Viernes 19 de abril

Viernes, 19 de abril
Viernes Santo

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Salmo 30
A ti, Señor, me acojo: no quede yo nunca defraudado; tu, que eres justo, ponme a salvo. A tus manos encomiendo mi espíritu: tu, el Dios leal, me librarás.
Soy la burla de todos mis enemigos, la irrisión de mis vecinos, el espanto de mis conocidos; me ven por la calle, y escapan de mí. Me han olvidado como a un muerto, me han desechado como a un cacharro inútil.
Pero yo confío en ti, Señor, te digo: «Tú eres mi Dios.» En tu mano están mis azares; líbrame de los enemigos que me persiguen.
Haz brillar tu rostro sobre tu siervo, sálvame por tu misericordia. Sed fuertes y valientes de corazón, los que esperáis en el Señor.

Pistas: Hoy te invito a rezar con este salmo. Jesús, como buen judío, oraba frecuentemente con los salmos y sabía muchos de memoria. Hoy leemos uno que rezó en la Cruz (“Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu”).
Puedes leer este salmo pensando en la oración que hizo Jesús en la Cruz, donde moría por ti y por tus pecados. Incluso imaginarte la escena. Esto te ayudará a rezar. Por otra parte, si tú estás atravesando alguna situación de cruz, de dificultad en tu vida, haz tuyos estos versículos y te ayudarán a orar.
El salmo comienza mirando a Dios: “A ti me acojo”. Reconociendo quién es Dios: “Tú eres justo”, “eres el Dios leal”, el que no falla. Algo que te ayudará en tu oración es mirar a Dios y no a tus problemas y dificultades. Porque Dios es justo, es leal, libra al hombre.
Luego el salmista mira su situación. También Jesús puede hacer suyas estas palabras. Desde su situación deplorable y terrible confía en Dios: “A ti me acojo, ponme a salvo, tú me librarás”.
¿Cómo es tu situación? ¿Cuál es tu cruz, tu sufrimiento? Mira tu situación desde la perspectiva de este salmo: Dios no falla, es fiel. Mira, Señor, soy la burla, la irrisión, el espanto, olvidado como un muerto, como un cacharro inútil. Quéjate si quieres, pero después eleva nuevamente tu mirada a Dios: pero “yo confío”, “eres mi Dios”, «en tu mano están mis azares”, “líbrame”, “haz brillar tu rostro”, “sálvame”… Clama a Dios como el salmista.
Y este salmo termina con una exhortación: “Sed fuertes y valientes de corazón, los que esperáis en el Señor”. Muchas veces parece que la única solución es dejarse llevar o tirar la toalla. Pero Jesús nos dice en este día triste en el que la oscuridad parece tomar las riendas, que la última palabra no la tiene la desesperación sino la esperanza.

Relee el salmo, pesando en Jesús, pensando en tu propia vida y ora con él.