Viernes 18 de septiembre

Viernes, 18 de septiembre
XXIV semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Lucas 8, 1-3
En aquel tiempo, Jesús iba caminando de ciudad en ciudad y de pueblo en pueblo, predicando la Buena Noticia del Reino de Dios; lo acompañaban los Doce y algunas mujeres que él había curado de malos espíritus y enfermedades: María la Magdalena, de la que habían salido siete demonios; Juana, mujer de Cusa, intendente de Herodes; Susana y otras muchas que le ayudaban con sus bienes.

Pistas: Jesús realiza su misión de anunciar el la Buena Noticia y con Él van sus discípulos. Aprenden y son partícipes de su misión. Y serán, con la fuerza del Espíritu Santo y la presencia de Jesús resucitado, los que den testimonio y continúen su obra.
En época de Jesús muchos maestros se rodeaban de sus discípulos. Pero el grupo de Jesús es diferente. Los que Él elige como sus discípulos no son los mejores ni los más aclamados socialmente: publicanos, pecadores, hombres sencillos, hombres ricos… de todo. Y una de las cosas más rompedora es la presencia en el grupo de mujeres que siguen a Jesús y son por ello también discípulos, en igualdad de condiciones. Jesús confiere una dignidad y un papel nuevos a la mujer, no sólo porque le otorga el derecho a conocer las «buenas noticias del reino de Dios», sino también la participación en el ministerio.
Pongámonos en la situación de un momento de la historia en el que algunos rabinos dudaban incluso de la capacidad de la mujer para aprender la Torah (la ley judía) y en el que la autonomía social de la mujer era muy escasa. Pero en los evangelios el cambio es radical: las mujeres son las primeras que llevan a los apóstoles la noticia de la resurrección, son las que resisten al pie de la Cruz, junto con Juan. Tal vez nos quede camino por avanzar en el papel de la mujer en la Iglesia. Lo que el Evangelio de hoy nos deja muy claro es que ahí estaban, yendo con Jesús, ayudando, siendo del grupo de los de Jesús.
Puedes hacerte dos preguntas hoy: ¿quiero ser de los de Jesús? ¿le sigo? ¿soy su discípulo? ¿aprendo, experimento, creo…? Y, por otro lado, ¿qué puedo hacer para que el grupo de los que creen en Jesús, es decir, la Iglesia, se parezca a la que Jesús ha soñado? ¿qué puedo hacer en mi realidad concreta (con el contexto y la situación actuales)? ¿Cómo puedo ayudar? En la época de Jesús, igual que ahora, no era la situación ideal, pero lo importante era y es ser discípulos de Jesús.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.