Viernes 7 de agosto

Viernes, 7 de agosto
XVIII semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Mateo 16, 24-28
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: El que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. Si uno quiere salvar su vida, la perderá; pero el que la pierda por mí, la encontrará. ¿De qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero, si malogra su vida? ¿O qué podrá dar para recobrarla?
Porque el Hijo del Hombre vendrá entre sus ángeles, con la gloria de su Padre, y entonces pagará a cada uno según su conducta. Os aseguro que algunos de los aquí presentes no morirán sin antes haber visto llegar al Hijo del Hombre con majestad.

Pistas: Si has decidido que seguir a Jesús merece la pena, entonces tienes un trabajo por delante: concretar este Evangelio en tu vida.
En tu situación, ahora ¿qué quiere decir negarte a ti mismo? Ya sabes que no es algo que te anule o te haga despreciarte. Tiene que ver con ser libre para seguir a Jesús. Renunciar a aquello que dentro de ti te lleva lejos de Él, de su amor y de vivir como Él enseña. Negarse a uno mismo es vencerse, dejar que el amor y la verdad de Jesús triunfen en tu vida. Supone derrotar la comodidad, la mediocridad, las excusas… Equivale a decidir vivir llenos del Espíritu Santo, hacer las obras del Espíritu. Y, cuando te niegas a ti mismo, entonces eres más libre, más dueño de tu propia vida.
¿Qué significa cargar con tu cruz? ¿Cuál es? Ponle nombre o nombres. Piensa en Jesús cargando su cruz. No es una carga absurda, un sufrimiento vacío o una lucha infructuosa. Él nos enseña que el final de la cruz es la resurrección, la vida y la victoria sobre el mal, el pecado y la muerte. Cargar con la cruz es renunciar a la desconfianza, a la queja, a la desesperación.
El Papa Benedicto XVI explica que la cruz con la que hay que cargar es el mandamiento del amor. También es una bonita forma de verlo. Aprende a amar en cada situación, amar a Dios, amar al prójimo, vivir en el amor.
Perder la vida por Jesús, para encontrarla. Porque éste es el único camino que da vida, el único que te lleva a la verdad. Si quieres ser tu propio salvador, te perderás. Pero si descubres el amor incondicional y misericordioso de Dios, que te hace comprender que Él mismo está en tu corazón, que te lleva a amar a los demás y amarte y conocerte a ti mismo, entonces te salvarás. Y tendrás paz, serás libre y estarás feliz. Por eso Jesús pregunta de qué te sirve ganar cosas materiales si arruinas tu vida, si no te llenan, si no eres feliz, si no tienes paz y eres esclavo de ellas.
Todo esto se abre a la eternidad. No sólo es para este mundo, no es algo que termine con la muerte. Aquí puedes empezar a vivir el cielo que no se acabará.
Un amigo cura fue a celebrar la unción de enfermos con un moribundo y también la Eucaristía. En el momento de la paz, su saludo fue: “Hasta el cielo”. Esto es hermoso y esperanzador. Jesús hoy nos da las claves: Negarse a uno mismo, cargar con la cruz, con la paz de Dios en el corazón, que dura hasta la vida eterna.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.