Viernes 7 de febrero

Viernes, 7 de febrero
IV Semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Marcos 6, 14-29
En aquel tiempo, como la fama de Jesús se había extendido, el rey Herodes oyó hablar de él. Unos decían: Juan Bautista ha resucitado, y por eso los ángeles actúan en él. Otros decían: Es Elías. Otros: Es un profeta como los antiguos. Herodes, al oírlo, decía: Es Juan, a quien yo decapité, que ha resucitado.
Es que Herodes había mandado prender a Juan y lo había metido en la cárcel encadenado. El motivo era que Herodes se había casado con Herodías, mujer de su hermano Felipe, y Juan le decía que no le era lícito tener la mujer de su hermano. Herodías aborrecía a Juan y quería quitarlo de en medio; no acababa de conseguirlo, porque Herodes respetaba a Juan, sabiendo que era un hombre honrado y santo, y lo defendía. En muchos asuntos seguía su parecer y lo escuchaba con gusto.
La ocasión llegó cuando Herodes, por su cumpleaños, dio un banquete a sus magnates, a sus oficiales y a la gente principal de Galilea. La hija de Herodías entró y danzó, gustando mucho a Herodes y a los convidados.
El rey le dijo a la joven: Pídeme lo que quieras, que te lo doy. Y le juró: Te daré lo que me pidas, aunque sea la mitad de mi reino.
Ella salió a preguntarle a su madre: ¿Qué le pido? La madre le contestó: La cabeza de Juan el Bautista. Entró ella enseguida, a toda prisa, se acercó al rey y le pidió: Quiero que ahora mismo me des en una bandeja la cabeza de Juan el Bautista.
El rey se puso muy triste; pero por el juramento y los convidados no quiso desairarla. En seguida le mandó a uno de su guardia que trajese la cabeza de Juan. Fue, lo decapitó en la cárcel, trajo la cabeza en una bandeja y se la entregó a la joven; la joven se la entregó a su madre. Al enterarse sus discípulos fueron a recoger el cadáver y lo enterraron.

Pistas: Parece que el mundo no ha cambiado mucho en 2.000 años. Corrupción, inmoralidad, abuso de poder, violencia, cobardía, injusticia… Hoy sigue brillando el bien en muchos, pero también suceden cosas horribles que se revisten de honorabilidad y de normalidad, cuando no pueden serlo de ninguna manera.
¿Quién es Jesús? Resuena como pregunta en el Evangelio de hoy. Y al hilo de ello nos habla de Juan, un hombre de Dios, valiente, que vive lo que proclama. Decir la verdad le lleva a la cárcel y finalmente a la muerte.
No es fácil el camino de la fidelidad a Dios. “Herodes respetaba a Juan, sabiendo que era un hombre honrado y santo, y lo defendía. En muchos asuntos seguía su parecer y lo escuchaba con gusto”. Pero, aún así, pesó más el poder y la imagen que el bien y la verdad.
Podemos decir que Herodes era una persona tibia. Por un lado, le gustaba la verdad que escuchaba de Juan, lo admiraba y lo respetaba. Pero, por otro lado, no quería cambiar de vida. No estaba dispuesto a asumir lo que significaba explorar el camino que le proponía Juan Bautista. Supondría cambios que no estaba dispuesto a aceptar, y al final esto le lleva a no ser libre, a cometer injusticias, a ser malvado.
Puedes pensar en tu propia vida, si consientes el pecado al final te pasará factura. Juan señalaba a Jesús, decía que el importante era Él. Gritaba que hay que preparar el camino para recibirlo. Advierte que es necesario un cambio de actitud porque Jesús vendrá a renovar y a renovarte. Su mensaje es una invitación a la conversión porque Jesús está cerca.
Como en tiempos de Herodes la gente dice muchas cosas sobre Dios, sobre la fe, sobre Jesús… No vivas de oídas, de lo que dice este o aquel, de leyendas o supersticiones, porque esto no lleva a ningún sitio. Si quieres conocer a Jesús, acércate a Él y encuéntrate con Él.
Vuelve a leer este Evangelio, quédate con lo que te haga pensar o te toque el corazón, y reza.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.