Viernes 5 de julio

Viernes, 5 de julio
San Antonio María Zaccaría, presbítero

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Mateo 9, 9-13
En aquel tiempo, vio Jesús a un hombre llamado Mateo sentado al mostrador de los impuestos, y le dijo: Sígueme. Él se levantó y lo siguió. Y estando en la mesa en casa de Mateo, muchos publicanos y pecadores, que habían acudido, se sentaron con Jesús y sus discípulos. Los fariseos, al verlo, preguntaron a los discípulos: ¿Cómo es que vuestro maestro come con publicanos y pecadores? Jesús lo oyó y dijo: No tienen necesidad de médico los sanos, sino los enfermos. Andad, aprended lo que significa «misericordia quiero y no sacrificios»: que no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores.

Pistas: Jesús llama a Mateo, acepta ir a su casa, se sienta en su mesa, con sus amigos, quiere formar parte de la vida de Mateo y éste lo acepta. Mateo representa lo que rechazamos socialmente. Pero ¿quién ha dicho que Jesús vino a cumplir los estereotipos? Vino a ver en lo profundo de las personas, no a participar de las convenciones sociales. Y, veintiún siglos después ¿avanzamos o retrocedemos?
Qué actitudes tan distintas. Mateo escucha a Jesús, decide seguirle, deja su vida anterior y mete a Jesús en su casa, en sus relaciones, en su trabajo… en todo. Y, por otro lado, ¿cómo actúan los fariseos? Deseando demostrar que son mejores, señalando al pecador, creyéndose justos. Y quedándose, de este modo, sin saber quién es Jesús. Están tan preocupados de pertenecer al grupo de los buenos y mostrar su estatus que se van a quedar sin la salvación de Jesús.
Y Jesús cita al profeta Oseas: “Misericordia quiero y no sacrificios”. Quiere hacerles pensar en lo que Él muestra con su vida y su predicación: una vivencia auténtica que nace de la relación con Dios y no una religiosidad aparente, ritual y superficial. Porque Jesús habla al corazón y a lo profundo de la persona. No le interesan las formas, no le importa el qué dirán. Sí le importan las personas, le importa que el mundo comprenda el amor del Padre, que puedan entrar en relación con Él y experimentar su salvación.
Así que, si te sientes pecador, si crees que eres indigno de que Jesús te llame, escúchale, levántate, deja lo que tengas que dejar, pon a Jesús en tu casa, en tu día a día, con tus amigos, con tu familia… Porque Él ha venido a llamarte y le da lo mismo si estás en camino, si has llegado o si empiezas tu trayectoria. Le da lo mismo si eres rico o pobre, exitoso o perdedor. Lo que no le da igual es que te quedes sin conocer su salvación, que te quedes sin disfrutar de la verdad eterna.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.