Sábado 6 de abril

Sábado 6 de abril
IV semana de cuaresma

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, lleva a tu vida la oración.)

Evangelio según san Juan 7, 40-53
En aquel tiempo, algunos de entre la gente, que hablan oído los discursos de Jesús, decían: «Éste es de verdad el profeta.» Otros decían: «Este es el Mesías.» Pero otros decían: «¿Es que de Galilea va a venir el Mesías? ¿No dice la Escritura que el Mesías vendrá del linaje de David, y de Belén, el pueblo de David?» Y así surgió entre la gente una discordia por su causa. Algunos querían prenderlo, pero nadie le puso la mano encima.
Los guardias del templo acudieron a los sumos sacerdotes y fariseos, y éstos les dijeron: «¿Por qué no lo habéis traído?» Los guardias respondieron: «Jamás ha hablado nadie como ese hombre.» Los fariseos les replicaron: «¿También vosotros os habéis dejado embaucar? ¿Hay algún jefe o fariseo que haya creído en él? Esa gente que no entiende de la Ley son unos malditos.»
Nicodemo, el que había ido en otro tiempo a visitarlo y que era fariseo, les dijo: «¿Acaso nuestra ley permite juzgar a nadie sin escucharlo primero y averiguar lo que ha hecho?» Ellos le replicaron: «¿También tú eres galileo? Estudia y verás que de Galilea no salen profetas.» Y se volvieron cada uno a su casa.

Pistas: Nicodemo pregunta a los fariseos y sumos sacerdotes: «¿Acaso nuestra ley permite juzgar a nadie sin escucharlo primero y averiguar lo que ha hecho?». Pero a ellos no les importa eso. Ya tienen claro lo que piensan de Jesús y buscan la manera de confirmar sus ideas, no de encontrar la verdad. Jesús se convierte en alguien molesto que pone en duda unas tradiciones hechas a la imagen de los hombres que buscan unos intereses concretos, pero no a imagen de Dios.
La gente al oír y ver a Jesús, por sus palabras y sus signos, y por su propio estilo de vida, creían en Él. Pero cuando los prejuicios religiosos y los intereses entran por medio todo se oscurece. La Ley y los Profetas anuncian a Jesús, en Él se cumple de un modo absolutamente sorprendente y extraordinario las promesas y esperanzas del Antiguo Testamento, y alcanza su plenitud la revelación de Dios. Pero estos hombres expertos en la ley prefieren su religiosidad a entrar en lo profundo de la Palabra de Dios y descubrir en ella el camino hacia Jesús. Algunos sí lo logran, y los Evangelios y el Nuevo Testamento está repleto de referencias al Antiguo Testamento que iluminan la figura de Jesús y muestran cómo en Él se cumplen y alcanzan plenitud.
Puedes llevar a tu propia vida lo que cuenta este Evangelio. “La gente que no entiende la Ley”, los que saben que necesitan más verdad, más luz en su vida, son capaces de reconocer a Jesús. En cambio, los que se quedan encerrados en las tradiciones, los intereses o la religiosidad no son capaces de reconocer y acoger a Jesús. ¿Puede estar pasándote esto a ti? ¿o si tienes responsabilidad en la Iglesia? ¿o a tu comunidad?
A veces sucede en la vida de fe que nos estancamos, que la fe se enfría. Uno de los motivos puede ser una falsa, deformada o equivocada imagen de Dios. Y es necesaria la humildad de Nicodemo, que era un experto en la Ley pero se acercó a Jesús a pesar de que hacía tambalear sus esquemas. Jesús hace las cosas nuevas, también en tu vida, pero tienes que querer acogerle y dejar a un lado tus prejuicios. Si quieres encontrarte con Dios, Él es el único camino. Deja tus comodidades, tus ideas preconcebidas, y confía en Él. Quizás las cosas no sean como tú esperas, pero Jesús tiene sus propios caminos.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.