Domingo 18 de febrero

Domingo 18 de febrero

I domingo de cuaresma

(Recuerda:

1. Pide el Espíritu Santo

2. Lee despacio y entiende

3. Medita qué te dice la Palabra de Dios

4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Marcos 1, 12-15.

En aquel tiempo el Espíritu empujó a Jesús al desierto. Se quedó en el desierto cuarenta días, dejándose tentar por Satanás; vivía entre alimañas y los ángeles le servían. Cuando arrestaron a Juan, Jesús se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios; decía: Se ha cumplido el plazo, está cerca el Reino de Dios. Convertíos y creed la Buena Noticia.

Pistas: En este primer domingo de cuaresma la liturgia nos presenta a Jesús, que va al desierto. Allí reza y lucha contra el demonio. Los otros Evangelios nos cuentan que ayunó durante esos cuarenta días. Fue antes de comenzar a predicar y llamar a sus discípulos. Parece una preparación. Puedes imaginarte esos cuarenta días, acercándose más al Padre, llenándose del Espíritu Santo, en su humanidad descubriendo la voluntad del Padre y entendiendo el camino que tiene que recorrer.

Y nuestra Cuaresma también es preparación a la fiesta más grande del cristianismo: la Pascua. En ella sucede el acontecimiento más grande de toda la historia: la muerte es vencida, el poder del Espíritu Santo resucita a Jesús y desde ese momento Él mismo da el Espíritu Santo a quienes se lo piden.

La Cuaresma es como ir al desierto, donde hay que quitar lo superfluo, esforzarse cada día para sobrevivir y no perder el tiempo con cosas triviales. Para nosotros éste es un tiempo de conversión. No sólo para arrepentirnos de nuestro pecado, sino para crecer espiritualmente, vencer las tentaciones y estar más cerca de Dios. Por eso también es un tiempo de lucha contra el demonio y el pecado, y contra todo aquello que nos lastra en nuestra relación con Dios. El ayuno y la oración nos ayudan en esto.

Y cuando uno se acerca a Dios, piensa en el prójimo. Por eso la Iglesia nos invita a ser generosos y mirar las necesidades de los demás: nos invita a dar limosna. Es como un entrenamiento, para que en lo cotidiano podamos seguir la voluntad de Dios.

Después de esos días en el desierto, Jesús comienza a proclamar el Evangelio de Dios, la Buena Noticia. Ha superado la prueba y ha experimentado la ayuda de Dios (los ángeles que le sirven) y la lucha contra el mal y el camino fácil (Satanás que le tienta). Jesús está listo para anunciar que es el momento: “Está cerca el Reino de Dios. Convertíos y creed la Buena Noticia”.

También es el momento en tu vida: Jesús está cerca, su Reino es posible, conviértete y cree esta Buena Noticia. Experiméntala. Y después, anúnciala a otros. Tienes una Cuaresma por delante ¿qué vas a hacer?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Sábado 17 de febrero

Sábado 17 de febrero

Sábado después de ceniza.

Los siente fundadores de la orden de los siervos de la Bienaventurada Virgen María

(Recuerda:

1. Pide el Espíritu Santo

2. Lee despacio y entiende

3. Medita qué te dice la Palabra de Dios

4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Lucas 5, 27-32

En aquel tiempo, Jesús vio a un publicano llamado Leví, sentado al mostrador de los impuestos, y le dijo: «Sígueme.» Él, dejándolo todo, se levantó y lo siguió. Leví ofreció en su honor un gran banquete en su casa, y estaban a la mesa con ellos un gran número de publicanos y otros. Los fariseos y los escribas dijeron a sus discípulos, criticándolo: «¿Cómo es que coméis y bebéis con publicanos y pecadores?» Jesús les replicó: «No necesitan médico los sanos, sino los enfermos. No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores a que se conviertan.»

Pistas: ¿En tu vida hay cosas que deberían ser mejores? ¿Si miras dentro de ti encuentras cuestiones que hay que cambiar? ¿Sientes que te falta algo para ser feliz, que hay aspectos que deberían ser de otro modo? ¿Te sientes pecador?

Si la respuesta a alguna de las preguntas anteriores es afirmativa, el Evangelio de hoy tiene una buena noticia para ti: Jesús te llama. Y si le respondes entrará en tu casa, en tus cosas, se sentará contigo a la mesa (que en el lenguaje judío significa aceptar a alguien y estar en comunión con él, ya que los judíos no se sentaban a la mesa con pecadores o infieles). Jesús te hará de los suyos.

No importa quién hayas sido, lo que hayas hecho, cómo te sientas o cómo estés ahora. Jesús no ha venido a llamar a los que se tienen por justos sino a los pecadores.

Si ves que necesitas salvación, si la enfermedad del pecado está en tu vida o la ves en el mundo, no te rindas, porque Jesús ha venido a llamar a los pecadores y enfermos.

Por eso, esta cuaresma es un tiempo propicio para acercarte a Jesús. Estés como estés, su llamada es para ti. ¿Le invitarás a entrar en tu casa y a sentarse a tu mesa?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Viernes 16 de febrero

Viernes 16 de febrero

Viernes después de Ceniza

(Recuerda:

1. Pide el Espíritu Santo

2. Lee despacio y entiende

3. Medita qué te dice la Palabra de Dios

4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Mateo 9, 14-15

En aquel tiempo, se acercaron los discípulos de Juan a Jesús, preguntándole: «¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos a menudo y, en cambio, tus discípulos no ayunan?» Jesús les dijo: «¿Es que pueden guardar luto los invitados a la boda, mientras el novio está con ellos?

Llegará un día en que se lleven al novio, y entonces ayunarán.»

Pistas: El Evangelio de hoy nos habla sobre el ayuno. Esta práctica es común en diferentes religiones y generalmente es un medio para acercarse a Dios y dominar los propios deseos.

Vamos a acercarnos brevemente a la visión bíblica del ayuno. En el libro del Levítico se mandaba a los judíos dedicar un día al ayuno, El Día de la Expiación, en el que el pueblo pedía perdón a Dios por sus pecados. El Antiguo Testamento nos cuenta que también frecuentemente se ayunaba sin ningún mandamiento específico en tiempos de aflicción, colectiva o individualmente. También como una forma de penitencia o de arrepentimiento, para pedir perdón a Dios o ante un peligro inminente.

El Nuevo Testamento nos cuenta que Jesús ayunó en muchas ocasiones. Antes de comenzar su vida pública ayunó cuarenta días en el desierto. Enseña a sus discípulos a ayunar como un medio para vencer al demonio, y unido a la oración da fuerza y poder al que lo realiza. Pero Jesús no quiere que sea algo meramente ritual y obligatorio, sino un acto libre que lleve al hombre a entregarse más a Dios. Por eso, invita a sus discípulos a buscar el momento oportuno para ayunar.

En la vida de la Iglesia siempre ha tenido importancia esta práctica. El miércoles leíamos que es uno de los tres consejos que nos da la Palabra de Dios para este tiempo: oración, limosna y ayuno. Entonces, ayunar ¿para qué? Para acercarte más a Dios, para decirle que es más importante que el propio sustento, que los deseos o apetencias. Para sentir incluso físicamente hambre de Dios, para comprender mejor a los pobres, para compartir lo que ayunamos con ellos.

Piensa el mejor modo en que puedes hacerlo. Estamos en un tiempo propicio para ello. La Iglesia aconseja abstenerse de carne los viernes de cuaresma. Los santos nos enseñan que es un camino que da mucho fruto. ¿Te animas a probarlo?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Jueves 15 de febrero

Jueves 15 de febrero

Jueves después de Ceniza

(Recuerda:

1. Pide el Espíritu Santo

2. Lee despacio y entiende

3. Medita qué te dice la Palabra de Dios

4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Lucas 9, 22-25

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, s er desechado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar al tercer día.»

Y, dirigiéndose a todos, dijo: «El que quiera seguirme, que se niegue a sí mismo, cargue con su cruz cada día y se venga conmigo. Pues el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mi causa la salvará. ¿De qué le sirve a uno ganar el mundo entero si se pierde o se perjudica a sí mismo?».

Pistas: Jesús no hace falsas promesas. El camino que Él propone no es el más fácil, pero sí es el que salva. Es el que hace ganar nada menos que la vida, el que conduce a la felicidad. Y no son sólo palabras. Jesús va delante. No oculta el sufrimiento y les anuncia lo que va a suceder. Y hasta que se encuentren con Él resucitado y reciban la fuerza del Espíritu Santo no podrán entender el alcance de estas palabras.

Jesús enseña que la salvación pasa por seguirle. Y esto tiene unas condiciones: hay que negarse a uno mismo. Si lo piensas bien, las cosas que merecen la pena siempre requieren esfuerzo. Para lograr lo que es verdaderamente importante en la vida uno necesita luchar, esforzarse, renunciar muchas veces a lo que le apetece por lo que realmente quiere hacer o alcanzar. Los padres que cuidan a sus hijos, el estudiante que se esfuerza, el trabajador que lucha por lograr sus objetivos, el que está enamorado y lucha por ese amor, el deportista… Negarse a uno mismo es buscar el bien y la verdad por encima del interés.

Seguir a Jesús implica también cargar con la cruz de cada día. No vivir instalado en la queja o en la desesperación, sino abrirse a la confianza en Dios que es Padre, que es Amor. Nosotros ya sabemos el desenlace: Dios vence a la muerte, al mal y al pecado. Jesús ya lo hizo por nosotros y Él nos espera al final, en el triunfo definitivo.

Entregando la vida, perdiendo la vida por Él, es como se gana. Podemos poner muchos ejemplos: se gana la vida entregándola como misionero. Se gana la vida renunciando al camino fácil y buscando el bien de los demás por encima de los propios intereses. Se gana descubriendo el camino que Jesús tiene para ti, siguiéndole. Porque así encontrarás el mayor tesoro que puedes imaginar: ganarás tu propia vida siguiendo a Jesús.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Miércoles 14 de febrero

Miércoles 14 de febrero
Miércoles de Ceniza

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Mateo 6, 1-6. 16-18

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario, no tendréis recompensa de vuestro Padre celestial. Por tanto, cuando hagas limosna, no vayas tocando la trompeta por delante, como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles, con el fin de ser honrados por los hombres; os aseguro que ya han recibido su paga.
Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosna quedará en secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te lo pagará.
Cuando recéis, no seáis como los hipócritas, a quienes les gusta rezar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas, para que los vea la gente. Os aseguro que ya han recibido su paga.
Tú, cuando vayas a rezar, entra en tu aposento, cierra la puerta y reza a tu Padre, que está en lo escondido, y tu Padre, que ve en lo escondido, te lo pagará.
Cuando ayunéis, no andéis cabizbajos, como los hipócritas que desfiguran su cara para hacer ver a la gente que ayunan. Os aseguro que ya han recibido su paga.
Tú, en cambio, cuando ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara, para que tu ayuno lo note, no la gente, sino tu Padre, que está en lo escondido; y tu Padre, que ve en lo escondido, te recompensará.»
Pistas: Comenzamos la Cuaresma. Tiempo para cambiar y para dejar que Dios nos cambie. El Evangelio que se lee en la misa de este día nos da tres consejos para trabajar nuestra vida espiritual y dejar que Dios nos convierta: oración, limosna y ayuno. Y además nos propone un estilo: no para que nos vean -podríamos añadir también-, no porque toca hacerlo. Ora, ayuna y da limosna para acercarte al Padre y parecerte a Él. Ora, da limosna y ayuna porque esto cambiará tu vida, hará presente la gracia de Dios en tu vida y en el mundo.
El fruto de estas tres prácticas –limosna, oración y ayuno- es un regalo de Dios. Incluso la fuerza para hacerlas. Pero la decisión, el esfuerzo personal, depende de ti. Todo es gracia de Dios, pero Dios no hará nada si tú no pones el cien por cien de tus fuerzas, tus capacidades y tu deseo. Por eso, la Cuaresma que hoy comenzamos es una oportunidad para ser mejores discípulos de Jesús, para regresar de los malos caminos, del pecado, de la mentira, de la oscuridad… y poder conocer y amar más a Dios, y vivir como Jesús enseña. Y por eso las lecturas de este tiempo y la liturgia nos repetirán una y otra vez: “Convertíos”.
La segunda lectura de la misa de hoy dice que no hay que dejar caer en saco roto la gracia de Dios, porque ahora es tiempo favorable, ahora es tiempo de salvación. Tal vez pienses: “otra cuaresma… nada cambié en la anterior ¿por qué esta va a ser distinta?”. Fíate de la Palabra de Dios que te invita a entrar en esta Cuaresma. Ahora te ofrece una nueva oportunidad. ¿Qué vas a hacer?
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Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Lunes 22 de febrero

Lunes 12 de febrero

VI semana del tiempo ordinario

(Recuerda:

1. Pide el Espíritu Santo

2. Lee despacio y entiende

3. Medita qué te dice la Palabra de Dios

4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Marcos 8, 11-13

En aquel tiempo, se presentaron los fariseos y se pusieron a discutir con Jesús; para ponerlo a prueba, le pidieron un signo del cielo. Jesús dio un profundo suspiro y dijo: ¿Por qué esta generación reclama un signo? Os aseguro que no se le dará un signo a esta generación. Los dejó, se embarcó de nuevo y se fue a la otra orilla.

Pistas: Pero ¿no ven? ¿qué más signos quieren? Curaciones, exorcismos, multiplicación de panes y peces, resucita muertos, habla con autoridad… Y le dicen que quieren “un signo del cielo”.

Tienen los ojos cerrados. Los fariseos, los que supone que deberían descubrir antes a Jesús porque son personas religiosas que conocen la Ley y quieren vivirla, le piden un signo. Están ciegos: los intereses, las tradiciones, la imagen, el poder… incluso la religión, se convierten en ídolos y les impiden ver la verdad. A quien ellos buscan, en quien ellos quieren creer, se revela en Jesús y su vida. Sus acciones y él mismo son el signo del cielo. Pero ni siquiera cuando después de morir en la cruz resucita, quieren creer.

La pregunta más importante es: Y tú ¿ves los signos de Dios, la presencia de Jesús en tu vida? ¿o también quieres que Dios haga las cosas a tu manera? Abre un poco los ojos, mira a tu alrededor y mira en tu corazón. Y si estás dispuesto a ver la verdad no tardarás en encontrar a Jesús. Encontrarás su luz en medio de todo. Y no necesitarás más signos.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Hoy, una canción en inglés y español, igual os ayuda a rezar.

https://www.youtube.com/watch?v=K4P7kXwZT1M

https://www.youtube.com/watch?v=ujdHkIr6ouo

Domingo 11 de febrero

Domingo 11 de febrero
VI domingo del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Marcos 1, 40-45

En aquel tiempo, se acercó a Jesús un leproso, suplicándole de rodillas: «Si quieres, puedes limpiarme.» Sintiendo lástima, extendió la mano y lo tocó, diciendo: «Quiero: queda limpio.» La lepra se le quitó inmediatamente, y quedó limpio. Él lo despidió, encargándole severamente: «No se lo digas a nadie; pero, para que conste, ve a presentarte al sacerdote y ofrece por tu purificación lo que mandó Moisés.» Pero, cuando se fue, empezó a divulgar el hecho con grandes ponderaciones, de modo que Jesús ya no podía entrar abiertamente en ningún pueblo; se quedaba fuera, en descampado; y aun así acudían a él de todas partes.

Pistas: La lepra en el pueblo judío era una condena. El que era declarado leproso tenía que abandonar la comunidad, vestir con harapos y cuando alguien se le acercase gritar: “impuro, impuro”, para que nadie entrara en contacto con él.
Pero Jesús cambia las cosas. Acepta que se acerque a Él aquel que ha sido desahuciado. No había prácticamente esperanza para un leproso. Y éste se acerca a Jesús con una confianza absoluta: “Si quieres, puedes limpiarme”. Y Jesús no lo cura de lejos. Lo toca. Piensa en lo que significa eso para alguien que es declarado impuro y que no puede permitir que nadie se le acerque. Jesús le toca y dice: “Quiero, queda limpio”. E, inmediatamente, se curó.
En una lectura espiritual de la curación el pecado es como la lepra: te aparta de la comunidad, te hace impuro, impide que desarrolles en plenitud tus cualidades. Pero si te acercas a Jesús y pones en Él tu confianza, todo cambiará. Jesús no se queda al margen de tus problemas. Se acerca, te toca, te escucha. Pídele hoy que se fije en tus ‘lepras’.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Sábado 10 de febrero

Sábado 10 de febrero

Santa Escolástica, virgen

(Recuerda:

1. Pide el Espíritu Santo

2. Lee despacio y entiende

3. Medita qué te dice la Palabra de Dios

4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Marcos 8, 1-10

Uno de aquellos días, como había mucha gente y no tenían qué comer, Jesús llamó a sus discípulos y les dijo: Me da lástima de esta gente; llevan ya tres días conmigo y no tienen qué comer, y si los despido a sus casas en ayunas, se van a desmayar por el camino. Además, algunos han venido desde lejos. Le replicaron sus discípulos: ¿Y de dónde se puede sacar pan, aquí, en despoblado, para que se queden satisfechos? Él les preguntó: ¿Cuántos panes tenéis? Ellos contestaron: Siete. Mandó que la gente se sentara en el suelo: tomó los siete panes, pronunció la Acción de Gracias, los partió y los fue dando a sus discípulos para que los sirvieran. Ellos los sirvieron a la gente. Tenían también unos cuantos peces: Jesús los bendijo, y mandó que los sirvieran también. La gente comió hasta quedar satisfecha, y de los trozos que sobraron llenaron siete canastas; eran unos cuatro mil. Jesús los despidió, luego se embarcó con sus discípulos y se fue a la región de Dalmanuta.

Pistas: Jesús da de comer a una multitud con unos pocos panes y peces. Y además sobra.

Vamos a fijarnos en algunos aspectos. Jesús siente lástima de los que le siguen y necesitan alimento para continuar el camino. Sus discípulos dan lo poco que tienen a Jesús. Y Él obra el milagro. Era imposible que sucediera, que llegase para tanta gente. Y, sin embargo, cuando Jesús lo toma se multiplica y da para todos. Y no de un modo rácano, racionado o limitado, sino que “la gente comió hasta quedar satisfecha”.

Esto mismo lo puedes leer en clave espiritual. Los que están con Jesús necesitan alimento y fuerzas para su día a día. Y eso sale de lo que sus discípulos le entregan. También simboliza la Eucaristía el pan que nosotros presentamos y se transforma en alimento que sacia y fortalece.

Lo poco que puedes darle a Dios Él lo multiplicará hasta un nivel que no puedes ni imaginar. ¿Le ofrecerás a Jesús todo (aunque sea poco) lo que tienes? ¿Le dejarás que Él lo multiplique?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Viernes 9 de febrero

Viernes 9 de febrero

(Recuerda:

1. Pide el Espíritu Santo

2. Lee despacio y entiende

3. Medita qué te dice la Palabra de Dios

4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Marcos 7, 31-37

En aquel tiempo, dejando Jesús el territorio de Tiro, pasó por Sidón, camino del lago de Galilea, atravesando la Decápolis.

Y le presentaron un sordo, que, además, apenas podía hablar; y le piden que le imponga las manos. El, apartándolo de la gente a un lado, le metió los dedos en los oídos y con la saliva le tocó la lengua. Y mirando al cielo, suspiró y le dijo: Effetá (esto es, «ábrete»). Y al momento se le abrieron los oídos, se le soltó la traba de la lengua y hablaba sin dificultad. Él les mandó que no lo dijeran a nadie; pero, cuanto más se lo mandaba, con más insistencia lo proclamaban ellos. Y en el colmo del asombro decían: Todo lo ha hecho bien: hace oír a los sordos y hablar a los mudos.

Pistas: Jesús está en la Decápolis, en tierra de paganos. Hoy le acercan un sordomudo, y no sólo no lo rechaza, sino que lo cura de un modo sorprendente. Es como si quisiera ir más allá. Le piden que le imponga las manos y podemos decir que Jesús entra en sus problemas: sus oídos y su lengua. Le toca, ora y el hombre queda sanado completamente: “Hablaba sin dificultad”.

Va quedando clara la apertura de la Buena Nueva a todos los hombres, sin distinción (al final del Evangelio será un pagano el que al pie de la cruz confiese: «Realmente este hombre es Hijo de Dios»).

Puedes fijarte en cómo hace las cosas Jesús. Si le pides que entre en tu vida, no hará las cosas a medias. No es un barniz superficial lo que Jesús hace. Si dejas que toque tu debilidad, Él te salvará. Quizás necesites apartarte un poco de la gente y dejar que Jesús te saque de la rutina, el ruido… para poder estar con Él. Tendrás que fiarte y creer en Él. Pero la recompensa será grande, porque todo cambiará. Serás libre de lo que te impedía conocer a Dios. Y entrarás en relación con Él y de un modo nuevo con los demás.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Jueves 8 de febrero

Jueves 8 de febrero

San Jerónimo Emiliani

Santa Josefina Bahkita, virgen y mártir

(Recuerda:

1. Pide el Espíritu Santo

2. Lee despacio y entiende

3. Medita qué te dice la Palabra de Dios

4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Marcos 7, 24-30

En aquel tiempo, Jesús fue a la región de Tiro. Se alojó en una casa procurando pasar desapercibido, pero no lo consiguió; una mujer que tenía una hija poseída por un espíritu impuro se enteró enseguida, fue a buscarlo y se le echó a los pies. La mujer era pagana, una fenicia de Siria, y le rogaba que echase el demonio de su hija. Él le dijo: Deja que coman primero los hijos. No está bien echarles a los perros el pan de los hijos. Pero ella replicó: Tienes razón, Señor; pero también los perros, debajo de la mesa, comen las migajas que tiran los niños. Él le contestó: Anda, vete, que por eso que has dicho, el demonio ha salido de tu hija. Al llegar a su casa, se encontró a la niña echada en la cama; el demonio se había marchado.

Pistas: Por encima de todo, destaca en este Evangelio la fe de la mujer. Vence todas las dificultades, encuentra a Jesús, supera su aparente indiferencia y cree en su palabra. No necesita que Jesús vaya con ella para garantizar el milagro, sino que cree en su palabra y su poder.

Contra toda esperanza, su oración es escuchada. Una extranjera, que según la mentalidad judía no merecía la salvación de Dios, ni que se fijara en ella. Los judíos tenían prohibido hablar con ella. Y, sin embargo, Dios escucha su oración ¡Qué lección sería para los discípulos la fe de aquella mujer! ¡Cuánto abriría su mente ver que Dios salva a todos! Incluso Jesús, como verdadero hombre, va perfeccionando su manera de comprender su propia identidad y su misión y seguir la voluntad del Padre.

Y ahora puedes mirar tu vida, tu fe. Aunque te sientas extranjero, aunque parezca que Dios no te contesta y algunos te digan que no es para ti la salvación… Si te acercas a Jesús con fe, encontrarás la salvación que sólo Él te puede ofrecer.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.