XXX Domingo del Tiempo Ordinario

Evangelio según San Mateo 22,34-40. 
Cuando los fariseos se enteraron de que Jesús había hecho callar a los saduceos, se reunieron con Él,
y uno de ellos, que era doctor de la Ley, le preguntó para ponerlo a prueba:
“Maestro, ¿cuál es el mandamiento más grande de la Ley?”.
Jesús le respondió: “Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todo tu espíritu.
Este es el más grande y el primer mandamiento.
El segundo es semejante al primero: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.
De estos dos mandamientos dependen toda la Ley y los Profetas”.

REFLEXIÓN:

¿Cuál es el primer mandamiento y el más importante? Todos sabemos la contestación a esta pregunta. Amaras al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas. Y al prójimo como a ti mismo.

Sabemos la contestación, pero ¿amamos a Dios así?. Tenemos una manera de evaluar muy clara… ¿escucho la palabra de Dios? ¿Cumplo con los mandamientos? ¿Mi vida esta orientada al evangelio? No todo el que dice que ama a Dios lo hace realmente. Amar tiene más que ver con la voluntad que con el sentimiento, quizás yo no siento nada en la oración, pero hago oración… Es como comer… puedo no tener ganas de comer pero si no lo hago moriré. Esta es otra manera de morir, se muere nuestro corazón, que comienza a pensar demasiado en si mismo y excluye a los demás, se convierte en un corazón endurecido.

El ejemplo de AMOR lo tenemos en Jesús, AMOR fruto del amor divino y perfecto del padre. No solo nos muestra lo que es el Amor sino que El es ese AMOR. Lo enseña, lo vive y se entrega por el, “nadie tiene más amor que el que da la vida por sus amigos”. ¿Por quién estoy dando yo la vida? Amar es dar la vida y darse uno mismo, otra vez ¿por quién estoy dando yo la vida?.

No nos engañemos, la vida si no se da se pierde.

¿Quieres sentirte vivo? ¡Ama! Y cuanto más lo hagas más vivo te sentirás. Tu vida no se te escapará, no tendrás la impresión de que pasa de largo. Para el que ama la vida es eternidad.

Contrasta tu amor a Dios mirando si eres capaz de amar a tus hermanos y si lo haces así, puedes empezar a pensar que amas de verdad a Dios ya que no excluyes a nadie.

Hoy bendecimos en la parroquia una nueva pila bautismal, hecha de una pieza de mármol, más de una tonelada de peso… pero ¿de qué serviría el esfuerzo de hacerla, de traerla, de instalarla… si nuestra comunidad no es capaz de acoger al prójimo? Igual que por el bautismo se entra a formar parte de la Iglesia, por el Amor se entra a formar parte del cielo. 

Sigamos siendo una comunidad acogedora, sigamos personalmente amando y descubriremos que realmente somos felices.

Feliz y santo Domingo.