Viernes 1 de marzo

Viernes 1 de marzo
VII semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Marcos 10, 1-12
En aquel tiempo, Jesús se marchó a Judea y a Transjordania; otra vez se le fue reuniendo gente por el camino, y según costumbre les enseñaba.
Se acercaron unos fariseos y le preguntaron para ponerlo a prueba: ¿Le es lícito a un hombre divorciarse de su mujer? Él les replicó: ¿Qué os ha mandado Moisés? Contestaron: Moisés permitió divorciarse, dándole a la mujer un acta de repudio. Jesús les dijo: Por vuestra terquedad dejó escrito Moisés este precepto.
Al principio de la creación Dios los creó hombre y mujer. Por eso abandonará el hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer y serán los dos una sola carne. De modo que ya no son dos, sino una sola carne. Lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre. En casa, los discípulos volvieron a preguntarle sobre lo mismo.
Él les dijo: Si uno se divorcia de su mujer y se casa con otra, comete adulterio contra la primera. Y si ella se divorcia de su marido y se casa con otro, comete adulterio.

Pistas: La mujer en tiempo de Jesús tenía muy pocos derechos. El hombre podía separarse de ella por cualquier motivo. Pero la norma no era recíproca. El divorcio no era un derecho, sino una forma de someter a la mujer. También la institución familiar atravesaba una importante crisis en tiempos de Jesús.
Pero Jesús va siempre a lo profundo de las normas y mandamientos. Enseña que cuando dos personas forman una familia se convierten en una sola carne y es Dios el que realiza esa unión. Y si miras en lo profundo de tu corazón, esto es lo que sueña una persona cuando se enamora. Formar algo que dure para siempre. Encontrar el amor de verdad y tener como objetivo el bien de la otra persona como si fuera tu propia carne, por encima de tu sola necesidad e intereses.
En nuestra sociedad, ahora que la institución familiar está tan minusvalorada, qué bonito sería que hiciéramos lo que esté en nuestra mano para mostrar la belleza y la felicidad que hay en vivir lo que Jesús enseña. Sin juzgar ni imponer. Pero con la verdad. Superando dificultades, enseñando a los jóvenes a tener relaciones que puedan desembocar en una familia cristiana, acompañando a los matrimonios en sus retos y compartiendo su realidad…
Puedes aprovechar el Evangelio de hoy para rezar por tu matrimonio y por tu familia, en tu situación concreta. El Evangelio siempre muestra un camino de amor, de misericordia y de verdad.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.