Viernes 10 de mayo

Viernes 10 de mayo
III semana de Pascua, San Juan de Ávila

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Juan 6, 52-59
En aquel tiempo, disputaban los judíos entre sí: «¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?»
Entonces Jesús les dijo: «Os aseguro que si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día. Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él.
El Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre; del mismo modo, el que me come vivirá por mí.
Éste es el pan que ha bajado del cielo: no como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron; el que come este pan vivirá para siempre.» Esto lo dijo Jesús en la sinagoga, cuando enseñaba en Cafarnaúm.

Pistas: El Evangelio que acabas de leer sólo se puede entender a la luz de la muerte y resurrección de Jesús. Tiene como trasfondo la experiencia de los discípulos al reconocer y experimentar a Jesús resucitado. Cuando repiten la Última Cena, en la Eucaristía que celebra la Iglesia naciente comprenden que se encuentran con Jesús resucitado. Cuando parten el pan se les abren los ojos. Y cada domingo, al repetir la Cena del Señor, se hace presente Jesús para todos nosotros.
Lo que Jesús ha venido a revelar no son sólo unas ideas sobre Dios, una teoría o un modo de vida. Él ha venido a comunicarnos la vida de Dios, a habitar en nosotros, a darse a nosotros, a darnos vida para siempre. Se hace uno con nosotros hasta el punto de que la sangre que derrama en la cruz, la entrega de su vida, es el acto de amor del cual se hace memorial en la Eucaristía. Jesús se hace alimento para nosotros. Lee despacio el texto y comprobarás cómo en cada frase San Juan va dando una vuelta de tuerca sobre esto.
Jesús dice que hay que comer su carne y beber su sangre para tener vida eterna y resucitar, para que habite en nosotros, para vivir por Jesús (al igual que Él hace la voluntad del Padre, si Jesús habita en ti tienes que vivir por Él). “No es como el de vuestros padres”, es algo nuevo que durará para siempre, que transforma, que da vida de verdad. Por eso es verdadera comida y verdadera bebida, no hay engaño, ni doblez, ni apariencias… todo lo demás que parece llenar y saciar al hombre, son espejismos. Y es que comulgar a Jesús es también seguir su camino «si no coméis la carne del Hijo del hombre…». Llegar a conocer a Jesús es aceptar el camino de la cruz, muerte y resurrección. Es confiar en el Padre como Él lo hizo, ser resucitado a una vida nueva por el Espíritu Santo. No sólo es saber cosas de Jesús, es experimentarlo, relacionarte con Él. Es reconocerle vivo y presente.
Comer y beber. Los sacramentos realizan espiritualmente lo que el símbolo expresa. Comulgar, celebrar la Eucaristía, es dejar entrar a Jesús, que se haga uno contigo y tú uno con Él (habitar en ti y tú en Él). Su vida, su amor, su gracia, su salvación, todo su poder… en ti y en la comunidad. Dándote vida, ahora y para siempre.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a la vida.