Sábado 7 de septiembre

Sábado, 7 de septiembre
XXII semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Lucas 6, 1-5
Un sábado, Jesús atravesaba un sembrado; sus discípulos arrancaban espigas y, frotándolas con las manos, se comían el grano. Unos fariseos les preguntaron: ¿Por qué hacéis en sábado lo que no está permitido? Jesús les replicó: ¿No habéis leído lo que hizo David, cuando él y sus hombres sintieron hambre? Entró en la casa de Dios, tomó los panes presentados que sólo pueden comer los sacerdotes, comió él y les dio a sus compañeros. Y añadió: El Hijo del Hombre es señor del sábado.

Pistas: ¿Quién es Jesús? Los Evangelios quieren dar respuesta a esta pregunta y mostrarnos que es el Hijo de Dios, el Salvador, la plenitud de la revelación. Todo lo que Dios ha querido decirnos ha alcanzado su máxima expresión en Jesucristo. Como decíamos ayer, todavía más, Dios mismo nos ha ofrecido su salvación en Jesús, su Hijo hecho hombre. Por su acción, muerte y resurrección nos ha abierto el camino a la vida divina y se ha autocomunicado en el envío del Espíritu Santo.
Hoy, al hilo del tema del descanso del sábado (una institución muy importante en el judaísmo, con muchas normas y tradiciones religiosas), Jesús quiere mostrar dos cosas: la primera, que Él tiene autoridad sobre esa norma y además suscitarles la pregunta de ¿quién es este? Y, por otro, enseñar que hay una jerarquía en las tradiciones y normas. Jesús sitúa a la persona en el centro. Pone el amor y la misericordia como criterios y con ello el enfrentamiento con las autoridades judías se irá haciendo cada vez mayor.
Al leer este Evangelio puedes rezar preguntándote ¿quién es Jesús? y entrar en su misterio, darle gracias, adorarle, alabarle. O puedes pensar cómo estás viviendo tu fe ¿qué está por delante en tus acciones de cada día? ¿cómo está tu jerarquía de valores? Y pedirle a Dios su Espíritu Santo que te guíe.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.