Lunes 10 de junio

Lunes 10 de junio
X semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Llévalo a tu vida)

Evangelio según San Mateo 5, 1-12
En aquel tiempo, al ver Jesús el gentío, subió a la montaña, se sentó, y se acercaron sus discípulos; y él se puso a hablar, enseñándoles:
Dichosos los pobres en el espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Dichosos los sufridos, porque ellos heredarán la Tierra. Dichosos los que lloran, porque ellos serán consolados. Dichosos los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos quedarán saciados. Dichosos los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Dichosos los que trabajan por la paz, porque ellos se llamarán «los hijos de Dios». Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los cielos. Dichosos vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa. Estad alegres y contentos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo, que de la misma manera persiguieron a los profetas anteriores a vosotros.

Pistas: ¿Eres feliz?
Jesús enseña que en medio de muchas circunstancias donde parece imposible ser feliz, se puede ser dichoso. Hoy enseña a sus discípulos, a los que quieren seguirle y les quiere mostrar cómo se puede ser feliz.
¿Cuál es la clave? Aprender su estilo de vida, el que reflejan las bienaventuranzas. Así fue la vida de Jesús. Por eso lo que acabas de leer no es una teoría. ¿Qué hizo a Jesús diferente de otros maestros de su tiempo? No buscó el éxito humano, ni el camino fácil. No huyó de las dificultades ni utilizó su poder y su sabiduría para sus intereses. Jesús amó y enseñó a amar. Amó al Padre con todo su ser, al prójimo hasta la extenuación y hasta la entrega de la propia vida. Y por eso, en la pobreza, en el sufrimiento, en el llanto, en la necesidad de justicia, en la persecución… fue dichoso. No precisamente por las situaciones difíciles en sí mismas, sino en medio de ellas, buscando a Dios, amando al Padre y con la fuerza del Espíritu Santo.
¿Cómo has respondido a la pregunta del principio? ¿eres feliz? Ilumina tu vida con las bienaventuranzas y acércate a Jesús, a su salvación. Él hace las cosas nuevas. Él te da su Espíritu Santo que hace todo nuevo en tu corazón y en tu vida. Esto no es un cuento o una teoría. ¿Quieres experimentarlas? Lánzate, sigue a Jesús y vive como Él enseñó, sin excusas. Lucha contra todo lo malo que puedas cambiar, pero carga con la cruz. Con su gracia es posible, en medio de tu debilidad es posible, porque su amor siempre es más grande. Si te caes, levántate y sigue adelante y podrás ser verdaderamente feliz. Y nadie ni nada te podrá robar esa felicidad.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida

Domingo 9 de mayo

Domingo 9 de junio
Solemnidad de Pentecostés

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Juan 20, 19-23
Al anochecer de aquel día, el día primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: «Paz a vosotros.»
Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió: «Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo.»
Y, dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.»

Pistas: Después de cincuenta días celebrando la Pascua, hoy llegamos al final, a la fiesta de Pentecostés, a la plenitud de este tiempo. El mismo Espíritu que movió a Jesús en su vida, el que lo resucitó, se derrama en la Iglesia. No sólo como una fuerza sino como una persona con la que se puede establecer una relación y que santifica, te hace santo, te da el poder de Dios. En Jesús se han hecho nuevas todas las cosas y en tu vida puede ser así por la acción del Espíritu Santo.
Vamos a fijarnos en lo que nos explica el Evangelio de hoy: Están reunidos porque el Espíritu actúa en la comunidad. Y a través de Jesús se hace presente. Paz, alegría, misión, poder…
Fíjate cómo les indica la misión y les da el Espíritu Santo, que les hará capaces de cumplirla. Eso mismo sucede en la vida de la Iglesia y en tu propia vida. El Espíritu Santo es el que te anima, el que te indica el camino, el que te ayuda a discernir y te hace capaz.
Lo que Jesús propone no es sólo una tarea, ni aceptar unas ideas. Es encontrarse con el Resucitado y llenarse del Espíritu Santo. Que unido al tuyo te dará la capacidad (sólo si lo pides y lo aceptas) para vivir como Jesús enseñó y experimentar todo lo que Él prometió.
Hoy es un gran día para los cristianos. Recordamos las promesas de Dios, vemos cómo se han cumplido en la Iglesia de los primeros tiempos y en la vida de tantas personas a lo largo de la historia. Y esta promesa es también para ti, hoy y aquí.
Pide a Jesús que derrame el Espíritu Santo en tu vida. Así podrás experimentar todo el poder de la salvación de Dios y tendrás guía y auxilio en tu camino.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Manuel

Pentecostés

Evangelio según San Juan 14,15-16.23b-26.
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos:
«Si ustedes me aman, cumplirán mis mandamientos.
Y yo rogaré al Padre, y él les dará otro Paráclito para que esté siempre con ustedes:
Jesús le respondió: «El que me ama será fiel a mi palabra, y mi Padre lo amará; iremos a él y habitaremos en él.
El que no me ama no es fiel a mis palabras. La palabra que ustedes oyeron no es mía, sino del Padre que me envió.
Yo les digo estas cosas mientras permanezco con ustedes.
Pero el Paráclito, el Espíritu Santo, que el Padre enviará en mi Nombre, les enseñará todo y les recordará lo que les he dicho.»

Sábado 8 de junio

Sábado 8 de junio
VII semana de Pascua

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Juan 21, 20-25
En aquel tiempo, Pedro, volviéndose, vio que los seguía el discípulo a quien Jesús tanto amaba, el mismo que en la cena se habla apoyado en su pecho y le habla preguntado: «Señor, ¿quién es el que te va a entregar?» Al verlo, Pedro dice a Jesús: «Señor, y éste ¿qué?»
Jesús le contesta: «Si quiero que se quede hasta que yo venga, ¿a ti qué? Tú sígueme.»
Entonces se empezó a correr entre los hermanos el rumor de que ese discípulo no moriría. Pero no le dijo Jesús que no moriría, sino: «Si quiero que se quede hasta que yo venga, ¿a ti qué?»
Este es el discípulo que da testimonio de todo esto y lo ha escrito; y nosotros sabemos que su testimonio es verdadero.
Muchas otras cosas hizo Jesús. Si se escribieran una por una, pienso que los libros no cabrían ni en todo el mundo.

Pistas: “¿A ti qué?”. Termina la Pascua… y la tentación que tenemos tantas veces es mirar a nuestro alrededor y olvidarnos de la verdad que hemos estado celebrando 50 días: Jesús ha vencido, está vivo y resucitado. Te ama, te perdona, te salva. Te da el Espíritu Santo y sus dones. Y en todo lo que Jesús ha vencido tú eres vencedor por la fe en Él. Así que: ¿A ti qué?
¿A ti qué? Tú sigue a Jesús. Te entran dudas: ¿Y esa situación? ¿y aquello otro? ¿y por qué este…? Y ¡tanto mal y pecado! ¡cuánta mentira y egoísmo! ¡cuánto sufrimiento!… Pero: y ¿a ti qué? Tú sigue a Jesús. Y si lo sigues, como hemos leído estas semanas, tendrás salvación, serás libre, tendrás vida, tendrás paz, harás obras como las de Jesús y mayores. Si le miras a Él, si le sigues a Él, traerás su Reino a tu vida y a este mundo. Si le sigues a Él, el mal cada vez tendrá menos espacio en ti, en tu familia, en tu comunidad, en la sociedad y en el mundo.
Cristo está resucitado. Él te ha dado una nueva perspectiva, ha ampliado tus horizontes, te ha enseñado a vivir de otra manera, te ha mostrado el camino. ¿Qué harás tú? ¿le seguirás? ¿o estarás más pendiente de lo que hagan otros, de lo que digan otros, de lo que decidan otros?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Viernes 7 de junio

Viernes 7 de junio
VII semana de Pascua

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Juan 21 ,15-19
Habiéndose aparecido Jesús a sus discípulos, después de comer con ellos, dice a Simón Pedro: —«Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que éstos?»
El le contestó:
—«Sí, Señor, tú sabes que te quiero.»
Jesús le dice:
—«Apacienta mis corderos.»
Por segunda vez le pregunta:
—«Simón, hijo de Juan, ¿me amas?»
Él le contesta:
—«Sí, Señor, tú sabes que te quiero.»
Él le dice:
—«Pastorea mis ovejas.»
Por tercera vez le pregunta:
—«Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?»
Se entristeció Pedro de que le preguntara por tercera vez si lo quería y le contestó: —«Señor, tú conoces todo, tú sabes que te quiero.»
Jesús le dice:
—«Apacienta mis ovejas.
Te lo aseguro: cuando eras joven, tú mismo te ceñías e ibas adonde querías; pero, cuando seas viejo, extenderás las manos, otro te ceñirá y te llevará adonde no quieras.» Esto dijo aludiendo a la muerte con que iba a dar gloria a Dios. Dicho esto, añadió:
—«Sígueme.»

Pistas: «¡Sígueme!». Así termina la Pascua. Hoy y mañana nos repiten los Evangelios: ¡Sígueme!
San Pedro negó a Jesús tres veces. Y hoy, Jesús resucitado, deja que Pedro le diga tres veces que le ama. Parece como si quisiera ayudarle a borrar las huellas del pecado ya perdonado por Jesús. Es muy bonito caer en la cuenta de que amor y misión van unidos. Pedro no es como un asalariado que hace el trabajo por compromiso o por necesidad. La misión nace y se sostiene en la relación personal con Jesús.
Hoy, al finalizar la Pascua, después de haberte asomado al misterio de Jesús resucitado y su alcance, significado e implicación; después de todos estos días en los que has orado acercándote a Jesús, Él te pregunta a ti personalmente: ¿Me amas? ¿me quieres? Y si escuchas en lo profundo de tu ser, te encomienda una misión. Hoy es un buen día para escuchar la voz de Jesús en lo profundo de tu corazón. Seguro que sabes lo que quiere de ti, seguro que lo intuyes. Eso que no te quitas de la cabeza, eso que sabes que te pide que le entregues, ese camino que se está abriendo ante ti, eso que las “casualidades” te van haciendo ver cada día. Y Jesús te dice: “¿Me amas? ¿me quieres?”. A pesar de que le hayas negado o te hayas equivocado. Y también te pide que te fíes de Él y sigas el camino que pone ante ti.
La pregunta de Jesús podríamos decir que tiene truco, porque Él mismo te va a dar la fuerza para amar y saberte amado. Él mismo te va a dar la fuerza para responder y seguirle, y para hacer lo que te pide. Esa fuerza es el Espíritu Santo y sus dones. Pídelo, Jesús lo prometió, y siempre, siempre, cumple lo que promete.
Jesús ha vencido a la muerte, al pecado y al mal. San Pedro, siguiendo a Jesús, acaba muriendo crucificado como su Maestro. Pero pone en marcha la Iglesia y trae al mundo el mayor regalo que le podemos hacer: vencer el mal con el poder de Jesús, hacer las cosas nuevas en Cristo, traer esperanza y amor. Hoy Jesús te invita a salir de tu pecado –como Pedro-, a superar tu pobreza. Te invita a vencer la mediocridad y la comodidad. Jesús te dice: Sígueme ¿me amas? ¡Sígueme!

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Jueves 6 de junio

Jueves, 6 de junio
San Norberto, obispo

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Juan 17, 20-26
En aquel tiempo, Jesús, levantando los ojos al cielo, oró, diciendo:
—«Padre santo, no sólo por ellos ruego, sino también por los que crean en mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno, como tú, Padre, en mi, y yo en ti, que ellos también lo sean en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado.
También les di a ellos la gloria que me diste, para que sean uno, como nosotros somos uno; yo en ellos, y tú en mí, para que sean completamente uno, de modo que el mundo sepa que tú me has enviado y los has amado como me has amado a mí.
Padre, éste es mi deseo: que los que me confiaste estén conmigo donde yo estoy y contemplen mi gloria, la que me diste, porque me amabas, antes de la fundación del mundo.
Padre justo, si el mundo no te ha conocido, yo te he conocido, y éstos han conocido que tú me enviaste. Les he dado a conocer y les daré a conocer tu nombre, para que el amor que me tenías esté con ellos, como también yo estoy con ellos.»

Pistas: Jesús ora por los que crean a través del testimonio de sus discípulos. Y pide el don de la unidad. Pero no de cualquier tipo. No una unidad que sea uniformidad o que anule, o que nazca de acordar unos mínimos o de imponer una manera de hacer las cosas. Se trata de una unidad perfecta en una diversidad perfecta. Porque el Padre no es el Hijo, ni el Hijo el Padre. Pero ambos son un solo Dios. Ser uno en esta perspectiva es amar. Sólo el amor puede crear este vínculo. Sólo el Espíritu puede crear la unidad que Jesús pide. El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo tan unidos que son un solo Dios. Tan diversos que son tres personas. Y, entonces, viviendo en el amor, unidos, el mundo podrá creer.
Jesús quiere que contemplemos su gloria. Es decir, que le veamos repleto de Espíritu Santo. Que contemplemos el misterio de la resurrección y nos encontremos con Él vivo. Glorificado nos introduce en la vida misma de Dios y nos da el Espíritu Santo y sus dones. Jesús quiere que los que creemos en Él nos podamos sumergir en su misterio y en el misterio de Dios. Y para ello intercede por nosotros, porque Él es el camino hacia Dios.
Jesús reveló en su vida terrena quién es Dios, el nombre de Dios. Y sigue haciéndolo, para que el amor de Dios esté con nosotros. Y cuando Dios ama, viene al corazón del hombre, nos llena de Espíritu Santo y sus dones, nos transforma venciendo al pecado y a la muerte, haciéndonos libres, llenándonos de fe, esperanza y amor, concediéndonos los dones del Espíritu.
En esta oración Jesús te recuerda que Dios te ama y es justo. Asómate al misterio de Dios, pídele que todo esto se haga realidad en tu vida, y que venga sobre ti el Espíritu Santo.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Miércoles 5 de junio

Miércoles, 5 de junio
San Bonifacio, obispo y mártir

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Juan 17, 11b-19
En aquel tiempo, Jesús, levantando los ojos al cielo, oró, diciendo:
—«Padre santo, guárdalos en tu nombre, a los que me has dado, para que sean uno, como nosotros.
Cuando estaba con ellos, yo guardaba en tu nombre a los que me diste, y los custodiaba, y ninguno se perdió, sino el hijo de la perdición, para que se cumpliera la Escritura.
Ahora voy a ti, y digo esto en el mundo para que ellos mismos tengan mi alegría cumplida.
Yo les he dado tu palabra, y el mundo los ha odiado porque no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. No ruego que los retires del mundo, sino que los guardes del mal. No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo.
Conságralos en la verdad; tu palabra es verdad.
Como tú me enviaste al mundo, así los envío yo también al mundo. Y por ellos me consagro yo, para que también se consagren ellos en la verdad.»

Pistas: En el Evangelio de hoy Jesús pide que el Padre nos guarde para que seamos uno. Esta unidad tan profunda solo puede nacer del amor como el que hay entre el Padre y el Hijo, perfectamente unidos. Son uno, perfectamente personales, distintos. Ésta es la unidad que Dios quiere para su Iglesia. El grupo de personas con el que compartes la fe, tu parroquia, tu comunidad, la Iglesia… está llamado a caminar hacia esa unidad.
“Están en el mundo, guárdalos del mal”, dice también Jesús. Cuando miro dentro de mí, a veces me asusto. ¡Cuántas cosas del mundo se me han pegado! Mentiras, egoísmo, materialismo, indiferencia. Éstas son las raíces de la división. Pero todo esto es vencido cuando acogemos el Amor de Dios, cuando dejamos que el Espíritu Santo, Espíritu de Verdad, Espíritu de Amor, actúe en nuestro interior.
Intenta aterrizar esto en tu vida: Vivir en el amor, vivir en la verdad, estar unidos. Como don que Dios da y tarea con la que tienes que colaborar.
Jesús quiere que los suyos vivamos en la verdad. Cerca de Él podrás descubrir la verdad de Dios y la verdad sobre ti mismo (no lo que te dice la sociedad o lo que te dices a veces a ti mismo, ni lo que te dicen los demás). Podrás descubrir el amor incondicional de Dios y que tú has nacido para ser feliz, para vivir en plenitud, para ser libre, para vivir en el amor.
Por último, unidos y caminando en verdad, somos enviados a llevar la verdad, a llevar a Jesús, al mundo. No pienses que esto solo lo tienen que hacer los curas y las monjas o los misioneros. En las pequeñas y grandes cosas de tu vida, viviendo en la verdad, los cristianos somos enviados. No es más, pero tampoco menos. Si has descubierto el tesoro del amor de Dios, no puedes guardártelo para ti. Si quieres vivir en el amor y la verdad, eres enviado a actuar de este modo.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Martes 4 de junio

Martes 4 de junio
VII semana de Pascua

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Juan 17, 1-11a
En aquel tiempo, Jesús, levantando los ojos al cielo, dijo: «Padre, ha llegado la hora, glorifica a tu Hijo, para que tu Hijo te glorifique y, por el poder que tú le has dado sobre toda carne, dé la vida eterna a los que le confiaste.
Esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, único Dios verdadero, y a tu enviado, Jesucristo.
Yo te he glorificado sobre la tierra, he coronado la obra que me encomendaste.
Y ahora, Padre, glorifícame cerca de ti, con la gloria que yo tenía cerca de ti, antes que el mundo existiese. He manifestado tu nombre a los hombres que me diste de en medio del mundo. Tuyos eran, y tú me los diste, y ellos han guardado tu palabra.
Ahora han conocido que todo lo que me diste procede de ti, porque yo les he comunicado las palabras que tú me diste, y ellos las han recibido, y han conocido verdaderamente que yo salí de ti, y han creído que tú me has enviado.
Te ruego por ellos; no ruego por el mundo, sino por éstos que tú me diste, y son tuyos. Sí, todo lo mío es tuyo, y lo tuyo mío; y en ellos he sido glorificado.
Ya no voy a estar en el mundo, pero ellos están en el mundo, mientras yo voy a ti.»

Pistas: Jesús ora. A partir de hoy leeremos una larga oración de Jesús. Habla desde la perspectiva de la resurrección y casi parece que es Jesús resucitado el que habla. Vamos a ir desgranándola. Te aconsejo que cuando vuelvas a leer el Evangelio dejes que aquello que te toque el corazón resuene en ti, sin querer entenderlo ni profundizarlo todo.
La hora. En el Evangelio de Juan es el momento de la glorificación de Jesús. Pasa por la cruz y la condena a muerte. Jesús decide entregar la vida, nadie se la quita. Y la cruz es casi un trono, Jesús es exaltado en ella. Es la hora en que Jesús vence. Es la hora de la gloria.
La gloria es entrar en la plenitud de la vida divina. Jesús que cumple su misión y es glorificado por el poder del Espíritu Santo. El Padre le confirma resucitándolo y Jesús, en su humanidad lleno, repleto y rebosante del Espíritu Santo, es glorificado junto al Padre. Ahí nos quiere llevar a los suyos, a la gloria, a la vida divina, a estar llenos del Espíritu Santo y poder entrar en la presencia de Dios. No de una manera figurada sino verdadera. Esto es orar y adorar.
Jesús tiene poder y da vida eterna. Jesús revela a Dios. Es el único camino (como venimos viendo todos estos días) para acceder a Dios. Y no lo hace por su cuenta: “Antes que el mundo existiese”. Esta frase hace referencia a que Jesús es más que un hombre. Nos ayuda a entender que Jesús se hace igual a Dios. Es la Palabra hecha carne. Es el Hijo de Dios hecho hombre. Jesús revela el nombre de Dios: nos da a conocer que Dios es Padre.
Comunica a sus discípulos las palabras del Padre. Recibirlas, guardarlas y creer en Jesús es el camino para participar de la gloria de Dios.
Jesús ruega por los suyos. Tú y yo somos de los suyos. Jesús ora por ti y por mí. Y quiere ser glorificado en nosotros. Es decir, quiere que entremos en la plenitud de Dios, que tengamos vida eterna. Estamos en el mundo, pero como nos decía el Evangelio de ayer, Jesús ha vencido al mundo, Jesús va delante, nos abre el camino para poder entrar en Dios y conocerle. Y este conocimiento nos hará estar llenos de Dios y de los dones del Espíritu Santo.
Sé que hay algunos aspectos que son complicados de entender. Pero lo más importante es que vayas asomándote en oración al misterio de Jesús que revela al Padre y que da vida eterna. Y poco a poco Dios te lo irá mostrando.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Lunes 3 de junio

Lunes, 3 de junio
Santos Carlos Luanga y compañeros mártires

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Juan 16, 29-33
En aquel tiempo, dijeron los discípulos a Jesús:
—«Ahora sí que hablas claro y no usas comparaciones. Ahora vemos que lo sabes todo y no necesitas que te pregunten; por ello creemos que saliste de Dios.» Les contestó Jesús:
—«¿Ahora creéis? Pues mirad: está para llegar la hora, mejor, ya ha llegado, en que os disperséis cada cual por su lado y a mí me dejéis solo. Pero no estoy solo, porque está conmigo el Padre. Os he hablado de esto, para que encontréis la paz en mí. En el mundo tendréis luchas; pero tened valor: yo he vencido al mundo.»

Pistas: Hace un par de días en catequesis un niño dijo que a él la alegría de ganar al fútbol no se la quitaba nadie ni nada… Pero sí que había algo que le podía quitar esa alegría: perder, ser vencido. En cambio, la alegría de Jesús no te la puede quitar nada, la paz que Dios da no te la puede quitar nadie. Porque Jesús ha vencido al mundo. Por eso, en medio de tus luchas puedes tener valor.
Recuerda que el contexto del Evangelio de hoy es la última cena. Un momento de tristeza, de dudas, de incertidumbre. También un momento muy intenso humana y espiritualmente. Jesús les avisa de que su fe todavía no es fuerte, que no serán ni tan buenos, ni tan valientes, ni tan fieles, ni tan capaces como creen. Le abandonarán y se dispersarán. Después entenderán, después volverán a Él y encontrarán paz. No sólo eso, también victoria.
Mira tu propia vida a la luz de este Evangelio. ¿En qué áreas necesitas tener valor y reconocer que Jesús ha vencido? Si Él ha vencido también tú. No estás solo. El Espíritu Santo está en tu corazón, Jesús camina a tu lado y a través de Él tienes acceso a la vida de Dios. No temas y acércate a Jesús.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Domingo 2 de junio

Domingo 2 de junio
Ascensión del Señor

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Lucas 24, 46-53
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
—«Así estaba escrito: el Mesías padecerá, resucitará de entre los muertos al tercer día y en su nombre se predicará la conversión y el perdón de los pecados a todos los pueblos, comenzando por Jerusalén.
Vosotros sois testigos de esto. Yo os enviaré lo que mi Padre ha prometido; vosotros quedaos en la ciudad, hasta que os revistáis de la fuerza de lo alto.» Después los sacó hacia Betania y, levantando las manos, los bendijo. Y mientras los bendecía se separó de ellos, subiendo hacia el cielo.
Ellos se postraron ante Él y se volvieron a Jerusalén con gran alegría; y estaban siempre en el templo bendiciendo a Dios.

Pistas: Este Evangelio nos cuenta la ascensión de Jesús. ¿Cómo estará Jesús con nosotros tras su resurrección? Se ha aparecido a sus discípulos, les manda predicar que está vivo y el mensaje que anunció antes de la resurrección. Les nombra sus testigos y les manda esperar que les envíe la fuerza de lo alto. Ellos serán sus testigos. Pero necesitarán el Espíritu Santo.
Jesús sube al cielo no para desentenderse del mundo. Sube al cielo para abrir el camino hacia Dios y su humanidad resucitada está en presencia de Dios. Jesús va delante. No se ha ido, sigue entre nosotros y nos ha elevado junto a Dios.
Perseveran en oración y al final comprenderán que Jesús sigue en medio de ellos. En la Eucaristía, en la comunidad, en la oración, en los pobres… Jesús no se ha ido, está a tu lado, y te lleva a Dios.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración y llévalo a tu vida