Sábado 23 de febrero

Sábado 23 de febrero
San Policarpo, obispo y mártir

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Marcos 9, 1-12
En aquel tiempo, Jesús se llevó a Pedro, a Santiago y a Juan, subió con ellos solos a una montaña alta, y se transfiguró delante de ellos. Sus vestidos se volvieron de un blanco deslumbrador, como no puede dejarlos ningún batanero del mundo. Se les aparecieron Elías y Moisés, conversando con Jesús.
Entonces Pedro tomó la palabra y le dijo a Jesús: Maestro ¡Qué bien se está aquí! Vamos a hacer tres chozas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías. Estaban asustados y no sabía lo que decía.
Se formó una nube que lo cubrió y salió una voz de la nube: Este es mi Hijo amado; escuchadlo.
De pronto, al mirar alrededor, no vieron a nadie más que a Jesús, solo con ellos.
Cuando bajaban de la montaña, Jesús les mandó: No contéis a nadie lo que habéis visto hasta que el Hijo del Hombre resucite de entre los muertos.
Esto se les quedó grabado y discutían qué querría decir aquello de resucitar de entre los muertos.
Le preguntaron: ¿Por qué dicen los letrados que primero tiene que venir Elías? Les contestó él: Elías vendrá primero y lo restablecerá todo. Ahora, ¿por qué está escrito que el Hijo del Hombre tiene que padecer mucho y ser despreciado? Os digo que Elías ya ha venido y han hecho con él lo que han querido, como estaba escrito.

Pistas: ¿Quién es Jesús? Nos hemos hecho esta pregunta los últimos dos días.
Pedro decía: eres el Mesías, el Hijo de Dios. Hoy Jesús les muestra la gloria de su divinidad en un relato está lleno de simbolismo. Se los lleva a una montaña alta –lugar de las teofanías (manifestaciones) de Dios en el Antiguo Testamento-. La luz, la blancura, por encima de lo que se puede lograr en este mundo, son signo de quién es Jesús. Elías y Moisés, profecía y Ley, los más representativos del Antiguo Testamento. Jesús será la Nueva Alianza, la Ley definitiva, el que revela plenamente a Dios. Y la voz del cielo, que confirma quién es Jesús: hay que escucharle, es el Hijo amado.
En aquel momento en Jesús encontraron la gloria de Dios, la plenitud. Y entonces: “qué bien se está aquí”. Conociendo a Jesús, tal vez una manera de decirnos también: “qué bien se está en la contemplación, en descubrir intelectualmente, en comprender, en profundizar”. Pero no es suficiente. Por eso no vale hacer tres chozas. No vale quedarse en ese lugar cómodo y seguro de las reflexiones y la contemplación. Jesús manda bajar… Les irá avisando de que va a morir y resucitar y entonces comprenderán en toda su dimensión este acontecimiento. Descubrirán que su amigo, su Maestro, su Mesías, es además el Hijo de Dios porque es Dios. Y tendrán que bajar a la vida y vivir lo que han aprendido. Pero eso será con la fuerza del Espíritu Santo y el encuentro con Jesús resucitado.
Jesús le da la vuelta a la pregunta final sobre Elías: ¿El Mesías vendría a restaurar un reino político? No es el camino de Jesús. Padecerá y será despreciado. Y hace referencia a Juan Bautista, para Él el más grande nacido de mujer, el que le prepara el camino. Vino con el poder y espíritu de Elías. Pero fue despreciado.
Nuevamente la pregunta es ¿quién es Jesús? Y el camino para descubrirlo es estar con Él.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.