Sábado 6 de mayo

Sábado 06 de mayo
III semana de Pascua

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Juan 6, 60-69

En aquel tiempo, muchos discípulos de Jesús, al oírlo, dijeron: «Este modo de hablar es duro, ¿quién puede hacerle caso?»
Adivinando Jesús que sus discípulos lo criticaban, les dijo: «¿Esto os hace vacilar?, ¿y si vierais al Hijo del hombre subir a donde estaba antes? El Espíritu es quien da vida; la carne no sirve de nada. Las palabras que os he dicho son espíritu y vida. Y con todo, algunos de vosotros no creen.» Pues Jesús sabía desde el principio quiénes no creían y quién lo iba a entregar.
Y dijo: «Por eso os he dicho que nadie puede venir a mí, si el Padre no se lo concede.»
Desde entonces, muchos discípulos suyos se echaron atrás y no volvieron a ir con él. Entonces Jesús les dijo a los Doce: «¿También vosotros queréis marcharos?»
Simón Pedro le contestó: «Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna; nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo consagrado por Dios.»

Pistas: “¿A quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna”. No son capaces de entenderle. Les escandaliza la novedad de Jesús y su lenguaje, como les escandalizará la cruz. Jesús quiere habitar en los que creen en Él. Entrega su carne y su sangre para que tengan vida, para que vivan por Él. Da la vida del Espíritu. Esto es un don, sólo se puede creer en Jesús si el Padre nos atrae, es decir, con la fuerza del Espíritu Santo. Y, por otra parte, es una elección. Supone querer estar con Él, escuchar sus palabras que “son espíritu y vida”. Porque la fe es un acto plenamente humano y por eso hace falta que implique tu inteligencia, tu voluntad, tus emociones, todo tu ser.
Estos días la Palabra de Dios te invita a acercarte a Jesús. ¿Qué actitud tienes ante Él? Cuando no entiendes, cuando las cosas se ponen difíciles ¿eres Pedro o eres de los que se marchan? Si perseveras con Jesús no será un camino llano: te equivocarás, pecarás, fallarás, dudarás… Pero al final todo merecerá la pena porque creerás y sabrás quién es Jesús.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.