Sábado 24 de noviembre

Sábado 24 de noviembre
Santos Andrés Dung-Lac, presbítero y compañeros mártires

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Lucas 20, 27-40
En aquel tiempo, se acercaron a Jesús unos saduceos, que niegan la resurrección y le preguntaron: Maestro, Moisés nos dejó escrito: «Si a uno se le muere su hermano, dejando mujer pero sin hijos, cásese con la viuda y dé descendencia a su hermano».
Pues bien, había siete hermanos el primero se casó y murió sin hijos. Y el segundo y el tercero se casaron con ella, y así los siete murieron sin dejar hijos. Por último murió la mujer.
Cuando llegue la resurrección, ¿de cuál de ellos será la mujer? Porque los siete han estado casados con ella.
Jesús les contestó: En esta vida hombres y mujeres se casan; pero los que sean juzgados dignos de la vida futura y de la resurrección de entre los muertos, no se casarán. Pues ya no pueden morir, son como ángeles; son hijos de Dios, porque participan en la resurrección. Y que resucitan los muertos, el mismo Moisés lo indica en el episodio de la zarza, cuando llama al Señor: «Dios de Abrahán, Dios de Isaac, Dios de Jacob». No es Dios de muertos sino de vivos: porque para él todos están vivos. Intervinieron unos letrados: Bien dicho, Maestro.
Y no se atrevían a hacerle más preguntas.

Pistas: “No es Dios de muertos sino de vivos”. Éste es el convencimiento de Jesús y la prueba será su triunfo sobre la muerte.
La dificultad viene al querer imaginar la resurrección y la vida eterna. Si imaginamos la resurrección como una mera reanimación de un cadáver, entonces supondría volver a recobrar la vida humana con sus limitaciones. Pero si la comprendemos desde la resurrección de Cristo, la muerte es destruida por la plenitud de la vida divina. En la resurrección se adquiere la vida divina, la vida del Espíritu, la vida Eterna.
No somos capaces de imaginarlo porque la resurrección es un hecho que pertenece a la otra orilla (en teología decimos que trascendente –por encima de las realidades de este mundo- y escatológico –situado al final de la historia, fuera de los parámetros de este mundo-) y por eso es un hecho misterioso. Tanto las apariciones del resucitado como las palabras para designar la resurrección son numerosas, porque ninguna de ellas es capaz de expresar todo el contenido.
Algunas de esas palabras que aparecen en el Nuevo Testamento son: resurrección, exaltación, glorificación, triunfo, ascensión, ser constituido Señor.
Y para nosotros ¿qué significa la resurrección de Jesús? Él ha hecho nuevas las cosas. Es el acto definitivo del poder de Dios por medio del cual salva al hombre haciéndolo partícipe de su vida. Jesús resucitado es el “hombre nuevo” (en sentido propio). Es el primero que en su humanidad ha sido liberado del poder de la muerte y esta humanidad glorificada, resucitada, es el camino hacia Dios.
La resurrección de Jesús es el cumplimiento de toda esperanza humana. Todo hombre quiere, desea, anhela, busca, encontrar una vida plena, feliz, gozosa y para siempre. Pero si la imaginas como mero revivir un cadáver sólo es un cuento de niños. Jesús quiere hacerles entender la novedad que Él trae, pero sus propios discípulos no son capaces de comprenderlo porque lo quieren acoger desde un parámetro puramente humano. Sólo podrán asomarse a este misterio cuando se encuentren con Él resucitado.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.