Viernes 10 de abril

Viernes, 10 de abril
Viernes Santo

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

En el Antiguo Testamento encontramos el libro de los Salmos, oraciones que los judíos se acababan aprendiendo de memoria, para distintas circunstancias de la vida. Jesús en la cruz rezó salmos, uno de ellos, con el que te invito a rezar hoy a ti, se leerá en el oficio de este viernes.

Salmo 30, 2 y 6. 12-13. 15-16. 17 y 25
A ti, Señor, me acojo:
no quede yo nunca defraudado;
tú que eres justo, ponme a salvo.
A tus manos encomiendo mi espíritu: tú, el Dios leal, me librarás. Soy la burla de todos mis enemigos,
la irrisión de mis vecinos, el espanto de mis conocidos;
me ven por la calle y escapan de mí.
Me han olvidado como a un muerto,
me han desechado como a un cacharro inútil.
Pero yo confío en ti, señor, te digo: «Tú eres mi Dios.»
En tu mano están mis azares; líbrame de los enemigos que me persiguen. Haz brillar tu rostro sobre tu siervo, sálvame por tu misericordia. Sed fuertes y valientes de corazón, los que esperáis en el Señor.

Pistas: Este salmo es la oración de un hombre desesperado, acorralado, desechado, perseguido. Pero que confía en Dios.
Esta oración alcanza un nuevo significado si imaginamos a Jesús rezándola colgado de la Cruz. La frase que nos cuentan los Evangelios es: “Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu”. ¿Puedes imaginarte a Jesús orando así? Inténtalo.
También puedes hacer tuyas las palabras de este salmo, pensar en tus dificultades, en tus luchas, en tus fracasos… ¿Qué aspectos de tu vida puedes reflejar en este salmo?
Termina con una invitación: sed fuerte y valientes de corazón, los que esperáis en el Señor. Porque la oración es escuchada, porque aunque haya cruz, espera en el Señor y no quedarás defraudado.

Relee el Salmo, escucha lo que Dios te dice, hazlo oración y llévalo a tu vida