Sábado 13 de julio

Sábado 13 de julio
San Enrique

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Mateo 10, 24-33
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus Apóstoles: Un discípulo no es más que su maestro, ni un esclavo más que su amo; ya le basta al discípulo con ser como su maestro, y al esclavo como su amo. Si al dueño de la casa lo han llamado Belzebú, ¡cuánto más a los criados! No les tengáis miedo, porque nada hay cubierto, que no llegue a descubrirse; nada hay escondido, que no llegue a saberse. Lo que os digo de noche, decidlo en pleno día, y lo que os digo al oído, pregonadlo desde la azotea. No tengáis miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. No, temed al que puede destruir con el fuego alma y cuerpo. ¿No se venden un par de gorriones por unos cuartos? Y, sin embargo, ni uno solo cae al suelo sin que lo disponga vuestro Padre. Pues vosotros hasta los cabellos de la cabeza tenéis contados. Por eso, no tengáis miedo: no hay comparación entre vosotros y los gorriones. Si uno se pone de mi parte ante los hombres, yo también me pondré de su parte ante mi Padre del cielo. Y si uno me niega ante los hombres, yo también lo negaré ante mi Padre del cielo.

Pistas: ¡Ojalá fuésemos como Jesús y viviésemos como discípulos suyos! Pero eso implica que vamos a provocar en las personas las mismas reacciones que Él causó. Unos serán capaces de descubrir a Dios, pero otros se rebelarán, criticarán, conspirarán, lucharán contra su acción en el mundo.
Jesús nos deja un mensaje de esperanza en el Evangelio de hoy: no tengas miedo a las dificultades por vivir la fe y ser testigo de ella. La verdad siempre resplandece. No tengas miedo a anunciar lo que Jesús te dice en lo escondido (en la intimidad de la oración), porque el Padre cuida de ti. Jesús te promete que Dios es providente, que no te abandona, que te cuida y protege. No tengas miedo. Ponte de parte de Jesús y no podrán engañarte llevándote por caminos que te hagan daño, porque seguir a Jesús es vivir en la verdad.
“Temed al que puede destruir con el fuego alma y cuerpo”. Se refiere al pecado, al demonio…. y a las consecuencias de esto en la vida.
Te invito a que releas el Evangelio pensando en tu vida ¿Eres discípulo de Jesús y no tienes miedo a las dificultades que pueda haber? ¿Te pones con valentía de parte de Jesús? ¿O te dejas llevar por el mundo y sus criterios… por una vida acomodada?
Descubre que si pones tu confianza en Dios y caminas en verdad, Él no falla, por dura que pueda ser la circunstancia. Con Él nada hay que temer, lejos de Él no hay esperanza. Por eso: No tengas miedo.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

XV Domingo del tiempo ordinario

Evangelio según San Lucas 10,25-37.

Un doctor de la Ley se levantó y le preguntó para ponerlo a prueba: «Maestro, ¿qué tengo que hacer para heredar la Vida eterna?».
Jesús le preguntó a su vez: «¿Qué está escrito en la Ley? ¿Qué lees en ella?».
El le respondió: «Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con todo tu espíritu, y a tu prójimo como a ti mismo».
«Has respondido exactamente, le dijo Jesús; obra así y alcanzarás la vida».
Pero el doctor de la Ley, para justificar su intervención, le hizo esta pregunta: «¿Y quién es mi prójimo?».
Jesús volvió a tomar la palabra y le respondió: «Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó y cayó en manos de unos ladrones, que lo despojaron de todo, lo hirieron y se fueron, dejándolo medio muerto.
Casualmente bajaba por el mismo camino un sacerdote: lo vio y siguió de largo.
También pasó por allí un levita: lo vio y siguió su camino.
Pero un samaritano que viajaba por allí, al pasar junto a él, lo vio y se conmovió.
Entonces se acercó y vendó sus heridas, cubriéndolas con aceite y vino; después lo puso sobre su propia montura, lo condujo a un albergue y se encargó de cuidarlo.
Al día siguiente, sacó dos denarios y se los dio al dueño del albergue, diciéndole: ‘Cuídalo, y lo que gastes de más, te lo pagaré al volver’.
¿Cuál de los tres te parece que se portó como prójimo del hombre asaltado por los ladrones?».
«El que tuvo compasión de él», le respondió el doctor. Y Jesús le dijo: «Ve, y procede tú de la misma manera».

Miércoles 10 de julio

Miércoles 10 de julio
XIV semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Mateo 10, 1-7

En aquel tiempo, Jesús llamó a sus doce discípulos y les dio autoridad para expulsar espíritus inmundos y curar toda enfermedad y dolencia.
Estos son los nombres de los doce apóstoles: el primero, Simón, el llamado Pedro, y su hermano Andrés; Santiago el Zebedeo, y su hermano Juan; Felipe y Bartolomé, Tomás y Mateo el publicano; Santiago el Alfeo, y Tadeo; Simón el fanático, y Judas Iscariote, el que lo entregó.
A estos doce los envió Jesús con estas instrucciones: No vayáis a tierra de paganos ni entréis en las ciudades de Samaría, sino id a las ovejas descarriadas de Israel. Id y proclamad que el Reino de los Cielos está cerca.

Pistas: El nuevo Israel está representado en estos doce hombres. Los números no son casuales. Doce tribus de Israel, y los Doce Apóstoles que Jesús elige para que estén con Él. En sus apóstoles y discípulos comenzará la Iglesia. Jesús les llama y les da autoridad como la suya para que puedan proclamar el Reino de los Cielos.
Jesús deja claro que sus discípulos continuarán su obra y que les capacitará para ello. Enviará el Espíritu Santo, que dará poder para ir, ya no sólo a las ovejas descarriadas de Israel, sino al mundo entero (así termina el Evangelio de Mateo).
Hoy Jesús resucitado sigue llamando y capacitando para ir y anunciar el Reino que en Él se ha hecho ya presente. A cada uno desde nuestra vocación particular: laico, consagrado, ordenado… El bautizado tiene el poder del Espíritu Santo, es hijo de Dios, forma parte de la Iglesia y tiene el poder y capacidad para anunciar y hacer presente el Reino.
Ser discípulo significa seguir a Jesús y recibir el poder del Espíritu Santo con autoridad para luchar contra el mal, el pecado, el sufrimiento… haciendo lo mismo que hizo Jesús y que ha hecho la Iglesia desde el comienzo. Y hoy la Iglesia nos invita si cabe más vivamente a ser discípulos misioneros, es decir, a vivir la propia fe y anunciarla.
Este Evangelio puede servirte para un doble examen de conciencia. Por un lado, tu parroquia, comunidad, grupo cristiano ¿vive esta dimensión de ser discípulo, ir y proclamar con poder? Por otro, tú mismo, personalmente ¿eres consciente de la autoridad que Jesús te da al llamarte y enviarte en tu situación concreta?
Fueron un puñado de personas concretas, con sus nombres, sus personalidades, su manera de hacer las cosas, lo que Jesús eligió. Necesitó su sí. Ellos respondieron. ¿Y tú?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Martes 9 de julio

Martes, 9 de julio
Santos Agustín Zhao Rong, presbítero y compañeros mártires

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Mateo 9, 32-38
En aquel tiempo, llevaron a Jesús un endemoniado mudo. Echó al demonio, y el mudo habló. La gente decía admirada: Nunca se ha visto en Israel cosa igual.
En cambio, los fariseos decían: Este echa los demonios con el poder del jefe de los demonios.
Jesús recorría todas las ciudades y aldeas, enseñando en sus sinagogas, anunciando el evangelio del Reino y curando todas las enfermedades y todas las dolencias.
Al ver a las gentes, se compadecía de ellas, porque estaban extenuadas y abandonadas, «como ovejas que no tienen pastor».
Entonces dijo a sus discípulos: La mies es abundante, pero los trabajadores son pocos; rogad, pues, al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies.

Pistas: Jesús cura a un endemoniado mudo. Le devuelve la capacidad de escuchar y hablar, de relacionarse. Qué bonito pensar en el alcance simbólico de esta curación. Porque Jesús ha venido a sacarnos de nuestro aislamiento y egoísmo permitiéndonos acercarnos a Dios y, también a las personas de un modo nuevo.
Hay dos reacciones ante Jesús: los que admiran y los que rechazan. Todos ven lo mismo, pero unos son capaces de asombrarse y otros prefieren quedarse en la crítica.
Lo que distingue a Jesús es su amor y entrega por los demás, su preocupación. Siente compasión de las gentes porque están «extenuadas y abandonadas, como ovejas que no tienen pastor”. Él ya está luchando contra el demonio, el mal, el sufrimiento y el pecado. Ya está anunciando la Buena Noticia, el Evangelio del Reino. Cura y sana. Pero quiere trabajadores que vayan con Él, en su nombre, que hagan lo mismo que Él ha hecho. Que traigan el Reino, anuncien la Palabra, luchen contra el demonio, sanen a las personas… Para que no se sientan que están como ovejas sin pastor.
Obedecer a lo que Jesús pide hoy significa, por un lado, ser consciente de que trabajar en el Reino de Dios es una llamada, un don, una vocación. Y, por otro lado, es un compromiso. Porque implica un compromiso. ¿Y si Dios te llama a ti a ser su obrero? ¿en qué te llama a trabajar a su lado?
La acción de Dios siempre tendrá personas que se admiren y otras que critiquen. Unas que lo acepten y otras que busquen la manera de darle la vuelta y negarla. Reza y escucha qué te pide Dios a ti. No tengas miedo y déjate guiar por Él, que nunca defrauda.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Domingo 7 de julio

Domingo, 7 de julio
XIV domingo del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Lucas 10, 1-12. 17-20
En aquel tiempo, designó el Señor otros setenta y dos y los mandó por delante, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares adonde pensaba ir él. Y les decía:
—«La mies es abundante y los obreros pocos; rogad, pues, al dueño de la mies que mande obreros a su mies.
¡Poneos en camino! Mirad que os mando como corderos en medio de lobos. No llevéis talega, ni alforja, ni sandalias; y no os detengáis a saludar a nadie por el camino.
Cuando entréis en una casa, decid primero: «Paz a esta casa.» Y si allí hay gente de paz, descansará sobre ellos vuestra paz; si no, volverá a vosotros.
Quedaos en la misma casa, comed y bebed de lo que tengan, porque el obrero merece su salario.
No andéis cambiando de casa. Si entráis en un pueblo y os reciben bien, comed lo que os pongan, curad a los enfermos que haya, y decid: «Está cerca de vosotros el reino de Dios.»
Cuando entréis en un pueblo y no os reciban, salid a la plaza y decid: «Hasta el polvo de vuestro pueblo, que se nos ha pegado a los pies, nos lo sacudimos sobre vosotros. De todos modos, sabed que está cerca el reino de Dios.» Os digo que aquel día será más llevadero para Sodoma que para ese pueblo.» Los setenta y dos volvieron muy contentos y le dijeron:
—«Señor, hasta los demonios se nos someten en tu nombre.»
Él les contestó:
—«Veía a Satanás caer del cielo como un rayo. Mirad: os he dado potestad para pisotear serpientes y escorpiones y todo el ejército del enemigo. Y no os hará daño alguno.
Sin embargo, no estéis alegres porque se os someten los espíritus; estad alegres porque vuestros nombres están inscritos en el cielo.»

Pistas: Vamos a fijarnos en algunos detalles del texto. Es Jesús quien llama. Él tiene la iniciativa. Y el hombre escucha y responde. Pero hasta la misma respuesta requiere la ayuda de Dios. Por eso manda orar. Para que el Padre envíe quien anuncie el Evangelio.
Hay que ponerse en camino. No valen teorías. Llega un momento en que hay que echar a andar, lanzarse y arriesgarse. ¿Te está pidiendo algo el Señor? Si quieres que se haga realidad tienes que ponerte en camino.
“Como ovejas en medio de lobos”. Jesús avisa que la tarea no es fácil. Pero para eso está Dios, para confiar en su providencia. Y por eso no hay que llevar nada más que lo necesario. Se anuncia diciendo “la paz con vosotros”. No imponiendo, obligando, ni siquiera convenciendo. Es un anuncio, de una Buena Noticia que a la vez es una invitación.
Jesús les avisa que no se trata de prosperar en comodidades, sino de llevar el Reino del modo más eficaz posible. Hay prisa para que esto suceda (por eso les pide que no se paren por el camino). Hay una misión que cumplir.
Como respuesta unos acogerán el mensaje del Evangelio y se verán las maravillas de la salvación de Dios en medio de ellos. Otros no. Jesús no dice que es obligatorio tener éxito. Manda sembrar y anunciar que su salvación, que el Reino que Él ha venido a traer, está presente. Cada cual será responsable de su actitud ante esto.
Y, por último, cuando regresan, contentos porque hacen las mismas cosas que Jesús –“hasta los demonios se nos someten en tu nombre”- Él les dice que lo más importante es que ellos mismos han acogido su salvación. Que ya han entrado en el Reino. No el poder ni la fuerza, sino que han entrado en la vida de Dios. Jesús llama y envía. ¿Qué te está pidiendo hoy a ti?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Sábado 6 de julio

Sábado, 6 de julio
Santa María Goretti, virgen y mártir

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Mateo 9, 14-17
En aquel tiempo, los discípulos de Juan se le acercaron a Jesús, preguntándole: ¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos a menudo y, en cambio, tus discípulos no ayunan? Jesús les dijo: ¿Es que pueden guardar luto los amigos del novio, mientras el novio está con ellos? Llegará un día en que se lleven al novio y entonces ayunarán.
Nadie echa un remiendo de paño sin remojar a un manto pasado; porque la pieza tira del manto y deja un roto peor. Tampoco se echa vino nuevo en odres viejos; porque revientan los odres: se derrama el vino y los odres se estropean; el vino nuevo se echa en odres nuevos, y así las dos cosas se conservan.

Pistas: Jesús enseña un estilo de vida que implica unas normas, una manera de hacer las cosas. Pero al mismo tiempo quiere que sus discípulos descubran que se trata de estar con Él, de seguirle, de descubrir que va a hacer las cosas nuevas.
Jesús entra a lo profundo de la ley, a la plenitud de lo que Dios ha ido revelando a su pueblo. Los judíos habían ido convirtiendo la fe en algo basado en el cumplimiento externo de normas, ritos y tradiciones… Y Jesús no quiere eso para sus discípulos. Por eso no se enzarza en discusiones sino que va a la raíz. Y con los dos ejemplos que pone quiere explicarlo.
Jesús traerá un corazón nuevo y una nueva mentalidad. Las tradiciones solas no valen, hacer las cosas porque toca no vale. Quiere que descubran que Él ha venido a hacer las cosas nuevas. El vino nuevo (el Espíritu Santo) necesita odres nuevos (un nuevo corazón que su misma presencia te regala).
Si en tu vida de fe se ha metido la rutina, si te dedicas a mirar más lo que hacen los demás que tu propia vivencia de la fe, hoy la Palabra de Dios te invita a dejar que el Espíritu Santo haga algo nuevo en tu corazón. Te invita a dejarte sorprender por Dios. Si te acercas a Jesús podrás descubrir la novedad de la fe en Él, podrás vivir sus dones y experimentar el poder de Dios en tu vida. No como una tradición vacía o un esfuerzo personal, sino como algo renovador.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

XIV Domingo del tiempo ordinario

Evangelio según San Lucas 10,1-12.17-20.
El Señor designó a otros setenta y dos, y los envió de dos en dos para que lo precedieran en todas las ciudades y sitios adonde él debía ir.
Y les dijo: «La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos. Rueguen al dueño de los sembrados que envíe trabajadores para la cosecha.
¡Vayan! Yo los envío como a ovejas en medio de lobos.
No lleven dinero, ni alforja, ni calzado, y no se detengan a saludar a nadie por el camino.
Al entrar en una casa, digan primero: ‘¡Que descienda la paz sobre esta casa!’.
Y si hay allí alguien digno de recibirla, esa paz reposará sobre él; de lo contrario, volverá a ustedes.
Permanezcan en esa misma casa, comiendo y bebiendo de lo que haya, porque el que trabaja merece su salario. No vayan de casa en casa.
En las ciudades donde entren y sean recibidos, coman lo que les sirvan;
curen a sus enfermos y digan a la gente: ‘El Reino de Dios está cerca de ustedes’.»
Pero en todas las ciudades donde entren y no los reciban, salgan a las plazas y digan:
‘¡Hasta el polvo de esta ciudad que se ha adherido a nuestros pies, lo sacudimos sobre ustedes! Sepan, sin embargo, que el Reino de Dios está cerca’.
Les aseguro que en aquel Día, Sodoma será tratada menos rigurosamente que esa ciudad.
Los setenta y dos volvieron y le dijeron llenos de gozo: «Señor, hasta los demonios se nos someten en tu Nombre».
El les dijo: «Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo.
Les he dado poder para caminar sobre serpientes y escorpiones y para vencer todas las fuerzas del enemigo; y nada podrá dañarlos.
No se alegren, sin embargo, de que los espíritus se les sometan; alégrense más bien de que sus nombres estén escritos en el cielo».

Viernes 5 de julio

Viernes, 5 de julio
San Antonio María Zaccaría, presbítero

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Mateo 9, 9-13
En aquel tiempo, vio Jesús a un hombre llamado Mateo sentado al mostrador de los impuestos, y le dijo: Sígueme. Él se levantó y lo siguió. Y estando en la mesa en casa de Mateo, muchos publicanos y pecadores, que habían acudido, se sentaron con Jesús y sus discípulos. Los fariseos, al verlo, preguntaron a los discípulos: ¿Cómo es que vuestro maestro come con publicanos y pecadores? Jesús lo oyó y dijo: No tienen necesidad de médico los sanos, sino los enfermos. Andad, aprended lo que significa «misericordia quiero y no sacrificios»: que no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores.

Pistas: Jesús llama a Mateo, acepta ir a su casa, se sienta en su mesa, con sus amigos, quiere formar parte de la vida de Mateo y éste lo acepta. Mateo representa lo que rechazamos socialmente. Pero ¿quién ha dicho que Jesús vino a cumplir los estereotipos? Vino a ver en lo profundo de las personas, no a participar de las convenciones sociales. Y, veintiún siglos después ¿avanzamos o retrocedemos?
Qué actitudes tan distintas. Mateo escucha a Jesús, decide seguirle, deja su vida anterior y mete a Jesús en su casa, en sus relaciones, en su trabajo… en todo. Y, por otro lado, ¿cómo actúan los fariseos? Deseando demostrar que son mejores, señalando al pecador, creyéndose justos. Y quedándose, de este modo, sin saber quién es Jesús. Están tan preocupados de pertenecer al grupo de los buenos y mostrar su estatus que se van a quedar sin la salvación de Jesús.
Y Jesús cita al profeta Oseas: “Misericordia quiero y no sacrificios”. Quiere hacerles pensar en lo que Él muestra con su vida y su predicación: una vivencia auténtica que nace de la relación con Dios y no una religiosidad aparente, ritual y superficial. Porque Jesús habla al corazón y a lo profundo de la persona. No le interesan las formas, no le importa el qué dirán. Sí le importan las personas, le importa que el mundo comprenda el amor del Padre, que puedan entrar en relación con Él y experimentar su salvación.
Así que, si te sientes pecador, si crees que eres indigno de que Jesús te llame, escúchale, levántate, deja lo que tengas que dejar, pon a Jesús en tu casa, en tu día a día, con tus amigos, con tu familia… Porque Él ha venido a llamarte y le da lo mismo si estás en camino, si has llegado o si empiezas tu trayectoria. Le da lo mismo si eres rico o pobre, exitoso o perdedor. Lo que no le da igual es que te quedes sin conocer su salvación, que te quedes sin disfrutar de la verdad eterna.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Jueves 4 de julio

Jueves, 4 de julio
Santa Isabel de Portugal

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Mateo 9, 1-8
En aquel tiempo, subió Jesús a una barca, cruzó a la otra orilla y fue a su ciudad.
Le presentaron un paralítico, acostado en una camilla. Viendo la fe que tenían, dijo al paralítico: ¡Animo, hijo!, tus pecados están perdonados.
Algunos de los letrados se dijeron: Este blasfema. Jesús, sabiendo lo que pensaban, les dijo: ¿Por qué pensáis mal? ¿Qué es más fácil decir: «tus pecados están perdonados», o decir «levántate y anda»? Pues para que veáis que el Hijo del hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados dijo dirigiéndose al paralítico: Ponte en pie, coge tu camilla y vete a tu casa. Se puso en pie, y se fue a su casa. Al ver esto, la gente quedó sobrecogida y alababa a Dios, que da a los hombres tal potestad.

Pistas: ¿Quién es Jesús? Perdona los pecados y cura a los enfermos. Dios está con Él. Es más, Jesús, al perdonar pecados, se hace semejante a Dios –por eso dicen que blasfema-.
Vamos a fijarnos en algunos detalles. “Viendo la fe que tenían”. Jesús actúa no por la fe que tenían aquellos hombres. Nos recuerda el poder de la oración de intercesión. El poder que hay en llevar a los demás, sus problemas, su vida, sus necesidades, delante de Jesús. Y al hacer esto, permiten y provocan que Jesús actúe.
Jesús perdona sus pecados ¿Qué sentiría aquel hombre? Los amigos no se van decepcionados, siguen allí con Jesús. ¿Experimentaría el perdón de Dios? El don más grande que podemos recibir es la Gracia de Dios que perdona el pecado, que da “ánimo”, que levanta al hombre. Puedes imaginarte la escena: unos dudando, otros esperando y confiando. Unos juzgando y otros amando.
Jesús quiere mostrar quién es, quiere que puedan comprender que realmente es el Mesías. Y lo cura. Lo sana externamente e interiormente. Y le manda coger su camilla (ya no necesita que sus amigos la lleven por él. Tiene fuerzas. Tal vez para llevar también las camillas de otros…).
¿Con cuál de los personajes del Evangelio de hoy te sientes más identificado? Quizás te sientas paralizado y necesites que otros te acerquen a Jesús. O tal vez ha llegado el momento de llevar a otros ante Jesús para que puedan encontrarse con Él y ser salvados. O es posible que te cueste reconocer la acción de Jesús en el mundo… Nuevamente el Evangelio te dice: Acércate a Jesús, acerca a los demás a Jesús, y verás y experimentarás cosas extraordinarias.

Escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Miércoles 3 de julio

Miércoles, 3 de julio
Santo Tomás, apóstol

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Juan 20, 24-29
Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían: «Hemos visto al Señor.»
Pero él les contestó: «Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo.»
A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo: «Paz a vosotros.»
Luego dijo a Tomás: «Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente.» Contestó Tomás: «¡Señor mío y Dios mío!»
Jesús le dijo: «¿Porque me has visto has creído? Dichosos los que crean sin haber visto.»

Pistas: Jesús resucitado se aparece a sus Apóstoles. Pero uno de ellos no estaba en la comunidad. Este relato está lleno de simbolismo. Es el primer día de la semana (el domingo, el día de la Eucaristía), están reunidos (la comunidad, la Iglesia), Jesús se hace presente. Los otros dan testimonio y le cuentan a Tomás, pero él necesita experimentarlo. Tiene dudas. No acaba de creer.
¿Cuánto se parece a la gente de hoy? No les vale que la gente de Iglesia dé testimonio. Necesitan más. Necesitan experimentarlo.
Y reunidos, juntos, encuentran y experimentan al Resucitado como real y vivo. No es un fantasma, ni es una ilusión o un sueño. Es real. No es una mentira o una fantasía de “la Iglesia”.
Hoy sigue siendo la comunidad reunida, la Iglesia, la Eucaristía, un lugar privilegiado para encontrarse con Jesús. Nos invita este Evangelio a crear comunidades en las que se haga fácil este encuentro y experiencia. Y también te invita si te sientes lejos de Jesús a acercarte al lugar donde puedes encontrarlo.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.