Viernes 23 de agosto

Viernes, 23 de agosto
XX semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Mateo 22, 34-40
En aquel tiempo, los fariseos, al oír que había hecho callar a los saduceos, se acercaron a Jesús y uno de ellos le preguntó para ponerlo a prueba: Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la Ley? Él le dijo: «Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser». Este mandamiento es el principal y primero. El segundo es semejante a él: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo». Estos dos mandamientos sostienen la Ley entera y los profetas.

Pistas: Vivir en el amor. Esa es la propuesta de Jesús. Un amor que nace del que primero ha tenido Dios por nosotros. Pero este amor no es algo abstracto. Se concretó en Jesús, en su nacimiento, vida, muerte y resurrección, y se concretó en la venida del Espíritu Santo.
Y tú, puedes preguntarte ¿cómo amo a Dios? ¿con todo el corazón, el alma y el ser? ¿qué tiempo y energías le dedico? ¿qué hago por él? ¿cuánto le conozco?
También, respecto al prójimo. ¿Cómo es mi amor hacia los demás? ¿me esfuerzo, me entrego, me preocupo? Piensa en las personas que te cuesta amar. No se trata sólo de sentimientos sino de una elección, de tu modo de actuar.
El que sigue a Jesús elige vivir en el amor hacia todos, como Él hizo. Por eso si creces en la fe crecerás también en amor a Dios, al prójimo y a ti mismo. Descubrir el amor incondicional de Dios te llevará a querer corresponderle. Y ya no te conformarás con amar a los demás de cualquier manera, porque Dios mismo te ha enseñado a amar y su amor no tiene medida.
En ese amor aprenderás a mirarte a ti mismo como Dios te mira, a conocerte y aceptarte porque Dios te ama y te ha enseñado a amar. No podrás amar con libertad a Dios ni a los demás si no te amas a ti mismo. Por eso la fe restaura el corazón, sana las heridas. Por eso el amor cura a la persona y la hace salir del pecado, del egoísmo, de la desesperación.
Éste es el camino que Jesús nos propone seguir: ser amados por Él y amar. Es un don, y es una tarea. Se realiza en la oración y en las acciones de cada día. Dios ama primero y te invita a entrar en esa dinámica de amor. Y en eso se sostiene toda la vida cristiana: en un amor incondicional e inmenso que lo llena todo porque viene de Dios.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.