XXXIII Domingo del Tiempo Ordinario

Evangelio según San Marcos 13,24-32.

En ese tiempo, después de esta tribulación, el sol se oscurecerá, la luna dejará de brillar,
las estrellas caerán del cielo y los astros se conmoverán.
Y se verá al Hijo del hombre venir sobre las nubes, lleno de poder y de gloria.
Y él enviará a los ángeles para que congreguen a sus elegidos desde los cuatro puntos cardinales, de un extremo al otro del horizonte.
Aprendan esta comparación, tomada de la higuera: cuando sus ramas se hacen flexibles y brotan las hojas, ustedes se dan cuenta de que se acerca el verano.
Así también, cuando vean que suceden todas estas cosas, sepan que el fin está cerca, a la puerta.
Les aseguro que no pasará esta generación, sin que suceda todo esto.
El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.
En cuanto a ese día y a la hora, nadie los conoce, ni los ángeles del cielo, ni el Hijo, nadie sino el Padre.

Miércoles 21 de noviembre

Miércoles 21 de noviembre
Presentación de la Bienaventurada Virgen María

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Lucas 19, 11-28
En aquel tiempo, dijo Jesús una parábola; el motivo era que estaba cerca de Jerusalén y se pensaban que el reino de Dios iba a despuntar de un momento a otro.
Dijo, pues: Un hombre noble se marchó a un país lejano para conseguirse el título de rey, y volver después. Llamó a diez empleados suyos y les repartió diez onzas de oro, diciéndoles: Negociad mientras vuelvo. Sus conciudadanos, que lo aborrecían, enviaron tras de él una embajada para informar: «No queremos que él sea nuestro rey».
Cuando volvió con el título real, mandó llamar a los empleados a quienes había dado el dinero, para enterarse de lo que había ganado cada uno.
El primero se presentó y dijo: Señor, tu onza ha producido diez. Él le contestó: Muy bien, eres un empleado cumplidor; como has sido fiel en una minucia, tendrás autoridad sobre diez ciudades.
El segundo llegó y dijo: Tu onza, señor, ha producido cinco. A ése le dijo también: Pues toma tú el mando de cinco ciudades.
El otro llegó y dijo: Señor, aquí está tu onza; la he tenido guardada en el pañuelo; te tenía miedo porque eres hombre exigente, que reclamas lo que no prestas y siegas lo que no siembras. Él le contestó: Por tu boca te condeno, empleado holgazán. ¿Con que sabías que soy exigente, que reclamo lo que no presto y siego lo que no siembro? Pues, ¿por qué no pusiste mi dinero en el banco? Al volver yo, lo habría cobrado con los intereses.
Entonces dijo a los presentes: quitadle a éste la onza y dádsela al que tiene diez. Le replicaron: Señor, si ya tiene diez onzas.
Os digo: Al que tiene se le dará, pero al que no tiene, se le quitará hasta lo que tiene.
Y a esos enemigos míos, que no me querían por rey, traedlos acá y degolladlos en mi presencia. Dicho esto, echó a andar delante de ellos, subiendo hacia Jerusalén.

Pistas: San Lucas nos pone juntas dos parábolas que en otros evangelios aparecen separadas: el señor que se marcha y reparte sus bienes, y el que vuelve siendo rey y acaba con los enemigos del reino. Y lo sitúa en la perspectiva del final de los tiempos. El Reino de Dios en plenitud. Como decimos en el credo, cuando venga a juzgar a vivos y muertos.
Mientras llega el final es el tiempo de negociar. Hay que moverse, hacer que dé fruto. La onza son los dones de que el Señor nos da. ¿Qué hacemos con ellos? No se da el caso de que uno de los que negocia pierda, fracase. Porque los dones de Dios van a dar fruto sí o sí.
Pero si los escondes, te acomodas o te acobardas, entonces no pones a trabajar los dones que Dios te ha dado. Dios no pide imposibles. Si caes, levántate, si has pecado, conviértete y sigue adelante. Pon a producir en el banco los tesoros que Dios ha puesto en tu ser. Acude a la Iglesia (ella es el banco), en ella podrás –si no te acomodas- aprender el camino para que tu vida dé fruto.
Pero, recuerda, nada de esto va a poder darse sin que tú pongas de tu parte. Dios nunca nos obliga a nada: ni a tener fe, ni a amar, ni a ser fieles… Sólo nos invita y nos da la fuerza para hacerlo. Pero respeta tu libertad y no hará nada sin ti.
Al que tiene se le dará… No es que Dios sea cruel, es que los dones de Dios sobreabundan y el que tiene tendrá más de lo que puede esperar o desear. Pero el que los rechaza no encontrará en nada la salvación, porque sólo Jesús puede darla.
Jesús vencerá plenamente. Con Él comienza el Reino, que ya está, Jesús ya es Rey. Y nosotros, para participar de su plenitud, tenemos que seguir luchando. Sus enemigos han sido derrotados (pero no lo saben). Jesús va delante ¿decides seguirle?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Martes 20 de noviembre

Martes 20 de noviembre
XXXIII semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Lucas 19, 1-10
En aquel tiempo, entró Jesús en Jericó y atravesaba la ciudad. Un hombre llamado Zaqueo, jefe de publicanos y rico, trataba de distinguir quién era Jesús, pero la gente se lo impedía, porque era bajo de estatura. Corrió más adelante y se subió a una higuera, para verlo, porque tenía que pasar por allí. Jesús, al llegar a aquel sitio, levantó los ojos y dijo: Zaqueo, baja en seguida, porque hoy tengo que alojarme en tu casa. El bajó en seguida, y lo recibió muy contento.
Al ver esto, todos murmuraban diciendo: Ha entrado a hospedarse en casa de un pecador. Pero Zaqueo se puso en pie, y dijo al Señor: Mira, la mitad de mis bienes, Señor, se la doy a los pobres; y si de alguno me he aprovechado, le restituiré cuatro veces más.
Jesús le contestó: Hoy ha sido la salvación de esta casa; también éste es hijo de Abrahán. Porque el Hijo del Hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido.

Pistas: Hoy diríamos que Zaqueo es un alto funcionario. Era un judío que trabajaba para los romanos, jefe de los que trabajaban para los romanos cobrando impuestos, así que estaba mal visto por sus conciudadanos. Puedes hacerte algunas preguntas para profundizar el texto:
Zaqueo ¿qué tipo de persona es? ¿por qué busca a Jesús? ¿no tiene ya todo lo que necesita? ¿será curiosidad? ¿qué llega a hacer para poder ver a Jesús? (no es que la higuera sea el árbol más adecuado para subirse…). A pesar de todo ¿quién toma la iniciativa? ¿qué significa dejar a Jesús entrar en su casa? Y Jesús ¿por qué quiere ir a casa de Zaqueo?
Los judíos que les ven piensan ¿qué hace Jesús en casa de un pecador?
Pero el cambio de Zaqueo es sorprendente. El encuentro con Jesús le transforma. Piensa que si sabemos el nombre de Zaqueo es porque cuando se escribió el Evangelio de Lucas era alguien conocido, un cristiano conocido.
Ahora lee el Evangelio aplicándolo a tu vida y a tu situación. ¿Qué te dice hoy la Palabra de Dios? Y deja a Jesús entrar en tu casa, Él “ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido”. Y si quieres, si le dejas, Jesús pondrá ante ti lo que anhela el corazón humano.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Lunes 19 de noviembre

Lunes 19 de noviembre
XXXIII semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Lucas 18, 35-43
En aquel tiempo, cuando se acercaba Jesús a Jericó, había un ciego sentado al borde del camino, pidiendo limosna.
Al oír que pasaba gente, preguntaba qué era aquello; y le explicaron: Pasa Jesús Nazareno.
Entonces gritó: ¡Jesús, hijo de David, ten compasión de mí! Los que iban delante le regañaban para que se callara, pero él gritaba más fuerte: ¡Hijo de David, ten compasión de mí! Jesús se paró y mandó que se lo trajeran. Cuando estuvo cerca, le preguntó: ¿Qué quieres que haga por ti? El dijo: Señor, que vea otra vez. Jesús le contestó: Recobra la vista, tu fe te ha curado.
Enseguida recobró la vista y lo siguió glorificando a Dios. Y todo el pueblo, al ver esto, alababa a Dios.

Pistas: Una forma de rezar con el Evangelio es meterse en la escena, imaginarse lo que puede pensar y sentir cada personaje.
Hoy tenemos un hombre que se ha quedado ciego y su único modo de vida es pedir limosna al borde del camino. Oye el ruido, le dicen que es Jesús y ante la esperanza de que Jesús sea la respuesta, la solución, le llama insistentemente a pesar de las dificultades. Ya ante Jesús le dice: “Que vea otra vez, Señor”. Y Jesús se lo concede por su fe. Luego el ciego, que ya puede ver, sigue a Jesús y glorifica a Dios.
Fíjate en los distintos momentos del relato de hoy, párate en cada uno de ellos y piensa qué puede estarte diciendo a ti hoy Dios en su palabra. Tal vez te encuentres perdido y necesites ver. Tal vez estés llamando a Jesús y parezca que no te escucha, o te está preguntando: ¿Qué quieres que haga? Puede que veas ¿vas a seguir a Jesús? ¿o volverás a la ceguera de antes lejos de Él…? En tu decisión está darte la oportunidad de dejar de ser ciego ante Jesús o no. Él no esconde lo que ofrece ¿esconderás tú ante tu propio corazón la decisión de seguirle? Deja que Dios te hable en su palabra hoy, lee el Evangelio, escucha y ora.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Domingo 18 de noviembre

Domingo 18 de noviembre
XXXIII domingo del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Marcos 13, 24-32
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
—«En aquellos días, después de esa gran angustia, el sol se hará tinieblas, la luna no dará su resplandor, las estrellas caerán del cielo, los astros se tambalearán.
Entonces verán venir al Hijo del hombre sobre las nubes con gran poder y majestad; enviará a los ángeles para reunir a sus elegidos de los cuatro vientos, de horizonte a horizonte.
Aprended de esta parábola de la higuera: Cuando las ramas se ponen tiernas y brotan las yemas, deducís que el verano está cerca; pues cuando veáis vosotros suceder esto, sabed que él está cerca, a la puerta. Os aseguro que no pasará esta generación antes que todo se cumpla. El cielo y la tierra pasarán, mis palabras no pasarán, aunque el día y la hora nadie lo sabe, ni los ángeles del cielo ni el Hijo, sólo el Padre.»

Pistas: Con un lenguaje apocalíptico Jesús habla del fin de la historia. Las cosas que parecen inmutables: el sol, la luna, las estrellas, los astros caerán, se apagarán, se acabarán. Y vendrá el Hijo del hombre (Jesús, Cristo resucitado) y sus ángeles recogerán a los elegidos de cada rincón del mundo. Vendrá Jesús triunfante y será el cielo.
Si te fijas a tu alrededor, nada hay inmutable ni perdurará para siempre. Todo cambia. Dicen los científicos que todo se acabará (el sol, el universo…). Pero si miramos en nuestro interior, nuestro corazón nos pide que no sea así, que nosotros y los que queremos podamos vivir para siempre felices. Tenemos sed de plenitud, de eternidad, de felicidad. Tenemos sed del cielo.
La buena noticia del Evangelio de hoy es que las palabras de Jesús son de fiar: “El cielo y la tierra pasarán”, pero sus palabras, sus promesas no lo harán. ¡Qué grande es esto! Un motivo para alabar a Dios, para tener esperanza firme como decimos en el credo: Jesús vendrá para juzgar a vivos y muertos y su Reino no tendrá fin. Habrá vida eterna.
“No pasará esta generación”. Es difícil entender el significado de estas palabras de Jesús pero, si lo piensas bien, ¿no estamos ya en el fin de los días? ¿no ha vencido Jesús a la muerte y al mal? En el mundo limitado en el que los hombres estamos seguimos agarrándonos al pecado, a lo efímero, a lo que no nos da una auténtica felicidad. ¿Por qué? Porque todavía no podemos ver el Reino en plenitud. Lo atisbamos en cada instante feliz de nuestra vida. Cuando con nuestra libertad elegimos bien. Cada vez que amamos y perdonamos, cada vez que construimos un mundo más justo, aparece una chispa del mundo nuevo que Cristo nos regaló. Cada vez que vives la vida del Espíritu puedes asomarte a la felicidad que será la eternidad con Dios, cuando gozaremos de la plenitud de la vida de Dios.
Por último, la parábola de la higuera. ¿Ves cómo están las cosas en el mundo y en tu vida? ¿qué vas a hacer ante los signos que ves? Anímate, porque sólo en Jesús hay certeza y esperanza.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración

Sábado 17 de noviembre

Sábado 17 de noviembre
Santa Isabel de Hungría, religiosa

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Lucas 18, 18
En aquel tiempo, Jesús, para explicar a los discípulos cómo tenían que orar siempre sin desanimarse, les propuso esta parábola: Había un juez en una ciudad que ni temía a Dios ni le importaban los hombres.
En la misma ciudad había una viuda que solía ir a decirle: «Hazme justicia frente a mi adversario»; por algún tiempo se negó, pero después se dijo: «Aunque ni temo a Dios ni me importan los hombres, como esa viuda me está fastidiando, le haré justicia, no vaya a acabar pegándome en la cara».
Y el Señor añadió: Fijaos en lo que dice el juez injusto; pues Dios ¿no hará justicia a sus elegidos que le gritan día y noche? ¿o les dará largas? Os digo que les hará justicia sin tardar. Pero cuando venga el Hijo del Hombre, ¿encontrará esta fe en la tierra?

Pistas: “Cuando venga el Hijo del Hombre ¿encontrará esta fe en la tierra?”.
La fe es un don y hay que pedirla en oración. ¿Cómo es tu oración? Hay oraciones “egoístas”, las que hablan sólo de necesidades, se parecen a listas de deseos. Hay oraciones impresionantes, muy bien construidas, pero que quizás esconden orgullo y arrogancia. Hay oraciones que esperan que Dios sea una varita mágica o conseguir de Dios cosas a cambio de nuestros sacrificios, nuestro tiempo, nuestro ser buenos… ¿Cómo es tu oración?
El texto de hoy enseña a orar. El juez tiene que hacer justicia y eso es lo que la viuda le pide. Que haga lo que tiene que hacer, que sea lo que es. Persevera pidiéndole eso y finalmente el juez actúa como tal. Ahora piensa en Dios. ¡Cómo va a darte Dios largas! Pero a veces parece que así es… Persevera. Dios no falta a su palabra. Siempre cumple sus promesas. Él te hará justicia, te salvará, te dará su gracia y su amor.
La viuda pide justicia al juez. Cuando ores entra en la presencia de Dios contemplando quién y cómo es Dios. Reconoce su grandeza, alábale, adórale. Y desde ahí descubrirás que todo está en sus manos, que Dios es poderoso. Y así podrás confiar en Él y pedirle lo que necesitas. Pide a Dios que cumpla sus promesas, porque la oración las transformará en obras. Atrévete a pedir cosas concretas.
Hoy el Evangelio nos enseña el camino de la perseverancia en la oración. No dudes, tu vida cambiará. Todo cambiará.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración

Viernes 16 de noviembre

Viernes 16 de noviembre
Santa Margarita de Escocia
Santa Gertrudis, virgen

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Lucas 17, 26-37
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: Como sucedió en los días de Noé, así será también en los días del Hijo del Hombre: comían, bebían y se casaban, hasta el día que Noé entró en el arca; entonces llegó el diluvio y acabó con todos. Lo mismo sucedió en tiempos de Lot: comían, compraban, vendían, sembraban, construían; pero el día que Lot salió de Sodoma, llovió fuego y azufre del cielo y acabó con todos. Así sucederá el día que se manifieste el Hijo del Hombre.
Aquel día, si uno está en la azotea y tiene sus cosas en casa que no baje por ellas; si uno está en el campo, que no vuelva. Acordaos de la mujer de Lot.
El que pretenda guardarse su vida, la perderá; y el que la pierda, la recobrará.
Os digo esto: aquella noche estarán dos en una cama: a uno se lo llevarán y al otro lo dejarán; estarán dos moliendo juntas: a una se la llevarán y a la otra la dejarán; estarán dos en el campo: a uno se lo llevarán y al otro lo dejarán. Ellos le preguntaron: ¿Dónde, Señor? Él contestó: Donde está el cadáver se reunirán los buitres.

Pistas: Pistas: “Comían, bebían y se casaban”. “Comían, compraban, vendían, sembraban, construían”. Se fiaban de la rutina… Estaban metidos en la rueda de lo cotidiano. Pero este mundo no es fiable. El Hijo del Hombre sí. Jesús sí es totalmente fiable.
Este Evangelio nos dice: perder la vida fiándose de Él, apostar por Él, es la única garantía. Quedarse mirando atrás como la mujer de Lot es quedarse apegado a la muerte (Sodoma), a lo que no salva ni da plenitud. El único camino para, en lo inesperado poder encontrar vida, es Jesús.
Por eso Jesús invita hoy a no dejarse vencer por la rutina y por lo mundano. Aunque los buitres, presagio de la muerte, merodeen, no nos alcanzarán porque nosotros miramos al que venció: a Jesús. Y en Él ponemos nuestra esperanza y a Él amamos y seguimos.
Por eso no hay nada que temer, sólo al pecado y al engaño que nos aleja de Dios. La historia es la de Cristo vencedor, Él será todo en todos. Será una historia de amor y vida.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración

Jueves 15 de noviembre

Jueves 15 de noviembre
San Alberto Magno, obispo y doctor de la Iglesia

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Lucas 17, 20-25
En aquel tiempo, a unos fariseos que le preguntaban cuándo iba a llegar el reino de Dios, Jesús les contestó: El reino de Dios no vendrá espectacularmente, ni anunciarán que está aquí o está allí; porque mirad, el reino de Dios está dentro de vosotros.
Dijo a sus discípulos: Llegará un tiempo en que desearéis vivir un día con el Hijo del Hombre, y no podréis. Si os dicen que está aquí o está allí, no os vayáis detrás. Como el fulgor del relámpago brilla de un horizonte a otro, así será el Hijo del Hombre en su día. Pero antes tiene que padecer mucho y ser reprobado por esta generación.

Pistas: El Reino de Dios ¿Cuándo llegará? ¿Dónde estará? ¿Dónde encontraremos la salvación?
Jesús dice: “El reino de Dios está dentro de vosotros” ¡Cuántas veces buscamos a Dios en instituciones, personas, actividades…! Piensa un momento… ¿Dónde lo buscas tú?
Antes de poder encontrarlo en todo eso (personas, instituciones, actividades, en tu historia personal…) necesitamos experimentarlo en lo profundo de nuestro ser. Lo que no encuentras dentro de ti ¿dónde podrá estar? Tu relación con Dios ¿estará en otros o en ti mismo?
Decía el Papa Benedicto XVI en la Encíclica Deus Caritas est: “No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva”. Y ese encuentro nos dice el Evangelio de hoy que sucede dentro de ti.
Deja de buscar fuera. Párate, ponte delante de Dios y ora. Y ahí, en el encuentro personal, en la experiencia de Dios, te darás cuenta de que el Reino es amar a Jesús y saberte amado por el Padre. Que el Reino es llenarte del Espíritu Santo que te hace experimentar a Dios como amor y vida. Ahora, relee el Evangelio y ora con él.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Miércoles 14 de noviembre

Miércoles 14 de noviembre
XXXII semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Lucas 17, 11-19
En aquel tiempo, yendo Jesús camino de Jerusalén, pasaba entre Samaria y Galilea.
Cuando iba a entrar en un pueblo, vinieron a su encuentro diez leprosos, que se pararon a lo lejos y a gritos le decían: Jesús, maestro, ten compasión de nosotros. Al verlos, les dijo: Id a presentaros a los sacerdotes.
Y mientras iban de camino, quedaron limpios.
Uno de ellos, viendo que estaba curado, se volvió alabando a Dios a grandes gritos, y se echó por tierra a los pies de Jesús, dándole gracias. Este era un samaritano.
Jesús tomó la palabra y dijo: ¿No han quedado limpios los diez?; los otros nueve ¿dónde están? ¿No ha vuelto más que este extranjero para dar gloria a Dios? Y le dijo: Levántate, vete: tu fe te ha salvado.

Pistas: Jesús camina por un territorio fronterizo entre Samaría y Galilea. Desde lejos, porque no pueden acercarse a la gente ni permitir que se les acerquen, un grupo de leprosos le piden ayuda. Eran expulsados de los pueblos por miedo al contagio y vivían al margen de la sociedad. Pero Jesús los mira. En otras ocasiones se había acercado, les había tocado y curado. Pero hoy les manda ir a presentarse al sacerdote. Porque era preciso que cuando un leproso se curaba se presentase al sacerdote para que confirmase que estaba sano. También debía llevar una ofrenda y realizar un rito de purificación. Y los diez quedaron sanos cuando iban de camino.
De todos ellos sólo un extranjero volvió alabando a Dios y dándole las gracias a Jesús. Era un samaritano. Como ya sabes, no se llevan bien con los judíos. Y es aquí, con Jesús, donde queda salvado plenamente.
Tal vez este evangelio te invite a reconocer lo que Dios hace en tu vida y te haga pensar en la necesidad de ser agradecido. Te invite a pedir y confiar. A aceptar los dones que Dios te da y acudir a Jesús dando gracias por lo que te regala.
Da igual que te sientas un samaritano, un extranjero. Puede que pienses que con las lepras que hay en tu vida (tus pecados y debilidades) ya no eres de los de Jesús. Puede que te sientas lejos del pueblo (lejos de la Iglesia) como aquellos leprosos. Da igual cómo estés. ¿Crees que eso es lo importante para Jesús? Tú llama a Jesús y pide su compasión, escucha su Palabra, obedécele, fíate de Él. Da igual que te parezca que Jesús está lejos porque Él te mirará a ti también. Te curará de tu lepra. Sea por el camino que sea, si dejas a Jesús entrar en tu vida, encontrarás su salvación.
Déjate mirar por Él, porque su mirada es de amor y salvación. Cuéntale tu vida, tus cosas, tus problemas, tus miedos. Y así verá tu vida y tú la verás a su luz. Y, no olvides, da gracias, alaba a Dios, vuelve a Jesús cada día. “Levántate, vete, tu fe te ha salvado”.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Martes 13 de noviembre

Martes 13 de noviembre
San Leandro, obispo

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Lucas 17, 7-10
En aquel tiempo, dijo el Señor: Suponed que un criado vuestro trabaja como labrador o como pastor; cuando vuelve del campo, ¿quién de vosotros le dice: «Enseguida, ven y ponte a la mesa?» ¿No le diréis: «Prepárame de cenar, cíñete y sírveme mientras como y bebo; y después comerás y beberás tú?» ¿Tenéis que estar agradecidos al criado porque ha hecho lo mandado? Lo mismo vosotros: Cuando hayáis hecho todo lo mandado, decid: «Somos unos pobres siervos, hemos hecho lo que teníamos que hacer».

Pistas: La actitud contraria a la que propone el Evangelio de hoy es la del hermano mayor de la parábola del hijo pródigo, que se enfada porque el padre recibe con alegría y una fiesta al hijo que se fue y malgastó la herencia. Está en la casa, todo lo del padre es suyo, pero no lo disfruta. Es dueño de todo, está en la casa, pero se siente fuera.
Cuando la soberbia, la autosuficiencia o el ser interesados se hacen hueco en las motivaciones del que quiere seguir a Jesús, se pierde el rumbo. Porque en realidad lo que Jesús propone es un camino de amor y confianza en Dios. El amor es gratuito aunque es verdad que desea ser correspondido. Cuando se hace algo por amor se puede parafrasear el Evangelio de hoy: haces lo que tienes que hacer. Ni más, ni menos. Pero sigue pareciéndonos algo extraordinario. Por eso las palabras de Jesús hoy continúan vigentes. Porque darlo todo por amor, hasta la propia vida, es el gesto más grande que alguien puede hacer. Porque el amor de Dios es incomparable. Porque cuando tengas que tomar una decisión, piensa primero en el amor.
Ojalá al final de nuestra vida podamos decir: “Hemos hecho lo que teníamos que hacer”, significará que hemos encontrado ese camino que Jesús propone. Ora con el Evangelio de hoy para descubrir la grandeza de Dios y su amor, así comprenderás que la única respuesta es “hacer lo que tienes que hacer”.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.