Viernes 17 de agosto

Viernes, 17 de agosto
XIX semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Mateo 19, 3-12
En aquel tiempo, se acercaron a Jesús unos fariseos y le preguntaron para ponerlo a prueba: ¿Es lícito a uno despedir a su mujer por cualquier motivo? Él les respondió: ¿No habéis leído que el Creador en el principio los creó hombre y mujer, y dijo: «Por eso abandonará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán los dos una sola carne»? De modo que ya no son dos sino una sola carne. Pues lo que Dios ha unido que no lo separe el hombre.
Ellos insistieron: ¿Y por qué mandó Moisés darle acta de repudio y divorciarse? Él le contestó: Por lo tercos que sois os permitió Moisés divorciaros de vuestras mujeres; pero al principio no era así. Ahora os digo yo que si uno se divorcia de su mujer ─no hablo de prostitución─ y se casa con otra comete adulterio.
Los discípulos le replicaron: Si esa es la situación del hombre con la mujer, no trae cuenta casarse. Pero él les dijo: No todos pueden con eso, sólo los que han recibido ese don. Hay eunucos que salieron así del vientre de su madre, a otros los hicieron los hombres, y hay quienes se hacen eunucos por el Reino de los Cielos. El que pueda con esto, que lo haga.

Pistas: Jesús se encuentra con los fariseos, que quieren ponerle a prueba. Y la pregunta hace referencia al texto del Deuteronomio 24,1: “Si un hombre toma una mujer y se casa con ella, y resulta que esta mujer no halla gracia a sus ojos, porque descubre en ella algo que le desagrada, le redactará un libelo de repudio, se lo pondrá en su mano y la despedirá de su casa”. En tiempos de Jesús hay diferentes interpretaciones y escuelas que proponen: admitir el divorcio por cualquier motivo; requerir un mínimo de mala conducta, o un verdadero adulterio.
Jesús responde yendo al principio, y se refiere al libro del Génesis 1,17: 2,24. El hombre y la mujer fueron creados para unirse y ser una sola carne. Jesús –como en todos sus planteamientos- propone el ideal. Una relación, un amor que una de tal modo, que cree tales lazos que se pueda hablar de una sola carne. Un amor que no se acaba, que supera las dificultades. Pero, es más, cuando un hombre y una mujer se unen es Dios mismo el que los une (“lo que Dios ha unido”). Jesús hace referencia a la dureza de corazón para explicar la Ley de Moisés y nuevamente propone el ideal.
La incapacidad de los discípulos para comprender lo que Jesús explica lleva a la última cuestión del Evangelio de hoy: vivir célibe, renunciar a estar con un mujer. Aquí da una motivación “por el Reino de los Cielos” y lo aconseja si es que es un don.
Te propongo que para rezar con este Evangelio te des cuenta que Jesús propone el ideal, recalca que es un don, que Dios está presente en tu vida y en tus relaciones. Y que su propuesta siempre tiene como fin la felicidad y plenitud de la persona. Por eso: ¿Buscas encontrar y vivir ese ideal en tu vida? Pide a Jesús su luz y su fuerza para lograrlo.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.