Domingo 10 de febrero

Domingo, 10 de febrero
Domingo V del tiempo ordinario (Ciclo C)

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Lucas 5, 1-11
En aquel tiempo, la gente se agolpaba alrededor de Jesús para oír la palabra de Dios, estando él a orillas del lago de Genesaret. Vio dos barcas que estaban junto a la orilla; los pescadores habían desembarcado y estaban lavando las redes.
Subió a una de las barcas, la de Simón, y le pidió que la apartara un poco de tierra. Desde la barca, sentado, enseñaba a la gente. Cuando acabó de hablar, dijo a Simón:
—«Rema mar adentro, y echad las redes para pescar.»
Simón contestó:
—«Maestro, nos hemos pasado la noche bregando y no hemos cogido nada; pero, por tu palabra, echaré las redes.»
Y, puestos a la obra, hicieron una redada de peces tan grande que reventaba la red. Hicieron señas a los socios de la otra barca, para que vinieran a echarles una mano. Se acercaron ellos y llenaron las dos barcas, que casi se hundían. Al ver esto, Simón Pedro se arrojó a los pies de Jesús diciendo: —«Apártate de mí, Señor, que soy un pecador.»
Y es que el asombro se había apoderado de él y de los que estaban con él, al ver la redada de peces que habían cogido; y lo mismo les pasaba a Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Jesús dijo a Simón:
—«No temas; desde ahora serás pescador de hombres.»
Ellos sacaron las barcas a tierra y, dejándolo todo, lo siguieron.

Pistas: Es bonito imaginarse la escena, pensar en las reacciones de los personajes. ¿Qué sentirían?
Jesús después de predicar le pide a Pedro (Simón) que reme mar adentro y eche las redes. No habían cogido nada, el trabajo había sido infructuoso. Pero, por la palabra de Jesús, Pedro se fía y obedece. Y lo que en la noche no había servido de nada, con Jesús da fruto. No sólo eso, sino que sobreabunda.
La reacción de Pedro es: “Apártate de mí, Señor, que soy un pecador”. Y acto seguido, Jesús le dice: “No temas, desde ahora serás pescador de hombres”.
Fíjate en el camino que ha recorrido Jesús con Pedro. Se sube en su barca y Pedro le deja entrar en sus cosas, a pesar del cansancio de haber estado toda la noche intentando pescar. Le escucha y le obedece. Ve las maravillas que Jesús hace y se siente indigno. Pero Jesús confía en él y le llama a evangelizar, le encarga una misión –que será la misma de Jesús-.
Finalmente, Santiago, Juan, Pedro, son llamados por Jesús y deciden seguirle. Así que dejan todo y van tras Él.
Relee el Evangelio haciéndote estas preguntas y ora con lo que te toque el corazón: ¿le dejo a Jesús subir a mi barca –entrar en mis cosas-? Aunque esté cansado ¿dejo que Jesús se acerque a mí –en la Iglesia, en la oración, en los sacramentos-? ¿me fío de Él, me arriesgo a ir mar adentro con Él en mi barca? ¿veo mi pequeñez ante la grandeza de Dios? ¿a qué camino me está llamando Jesús? ¿qué me estará pidiendo que deje para seguirle?
Ninguno de ellos eran hombres extraordinarios, ni perfectos. Pero todos entendieron que a lo que llama Jesús es lo que merece la pena. ¿Y tú? ¿te atreverás a dar el paso, a subirte en la barca con Jesús?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Sábado 9 de febrero

Sábado 9 de febrero
IV del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Marcos 6, 30-34
En aquel tiempo, los Apóstoles volvieron a reunirse con Jesús, y le contaron todo lo que habían hecho y enseñado. El les dijo: Venid vosotros solos a un sitio tranquilo a descansar un poco.
Porque eran tantos los que iban y venían, que no encontraban tiempo ni para comer. Se fueron en barca a un sitio tranquilo y apartado.
Muchos los vieron marcharse y los reconocieron; entonces de todas las aldeas fueron corriendo por tierra a aquel sitio y se les adelantaron.
Al desembarcar, Jesús vio una multitud y le dio lástima de ellos, porque andaban como ovejas sin pastor; y se puso a enseñarles con calma.

Pistas: Jesús y sus discípulos más cercanos anuncian incansablemente el Evangelio. E intentan retirarse a descansar. No lo consiguen porque la gente los busca. La reacción más normal sería el agobio, el hartazgo, por no poder descansar. Pero Jesús siente lástima, porque le necesitan, “y se puso a enseñarles con calma”.
Hoy nos encontramos con dos aspectos. Por un lado, la sed de Dios, la búsqueda, la necesidad de salvación de aquellos que tratan de encontrar a Jesús. Por otro, la fatiga, el cansancio, la dedicación de Jesús y la que enseña a sus discípulos. Jesús entrega su vida, su tiempo, sus fuerzas. Explica que no hay descanso para Él ni para los que le siguen, porque el trabajo es inmenso. Pero también nos dice que entiende que necesitamos reponer fuerzas, y tendrá una «barca» preparada para darnos un respiro, para que no nos desfondemos y no perdamos la ilusión ni las fuerzas.
Piensa cuál es tu lugar en la Iglesia, si estás buscando o estás sirviendo, qué responsabilidad tienes. Si buscas, no tengas miedo: encontrarás. No desesperes, no quedarás como oveja sin pastor.
Si estás sirviendo: ¿Cuál es tu actitud ante los que necesitan encontrar a Jesús? ¿qué haces para que otros puedan dejar de andar como ovejas sin pastor? Recuerda lo que nos enseña la Eucaristía al partir el pan, en cada pedazo se entrega Cristo totalmente. Así es la vida de los que le sirven, partida y entregada. Pero no de cualquier manera, sino con todo el ser, como hace Jesús. Porque sólo desde la entrega total se puede entender la gran noticia que Jesús nos anuncia.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Viernes 8 de febrero

Viernes, 8 de febrero
IV semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor

Evangelio según San Marcos 6, 14-29
En aquel tiempo, como la fama de Jesús se había extendido, el rey Herodes oyó hablar de él. Unos decían: Juan Bautista ha resucitado, y por eso los ángeles actúan en él. Otros decían: Es Elías.
Otros: Es un profeta como los antiguos.
Herodes, al oírlo, decía: Es Juan, a quien yo decapité, que ha resucitado.
Es que Herodes había mandado prender a Juan y lo había metido en la cárcel encadenado. El motivo era que Herodes se había casado con Herodías, mujer de su hermano Felipe, y Juan le decía que no le era lícito tener la mujer de su hermano.
Herodías aborrecía a Juan y quería quitarlo de en medio; no acababa de conseguirlo, porque Herodes respetaba a Juan, sabiendo que era un hombre honrado y santo, y lo defendía. En muchos asuntos seguía su parecer y lo escuchaba con gusto.
La ocasión llegó cuando Herodes, por su cumpleaños, dio un banquete a sus magnates, a sus oficiales y a la gente principal de Galilea. La hija de Herodías entró y danzó, gustando mucho a Herodes y a los convidados. El rey le dijo a la joven: Pídeme lo que quieras, que te lo doy. Y le juró: Te daré lo que me pidas, aunque sea la mitad de mi reino.
Ella salió a preguntarle a su madre: ¿Qué le pido? La madre le contestó: La cabeza de Juan el Bautista. Entró ella en seguida, a toda prisa, se acercó al rey y le pidió: Quiero que ahora mismo me des en una bandeja la cabeza de Juan el Bautista. El rey se puso muy triste; pero por el juramento y los convidados no quiso desairarla.
Enseguida le mandó a uno de su guardia que trajese la cabeza de Juan. Fue, lo decapitó en la cárcel, trajo la cabeza en una bandeja y se la entregó a la joven; la joven se la entregó a su madre. Al enterarse sus discípulos fueron a recoger el cadáver y lo enterraron.

Pistas: Parece que el mundo no ha cambiado mucho en 2.000 años. Corrupción, inmoralidad, abuso del poder, violencia, cobardía, injusticia… Hoy sigue brillando el bien en muchos, pero también suceden cosas horribles.
¿Quién es Jesús? Resuena como pregunta en el Evangelio de hoy. Y al hilo de ello nos habla de Juan, un hombre de Dios, valiente, que vive lo que proclama. Decir la verdad le lleva a la cárcel y finalmente a la muerte.
No es fácil el camino de la fidelidad a Dios. “Herodes respetaba a Juan, sabiendo que era un hombre honrado y santo, y lo defendía. En muchos asuntos seguía su parecer y lo escuchaba con gusto”. Pero, a pesar de ello, pesó más el poder, la imagen, el qué dirán. En definitiva, el pecado.
Podemos decir que Herodes era una persona tibia. Por un lado, le gustaba la verdad que escuchaba de Juan. Lo admiraba y lo respetaba. Pero, por otro lado, no quería cambiar de vida. Supondría cambios que no estaba dispuesto a aceptar. Y al final esto le lleva a no ser libre, a cometer injusticias, a ser malvado.
Puedes pensar ahora en tu propia vida. Si consientes el pecado, al final te pasará factura.
Juan señalaba a Jesús, decía que el importante era Él. Gritaba que hay que preparar el camino para recibirlo. Advierte que es necesario un cambio de actitud porque Jesús vendrá a renovar y a renovarte. Su mensaje es: convertíos porque está cerca.
Puedes rezar preguntándote: ¿Quién es Jesús para ti? ¿Qué implica para tu vida? ¿Qué pasos tienes que dar para conocerlo mejor? ¿Qué te está pidiendo?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Jueves 7 de febrero

Jueves, 7 de febrero
Semana IV tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Marcos 6, 7-13
En aquel tiempo, llamó Jesús a los Doce y los fue enviando de dos en dos, dándoles autoridad sobre los espíritus inmundos. Les encargó que llevaran para el camino un bastón y nada más, pero ni pan ni alforja, ni dinero suelto en la faja; que llevasen sandalias, pero no una túnica de repuesto. Y añadió: quedaos en la casa donde entréis, hasta que os vayáis de aquel sitio. Y si un lugar no os recibe ni os escucha, al marcharos sacudíos el polvo de los pies, para probar su culpa. Ellos salieron a predicar la conversión, echaban muchos demonios, ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban.

Pistas: Los discípulos de Jesús han visto lo que Él hace y en el Evangelio de hoy no sólo van a seguir siendo testigos sino que van a poder hacer lo mismo que Jesús.
Les envía con autoridad (la misma que unos días atrás leíamos que Jesús tiene), con poder, con capacidad para hacer lo que les pide. Van a expulsar demonios, a curar enfermos, a predicar la conversión.
Y para este viaje no quiere que lleven muchas seguridades. Sólo lo necesario. Tampoco que busquen prosperar, la gloria, el triunfo (cambiar de casa). Sólo que siembren, que anuncien, que lleven la salvación al que quiera acogerla.
Y hoy, Jesús, sigue llamando, dando autoridad (capacitando) y enviando. T estás caminando con Él, quieres ser su discípulo. Y en algún momento Jesús te enviará. Te dará autoridad y capacidad para hacer lo que te pide. Pero también te pedirá que te fíes, que seas fiel y no te dejes seducir por otras cosas (cambiar de casa o buscar éxito humano). Relee el Evangelio y escucha atentamente ¿qué te está pidiendo Jesús?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Miércoles 5 de febrero

Miércoles, 5 de febrero
San Pablo MIki y compañeros mártires

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Marcos 6, 1-6
En aquel tiempo, fue Jesús a su tierra en compañía de sus discípulos. Cuando llegó el sábado, empezó a enseñar en la sinagoga; la multitud que lo oía se preguntaba asombrada: ¿De dónde saca todo eso? ¿Qué sabiduría es ésa que le han enseñado? ¿Y esos milagros de sus manos? ¿No es éste el carpintero, el hijo de María, hermano de Santiago y José y Judas y Simón? Y sus hermanas ¿no viven con nosotros aquí? Y desconfiaban de él. Jesús les decía: No desprecian a un profeta más que en su tierra, entre sus parientes y en su casa. No pudo hacer allí ningún milagro, sólo curó algunos enfermos imponiéndoles las manos. Y se extrañó de su falta de fe. Y recorría los pueblos de alrededor enseñando.

Pistas: Es un escándalo saber de dónde viene (supuestamente) Jesús. Y no son capaces de creer en Él. De otro modo, pero puede que esa misma dificultad esté presente en nuestros días. La única explicación que parece válida hoy es la de las ciencias positivas y todo lo que tenga que ver con la filosofía o la teología es rechazado como poco fiable. Todo lo que esté más allá de las realidades empíricas (que se pueden comprobar mediante medidas y tecnologías) parece falso o irrelevante.
Los paisanos de Jesús creían conocerlo, creían saber sus orígenes y quién era; y precisamente por ello no fueron capaces de ver más allá, ni de tener fe. Y se quedaron sin conocer quién es realmente Cristo. Nuestro mundo de hoy cree saber, a la vez que muchas personas se agarran a las supersticiones más ridículas y otros ponen de excusa la dificultad de entender algo que sucedió hace dos mil años. Y muchos, nuevamente, se quedan sin poder conocer a Jesús.
Para descubrir a Jesús hace falta dar el salto de la fe, creer en su palabra, experimentar su salvación… Y entonces darse cuenta de que los prejuicios y muchas cosas que uno cree saber, no son más que errores.
Puedes rezar preguntándote: ¿Qué dificultades tienes que superar para creer? ¿qué obstáculos hay para que Jesús pueda realizar sus maravillas en tu vida, en tu comunidad, en tu parroquia o en tu familia? A veces puedes pensar: “Es que la Iglesia…”, “es que este cura…”, “es que…”. Pero si te acercas a Jesús en fe. Si le miras y dejas que te mire ¿qué sucederá?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Martes 5 de febrero

Martes 5 de febrero
IV semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Marcos 5, 21-43
En aquel tiempo, Jesús atravesó de nuevo a la otra orilla, se le reunió mucha gente a su alrededor, y se quedó junto al lago. Se acercó un jefe de la sinagoga, que se llamaba Jairo, y al verlo se echó a sus pies, rogándole con insistencia: Mi niña está en las últimas; ven, pon las manos sobre ella, para que se cure y viva. Jesús se fue con él, acompañado de mucha gente que lo apretujaba.
Había una mujer que padecía flujos de sangre desde hacía doce años. Muchos médicos la habían sometido a toda clase de tratamientos y se había gastado en eso toda su fortuna; pero en vez de mejorar, se había puesto peor. Oyó hablar de Jesús y, acercándose por detrás, entre la gente, le tocó el manto, pensando que con solo tocarle el vestido, curaría. Inmediatamente se secó la fuente de sus hemorragias y notó que su cuerpo estaba curado. Jesús, notando que había salido fuerza de él, se volvió en seguida, en medio de la gente, preguntando: ¿Quién me ha tocado el manto? Los discípulos le contestaron: Ves cómo te apretuja la gente y preguntas: «¿quién me ha tocado?» El seguía mirando alrededor, para ver quién había sido. La mujer se acercó asustada y temblorosa, al comprender lo que había pasado, se le echó a los pies y le confesó todo. Él le dijo: Hija, tu fe te ha curado. Vete en paz y con salud.
Todavía estaba hablando, cuando llegaron de casa del jefe de la sinagoga para decirle: Tu hija se ha muerto. ¿Para qué molestar más al maestro? Jesús alcanzó a oír lo que hablaban y le dijo al jefe de la sinagoga: No temas; basta que tengas fe. No permitió que lo acompañara nadie, más que Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago.
Llegaron a casa del jefe de la sinagoga y encontró el alboroto de los que lloraban y se lamentaban a gritos. Entró y les dijo: ¿Qué estrépito y qué lloros son estos? La niña no está muerta, está dormida. Se reían de él. Pero él los echó fuera a todos, y con el padre y la madre de la niña y sus acompañantes entró donde estaba la niña, la cogió de la mano y le dijo: Talitha qumi (que significa: contigo hablo, niña, levántate). La niña se puso en pie inmediatamente y echó a andar ─tenía doce años─. Y se quedaron viendo visiones. Les insistió en que nadie se enterase; y les dijo que dieran de comer a la niña.

Pistas: Puede ayudarte a rezar imaginarte la escena que se describe hoy. Jesús va con sus discípulos y se le acerca mucha gente. Aparece un jefe de la sinagoga, es decir, un judío destacado. Se le acerca para que Jesús interceda por su hija. Sabe los milagros que hace y le pide por su la niña, que está muy enferma. Por el camino, una mujer también muy enferma se acerca a Jesús y, al tocarlo, por la fe que tiene, queda curada. Esta mujer había gastado todo lo que tenía intentando curarse y nada había cambiado.
Pero después de encontrarse con Jesús, todo cambia para ambos. Porque cuando Jesús llega a la casa de Jairo y parece que ya nada hay que hacer, creen, y lo imposible se hace posible. Aquella niña que estaba muerta, se pone en pie y echa a andar. Y la mujer enferma pone asimismo toda su esperanza en Jesús. Cree en su poder, en que que sólo con tocarlo su mal se irá. Y así sucede.
La clave es la fe. La fe es la que alcanza el milagro. La fe mueve a las personas a buscar a Jesús y a Él a responder con poder. Parecen cosas imposibles, pero cuando Jesús aparece, todo cambia. Ambos acuden con humildad a Jesús: un jefe de la sinagoga (cuya actitud contrasta con la de otras autoridades judías) y una mujer que padece flujos de sangre (por tanto, impura en la mentalidad judía). La respuesta de Jesús es: no temas, cree, ten fe. Porque en Él hay salvación y vida. Porque Él puede cambiarlo todo.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Lunes 4 de febrero

Lunes 4 de febrero
IV del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Marcos 5, 1-20
En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos llegaron a la orilla del lago en la región de los Gerasenos.
Apenas desembarcó, le salió al encuentro, desde el cementerio, donde vivía en las tumbas, un hombre poseído de espíritu inmundo; ni con cadenas podía ya nadie sujetarlo; muchas veces lo habían sujetado con cepos y cadenas, pero él rompía las cadenas y destrozaba los cepos, y nadie tenía fuerza para domarlo. Se pasaba el día y la noche en los sepulcros y en los montes, gritando e hiriéndose con piedras.
Viendo de lejos a Jesús, echó a correr, se postró ante él y gritó a voz en cuello: ¿Qué tienes que ver conmigo, Jesús Hijo de Dios Altísimo? Por Dios te lo pido, no me atormentes. Porque Jesús le estaba diciendo: Espíritu inmundo, sal de este hombre. Jesús le preguntó: ¿Cómo te llamas? El respondió: Me llamo Legión, porque somos muchos. Y le rogaba con insistencia que no los expulsara de aquella comarca.
Había cerca una gran piara de cerdos hozando en la falda del monte. Los espíritus le rogaron: Déjanos ir y meternos en los cerdos. Él se lo permitió. Los espíritus inmundos salieron del hombre y se metieron en los cerdos; y la piara, unos dos mil, se abalanzó acantilado abajo al lago y se ahogó en el lago.
Los porquerizos echaron a correr y dieron la noticia en el pueblo y en el campo. Y la gente fue a ver qué había pasado. Se acercaron a Jesús y vieron al endemoniado que había tenido la legión, sentado, vestido y en su juicio. Se quedaron espantados. Los que lo habían visto les contaron lo que había pasado al endemoniado y a los cerdos. Ellos le rogaban que se marchase de su país.
Mientras se embarcaba, el endemoniado le pidió que lo admitiese en su compañía. Pero no se lo permitió, sino que le dijo: Vete a casa con los tuyos y anúnciales lo que el Señor ha hecho contigo por su misericordia. El hombre se marchó y empezó a proclamar por la Decápolis lo que Jesús había hecho con él; todos se admiraban.

Pistas: Jesús sale de Israel. Allí se encuentra con un poseído. Fíjate cómo lo describe: habita en el lugar de los muertos (en el cementerio), se hace daño a sí mismo, es violento, le tienen miedo, nadie puede con él, no descansa (día y noche gritando y corriendo), está solo. Se parece más a un animal que a una persona.
Cuando ve a Jesús –que estaba mandando al espíritu inmundo salir de aquel hombre- no puede resistirse, tiene que someterse a su poder. Reflexiona sobre lo que significa esto para tu vida, para la Iglesia, para el mundo. Si Jesús está ¿quién tiene más poder que Él?
Hay otros detalles que pueden hacernos pensar. El demonio, el mal, tiene nombre. También en tu vida y en el mundo ¿Cuál es su nombre? Siempre intentará engañar, mentir, ocultar… pero si le llamas por su nombre podrás luchar contra él con el poder de Jesús.
La escena de los cerdos está llena de simbolismo. El cerdo era impuro para el judaísmo. El demonio sólo busca la muerte y la destrucción, el sufrimiento y el mal. Y eso causa a su alrededor. Va a ese animal impuro y se lanza al lago (en la Biblia simboliza el caos).
El hombre aparece “sentado, vestido y en su juicio”. Podemos decir que vuelve a ser humano. Qué bonito descubrir que la presencia de Jesús humaniza. Y qué responsabilidad encontrar caminos para volver a humanizar muchos aspectos de nuestra sociedad.
Los porquerizos prefieren a sus cerdos antes que a Jesús. Ven al endemoniado curado y restablecido, pero les da igual y le piden a Jesús que se vaya.
Dios tuvo misericordia de aquel hombre y él obedeció a Jesús, se dedicó a contar lo que Dios había hecho con él y gracias a su testimonio muchos creyeron.
Lee otra vez el Evangelio y quédate con alguna de las ideas que te sugiera. Escucha que te quiere decir hoy Dios en su Palabra y ora.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Domingo 3 de febrero

Domingo 3 de febrero
IV domingo del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Lucas 4, 21-30
En aquel tiempo, comenzó Jesús a decir en la sinagoga:
—«Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír.»
Y todos le expresaban su aprobación y se admiraban de las palabras de gracia que salían de sus labios. Y decían:
—«¿No es éste el hijo de José?»
Y Jesús les dijo:
—«Sin duda me recitaréis aquel refrán: «Médico, cúrate a ti mismo»; haz también aquí en tu tierra lo que hemos oído que has hecho en Cafarnaún.» Y añadió:
—«Os aseguro que ningún profeta es bien mirado en su tierra. Os garantizo que en Israel había muchas viudas en tiempos de Elías, cuando estuvo cerrado el cielo tres años y seis meses, y hubo una gran hambre en todo el país; sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías, más que a una viuda de Sarepta, en el territorio de Sidón. Y muchos leprosos había en Israel en tiempos del profeta Eliseo; sin embargo, ninguno de ellos fue curado, más que Naamán, el sirio.»
Al oír esto, todos en la sinagoga se pusieron furiosos y, levantándose, lo empujaron fuera del pueblo hasta un barranco del monte en donde se alzaba su pueblo, con intención de despeñarlo. Pero Jesús se abrió paso entre ellos y se alejaba.

Pistas: Este Evangelio es continuación del que leímos el domingo anterior. En el que Jesús leía al profeta Isaías: “El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido. Me ha enviado para anunciar el Evangelio a los pobres, para anunciar a los cautivos la libertad, y a los ciegos, la vista. Para dar libertad a los oprimidos; para anunciar el año de gracia del Señor”. Y decía que aquella escritura se había cumplido en Él.
Hoy se aprecian dos posturas: por un lado, le aprueban y admiran. Por otro, dudan de Él. Sus prejuicios, lo que creen saber de Jesús, les impiden ir más allá. Éste es un buen punto para rezar hoy. En qué medida buscas a Jesús y te dejas sorprender por Él. Aquellos hombres querían que Jesús hiciera las cosas a su manera.
Pero todavía va más allá cuando Jesús universaliza la salvación. Los judíos son el pueblo elegido, pero Dios ofrece su salvación a todos. A la viuda de Sarepta y a Naamán el Sirio, dos extranjeros. Las dudas que esto ofrece, el cambio tan profundo que supone, se convierten en rechazo. No pueden soportar este giro tan radical que les enfrenta con lo que siempre han hecho hasta ahora.
Jesús salva, te ofrece hoy su salvación a ti. Y como los del Evangelio de hoy tienes que optar: admirarlo y asombrarse. O dudar y rechazarle.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Sábado 2 de febrero

Sábado, 2 de febrero
Presentación del Señor

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Lucas 2, 22-40
Cuando llegó el tiempo de la purificación, según la ley de Moisés, los padres de Jesús lo llevaron a Jerusalén, para presentarlo al Señor, de acuerdo con lo escrito en la ley del Señor: «Todo primogénito varón será consagrado al Señor», y para entregar la oblación, como dice la ley del Señor: «un par de tórtolas o dos pichones.»
Vivía entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, hombre justo y piadoso, que aguardaba el consuelo de Israel; y el Espíritu Santo moraba en él. Había recibido un oráculo del Espíritu Santo: que no vería la muerte antes de ver al Mesías del Señor. Impulsado por el Espíritu, fue al templo.
Cuando entraban con el niño Jesús sus padres para cumplir con él lo previsto por la ley, Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo:
-«Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz. Porque mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos: luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel.» Su padre y su madre estaban admirados por lo que se decía del niño. Simeón los bendijo, diciendo a María, su madre:
-«Mira, éste está puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten; será como una bandera discutida: así quedará clara la actitud de muchos corazones. Y a ti, una espada te traspasará el alma.»
Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser. Era una mujer muy anciana; de jovencita había vivido siete años casada, y luego viuda hasta los ochenta y cuatro; no se apartaba del templo día y noche, sirviendo a Dios con ayunos y oraciones. Acercándose en aquel momento, daba gracias a Dios y hablaba del niño a todos los que aguardaban la liberación de Jerusalén.
Y, cuando cumplieron todo lo que prescribía la ley del Señor, se volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret.
El niño iba creciendo y robusteciéndose, y se llenaba de sabiduría; y la gracia de Dios lo acompañaba.

Pistas: Hoy celebramos la fiesta de la presentación del Señor, tradicionalmente conocida como la fiesta de las candelas, por las procesiones que se hacen en este día. La Ley de Moisés mandaba que a los 40 días de nacido un niño fuera presentado en el templo. Hoy, 2 de febrero, se cumplen los 40 días, contando desde el 25 de diciembre.
También estaba estipulado que la mujer que había dado a luz fuera al templo a realizar una purificación. Ambos ritos consistían en ofrecer un animal pequeño en sacrificio. Y el Evangelio nos presenta la escena que sucede cuando van a cumplir con esto.
Se acercan dos ancianos, que son el testimonio de la tradición y la esperanza judía, personas de fe que señalan a Jesús: Simeón y Ana. Simeón, lleno del Espíritu Santo y movido por Él, ve a Jesús, a quien había estado esperando, y dice: Él es la luz y la gloria de su pueblo. Imagina a José y a María, qué sienten, qué piensan. Y a María le anuncia que el camino no será fácil. Y después, Ana, una anciana que llevaba años dedicando su vida a Dios, a la oración y al ayuno, alaba a Dios y habla del niño que viene a cumplir las promesas mesiánicas.
El Evangelio de hoy nos señala a Jesús como el esperado, “está puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten; será como una bandera discutida: así quedará clara la actitud de muchos corazones”.
La pregunta es, una vez más, ¿quién es Jesús? La respuesta tiene grandes implicaciones para tu vida: es el Mesías esperado, es el Salvador, es la luz… ¿quién es Jesús?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Viernes 1 de febrero

Viernes 1 de febrero
III semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Marcos 4, 26-34
En aquel tiempo, decía Jesús a las turbas: El Reino de Dios se parece a un hombre que echa simiente en la tierra. Él duerme de noche, y se levanta de mañana; la semilla germina y va creciendo, sin que él sepa cómo. La tierra va produciendo la cosecha ella sola: primero los tallos, luego la espiga, después el grano. Cuando el grano está a punto, se mete la hoz, porque ha llegado la siega.
Dijo también: ¿Con qué podemos comparar el Reino de Dios? ¿Qué parábola usaremos? Con un grano de mostaza: al sembrarlo en la tierra es la semilla más pequeña, pero después, brota, se hace más alta que las demás hortalizas y echa ramas tan grandes, que los pájaros pueden cobijarse y anidar en ellas.
Con muchas parábolas parecidas les exponía la Palabra, acomodándose a su entender.
Todo se lo exponía con parábolas, pero a sus discípulos se lo explicaba todo en privado.

Pistas: El Reino de Dios trae una fuerza en sí mismo que lo hace poder crecer cuando es sembrado. No depende de los esfuerzos, ni de los méritos, ni de las fuerzas humanas. Es verdad que hay que acoger la semilla, que hay que ser tierra buena (recuerda la parábola del sembrador). Pero, si se acoge el Reino de Dios, sin que se sepa cómo, ésta crecerá y producirá su fruto. Es una fecundidad gratuita.
Nosotros enseguida nos cansamos de esperar, queremos ver los frutos ya. Pensamos muchas veces: «Ahora que somos buenos, ahora que estamos haciendo las cosas de éste o de aquél modo…». Pero Jesús nos invita a contemplar la fuerza y el poder del Reino, de la salvación, de Dios. Dios nos la regala, es gratuita, pero transformadora.
Parece insignificante -como la semilla de mostaza-, pero brotará y crecerá. Y será tan grande que servirá de cobijo y protección. Y todo comienza en lo pequeño, en lo que parece sin importancia. En lo que llega sin hacer ruido, sin aspavientos, pero es capaz de cambiarte en lo profundo.
Y nuevamente la coletilla: a los discípulos se lo explicaba. Y es que esto sólo se puede entender yendo con Jesús, sólo caminando a su lado como haces cada día al orar con el Evangelio. Deja que ilumine tu vida hoy Jesús con estas parábolas. ¿Qué te quiere decir?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.