Le prepararás el camino a tu corazón? ¿le preparamos el camino a nuestras familias, nuestras parroquias, nuestras comunidades?

Relee la lectura, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.