Sábado 5 de septiembre

Sábado, 5 de septiembre
XXII semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Lucas 6, 1-5
Un sábado, Jesús atravesaba un sembrado; sus discípulos arrancaban espigas y, frotándolas con las manos, se comían el grano. Unos fariseos les preguntaron: ¿Por qué hacéis en sábado lo que no está permitido? Jesús les replicó: ¿No habéis leído lo que hizo David, cuando él y sus hombres sintieron hambre? Entró en la casa de Dios, tomó los panes presentados que sólo pueden comer los sacerdotes, comió él y les dio a sus compañeros. Y añadió: El Hijo del Hombre es señor del sábado.

Pistas: En tiempos de Jesús, en muchos sectores la práctica religiosa judía se había vuelto mero cumplimiento externo con muchísimas normas y tradiciones que cumplir. Jesús no invalida los mandamientos o las normas. Pero quiere que sus discípulos entiendan que de nada sirve cumplir externamente si no se va a lo profundo.
Los judíos tenían estipulados qué trabajos podían realizar en sábado y cuáles no, y hasta cuántos pasos podían dar… es su modo de dedicar un día al Señor. Y, en ocasiones, por ser fieles a lo externo dejaban al margen otras cosas más importantes. Y convertían, como nos puede pasar a nosotros, la religión en meras apariencias.
Este Evangelio puede servirnos para examinar nuestra religiosidad. Ser cristianos supone vivir como Jesús. No se trata de practicar con rigidez unas normas, sino de acoger el Espíritu Santo, estar llenos de Él, hacer sus obras y dejarnos guiar por Él. Y, así, seguir a Jesús en todo.
Los enemigos de Jesús intentan acusarle de no cumplir las tradiciones y normas. No quieren descubrir quién es y se conforman con vivir superficialmente. Pero Jesús enseña a vivir desde el corazón, desde el interior, y que eso se manifieste en nuestras acciones.
Examina hoy tu vida de fe y tu religiosidad. Se trata de conocer a Jesús y seguirle, de vivir como discípulo suyo. Dice un amigo mío que a veces andamos pendientes de las cosas de Dios y nos olvidamos del Dios de las cosas. Y es que puedes vivir religiosamente pero no enterarte de que Dios te ama, ni vivir en ese amor. Y, entonces ¿de qué sirve todo lo demás? Dios te transformará y te cambiará. Tú sólo tienes que abrir tu puerta y caminar a su lado.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.