Sábado 6 de octubre

Sábado, 6 de octubre
San Bruno, presbítero

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Lucas 10, 17-24
En aquel tiempo, los setenta y dos volvieron muy contentos y dijeron a Jesús: Señor, hasta los demonios se nos someten en tu nombre. Él les contestó: Veía a Satanás caer del cielo como un rayo.
Mirad: os he dado potestad para pisotear serpientes y escorpiones y todo el ejército del enemigo. Y no os hará daño alguno.
Sin embargo, no estéis alegres porque se os someten los espíritus; estad alegres porque vuestros nombres están inscritos en el cielo.
En aquel momento, lleno de la alegría del Espíritu Santo, exclamó: Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y a los entendidos, y las has revelado a la gente sencilla. Sí, Padre, porque así te ha parecido bien.
Todo me lo ha entregado mi Padre, y nadie conoce quién es el Hijo, sino el Padre; ni quién es el Padre, sino el Hijo, y aquél a quien el Hijo se lo quiere revelar.
Y volviéndose a sus discípulos, les dijo aparte: ¡Dichosos los ojos que ven lo que vosotros veis! Porque os digo que muchos profetas y reyes desearon ver lo que veis vosotros y no lo vieron; y oír lo que oís, y no lo oyeron.

Pistas: Jesús envía a sus discípulos a predicar y ellos vienen sorprendidos porque han realizado las mismas señales que su Maestro. Jesús los envía con el poder y la capacidad para realizar lo que les pide.
Los discípulos de Jesús, los cristianos, no somos pobrecitos que encuentran un refugio en la fe. Somos llamados por Jesús y enviados con poder, con la fuerza del Espíritu Santo. Por eso la fe y la gracia de Dios transforma vidas y tiene fuerza para cambiar el mundo, para vencer al mal y echar el demonio.
Sin embargo, la alegría no está en lo que hacemos, en el poder, en la fuerza, los números, en la influencia… sino en la salvación. En el amor con que Dios escribe nuestros nombres en el cielo, en la vida que Dios nos da. No se trata de hacer, sino de ser y acoger.
Jesús alaba al Padre, porque se muestra a los sencillos y humildes. ¡Qué buena noticia es esto! El Evangelio no es para una élite. Es para el que lo acoge con un corazón sencillo. No sólo es un saber intelectual, sino conocer en un sentido profundo, recibir, acoger, participar. Vivirlo.
A través de Jesús Dios no da cosas, sino que se da Él mismo. Ésta es la revelación de la que habla Jesús. Dios que se entrega a nosotros y habita en nuestro corazón. Dios que nos hace participar de su misma vida.
Por eso, dichoso tú que puedes conocer y experimentar esta verdad. Dichoso tú porque tu nombre estará escrito en el cielo. Si Dios te llama y te envía ten la certeza de que te va a dar la fuerza para hacer lo que te pide. Y da gracias porque te salva, porque el camino de ser discípulo es el de dejarse amar y amar con sencillez.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.