Viernes 14 de septiembre

Viernes, 14 de septiembre
Exaltación de la Santa Cruz

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Juan 3, 13-17
En aquel tiempo, dijo Jesús a Nicodemo: «Nadie ha subido al cielo, sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre. Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en él tenga vida eterna.»
Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna.
Porque Dios no mandó su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.

Pistas: En el desierto una plaga de víboras atacó al pueblo. Moisés hizo una serpiente de bronce y cuando alguien era picado, al mirar la serpiente quedaba curado.
Jesús utiliza aquí este paralelismo. El veneno de la serpiente simboliza el mal del pecado. El pecado de la humanidad llevará a Jesús a morir en la cruz. Pero de ahí vendrá la salvación. Jesús será elevado en la Cruz y todos los que le miren quedarán salvados. Lo que parece una derrota se convierte en victoria. El aparente triunfo del mal, se convierte en poder sobre él.
Jesús vence al pecado, a la muerte, al mal y al sufrimiento en la cruz. Porque el amor de Dios es más grande y más fuerte. Y lo demuestra en la resurrección.
Jesús viene a salvar. La seriedad de la fe cristiana, es decir, la libertad de los hombres para elegir, la exigencia de entrar por la puerta estrecha, no implica que a Dios le dé igual el camino que tomemos. Dicho de otro modo: para Dios no es igual que nos salvemos o nos condenemos. Dios quiere que todos los hombres se salven, y el camino para esa salvación es Cristo. Si le abres el corazón, si crees en Él, tendrás vida eterna. Es la vida de Dios, su Espíritu, ya aquí, y para siempre en el cielo.
Dios, que te ama, te invita hoy en su palabra a mirar a Cristo. Ahí encontrarás vida plena y salvación. Mira hoy a la Cruz, que no es nuestra sentencia, sino nuestra salvación. Porque quien mandó a su propio Hijo no quiere tu condena.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.