Lunes 9 de septiembre

Lunes, 9 de septiembre
San Pedro Claver, presbítero

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Lucas 6, 6-11
Un sábado, entró Jesús en la sinagoga a enseñar. Había allí un hombre que tenía parálisis en el brazo derecho. Los letrados y los fariseos estaban al acecho para ver si curaba en sábado, y encontrar de qué acusarlo. Pero él, sabiendo lo que pensaban, dijo al hombre del brazo paralítico: Levántate y ponte ahí en medio. Él se levantó y se quedó en pie.
Jesús les dijo: Os voy a hacer una pregunta: ¿Qué está permitido en sábado?, ¿hacer el bien o el mal, salvar a uno o dejarlo morir? Y, echando en torno una mirada a todos, le dijo al hombre: Extiende el brazo. Él lo hizo y su brazo quedó restablecido. Ellos se pusieron furiosos y discutían qué había que hacer con Jesús.

Pistas: Cuando las cosas se ponen por delante de las personas, cuando el legalismo, la apariencia o el formalismo, se convierten en el criterio fundamental, se pierde la perspectiva de lo que es verdaderamente importante. Este Evangelio puede ser una invitación para que pienses cómo estás viviendo tu fe y qué tipo de Iglesia estás construyendo.
Jesús siempre pone a las personas por delante, siempre pone el amor al prójimo como reflejo del amor a Dios y consecuencia de la fe.
Los letrados y los fariseos se han convertido en enemigos de Jesús. No buscan la verdad, no intentan descubrir por qué hace Jesús las cosas de ese modo. Simplemente quieren pillarle y encontrar algo con lo que acusarlo. Les resultaba molesto. Actuaba de una forma nueva que ellos temían que acabase con su estatus. Porque la prioridad de los fariseos y letrados no era otra que ellos mismos y sus intereses personales.
Nuevamente, lo interesante es pensar si estas actitudes están ganando terreno en tu vida. Es decir, si en lugar de buscar la verdad, buscas poder permanecer en tu modo de hacer las cosas.
Jesús salva y da vida. Pero sus enemigos acechan, conspiran, se llenan de ira, discuten… y querrán acabar con Jesús. Pero Jesús ¡vence!

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Domingo 8 de septiembre

Domingo, 8 de septiembre
XXIII domingo del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Lucas 14, 25-33
En aquel tiempo, mucha gente acompañaba a Jesús; él se volvió y les dijo:
—«Si alguno se viene conmigo y no pospone a su padre y a su madre, y a su mujer y a sus hijos, y a sus hermanos y a sus hermanas, e incluso a sí mismo, no puede ser discípulo mío. Quien no lleve su cruz detrás de mí no puede ser discípulo mío.
Así, ¿quién de vosotros, si quiere construir una torre, no se sienta primero a calcular los gastos, a ver si tiene para terminarla? No sea que, si echa los cimientos y no puede acabarla, se pongan a burlarse de él los que miran, diciendo: «Este hombre empezó a construir y no ha sido capaz de acabar.»
¿O qué rey, si va a dar la batalla a otro rey, no se sienta primero a deliberar si con diez mil hombres podrá salir al paso del que le ataca con veinte mil? Y si no, cuando el otro está todavía lejos, envía legados para pedir condiciones de paz.
Lo mismo vosotros: el que no renuncia a todos sus bienes no puede ser discípulo mío.»

Pistas: Seguir a Jesús es exigente, porque su salvación, el amor de Dios manifestado en Él, es el auténtico tesoro. Todo lo demás, si ocupa su lugar, no nos dará felicidad. ¿Cuántas veces intentando amar a las personas que son importantes para nosotros no somos capaces o no nos sentimos a la altura o nos equivocamos y nos hacemos daño? ¿Cuántas veces las cruces de la vida nos parecen tan grandes que no nos permiten ver lo bueno y disfrutarlo o nos encierran en la queja y la amargura? ¿Cuántas veces por no sabernos negarnos a nosotros mismos somos incapaces de crecer o de ser verdaderamente libres y hacemos lo que no queremos o no logramos lo que queremos alcanzar?
Jesús nos dice que Él tiene que ser el centro. Ser discípulos suyos no será fácil. Habrá que “echar cálculos”, es decir, elegir, esforzarse, luchar. Pero éste es un verdadero camino de libertad, de fortaleza y de amor. Porque posponer al padre, la madre, la mujer, los hijos… incluso a uno mismo para ser discípulo de Jesús, significa poder ser cómo Él.
¿Quién ha tenido un amor más grande que el de Jesús? ¿Quién ha sido más libre? ¿Quién se ha entregado por amor? Así que, a fin de cuentas, lo que Jesús nos ofrece hoy es un tesoro, el tesoro de su amor, los dones de su Espíritu, una auténtica libertad, la posibilidad de vivir las bienaventuranzas. Pero todo eso sólo será posible siendo discípulos suyos, es decir, llenándonos del Espíritu Santo y siguiéndole, aprendiendo a vivir como Él y a buscar la voluntad de Dios.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Sábado 7 de septiembre

Sábado, 7 de septiembre
XXII semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Lucas 6, 1-5
Un sábado, Jesús atravesaba un sembrado; sus discípulos arrancaban espigas y, frotándolas con las manos, se comían el grano. Unos fariseos les preguntaron: ¿Por qué hacéis en sábado lo que no está permitido? Jesús les replicó: ¿No habéis leído lo que hizo David, cuando él y sus hombres sintieron hambre? Entró en la casa de Dios, tomó los panes presentados que sólo pueden comer los sacerdotes, comió él y les dio a sus compañeros. Y añadió: El Hijo del Hombre es señor del sábado.

Pistas: ¿Quién es Jesús? Los Evangelios quieren dar respuesta a esta pregunta y mostrarnos que es el Hijo de Dios, el Salvador, la plenitud de la revelación. Todo lo que Dios ha querido decirnos ha alcanzado su máxima expresión en Jesucristo. Como decíamos ayer, todavía más, Dios mismo nos ha ofrecido su salvación en Jesús, su Hijo hecho hombre. Por su acción, muerte y resurrección nos ha abierto el camino a la vida divina y se ha autocomunicado en el envío del Espíritu Santo.
Hoy, al hilo del tema del descanso del sábado (una institución muy importante en el judaísmo, con muchas normas y tradiciones religiosas), Jesús quiere mostrar dos cosas: la primera, que Él tiene autoridad sobre esa norma y además suscitarles la pregunta de ¿quién es este? Y, por otro, enseñar que hay una jerarquía en las tradiciones y normas. Jesús sitúa a la persona en el centro. Pone el amor y la misericordia como criterios y con ello el enfrentamiento con las autoridades judías se irá haciendo cada vez mayor.
Al leer este Evangelio puedes rezar preguntándote ¿quién es Jesús? y entrar en su misterio, darle gracias, adorarle, alabarle. O puedes pensar cómo estás viviendo tu fe ¿qué está por delante en tus acciones de cada día? ¿cómo está tu jerarquía de valores? Y pedirle a Dios su Espíritu Santo que te guíe.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Viernes 6 de septiembre

Viernes 6 de septiembre
XXII semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Lucas 5, 33-39
En aquel tiempo, dijeron a Jesús los fariseos y los letrados: Los discípulos de Juan ayunan a menudo y oran, y los de los fariseos también; en cambio los tuyos, a comer y a beber.
Jesús les contestó: ¿Queréis que ayunen los amigos del novio mientras el novio está con ellos? Llegará el día en que se lo lleven, y entonces ayunarán.
Y añadió esta comparación: Nadie recorta una pieza de un manto nuevo para ponérsela a un manto viejo; porque se estropea el nuevo, y la pieza no le pega al viejo.
Nadie echa vino nuevo en odres viejos: porque revientan los odres, se derrama, y los odres se estropean. A vino nuevo, odres nuevos. Nadie que cate vino añejo quiere del nuevo, pues dirá: «Esta bueno el añejo».

Pistas: Es curioso lo que cuenta Jesús hoy. La novedad que Él trae implica un profundo cambio. Todo lo que hace nace de su relación con el Padre y el poder del Espíritu Santo que le mueve y da poder para hacer la voluntad del Padre.
Jesús va adquiriendo conciencia de quién es y actúa en consecuencia. Él quiere que sus discípulos comprendan la religión y sus costumbres no como algo meramente externo o para cumplir por cumplir, sino como consecuencia de una vivencia interna.
En otras ocasiones Jesús habla del ayuno y dice que es necesario. Este Evangelio no pretende dar una enseñanza sobre el ayuno sino sobre quién es Jesús. Y la respuesta que da es que Él es quien hace las cosas nuevas, por eso para acogerlo hay que cambiar de mentalidad, hay que dejarse sorprender y transformar, sino será imposible acogerlo.
¿Cuántas veces nos quedamos estancados en nuestra vida de fe porque vivimos de prejuicios o nuestra imagen de Dios no es correcta y no estamos dispuestos a cambiar? ¿cuántas veces preferimos quedarnos anclados en el hombre viejo (en el pecado, la mediocridad o el pasotismo) en vez de dejar que Jesús y su mensaje nos transformen? La novedad del encuentro con Jesús, la novedad de la presencia del Espíritu Santo transforma el corazón de aquel que lo acoge y acepta.
Todavía más extraño parece el final del Evangelio, pero ¿no quedamos en que lo que vale es lo nuevo y hay que cambiar? Jesús y su mensaje no son una moda pasajera, no es algo nuevo sin valor. Jesús, no es un mesías. Jesús es el Mesías. Él cumple todo lo anunciado por los profetas. Él lleva a cumplimiento y a plenitud la revelación de Dios y ésta consiste no sólo en nuevas costumbres o nuevas ideas sobre Dios, es algo mucho más grande. Es el vino añejo que se hace vino nuevo, es lo anunciado que se cumple de un modo asombroso porque Dios se nos da en Jesús, y Jesús nos da el Espíritu Santo, que nos hace odres nuevos.
El mensaje del Evangelio te invita a acercarte a Jesús y dejarte transformar por Él y acoger la novedad que Él quiere traer a tu vida.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Jueves 5 de septiembre

Jueves, 5 de septiembre
XXII semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Lucas 5, 1-11
En aquel tiempo, la gente se agolpaba alrededor de Jesús para oír la Palabra de Dios,estando él a orillas del lago de Genesaret; y vio dos barcas que estaban junto a la orilla: los pescadores habían desembarcado y estaban lavando las redes.
Subió a una de las barcas, la de Simón, y le pidió que la apartara un poco de tierra. Desde la barca, sentado, enseñaba a la gente.
Cuando acabó de hablar, dijo a Simón: Rema mar adentro y echad las redes para pescar.
Simón contestó: Maestro, nos hemos pasado la noche bregando y no hemos cogido nada; pero, por tu palabra, echaré las redes.
Y, puestos a la obra, hicieron una redada de peces tan grande, que reventaba la red.
Hicieron señas a los socios de la otra barca, para que vinieran a echarles una mano. Se acercaron ellos y llenaron las dos barcas, que casi se hundían.
Al ver esto, Simón Pedro se arrojó a los pies de Jesús, diciendo: Apártate de mí, Señor, que soy un pecador.
Y es que el asombro se había apoderado de él y de los que estaban con él, al ver la redada de peces que habían cogido; y lo mismo les pasaba a Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Jesús dijo a Simón: No temas: desde ahora serás pescador de hombres.

Pistas: Imagina este evangelio como si fuera una escena de una película, como si lo estuvieras viendo. Métete en ella: ¿Qué pueden sentir? ¿Qué pueden pensar? Métete en la piel de Jesús, de Simón (Pedro), en la de Santiago y Juan.
Fíjate en los detalles: Jesús se hace presente en lo cotidiano (vienen de trabajar). Simón ya tenía que ser amigo de Jesús para dejarle subir a su barca: ¿qué significará eso? Ve a Jesús enseñar. Se fía de Él (rema mar adentro y echa las redes). Por su palabra, no por propio convencimiento. Por fe Simón obedece. Y ve cosas extraordinarias. Se siente indigno. Y Jesús llama a ese hombre a seguirle y le da una misión. Le hace darse cuenta de que el camino es otro, de que la tarea es importante y de que no importa quien seas, ni los cargos o prebendas, sino querer caminar al lado de Jesús.
En este evangelio algo te llamará la atención, tocará tu corazón, te surgirá una idea… Párate, reza con ello, deja que Dios te inspire y te hable. Y háblale tú a Él. ¿Te quieres fiar de Jesús? Sólo tienes que dejarle que suba a la barca de tu vida.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración y llévalo a tu vida

Miércoles 4 de septiembre

Miércoles, 4 de septiembre
XXII semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Lucas 4, 38-44
En aquel tiempo, al salir Jesús de la sinagoga, entró en casa de Simón.
La suegra de Simón estaba con fiebre muy alta y le pidieron que hiciera algo por ella.
El, de pie a su lado, increpó a la fiebre, y se le pasó; ella, levantándose enseguida, se puso a servirles.
Al ponerse el sol, los que tenían enfermos con el mal que fuera, se los llevaban; y él, poniendo las manos sobre cada uno, los iba curando.
De muchos de ellos salían también demonios, que gritaban: Tú eres el Hijo de Dios. Los increpaba y no les dejaba hablar, porque sabían que él era el Mesías. Al hacerse de día, salió a un lugar solitario.
La gente lo andaba buscando; dieron con él e intentaban retenerlo para que no se les fuese.
Pero él les dijo: También a los otros pueblos tengo que anunciarles el reino de Dios, para eso me han enviado. Y predicaba en las sinagogas de Judea.

Pistas: Nos narra el Evangelio de hoy lo que Jesús hace en su día a día: predicar, curar enfermos y expulsar demonios. Jesús anuncia así el Reino de Dios. Habla y actúa. Dedica sus fuerzas a luchar contra el mal y el sufrimiento; y a predicar anunciando el Reino.
Seguir a Jesús nos hará ser testigos de esto: primero en nuestra propia vida, como la suegra de Pedro. Pero también podremos verlo en la vida de los demás. Jesús nos ha regalado a nosotros poder continuar la tarea que Él empezó. Y, como leíamos ayer, tenemos el poder y autoridad para seguir su obra.
Quizás, como la suegra de Pedro, necesitemos que Jesús nos sane. Todos sabéis lo que es tener fiebre. Cómo le abandonan a uno las fuerzas. Lo mismo sucede cuando estamos lejos de Dios: el pecado o una fe acomodada o mortecina, nos debilitan. Pero cuando Jesús nos libera, cuando nos hace salir de esa situación y nos salva, entonces podemos levantarnos y ponernos a servirle. Y reconocemos su presencia salvadora que nos llena de la fuerza del Espíritu Santo y nos da sus dones. Jesús sana, libera y salva.
Proclama a Jesús como el Salvador de tu vida, y verás cómo se hace presente su Reino y cómo el mal, el sufrimiento, la mediocridad y el pecado son vencidos.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

XXIII Domingo del tiempo ordinario

Evangelio según San Lucas 14,25-33.

Junto con Jesús iba un gran gentío, y él, dándose vuelta, les dijo:
«Cualquiera que venga a mí y no me ame más que a su padre y a su madre, a su mujer y a sus hijos, a sus hermanos y hermanas, y hasta a su propia vida, no puede ser mi discípulo.
El que no carga con su cruz y me sigue, no puede ser mi discípulo.
¿Quién de ustedes, si quiere edificar una torre, no se sienta primero a calcular los gastos, para ver si tiene con qué terminarla?
No sea que una vez puestos los cimientos, no pueda acabar y todos los que lo vean se rían de él, diciendo:
‘Este comenzó a edificar y no pudo terminar’.
¿Y qué rey, cuando sale en campaña contra otro, no se sienta antes a considerar si con diez mil hombres puede enfrentar al que viene contra él con veinte mil?
Por el contrario, mientras el otro rey está todavía lejos, envía una embajada para negociar la paz.
De la misma manera, cualquiera de ustedes que no renuncie a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo.»

XXII Domingo del tiempo ordinario

Evangelio según San Lucas 14,1.7-14.

Un sábado, Jesús entró a comer en casa de uno de los principales fariseos. Ellos lo observaban atentamente.
Y al notar cómo los invitados buscaban los primeros puestos, les dijo esta parábola:
«Si te invitan a un banquete de bodas, no te coloques en el primer lugar, porque puede suceder que haya sido invitada otra persona más importante que tú,
y cuando llegue el que los invitó a los dos, tenga que decirte: ‘Déjale el sitio’, y así, lleno de vergüenza, tengas que ponerte en el último lugar.
Al contrario, cuando te inviten, ve a colocarte en el último sitio, de manera que cuando llegue el que te invitó, te diga: ‘Amigo, acércate más’, y así quedarás bien delante de todos los invitados.
Porque todo el que ensalza será humillado, y el que se humilla será ensalzado».
Después dijo al que lo había invitado: «Cuando des un almuerzo o una cena, no invites a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a los vecinos ricos, no sea que ellos te inviten a su vez, y así tengas tu recompensa.
Al contrario, cuando des un banquete, invita a los pobres, a los lisiados, a los paralíticos, a los ciegos.
¡Feliz de ti, porque ellos no tienen cómo retribuirte, y así tendrás tu recompensa en la resurrección de los justos!».

Martes 3 de septiembre

Martes, 3 de septiembre
San Gregorio Magno, papa y doctor de la Iglesia

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Lucas 4, 31-37
En aquel tiempo, Jesús bajó a Cafarnaún, ciudad de Galilea, y los sábados enseñaba a la gente. Se quedaban asombrados de su enseñanza, porque hablaba con autoridad.
Había en la sinagoga un hombre que tenía un demonio inmundo, se puso a gritar a voces: ¿Qué quieres de nosotros, Jesús Nazareno? ¿Has venido a destruirnos? Sé quién eres: El Santo de Dios.
Jesús le mandó: ¡Cierra la boca y sal! El demonio tiró al hombre por tierra en medio de la gente, pero salió sin hacerle daño.
Todos comentaban estupefactos: ¿Qué tiene su palabra? Da órdenes con autoridad y poder a los espíritus inmundos, y salen. Noticias de él iban llegando a todos los lugares de la comarca.

Pistas: Jesús tiene autoridad. Enseña con autoridad. El demonio le teme y le tiene que obedecer. ¿Y por qué tantas veces los cristianos no tenemos ese poder y autoridad? ¿Por qué a veces la Iglesia, que continúa la obra de Jesús, no tiene esa autoridad? Jesús nos regaló el Espíritu Santo, nos prometió hacer obras como las suyas y mayores. Los cristianos no somos unos pobrecitos que aceptamos el mal del mundo o de nuestras vidas y nos acomodamos desde una falsa resignación cristiana.
El que cree en Jesús tiene que luchar contra el mal y demonio. Lo puede expulsar, lo puede hacer callar. Tiene autoridad para ello por la gracia del bautismo y por la fidelidad de Jesús a sus promesas. No es por tus propias fuerzas o capacidades. El mismo Jesús, el Hijo de Dios hecho hombre, explicaba que su autoridad le viene de la obediencia al Padre y del poder del Espíritu Santo. Nosotros sólo podemos lograrlo con la escucha y aceptación de la Palabra de Dios, con la oración y la gracia de Dios. Viviendo como discípulos de Jesús.
Si estás en una postura acomodada en tu vida de fe, si te has acostumbrado a la mediocridad o a la maldad que te rodea, y crees que no puedes hacer nada, deja que el Evangelio de hoy te interpele ¿Qué haría Jesús? ¿cómo actuaría en esa situación que te ha venido a la cabeza? ¿y en esa situación de tu comunidad, tu parroquia, tu familia?
La gente se admira de Jesús. La gente necesita volver a admirarse de la Iglesia y de los cristianos. ¿Qué nos está pidiendo este Evangelio?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Lunes 2 de septiembre

Lunes, 2 de septiembre
XXII semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Lucas 4, 16-30
En aquel tiempo, fue Jesús a Nazaret, donde se había criado, entró en la sinagoga, como era su costumbre los sábados, y se puso en pie para hacer la lectura.
Le entregaron el Libro del Profeta Isaías y, desenrollándolo, encontró el pasaje donde estaba escrito: «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido. Me ha enviado para dar la Buena Noticia a los pobres, para anunciar a los cautivos la libertad, y a los ciegos, la vista. Para dar libertad a los oprimidos; para anunciar el año de gracia del Señor». Y, enrollando el libro, lo devolvió al que le ayudaba y se sentó.
Toda la sinagoga tenía los ojos fijos en él. Y él se puso a decirles: Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír. Y todos le expresaban su aprobación y se admiraban de las palabras de gracia que salían de sus labios. Y decían: ¿No es éste el hijo de José? Y Jesús les dijo: Sin duda me recitaréis aquel refrán: «Médico, cúrate a ti mismo»: haz también aquí en tu tierra lo que hemos oído que has hecho en Cafarnaún.
Y añadió: Os aseguro que ningún profeta es bien mirado en su tierra. Os garantizo que en Israel había muchas viudas en tiempos de Elías, cuando estuvo cerrado el cielo tres años y seis meses y hubo una gran hambre en todo el país; sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías más que a una viuda de Sarepta, en el territorio de Sidón. Y muchos leprosos había en Israel en tiempos del Profeta Eliseo, sin embargo, ninguno de ellos fue curado más que Naamán, el sirio.
Al oír esto, todos en la sinagoga se pusieron furiosos y, levantándose, lo empujaron fuera del pueblo hasta un barranco del monte en donde se alzaba su pueblo, con intención de despeñarlo. Pero Jesús se abrió paso entre ellos y se alejaba.

Pistas: Jesús lee la profecía de Isaías y anuncia su cumplimiento. En Él mismo se cumple. Es el Ungido por el Espíritu, el enviado que anuncia la buena noticia, el que trae libertad, el que anuncia el año de gracia del Señor (hace referencia al año jubilar del que habla el libro del Levítico: cuando se cancelaban las deudas y todas las posesiones retornaban a sus primitivos dueños, porque todo es de Dios y Él lo reparte entre sus elegidos).
Los que tienen los ojos fijos en Él se admiran… pero después empiezan los prejuicios: ¿No es el hijo de José? Por un lado, creen saber de dónde viene Jesús. Por otro, su visión mundana y nacionalista judía del mesías les impide comprender que la profecía de Isaías no es sólo para ellos, es para todos. Jesús les expone dos ejemplos del Antiguo Testamento de extranjeros a los que Dios salva. Por último, no sólo desconfían de Jesús y le rechazan sino que quieren matarlo, pasan a la violencia.
Este Evangelio nos presenta tres posturas ante Jesús: tener los ojos fijos en Él y escucharle. Dejar que nuestros prejuicios e ideas nos alejen de Él y rechazarle. Y, por último, echarlo de nuestra vida porque no se quiere aceptar su Palabra, intentar acabar con Él.
Jesús es la salvación. Y la ofrece a todos. No sólo a los que se supone que la pueden merecer o creen tener derecho a ella (fíjate los ejemplos que pone Jesús). También a ti te la ofrece hoy y te invita a creer en Él. Te invita a tomar postura ante Él y su mensaje.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele a tu oración y llévalo a tu vida.