Viernes 21 de febrero

Viernes, 21 de febrero
VI Semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Marcos 8, 34-39
En aquel tiempo, Jesús llamó a la gente y a sus discípulos y les dijo: el que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga.
Mirad, el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por mí y por el Evangelio, la salvará.
Pues ¿de qué le sirve al hombre ganar el mundo entero si arruina su vida? ¿O qué podrá dar uno para recobrarla? Quien se avergüence de mí y de mis palabras en esta época descreída y malvada, también el Hijo del Hombre se avergonzará de él cuando venga con la gloria de su Padre entre sus santos ángeles.
Y añadió: os aseguro que algunos de los aquí presentes no morirán sin haber visto llegar el reino de Dios en toda su potencia.

Pistas: Ayer leíamos las palabras tan duras que Jesús dirigía a Pedro cuando éste le recriminaba el anuncio de su pasión: “¡Quítate de mi vista, Satanás! ¡Tú piensas como los hombres, no como Dios!”.
Hoy Jesús continúa hablando del camino que propone a sus discípulos. No es el de las glorias humanas, el del materialismo y la superficialidad, el de la magia o los atajos que tanto nos atraen. Tampoco el de quejarse, echar la culpa a las situaciones o a las personas de lo que está mal en tu propia vida. Ni el de buscar siempre satisfacer los propios deseos.
Jesús te invita a ir con Él. Ésa es su propuesta. ¿Qué tendrás que hacer? Negarte a ti mismo. Es decir, no hacer siempre lo que nos apetece, lo que se nos presenta como la mejor opción, sino buscar la verdad y lo que es verdaderamente bueno. Esto se entiende muy bien con ejemplos: el deportista tiene que negarse a sí mismo para esforzarse y entrenar, los padres para luchar por los hijos, los esposos para crecer en amor mutuo, el estudiante para no vaguear… Todo esto es negarse a uno mismo: salir del yo y mirar lo que nos rodea, encontrar a Dios y a los demás y, curiosamente, así encontrarse a uno mismo.
Cargar con la cruz es evitar caer en la queja, en la desesperación o en la desconfianza hacia Dios. Estamos en sus manos, aunque la situación no sea fácil, o sea dura o dolorosa, la cruz no es sino el camino a la resurrección.
Sólo en Jesús hay salvación. Sólo Él es el camino, la verdad y la vida. Por eso ¿de qué sirven las cosas de esta vida sin Jesús? ¿de qué sirven sin verdad, sin vida, sin encontrar el camino? ¿de qué sirven sin amor, sin paz, sin esperanza, sin fe?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.