Sábado 23 de marzo

Sábado 23 de marzo
Santo Toribio de Mogrovejo, obispo

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, lleva la oración a tu vida)

Evangelio según san Lucas 15, 1-3. 11-32
En aquel tiempo, solían acercarse a Jesús todos los publicanos y los pecadores a escucharle. Y los fariseos y los escribas murmuraban entre ellos: —«Ése acoge a los pecadores y come con ellos.»
Jesús les dijo esta parábola:
—«Un hombre tenía dos hijos; el menor de ellos dijo a su padre: «Padre, dame la parte que me toca de la fortuna.»
El padre les repartió los bienes.
No muchos días después, el hijo menor, juntando todo lo suyo, emigró a un país lejano, y allí derrochó su fortuna viviendo perdidamente.
Cuando lo había gastado todo, vino por aquella tierra un hambre terrible, y empezó él a pasar necesidad. Fue entonces y tanto le insistió a un habitante de aquel país que lo mandó a sus campos a guardar cerdos. Le entraban ganas de saciarse de las algarrobas que comían los cerdos; y nadie le daba de comer. Recapacitando entonces, se dijo:
«Cuántos jornaleros de mi padre tienen abundancia de pan, mientras yo aquí me muero de hambre. Me pondré en camino adonde está mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo: trátame como a uno de tus jornaleros.»
Se puso en camino adonde estaba su padre; cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se conmovió; y, echando a correr, se le echó al cuello y se puso a besarlo. Su hijo le dijo:
«Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo.» Pero el padre dijo a sus criados:
«Sacad enseguida el mejor traje y vestidlo; ponedle un anillo en la mano y sandalias en los pies; traed el ternero cebado y matadlo; celebremos un banquete, porque este hijo mío estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado.» Y empezaron el banquete.
Su hijo mayor estaba en el campo.
Cuando al volver se acercaba a la casa, oyó la música y el baile, y llamando a uno de los mozos, le preguntó qué pasaba. Éste le contestó:
«Ha vuelto tu hermano; y tu padre ha matado el ternero cebado, porque lo ha recobrado con salud.»
Él se indignó y se negaba a entrar; pero su padre salió e intentaba persuadirlo. Y él replicó a su padre:
«Mira: en tantos años como te sirvo, sin desobedecer nunca una orden tuya, a mí nunca me has dado un cabrito para tener un banquete con mis amigos; y cuando ha venido ese hijo tuyo que se ha comido tus bienes con malas mujeres, le matas el ternero cebado.» El padre le dijo:
«Hijo, tu siempre estás conmigo, y todo lo mío es tuyo: deberías alegrarte, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado.»»

Pistas: Esta parábola es muy conocida y está llena de gran simbolismo. Pero también encierra una dificultad que como humanos nos lastra. Y, sin embargo, lo que Jesús nos muestra es cómo es la misericordia de Dios. Y lo hace con un ejemplo. Fíjate en los personajes:
-El padre que ama a sus hijos y respeta su libertad. Perdona al que se ha equivocado e invita a vivir en el amor. Abraza, acoge, se alegra y celebra.
-Un hogar en el que todo lo del padre es de los hijos y da a cada uno lo suyo. Un hogar en el que el padre ama y perdona.
-Un hijo pequeño que busca la felicidad en los placeres y las cosas mundanas, pero no lo encuentra y acaba vacío, desesperado, perdido… El recuerdo del padre y del hogar le hace volver.
-Otro hijo mayor que está en casa, pero no disfruta plenamente de lo que tiene, no se siente en el hogar. Cumple, pero no es feliz. Le parece que el otro hermano eligió mejor (no se da cuenta de cómo acaba su hermano).
Hay muchos detalles. El hijo menor termina trabajando de cuidador de cerdos, un trabajo de los más bajos que puede imaginar un judío. No espera volver a pertenecer plenamente a la familia, sólo a dejar de sufrir y pasar necesidad.
El padre está esperando al hijo. Éste no tiene que buscarlo. En cuanto llega le da el mejor traje para vestirle (le devuelve la dignidad), le pone el anillo (ya está otra vez en casa), le calza, mata el ternero cebado (el que se reserva para la fiesta) porque ha vuelto a la vida.
La historia del hermano mayor no sabemos cómo termina, si entró o no, si fue capaz de amar como el padre y disfrutar o no. Jesús deja abierta esa puerta…
Ahora imagínate la historia, qué te dice a ti hoy ¿En qué situación te encuentras? ¿con cuál de los personajes te identificas más? ¿cuál de los detalles te hace pensar? Déjate llevar por lo que te sugiera la Palabra de Dios y ora.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.